Historias. I.

I.

No me he de ir de esta vida sin haberme fumado un puro de hierba, le digo a la rusa que está sentada en el otro extremo de la banca, estamos en el sauna. No fumo pero por curiosidad quisiera para salir de la duda. ¿No la has probado? No. Bueno, tienes que hacerlo en compañía de alguien que lo haya hecho antes y que tenga control sobre ello y que conozca muy bien las reacciones, yo lo hice con mi novio actual, él se mete de todo, lleva más de 20 años inyectándose, yo solo he probado: cannabis, éxtasis, heroína, cocaína, y anfetaminas. Me quedo admirada, porque lo cuenta con la confianza de estar hablando de las recetas caseras de la abuelita. Y me encanta porque no hay tabú. Bueno, le digo, -sintiéndome la más pasmada de las mujeres- cuando la pruebe te contaré.

II.

Te tienes que casar y tener hijos, son tan lindos los niños, alegran la vida. Me dice la señora iraní que tiene 63 años de edad, enviudó hace cinco años, su esposo era japonés. Mira yo tengo dos, el varón tiene dos niñas pero mi hija no quiere tener hijos y su esposo sí, trato de convencerla pero no se deja. ¿Para qué la quiere convencer? Ella ya es adulta y toma sus propias decisiones, le digo. Tienes razón, agrega. Para cuándo realizará el viaje a Japón, le pregunto. No sé, me contesta con su mirada entristecida, es una mujer muy hermosa, con piel de un verde olivo, alucinante. Continúa, es que tengo que cuidar la grama de la casa, ver a mis nietas, prepararles galletas, una tubería del baño está mal tengo que llamar al plomero y también quiero cambiar la cerca del jardín. Vive sola, sus hijos viven en otra ciudad. Noto que la lista que me cuenta de cosas por hacer es de puros pretextos para no realizar el viaje a Japón, quiere volver a visitar el lugar donde conoció a su esposo pero tiene miedo. Lo puedo leer en su mirada y en el tono de su voz.

Bueno, le digo: no quiero saber de más pretextos, tiene el dinero para comprarse un boleto de avión, la grama en su jardín si la deja un mes sin cortar no se volverá selva y le tragará su casa, no se preocupe, la cerca también puede esperar y el asunto de plomería también. Así es que la próxima vez que la vea quiero que me diga que ya compró el boleto. Lleva cinco años deseando ir y no se atreve a hacerlo sola, porque todas las veces que fue lo hizo con su esposo. Continúo: pues no le tenga miedo a la soledad, hoy está viviendo otra etapa de su vida, disfrútela, vaya a ese viaje que tanto desea, no se quede añorando momentos. La vida es hoy. A la semana recibí una llamada telefónica de un número desconocido, era ella desde Japón, para saludarme y darme las gracias. Me sentí tan feliz de saber que hizo el viaje. ¿Y tú a qué país quieres ir? A Chile, contesté. Un día iré, y también la llamaré por teléfono para decirle que hice realidad el viaje de mis sueños, disfrute su estadía en Japón y tómese un buen trago de sake, a la salud de los gratos momentos vividos con su esposo en ese país. ¿Te han dicho que para tu edad eres una niña tan madura? Bueno, y otro trago a mi salud.

III.

Voy con un amigo a comprar a Subway, él quiere un sándwich y yo una ensalada, es tarde en la noche están por cerrar, hay un solo joven atendiendo, lo encontramos trapeando el piso, mi amigo pide el sándwich y yo la ensalada pero me contesta que ya no hay, pero que si gusto me puede preparar una de los vegetales que hay ahí para los sándwiches, total están por cerrar. Le contesto que sí, y me prepara una ensalada exclusiva con una revoltura de colores. Es hindú pero le pregunto de dónde es para iniciar una conversación, me contesta que es de India y que está triste porque esa noche es como Navidad en su país, ¿Así? Le pregunto. Sí, sí, contesta, entre emoción y nostalgia.

Escucha, y se quita uno de los audífonos que carga y me lo acerca, escucho personas hablando en un idioma raro. Es mi familia, estoy hablando con ellos por teléfono, me están contando cómo está el festival. Me habla del Deepavali, el festival de las luces que es como Año Nuevo. ¿Cuánto tiempo llevas en Estados Unidos? Un año, es el primer Deepavali que estoy fuera de mi país y lejos de mi familia. Le veo la soledad en su expresión, yo también viví eso cuando recién emigré. Cuéntame de tu familia, le digo mientras está cobrando, mi amigo espera sentado en una silla. Es el mayor de 6 hermanos, emigró para ayudarle a sus padres para la escuela y crianza de sus hermanos menores, no tiene familia en Estados Unidos y alquila un apartamento junto a otros 14 hindúes, todos hombres. Trabaja en Subway y de mesero en un restaurante árabe. Habla el inglés perfecto, lo aprendió en su país. ¿Me puedo tomar una foto contigo? Me pregunta. Es que me caíste muy bien. Claro y yo también quiero una contigo y saco mi teléfono celular. Eres la única persona que me ha hecho conversación desde que trabajo aquí, y siento que te conozco de toda la vida. Lo abrazo fuerte antes de tomarnos la fotografía. Le anoto mi número de teléfono en una servilleta. Yo también soy migrante, yo también he llorado de nostalgia, y también he vivido celebraciones parecidas al Deepavali, lejos de mi país. Sé lo que se siente. Pero estás aquí porque es parte de tu aprendizaje en la vida. Nunca lo veás de forma distinta. Todo tiene su razón de ser. Lo abrazo de nuevo y lloramos los dos. Dentro de lo cabe feliz Deepavali, le digo como despedida.

