Escribir con arrestos.

Hace algunos años cuando yo comenzaba a escribir y mis letras las leían solamente mis amigos cercanos me dijo uno de ellos: “tené cuidado porque va a llegar el día en que van a desglosar tus escritos letra por letra y te van a psicoanalizar, te van a poner sobre la mesa cada una de tus contradicciones y te las van a enumerar, hasta con fecha de publicación en tu blog.” Me dio risa cuando me lo dijo y no le tomé importancia, y le pregunté por qué me lo decía. Me dijo que era demasiado transparente y directa y que eso no era común, que me desnudaba demasiado y eso permitía que los lectores se sintieran con propiedad de enjuiciarme y señalarme. Que la gente común se escandalizaría. Me reí, y le dije de nuevo, eso nunca va a pasar mis amigos no son así. Él contestó: tus amigos no pero tus letras están creciendo y cuando sintás ya no estarán al alcance de tu mano, ese día a llegar, ya lo verás y te vas a acordar de mis palabras.

Han pasado los años de aquella conversación y llevo meses recordando las palabras de mi amigo. Y ha sucedido justo lo que él me dijo. No ha variado mi esencia al escribir, sigo desnudándome porque para mí la única forma en que puedo concebir la escritura es como catarsis, es como una depuración. Es abrir la herida viva y dejar que se ventile para que se seque, no hacerlo por miedo al dolor la terminaría pudriendo, es entonces el dolor parte de la curación.

Lo mismo sucede cuando se escribe y se hace público el texto, lo que suceda afuera es la visión y la comprensión de quien lo lee que no precisamente es la de quien escribe. Escribir y leer son dos órbitas distintas. Para escribir y publicar se necesitan arrestos, aquí el ego no sirve de nada, ni la fanfarria, aquí lo que hay que tener es bizarría porque allá afuera así como hay legiones hay jaurías y las segundas son ponzoñosas, tienen ese veneno letal que disfrazan de intelectualidad y criterio profesional o la pintan de madurez, clase y mundo. Nunca falta quien se sienta con la autoridad moral de husmear el posible mensaje que se encuentre entre líneas en un texto. Si no lo hay lo inventan.

Escribir y no publicar también es totalmente válido, cada quien maneja su privacidad como desea. Todo depende del tipo de texto que se publique. Hay de opinión, como también los de catarsis personal y los propios relatos de ficción. Para mí es necesaria mi bitácora que es mi ventana al mundo, una vez puestas mis letras en ese umbral vuelan lejos de mí, se convierten en mis alas y viajan por el mundo, desde donde estoy las veo alejarse hasta que se pierden de vista en el horizonte. Se liberan, las libero de mí. Entonces nuevamente me he desahogado. Eso sucede con los relatos que escribo sobre mi vida personal. Es ir escarbando en mis vacíos, recorriendo la oscuridad de mi inconsciente, toda la turbulencia de mis emociones y de mis trastornos. ¿Quién no los tiene? Quién es libre en totalidad de miedos, recuerdos, afanes, ¿quién es libre en la locura? ¿Quién se atreve a vivir a plenitud su locura? ¿Quién se enfrenta al rechazo?

Se necesita locura para pararse desnudo frente a una multitud y dejarse ver completo de pies a cabeza, sabiendo que las miradas son inquisidoras, prejuiciosas y avaras. Que no falta quien se fije en las cicatrices y las vea como defectos personales, quien se fije en las heridas y las nombre impurezas. Quien desee pasar de los ojos al sexo y del sexo a la boca. Quien salte entre los pezones y la espalda, quien se atreva a escudriñar en las arrugas y el cabello. Entre los oídos y los pies. Quien vea en las uñas la mugre propia y no se atreva a reconocerla. A quien le tiemblen las piernas de encontrase enjuto en los ojos de quien se ha parado frente a la multitud, desnudo, sin pudor y sin cobardía. Despojado de en lo efímero del instante.

Criticar es lo más ruin, sentirme superior al otro es algo grotesco y detestable. Sentirse con la propiedad de aconsejar cuando no les han pedido consejo, es una falta de respeto a los arrestos de la persona que escribe.

No, escribir y publicar no es cualquier cosa. Se puede escribir y guardar en los adentros los avatares, o condicionarlos al maquillaje desleal para no dejarse ver entero por dentro, se le puede añadir ego, unas pizcas de conocimiento literario que sirve muy bien como laberinto donde se juega a engañar la mente del lector más novato o más experimentado,  más allá de la locura va el publicarlos.

