Amurallar el dolor.

Bajo las sábanas
Esconderlo atrás de la puerta
En el cerrojo
En la sonrisa fingida
En silencio absoluto
Entre las lágrimas heridas
En el mostrador
Dejarlo lejos en la otra esquina
En la oscuridad de la noche
En la sombra
En el temor

Esconderlo sigiloso
Entre las horas
En los cuadernos de la escuela
En la blusa nueva
En la billetera
Esconderlo en el sazón de la comida
En el trapeador
En el asiento trasero del automóvil
En las rondas infantiles
En el color de los textiles

Guardarlo en la bolsa del mercado
En los abrazos
En la reunión familiar
En la pesadumbre del medio día
En la conversación trivial
Encubrirlo con el maquillaje
Con la angustia
Entre el sobresalto
En los pensamientos suicidas
En el pasaje de autobús
En la tarde fría
En la taza de café
En la excusa
En el ruedo del uniforme
Entre las muñecas

En la insatisfacción sexual
En el temor de la caricia
En la fingida primera vez
En el crecimiento de los hijos
En la fallida ilusión
Aprender a ocultarlo con discreción
Esconderlo, disimularlo
Amurallarlo, insistir en encubrirlo
Que nadie se entere de esa violación,
guardarla en el silencio de la secuela,
en la infelicidad,
encubrirla con los años, acostumbrarse a la persecución
A las pesadillas
A la esterilidad
No enfrentarla
No nombrarla
Amurallarla con el dolor
¡Qué nadie se entere de esa violación!

Ilka Oliva Corado.
Octubre 06 de 2014.
Estados Unidos.

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