Opinar porque sí.

Es el salpullido y el mal de camioneta de los guatemaltecos que metemos las narices donde no nos llaman, porque para metiches nos pintamos – y no decolores- solos y cuando se trata de meter nuestra cuchara lo hacemos para opinar porque sí, porque la lengua no tiene hueso y dejamos a vista de todos que los dos dedos de frente nos quedan grandes.

No es para generalizar aclaro porque después del aire me salen los cuentazos, la mara se siente herida y se lo toman personal y salen con las garras que no sacan cuando es hora de rajar ocote, pero volviendo al tema y no de los cuentazos sino el de opinar porque sí, un ejemplo claro como el agua es el de las redes sociales uno lee cada comentario que de verdad es para infarto quedando a simple vista lo pésimo del sistema educativo del país, no nos preparan para pensar y crear nuestros propios conceptos, formular la propia opinión, el juicio en base a, sino que opinamos porque sí.

Opinar porque sí aparte de ser correntada de río en reventazón demuestra que los afortunados que tuvimos acceso a la educación formal estamos pa´l tigre, aquello de formular y desarrollar un argumento no es para nosotros, lo nuestro es en calienta, cayendo el muerto y corriendo todos. Nos dejamos llevar por lo que otros comentan y parecemos teléfono descompuesto, un collage con el que pretendemos dar una definición precisa. Eso de opinar en base a lo que otros dicen es clavo grueso demuestra que para bruto no se estudia y que de balde el gasto de tiempo y recursos económicos para ir a la escuela, no hombre no jodan y no digamos los que se jactan de licenciaturas en la universidad.

Aquí tienen mucho que ver los maestros y catedráticos –es que ellos se creen de distinta categoría- que van al salón de clases a chumpipear y a pastorear las horas silbando en la loma para que los alumnos no despierten el cerebro y aprendan a cuestionar, proponer, dialogar, crear, exponer. Porque temen que se avispen y les vuelven el hueso, que los cuestionen y no tengan cómo responder en base a conceptos precisos, porque lo de ellos en andarse por la ramas, típico de los vahídos que atentan contra la mediocre moral guatemalteca.

Somos chapuceros por excelencia, y hacemos hasta lo impensable para mantenernos aferrados a la silla, lo de las dictaduras es solo el ejemplo de lo que un mequetrefe común puede llegar a hacer si se le da poder. Clavo grueso el de opinar porque es chilero participar, porque que nítido sentirse un ser pensante, que no lo es ya dijimos porque lo único que está haciendo es jugando al teléfono descompuesto y circulando las opiniones que otros también han tomado “prestadas” de otros que se las huevearon en una levantazón.

Llamar débil al sistema educativo del país es una caricia, éste está fulminado y preocupa tanto que los letrados sean incapaces de argumentar, de formular una simple opinión en una red social y dejen expuesto su racismo, su apatía, su vileza, y ante todo su estupidez. De verdad que preocupa. El sistema nos tiene cagados por todos lados, pero pobre de aquel estudiante que no tenga la iniciativa de leer, de buscar por su propia cuenta distintas fuentes de información, de no quedarse con la primera impresión, con el primer texto. Pobre de aquel letrado que copia en los exámenes, que paga para comprar las materias y los títulos. Pobre del estudiante que no se cuestione a sí mismo, a su docente, al sistema. Que no seas capaz de salirse de la manada y poner a trabajar su cerebro en soledad. Porque el resultado es el que estamos viendo en vitrinas tan comunes como lo son las redes sociales, están de vómito.

Sí, es el sistema, es la falta de recursos, es la mediocridad de los docentes, es el oportunismo de las autoridades educativas, pero también y en un alto nivel de responsabilidad es nuestra haraganería, todo lo queremos servido, nos pesa levantar la pasta de un libro, pensar en la base de información alternativa, el que seamos la generación de la desmemoria se debe también a nuestra comodidad. Preferimos el elevador a caminar y así en todo, lo fácil primero pero donde realmente está el cambio es en lo que implica esfuerzo, pero nones que se esfuercen los majes nosotros no.

Por eso las opiniones vacías, de correntadas, de teléfono descompuesto, de collage desinformativo. De creerse todo lo que leen, todo lo que miran por televisión, de hacer de algunos seres humanos dioses de palabra y acción.

Estamos pal tigre de eso no cabe duda, ¿cuándo aprenderemos a no opinar porque sí? ¿Para cuándo dejaremos de ser una sociedad mediocre? Y esto no tiene nada que ver con clases sociales. Porque cualquiera que sabe leer y escribir tiene la obligación de no quedarse con los brazos cruzados, responsabilidad de crecer, de aportar, de cuestionar, de poner en tela de juicio el proceder de un sistema corrupto. Pero bueno, somos guatemaltecos, caso aparte.

Si un día se siente deprimido, de bajón, con pereza, sin hambre, dele una choteada a los comentarios en las redes sociales y le digo que al pedalazo se le enciende la sangre, le avista un derrame cerebral, un infarto al corazón y de paso se le espanta la hueva.

Posdata: Para no olvidar que el 04 de septiembre de 1970 Salvador Allende gana las elecciones presidenciales en Chile, con voto popular. ¡Viva Salvador Allende! ¡Viva el Socialismo! ¡Viva la Patria Grande!

 

Ilka Oliva Corado.

Septiembre 04 de 2014.

Estados Unidos.

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