Jamás imaginé que mis escritos serían desmenuzados y revisados revés y derecho   y que serían utilizados como arma acusadora de mis subidas y bajadas emocionales, de mis euforias, de mis pasiones, de mis amarguras y de mis instintos. De mi irrevocable ideología política y de mi naturaleza montaraz. Pero, ¿qué es la vida sino el cúmulo de todo eso? ¿Esconderlo, para qué? ¿Por miedo a que otros humanos tan inmundos como yo me acusen y me enjuicien? ¿Para que la doble moral no se apiade de las almas trasparentes y las envíe a los avernos?

No soy periodista, ni académica, soy escritora y poeta. Siento y pienso, me duele la vida como a todo ser que tiene conciencia. No puedo y no quiero ocultarlo. Y tampoco puedo disfrazar de estabilidad el acantilado donde habito frente al enorme vacío que por instantes me llena de felicidad fugaz y que también me mantiene ensimismada en la soledad de mis letras que son mi oxígeno.

Para comprender esto, para entender el alma de mi un poeta o de un escritor, no se necesitan títulos universitarios, ni conocimiento puntual en gramática, no es necesaria la clase social, ni el garbo, para comprender a un poeta o a un escritor se necesita tener alma trasparente. Y aquí no cualquiera, no cualquiera sabe disfrutar la belleza de la desnudes, para el ser ordinario es tan solo la forma de un muladar.

Es totalmente válido que se haga una opinión del texto en lo que consta puramente a la obra, al poema. Otra cosa es intentar rasgar la piel de quien escribe con la intención de ver si algo más allá de la sangre y los instintos.

No concibo otra manera de vivir, conmigo es todo o nada, o me entrego completa o me aparto del camino, lo mismo sucede cuando escribo: soy. Aparentar no va conmigo.

Es muy curioso que el ser ordinario –y con ínfulas de intelectualidad o divinidad- se atreva a juzgar mis relatos explícitamente de mi vida personal, pero jamás da una opinión crítica cuando escribo artículos de opinión. Y si lo hace es para atacarme a mí como persona y mi origen. Belleza de intelectuales estos. Yo por eso nunca he negado de dónde vengo, tan pueblo soy que tengo las patas rajadas, como todos los “indios” de los pueblos originarios. En la piel llevo el color de mi tierra.

Jamás imaginé que las palabras de mi amigo se volvieran realidad, pero aquí estoy, desnuda con todo lo que representa, no conozco de pudor ni de límites. Por eso soy libre en mi locura. ¿Quién lo es? Modestia aparte, también soy luna y sol.

Eso en cuanto a publicar. Porque la intimidad de la hoja en blanco y mi vena es paisaje aparte.

Para escribir y publicar se necesitan arrestos, para juzgar sobra lo ruin y ordinario. ¿Quién es capaz de disfrutar la belleza de lo sui géneris en toda su intensidad?

Posdata: tal vez con lo expresado en este artículo muchas personas ordinarias dejen de leer mi blog, o lo leerán -por curiosidad- y dejarán de comentar. Créanme que no es mi intención darles con la escoba. Quienes se queden, sigamos caminando…

Para: Índigo.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.

Enero 20 de 2015

.Estados Unidos.

3 pensamientos en “Escribir con arrestos.

  1. Pues seguiremos caminando… Te tenía un poco abandonada por falta de tiempo, pero el minuto disponible lo disfruto en tu lectura. Adelante

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  2. Ilka: Al igual que tú, le concedo la razón a tu amigo. Es el riesgo que corriste al hacer públicas tus letras. Muchas veces, el morbo nos gana, y ahí andamos, husmeando entre las líneas y los espacios, el mensaje “subliminal” que suponemos, no para disfrutar del texto o del poema, o para viajar a Ciudad Peronia y absorber el verde botella de sus cerros, o sacarle una sonrisa a la niña heladera, sino para despellejar viva a la autora, cometiendo el delito de “allanamiento”, pues nos tomamos libertades que no nos fueron concedidas. Porque nos metimos hasta tu cocina. Porque juzgamos tu persona y no a la escritora y poeta, que ha tenido el valor de mostrarse tal cual es, y algunos de sus lectores (nunca es bueno generalizar), no lo hemos aquilatado.

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