Historias de un silbato: el instinto maternal. IX.

Otra cosa que me ayudó mucho en el arbitraje fue la docencia de Educación Física porque no me limitaba solamente a sancionar las faltas, si las circunstancias lo permitían me tomaba unos segundos para explicarle al jugador el por qué de la falta y si existía, también la amonestación o expulsión. Es natural que ellos lleguen acalorados a exigir explicaciones, el temple de árbitro es vital para evitar confrontaciones y que el jugador no salga perjudicado. Es muy fácil abusar de la autoridad y mostrar tarjetas y sacudirse a los jugadores que nos causen dolor de cabeza, pero ese accionar no es digno de un árbitro que está ahí para hacer valer el juego limpio.

Conmigo las preguntas las hacían en todo acusador. Uno aprende a conocer a cada jugador, sus debilidades, sus fortalezas, el carácter, la actitud. Siempre el jugador más habilidoso tendrá dos o tres defensas encima de él, no falta quién tenga la mala intención de lesionarlo y con esto sacarlo del juego, y no falta quién finja una falta, y quién también busque venganza; con estos no hablaba iba con todo el peso de la ley y mis reportes arbitrales –al pie de las normas internas de la competencia- proponían un castigo más severo que el descrito por el reglamento de FIFA.

Conmigo nació un arbitraje distinto al de los hombres y todos los notaron, siempre mi prioridad fue la salud de los jugadores, no me importaba marcador, tiempo, presiones externas, si un jugador se lesionaba detenía el juego inmediatamente, mi experiencia como jugadora agudizó mi instinto y aunque sí hubo ocasiones en que fingieron faltas y me fui con la finta, -como es normal, a todos los árbitros nos pasa- en la mayoría no fue así, y esto sorprendió a todos, que yo podía detectar la farsa y la realidad.

No solo detenía el juego también asistía con primeros auxilios a los jugadores, esto no es común que lo haga un árbitro, éste se limita a pararse cerca del jugador, detener el cronómetro y verificar que llegue la asistencia médica. En Guatemala las categorías inferiores no cuentan con preparadores físicos, mucho menos para cargar ahí a un enfermero, paramédico o doctor. Son privilegiados los equipos que los tienen. En varias ocasiones me tocó meter mano y revisar lesiones, los asistentes incrédulos me decían que no era mi trabajo, de igual manera lo hacían los jugadores adversarios; yo los apartaba y seguía en lo mío, la salud del jugador debe ser lo primordial en cualquier justa deportiva, quién no lo entienda así no está en nada. Así sea jugador, juez o entrenador. De los medios de comunicación no hay que esperar mucho, a ellos les interesa el espectáculo siempre. Hacen de los deportes unas marionetas.

Así me gané el mote de la árbitra con instinto maternal. En Comisión Arbitral me dijeron que dejara a un lado mis hormonas femeninas y que me valiera la salud de los jugadores, me negué rotundamente. Esto marcó la diferencia en mi carrera profesional y en  el gremio. Poco a poco los jugadores y los entrenadores comenzaron a comprender que ganar no es lo indispensable y que la salud es primero. Yo les explicaba que era solo un juego de fin de semana, que tenían una semana por delante para ir a trabajar, a estudiar y que lesionados no podrían, que había lesiones muy caras, en costo de dinero y tiempo. Les ponía ejemplos. Siempre me quedaba unos minutos después del juego, explicándoles. No me costaba nada y además me gustaba, me fascina la docencia. Con mi reglamento en la mano les explicaba de las sanciones que se pueden evitar si se tiene la cabeza fría. Hay faltas accidentales y éstas se comprenden muy bien pero las que van con mala intención deben ser sancionadas con todo el peso de la ley.

Con esto me di cuenta que los jugadores en su mayoría desconocían el reglamento de fútbol, apenas tenían noción de las reglas básicas. También por esto me apodaron lo del instinto maternal.

Pasé a ser “miss” y “seño” dentro del campo, llegaban los jugadores a preguntarme cuando el juego se detenía: seño explíquele a este por favor cómo deben  hacerse los saques de banda, es que no sabe. Miss será que por favor me puede explicar otra vez lo de los fueras de juego. Seño cuándo dijo usted que no es válido un gol de penal. Explíquenos lo de la conducta violenta y juego brusco grave.

El fútbol se ve fácil pero en un juego de competición hay tantos recovecos en el reglamento que la gente no sabe, completamente nulos de conocimiento están los periodistas deportivos que siempre nos echan el público encima. Para muestra los que narran los juegos de los Mundiales de Fútbol, lo que ellos dicen es ley y las masas lo memorizan y vuelven victimarios a los árbitros. Claro que hay equivocaciones, somos humanos y también ahí se da lo de los sobornos indiscutiblemente pero eso es en todos lados.

Me decían que tenía instinto materno cuando me disculpaba con los jugadores por una equivocación mía. Me sentía fatal pasaba una semana de bajón, pensando en el juego y en el error que pudo ser grave y perjudicar un marcador. No dejo que las cosas pasen a mayores si me tengo que disculpar lo hago en el instante, y así he sido toda mi vida. Con ellos me acercaba y les pedía disculpas por haberme precipitado en sancionar una falta, por cortar una clara ventaja de gol, por haber sancionado un fuera de lugar inexistente. Eso me sucedía seguido, los árbitros asistentes sancionaban equivocadamente los fueras de juego para hacerme quedar mal, me tocó sobre esforzarme para tener la concentración en el balón y en los fueras de juego, cuando sabía que iba con árbitros traicioneros me cuidaba las espaldas, muchas veces no me tembló el pulso para bajarle la banderola al asistente y continuar el juego sin marcar el fuera de lugar, que por supuesto era inexistente. Esto me acreditó con los equipos, como una árbitra profesional. Para hacer esto el árbitro tiene que estar sumamente concentrado porque si se equivoca y sí era fuera de juego y no lo sancionó las consecuencias pueden ser graves a nivel disciplinario de la Comisión Arbitral y de la Fedefut. No digamos a nivel FIFA, hay árbitros que por una equivocación de éstas terminan sus carreras porque la sanción es tremenda. Ya no se vuelven a levantar.

Nunca dejé de disfrutar los juegos, el fútbol es mi vida y celebré los goles y felicité a los jugadores de uno y de otro equipo. Dejé ver que debajo de ese uniforme negro había una persona que disfrutaba del fútbol y que esto no se interponía entre mi oficio de ejercer el arbitraje. Fui de las pocas del gremio, porque los árbitros varones se mostraban serios en las anotaciones de goles. Mi actitud creó una química sui géneris en los encuentros deportivos que jamás sucedió con los árbitros varones. De la sorpresa, del rechazo, de los insultos pasaron a la admiración y el respeto. Como todo en la vida, el respeto se gana con las acciones. Aunque a mí por el solo hecho de mi género me costó el triple.

Con el tiempo lo del instinto maternal lo usaban como broma los jugadores dentro del campo, me hacían reír. Reímos todos, en ese instante reinaba el espíritu del deporte que siempre debe ser el de la alegría. ¡Salú!

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.

Enero 28 de 2015.

Estados Unidos.

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