IV.

Tú cada día estás más guapa, le digo a una polaca que con los años se ve más hermosa. Gracias, es que ahora tomo más agua, tal como tú me lo aconsejaste, he dejado de tomar gaseosas. Me alegra. Estamos las dos desnudas en el sauna, acostadas cada una sobre su toalla.

Es retraída y un tanto sumisa, es de esas mujeres hermosas que no saben que lo son, que la belleza del brota del alma, ella aún desconoce su fuerza interior.

Tiene 36 años, y le acaban de ofrecer un puesto de coordinadora en una fábrica pequeña, donde le tocaría estar a cargo de 8 hombres, sería la primera mujer en trabajar ahí. Me pregunta si debe tomarlo o continuar en su trabajo, le digo que los retos son interesantes y los cambios siempre son para aprender, que no hay fracasos, todo es aprendizaje y experiencia ganada, que lo más difícil ya lo hizo y que fue emigrar y dejar todo atrás. Me mira con sus ojos azules. Cómo quisiera tener tu fuerza interior, me dice. La tienes, lo que sucede es que no te has dado el tiempo para encontrarla, todos la tenemos. Dejá el miedo, ya no más, ya no es tiempo de tener temor, saltá. Subíte a la parte más alta y saltá. Vencé el miedo a las alturas, tomá ese trabajo y que no te intimiden 8 hombres que estarán a su cargo. Le cuento de mi experiencia dirigiendo juego de fútbol de hombres.

Es que siento que no podré. Nada de que no podré, claro que podrás, hombres y mujeres tenemos las mismas capacidades y destrezas, ellos no son mejor que tú por ser hombres, ni más fuertes ni más inteligentes. Somos diferentes sí por la mínima diferencia que las mujeres parimos y ellos no, pero es sólo eso, lo demás es basura patriarcal.

Como sugerencia le dije que no acepte bromas en doble sentido, que no consienta galanterías, ni proposiciones, ni miradas coquetas, ni invitaciones a salir, que cuando tenga calenturas que se las baje con otro que no tenga nada que ver con su sitio de trabajo, porque de lo contrario el respeto está en juego, porque siendo la única mujer del lugar todos querrán lanzarse sobre ella.

Y así fue, otro día en conversación de sauna me contó que tomó el trabajo y a la semana ya la habían invitado a salir, le habían llevado flores y chocolates y le silbaban cuando entraba a la fábrica.  Le chuleaban la ropa en tono “quiero cama contigo” pero los puso en su lugar y ya lleva 8 meses trabajando ahí. Ahora la tratan como una más del grupo y así debe ser.

La confianza en sí misma se ha cimentado y ya le ofrecieron un puesto más alto dentro de la misma fábrica, en unos días tendrá a su cargo a 34 hombres. Estamos por salir a celebrar su ascenso.

Y así, de historias es como se van llenando las venas de ésta inquilina migrante.

 

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado

Noviembre 16 de 2014.

Estados Unidos.

4 pensamientos en “Historias. I.

  1. Ya ves, te he dicho muchas veces que sos ejemplo para miles que te leemos y hoy, nos contas las experiencias con otras personas a quienes has orientado, a quienes les falta el empujon para poder hacer. Es la vida y la experiencia acumulada que te permite tener sentido común para hechar a andar sueños o proyectos, el resultado, las llamadas que has tenido, donde te saludan y dan las gracias porque viajaron al Japon o estan en un puesto a cargo de un grupo de trabajadores, que le tiran lineas, pero que preparaste antes para ponerlos en su sitio y no perder su nuevo puesto. Un abrazo.

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  2. por supuesto me encanto tu articulo, como siempre. Gracias por recordarnos a todos que la fuerza que llevamos dentro es todo lo que necesitamos para enfrentar los retos de esta vida y que todo lo q nos pasa son experiencias para crecer.
    Recién me encontre mis journals q llevo desde que vine a California y se me ocurrio abrir un blog y compartir algunas cosa de la vida diaria del acoplamiento en esta cultura, de lo que nos toca a los q somos de otro color y lengua.
    te quiero y no te conozco. como siempre
    Carmen

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