¿Quién es Dayani Cristal?

“Viajar hacia ti Señor eso es vivir, partir es un poco morir, llegar nunca es llegar definitivo hasta descansar en ti. Tú Señor, conociste la migrancia y tú la hiciste presente a todo hombre que comprende qué es vivir y quiere llegar seguro al puerto de vida. Tú sacaste de su tierra a Abraham padre de todos los creyentes, tú recordarás cuáles eran los caminos para llegar a ti, los profetas, los apóstoles, tú mismo te hiciste migrante, del cielo a la tierra…” Oración del migrante.

Los muertos de la frontera son miles, son millones a través de la historia, a través de los siglos. La frontera de ahí nomás, la más famosa del mundo, la más sangrienta, la más perversa está entre México y Estados Unidos, (la de Guatemala y México no se queda atrás) desde el norte está camino al sur, del sur está camino al norte, ese norte tan soñado, tan perturbador, ese norte tan comercializado y manipulador.

Muchos han encontrado en la legión indocumentada su mina de oro, entre directores de cine, reporteros, periodistas y estudiosos académicos se han aprovechado de los invisibles para surgir ellos al mundo de la fama, para desfilar en alfombras, para recibir vitoreos, para fingir ser consecuentes y conscientes, un tema que da para el amarillismo, ese sensacionalismo que muy bien vende sin mayor esfuerzo, la mercantilización de la desgracia migratoria, ese fingir sentir la tribulación ajena en piel propia pero una vez apagadas las luces del enorme espectáculo que es el calvario del éxodo forzado, es insoportable el tufo de la mezquindad que estos mamarrachos expelen.

También están los otros, los de una pieza, son pocos pero ya fueron puestos a prueba en fuego vivo. Viven caminando sobre las brasas día a día y lo de aprovechados no es son con el que bailen. Para muestra el por siempre íntegro sacerdote Alejandro Solalinde. Las Patronas, el fraile Tomás González Castillo, el sacerdote Pedro Pantoja. Luminarias de pura honra. Arriesgar el pellejo por otros, no cualquiera.

Arriesgarlo todo cuando todo está en contra es la realidad del tropel indocumentado que cabalga La Bestia, el tren de la muerte. Es esa multitud que salta los cercos de alambrado, nada los ríos, salta murallas, camina desiertos para llegar al funesto país que han pintado los medios y los emigrados egoístas como el lugar donde todos los sueños se hacen realidad. Nada más falso que eso, nada más cruel que la mentira bien maquillada.

El documental ¿Quién es Dayani Cristal? En el que el actor Gael García conocido por su ideología y conciencia social encarna a un hombre indocumentado que lleva en el pecho tatuados dos nombres, Dayani Cristal. Su cuerpo fue encontrado en estado de descomposición bajo la sombra de un árbol en el desierto de Arizona, desde ahí parte la investigación para dar con su identidad, como toda pertenencia fue encontrado un papel donde llevaba una oración escrita, la Oración al Migrante y con esta oración inicia el documental y el trayecto migratorio desde Honduras hasta ese árbol con el que Gael García intenta mostrarnos la ruta que este indocumentado siguió, que es la de miles.

 

Esa escena que han vivido miles cuando pasan por los refugios de migrantes, ¿Yohan? ¿Quién es Yohan? Me imagino ahí, ¿Ilka? ¿Quién es Ilka? Salir de prisa y despedirse a las carreras, abrazar a los que en ese momento son la única familia, la familia del corazón que uno se lleva hasta la muerte, docenas de desconocidos yendo hacia la misma tumba, imagine usted, su nombre, ¿María? ¿Quién es María? ¿Juan? ¿Quién es Juan? Imagine su nombre, imagínese ahí en la galera, sentado amarrándose los zapatos porque está a punto de partir.

Con una mochila al hombro y una galón de agua en la mano, escuchar las instrucciones del coyote que son las mismas siempre pero en distintas palabras: “prepárense con los galones de agua, ahí está la línea, vamos a caminar mucho y el que se quedó, se quedó, nadie va a estar para ayudarle. Las mochilas bien pegadas a su cuerpo y nada de llevar algo alumbrando.” Imagínese ahí uno de ellos, ¿siente la angustia? ¿La adrenalina? ¿Siente el miedo sorbiéndole los sesos? ¿Siente cómo su voluntad se quiebra? Eso es la frontera, y quienes la sobrevivimos somos una enorme herida incurable.

