Iguala, tierra de paz.

El fin de semana conocí a un señor mexicano, cuando me lo presentaron le pregunté de qué lugar era, me contestó con el pecho inflado: “de Iguala, tierra de paz.” Me erizó la piel, entendí perfectamente por qué el tono, por qué resaltar que Iguala es tierra de paz. Con el internacionalismo que ha tomado el nombre pensarán los de afuera que en Iguala, Guerrero solo hay violencia, pero no, Iguala es algo más, es mucho más que el narco Estado.

México es mucho más que la enorme fosa clandestina, más que las desapariciones forzadas, que las emigraciones, mucho más que el amarillismo de los medios de comunicación. México es más que el turismo mediático de Televisa y sus aliados. Mucho más que Salinas de Gortari y Carlos Slim. México es más que la corrupción institucionalizada. Que las grandes mafias que se sientan en poltrona de embajadas y consulados. Mucho más que la bullaranga acapulqueña donde se divierten los niños ricos. Mucho más que las telenovelas baratas en horario estelar. Más que los vende patrias fascistas.

Claro que sí, es mucho más que el Instituto Nacional de Migración, desapareciendo, torturando, vendiendo y asesinando migrantes. Es más que la falta de respeto de un presidente corrupto y asesino. Más que los pactos que se sellan dentro de las cuatro paredes de La Casa de los Pinos.

Lo escuché en su voz cuando me dijo: “Igual, tierra de paz.” Es la voz sonora de los mexicanos diciendo: Iguala somos todos.

Diciendo: México ya se cansó. Pienso luego me desaparecen. Todos somos Ayotzinapa. Se necesita sangre tipo Zapata para los mexicanos. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. A fuego se los llevaron, a fuego serán vengados. México despierta.

México es la dignidad de su gente, su cólera y su valor. Es la rebeldía de sus estudiantes. Es la honra de la Universidad Nacional Autónoma de México. México es las Autodefensas. Es los presos políticos como Mireles. Es los sacerdotes honestos del calibre del Padre Solalinde, Fray Tomás González y Pedro Pantoja. Las revolucionarias como Sor Juana Inés de la Cruz. Los maestros como Lucio Cabañas. México es el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. La cuadrilla de vendedores ambulantes. Los jornaleros, las mujeres que trabajan en las fábricas y maquilas. Es la sonrisa de los niños que crecen en el campo. Es la solidaridad de las vecindades. México es Frida Kahlo y Chavela Vargas. México es Las Adelitas. Es Poniatowska, Aristegui, Lydia Cacho y Sanjuana Martínez. México es el sinfín de obreros. Es Las Patronas y Elvira Arellano. México es Café Tacuba, denunciante.

Así lo entendí cuando me dijo: “Iguala, tierra de paz.” Que México es más que los tacos y los mariachis y el tequila. Es mucho más que el silencio, el temor y la omisión. Que la apatía y el flagelo. México es su Revolución. Es mucho más que el grito homofóbico y discriminador -puto- en los estadios. Más que el machismo. Mucho más que sus élites de clase.

México es sus movimientos sociales, tan poderosos como el Popocatépetl. Es su juventud energética y su madurez concienzuda. México es los millones de mexicanos que se levantan todos los días en la madruga para irse a trabajar honradamente. Es la decencia y seriedad de un pueblo milenario. Es sus idiomas y etnias. Es su diversidad hermosa.

México más que la violencia gubernamental, la desmemoria, la falta de identidad, es la consecuencia de la denuncia, es la rebelión que está tomando sus calles, es las manifestaciones de sus hijos exigiendo paz, justicia y la renuncia de Peña Nieto. Es sus estudiantes honrando la oportunidad de acceso a la educación superior. Es los padres, los hermanos, las comunidades, es la sociedad exigiendo paz.

México es la revolución que renace, es el pueblo que se ha puesto de pie, para decir: ya no más, ya nos cansamos, exigimos que se nos respete.

Cómo quisiera que México no tuviera fronteras para que la dignidad abarcara también Centroamérica, donde nos desaparecen estudiantes, nos matan mujeres, nos violan y embarazan niñas, nos matan a la juventud en emboscadas de limpieza social, nos venden la tierra, nos matan la niñez de pobreza y hambruna; y a los pocos líderes comunitarios los encarcelan en bajeza de gobiernos opresores y dictatoriales, o los asesinan, mientras el pueblo guarda silencio escondido en su sumisión, lamiendo el recuerdo de las heridas de un pasado que arrasó con la dignidad y el arrojo.

“Iguala, tierra de paz.” Dijo, y me hizo pensar en que aún falta mucho por hacer y que debemos involucrarnos todos, sin distinción de clases, fronteras, ni de fumadas que dividen la dignidad humana.

Mucho gusto, le dije, mientras este artículo comenzaba a gestarse en la noche fría del noviembre estadounidense, al compás de la legendaria  canción de Alí Primera, No basta rezar.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado

Noviembre 17 de 2014.

Estados Unidos.

Un pensamiento en “Iguala, tierra de paz.

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