A la Patria Grande la cuidamos todos.

Hace unos días circulaba en las redes sociales como parte de la celebración, una fotografía con los rostros de Lula, Evo, Correa, Mujica, Fidel, Raúl, Cristina, Néstor, Maduro, Chávez, Bachelet y Dilma, agregada ésta frase: “ A la Patria Grande la cuidamos todos.”

Nada más real y nada más utópico. Todos. Y es así, lo que transforma es responsabilidad de todos. La revolución es obligación de todos. La memoria, la conciencia y abonar la raíz tiene que ser amor de todos. Una ilusión compartida. Una acción colectiva. No dejar que las quimeras mueran solas, hay que hacerlas florecer.

El día que ganó Evo Morales la elecciones presidenciales por segunda vez, me vino a la mente la canción de Alí Primera: “El yankee teme/ que tú te levantes/ América Latina obrera/ ¿por qué no lo haces?/ El yakee teme a la revolución/ el yankee teme al grito ¡yankee go home! / yankee go home.

Como un embeleso, la fecha y el voto popular, la reivindicación de los pueblos originarios. Me vinieron a la mente Bartolina Sisa, Túpac Katari – Julián Apaza- y Túpac Amaru II. Aquella frase que pega en lo más profundo del alma, de la identidad y de la honra: “Volveré y seré millones.” Entre lo Quechua y lo Aymara, entre los incontables idiomas que hacen de la cordillera latinoamericana una Patria Grande.

De pronto y pensar en aquella canción añeja:

“Campesino cuando tenga la tierra/sucederá en el mundo el corazón de mi mundo/desde atrás de todo el olvido secaré con mis lágrimas/ todo el horror de la lástima y por fin te veré/ campesino, campesino, campesino, campesino/dueño de mirar la noche en que nos acostamos para hacer los hijos/campesino cuando tenga la tierra/ le pondré la luna en el bolsillo y saldré a pasear/ con los árboles y el silencio/ y los hombres y las mujeres conmigo./ Cantaré, cantaré, cantaré.” –Cuando tenga la tierra. Mercedes Sosa.

Y para reivindicar la resistencia gana Dilma Rousseff en Brasil, es para infartarse de la alegría. El rojo fuego, rojo sangre, rojo vida reverdece en la cordillera del Sur. Regresa en vientos huracanados, más despierto que nunca. Atraviesa la Amazonía, las favelas, las parcelas, los potreros, y se eleva en lo alto de las nubes y baja   en ráfagas hasta el inframundo para exigir justicia desde ahí, para que Nunca Más.

Para que la Patria Grande Latinoamericana sea una sola quebrada despierta.

¿Cómo se logran estos cambios? Involucrándonos como pueblo. No delegando responsabilidades propias a otros, no llenándonos de pretextos. Perdiendo el miedo, sacudiéndonos la pereza. Informándonos. Leer, leer, leer. Pensar, pensar, pensar. Tratar de analizar, de cuestionar. Actuar, actuar, actuar.

Eso es lo que necesitamos, llevar el pensamiento a la acción. Aquellas grandes movilizaciones que se ven en el Sur no suceden en Centroamérica, ¿por qué? Haciendo a un lado el rezo de siempre: “es que la guerra interna sembró el miedo.” Ya es tiempo de demostrar que no lograron arrancarnos la raíz, que la tierra arrasada fue ensoñación militar y que éste pueblo milenario está de pie, que nunca más estará de rodillas.

Participación ciudadana. Esa indiferencia nuestra es la que nos mata, no la dictadura militar que está de nuevo en la región, somos nosotros mismos con nuestra desidia los que permitimos que otros tomen decisiones en nombre nuestro. No tenemos derecho a quejarnos si no hay capacidad de reacción. ¿Después de la indignación qué sigue? ¿Hasta cuándo lo vamos a permitir? ¿Para cuándo en Centroamérica demostraremos que este pueblo tiene sangre en las venas y no chilate? Involucrémonos. ¿Qué retazo de tierra le vamos a dejar a las generaciones que vienen? ¿Qué valores? ¿Cómo nos vamos a atrever a verlos a la cara si hemos vivido viendo hacia el suelo? ¿Si cuando pudimos hacer algo nos cruzamos de brazos?

Dejamos que nos gobiernen ladrones, asesinos y violadores. Y estamos como rebaño, ahí vamos con la corriente. Seamos capaces de desafiar.

La rebeldía es honra. Sea rebelde. Seamos consecuentes. Por nosotros mismos, por nuestra comunidad, por nuestra tierra, quítele las fronteras, seamos una sola cordillera, reverdecida y en flor.

Para que sea cierto eso de que “A la Patria Grande la cuidamos todos.” Para que no tenga el descaro de disfrutar de los beneficios que otros lograron a sangre y fuego. Haga que valga la pena su estadía en este mundo que lo de humanidad no sea una palabra cualquiera. Honre su condición y haga lo que es justo, siempre, siempre aunque sea a pesar suyo. Ésa es nuestra responsabilidad, es nuestra revolución: hacer lo que es justo y que corresponde.

Y tal vez un día no solo sea un canto trovador lo de: …Todas las voces todas/todas las manos todas/toda la sangre puede/ser canción en el viento./ ¡Canta conmigo canta/ hermano americano/ libera tu esperanza/con un grito en la voz! – Canción con todos. Mercedes Sosa.

Para que de pronto aquel hilar de versos no quede en nostalgia de velada poética: “…Pero aquí abajo/cerca de las raíces/ donde la memoria/ningún recuerdo omite/ y hay quienes se desmueren/ y hay quienes se desviven/ y así entre todos logran/lo que era un imposible/que todo el mundo sepa/ que el Sur también existe.” -El sur también existe. Mario Benedetti.

Rechacemos la haraganería y la arrogancia, seamos humildes e insurgentes. Tengamos la  capacidad de lograr la entereza de ser revolucionarios, es decir: honrados.

Nota: se preguntará, ¿qué hace una roja viviendo en el corazón del capitalismo? Aprendiendo del socialismo y fortaleciendo mi raíz, ésta es una excelente escuela. ¿Y usted, qué tal, cómo le va?

Ilka Oliva Corado.

Octubre 28 de 2014.

Estados Unidos.

 

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