La diosa del Olimpo.

Me repeso en el borde de la puerta y me le quedo mirando, no puedo contener más el embeleso de tener tan cerca a esa delicadeza.

La velada transcurre tan lejana a mí porque mi   desasosiego la busca cuidadosamente para que nadie más se percate que está ahí una diosa bajada del Olimpo y que se ha adueñado de mis sentidos y de mi voluntad.

Con mi copa de vino en la mano camino por la estancia y me detengo unos instantes para observar nuevamente la obra de arte; a respirar su aroma de selva tropical, de mar mediterráneo, a especies, a vino blanco, a barro húmedo, a piel desnuda sin loción, logro reponerme del hechizo y   continuo conversando de cualquier luna llena con los invitados a la tertulia. Quiero que el tiempo se detenga y que todos desaparezcan y que nos quedemos la diosa del Olimpo y yo en completa soledad para contemplarla a plenitud en su quietud y serenidad.

Tantos distractores – pienso – que no permiten acercarme para embriagarme con su hermosura, demasiados metros de distancia entre ella y yo, demasiadas lunas de cuarto menguante, ella es una diosa y yo una cortesana imperceptible, una moza inadmisible.

Me pregunto cómo abordarla mientras trato de distraerme en las conversaciones triviales, desaparee el sonido y todo se vuelve un eco llegado de otros mundos donde solo existe ella y su Olimpo, donde la advierto intangible a mi insignificancia imperceptible.

Ese desvarío de querer recorrer su espalda en penumbra de noche sin luna, acariciar la suave piel de sus muslos insomnes, descubrirlos cándidos, confiados en su arte de solera. Contemplar sus caderas esbeltas de deidad extasiada y descansar en el aposento donde nace el cauce de todos los avernos. Lava del volcán, pasión desheredada, fuertes correntadas que me arrastran sin afán.

Qué antojos los del azar que la trae a esta velada yo que nunca la esperaba y que a sus pies me postro ya. Camino hacia la puerta y me repeso en la arista, es alegría y quebranto amar tanto a una ilusión; de otro tiempo, de otra luna, de una nube sin premura. Diosa del Olimpo mi trastorno es suyo hoy. Camino hacia su cosmos intentando acariciarla pero es diosa de otra creación. Lánguida cierro la puerta y me voy.

Ilka Oliva Corado.

Octubre 02 de 2014.

Estados Unidos.

2 pensamientos en “La diosa del Olimpo.

  1. Que bello el relato de tus pensamientos, eso es sentir el amor de una manera muy especial y era de esperarse…….¡pues sos especial! Lamentablemente el comun de la gente, dificilmente llega a concebir un sentimiento así y nunca llegara a sentir la belleza y dulzura que provee; eso es para los iluminados, aquellos que tienen conceptos y formas de pensar, sentir y ver las cosas diferentes y su filosofía de la vida difiere diametralmente de lo que cualquier hijo de vecino es, siente y piensa. Un abrazo y hasta siempre.

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