Somos la nada en medio de la nada. Invisibles en vida e invisibles en la muerte. Son miles los cuerpos encontrados en la frontera y no a todos se les puede dar una identidad, porque cuando estamos a punto emprender ese trayecto tenemos que hacerlo sin documento alguno para evitar ser deportados a nuestros países de origen en caso nos atrape la migra, todos decimos que somos mexicanos para que nos avienten ahí nomás e intentarlo las veces que sean necesarias hasta lograrlo o hasta morir, como le sucedió a Yohan, el padre de familia hondureño que quedó a tan solo veinte minutos en carro de la ciudad de Tucson, Arizona.

No todas las familias se enteran que su familiar murió, que no logró llegar al soñado Estados Unidos. Se quedan madres, esposas, hijos, esposos, abuelos esperando noticias de los seres que con el paso del día a día se convierten en desaparecidos. Yo también crucé así, con una tarjeta médica como único documento, tenía mi nombre pero de identidad mexicana, de haber muerto ahí si las autoridades encontraban mi cuerpo lo hubieran reportado al consulado mexicano, tal vez nunca mi familia se hubiera enterado y hoy sería una desaparecida como los miles que el tiempo se traga. Pero estoy aquí al otro lado de la frontera de la muerte, contando lo que es la post frontera, que aquí seguimos siendo la nada entre la nada, tan invisibles como cuando llegamos a Tapachula y abordamos el tren en Arriaga, o cuando cruzamos las montañas en California. Como cuando estuvimos a punto de ahogarnos en el río Bravo. Como cuando saltamos la enorme muralla en Tijuana. En este país de sueños rotos seguimos siendo los indocumentados los invisibles de los invisibles. Sobreviviendo -como canta Mercedes Sosa- a la marginación dentro del racismo y la carencia de opciones para el progreso, de todas maneras con todo y eso es mejor ser nada en Estados Unidos que ser nada en el propio país de origen donde la agresión es mayor, de donde nos sacan a patadas la escasez y el abandono del sistema, donde la miseria no se da abasto, donde la segregación no tiene límites, sí es mejor ser nadie entre los millones de parias sin nacionalidad que encuentran en Estados Unidos el alienante que les permite idealizar que mañana –con la reforma migratoria- será mejor que hoy. Ese Estados Unidos que con su avara política exterior está dejando a los países en desarrollo en los puros huesos.

En la película documental Gael García Bernal no solo es actor dando vida a Dayani Cristal, nombre con el que se reconoce al hombre sin identidad debido al tatuaje que lleva en el pecho, sino también narrador, en el mismo se entrevista a autoridades y trabajadores del sistema de migración de Estados Unidos, informan del proceso que llevan a cabo para tratar de identificar a los cuerpos que son encontrados en la frontera pero no con todos tienen suerte, la mayoría se queda en el eterno anonimato de una tumba sin nombre y sin flores, en una tierra extraña.

¿Cuándo fue que recrudeció lo del tránsito migratorio en la frontera? En papeles firmados fue en la administración Clinton en los años 1994 y 1995 que optaron porque la Patrulla Fronteriza custodiara la entrada por Texas y California pensando que por lo arriesgado del viaje los migrantes no se atreverían a pensar siquiera a intentar adentrarse en el desierto para entrar por Arizona. Ese desierto de la muerte y de belleza natural que llevo en cada poro de mi piel.

En el año dos mil explica uno de los trabajadores del sistema de migración y de la morgue en la frontera que fueron encontrados 19 cuerpos de migrantes, a partir de ahí hasta la fecha se encuentran aproximadamente 200 cuerpos al año, han encontrado dos mil y a pocos le han logrado dar identidad y el retorno para que sus familiares les puedan dar el último adiós.

Ellos reportan primero a la Patrulla Fronteriza, después a ICE –Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos- como tercer punto de referencia el FBI –Oficina Federal de Investigación-   buscan en este tipo de archivos cualquier información que les pueda ayudar para identificar los cuerpos.

Eso sobre la mesa, ¿qué sucede debajo de la misma? ¿En las aguas turbias donde un indocumentado vale menos que un perro en este país? Sucede lo de las fosas clandestinas en los cementerios de ciudades fronterizas, sucede que los cuerpos se vuelven parte del terreno del desierto.

Gracias al tatuaje la Patrulla Fronteriza logró identificar el cuerpo, tenía nombre de Carlos Sandres, el nombre Carlos era falso, su verdadero nombre era Yohan Sandres Martínez. Eso lo supieron cuando el consulado de Honduras mandó a poner un anuncio en el periódico La Tribuna de Tegucigalpa, Honduras, el 22 de septiembre de 2010 informaban que era urgente que los familiares de Carlos Sandres se comunicaran con las autoridades competentes, así fue que la familia se enteró que el esposo, padre de tres hijos, uno con cáncer, el hijo, hermano y amigo, había muerto en la frontera, el nombre era distinto pero los tatuajes fueron los que dieron a los padres de Yohan la identidad real de su hijo, los dos tatuajes son los nombres de su hija mejor, Dayani Cristal.

Dilcy Yohan Sandres Martínez tenía 29 años, era campesino, nacido en la aldea Escarnito, departamento Francisco Morazán, Honduras.

Salió un 7 de junio, encontraron su cuerpo el 03 d agosto, a más de 3,200 kilómetros de su pueblo natal, tardó 58 días en llegar hasta su muerte.

Iba en busca de trabajo para pagar las deudas que tenía por el tratamiento la leucemia que sufría el segundo de sus hijos, Yohancito de 8 años de edad. ¿Qué no es capaz de hacer un padre por sus hijos? Dar la vida, como la dio Dilcy Yohan Sandres Martínez.

“El pueblo llamado Altar, el lugar donde se hace la última ofrenda, si has logrado alcanzar este punto del camino, la tierra prometida está a la vista, pero siempre los últimos pasos son los más difíciles. Del otro lado del muro está Estados Unidos el condado de Prima, Arizona”. Narración de Gael García Bernal.

 

Yohan ya había vivido en Estados Unidos y fue deportado, relata otro migrante hondureño que a medio camino a Yohan le comenzó un dolor de estómago que le impidió continuar con el resto del grupo, lo dejaron descansando bajo la sombra de un árbol a pocos kilómetros del primer pueblo estadounidense, le dejaron una chumpa y un galón de agua, murió en la más fría soledad del desierto. Yohan nunca supo que su hijo Yohancito le ganó la partida al cáncer. Dilcy Yohan Sandres Martínez, descansa finalmente en el camposanto de su natal aldea Escarnito, como yo descanso ya en las flores de chipilín de mi natal Comapa, los post frontera somos muertos en vida.

Reportar a un migrante desparecido es más complicado de lo que parece, en este país existe –y con mucha razón- el temor a la policía que trabaja conjuntamente con migración y acercarse a una estación policial para reportar un desaparecido es cosa de deportación, los trámites y documentos requeridos pertenecen a otro estrato no al nuestro, no al de los que vivimos en las sombras. Pero se pude hacer, dejo aquí la dirección de un lugar donde se puede reportar a un familiar desaparecido en la frontera. También comparto la de algunos refugios de migrantes, si un día le nace no comerse una hamburguesa, no tomarse una cerveza, no ir al cine, done, contribuya con estas causas humanitarias, porque si uno está medio jodido, jodido o más o menos bien, hay otros que la están pasando muy mal. Hagámoslo por todos los Yohans, por todas las Dayanis Cristal, por todos los invisibles que pueden ser ustedes en cualquier momento. Yo ya lo soy. Piense, cierre los ojos e imagine la frontera. ¿Escucha su nombre? Toma sus cosas, siente el miedo morderle los talones, lo siente internarse en lo más profundo de su ser, la muerte está ahí, en usted, usted es la muerte, carga con su propia mortaja en la frontera.

Después de todo y de tanto, después de haber sobrevivido la frontera y esta padeciendo la post frontera recapacito en que: La frontera no es un muro de concreto ni de metal, no es un río, un desierto, no es un cerco de alambrado. La frontera somos nosotros mismos,   ésta insignificante, egoísta, indiferente y soberbia raza humana.

 Colaboración monetaria:

Albergue Hermanos en el Camino: www.hermanosenelcamino.org

Las Patronas: www.ayudahumanitarialaspatronas.blogspot.com

Reportar migrantes desaparecidos: www.colibricenter.org

lka Oliva Corado.

Septiembre 08 de 2014.

Estados Unidos.

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