“Y en eso llegó Fidel.”

No es secreto que desde que la descubrí mi música favorita es la trova, admiro a los que se revelan y resisten, esa letra que denuncia y arde como leña, qué decir de don Carlos Puebla y su copla que despabila, en sus canciones he ido conociendo un poco de la historia que nunca me contaron porque pertenezco a la generación de la desmemoria.

Hace años tuve un novio cubano -que usted no está para saberlo ni  yo para contarlo- y recuerdo que yo en mi arrebato socialista compré un libro de fotografías que conservaba 75 años de historia cubana, lo guardé para regalárselo un día cualquiera pero en el transcurso de nuestra relación, –que duró prácticamente nada- me percaté que él era de los que se alucinaban con los dólares y otras fumadas capitalistas, terminó nuestra relación porque hasta la explicación está de más. Conservo el libro y esos 75 años de historia en fotografías de la Cuba hermosa que es una Numada.

No voy a inventar que soy letrada y al contrario sostengo que pertenezco a la clase obrera, campesina y proletaria a la que le han sido negadas las oportunidades y que todo sustento que lleva a su hogar lo gana con su trabajo físico, con esa mano de obra explotada a través de los siglos. Pocas oportunidades tuve de leer en mi infancia y adolescencia no por dejada sino por las mismas razones y circunstancias que comparten millones en el mundo, y fue hasta que emigré que empecé a leer, a analizar y a indagar a formar mi criterio, desde mi experiencia de clase que nada tiene que ver con cartones de universidad.

Así fue como supe del conflicto armado interno que se vivió en Guatemala cuando yo recién nací, y de la historia de las dictaduras que han marcado a Latinoamérica. Hace poco me enteré de Franco y de la República y de las Trece Rosas. De Bosnia supe por casualidad un día me fui a la librería y encontré en la estantería a El Violonchelista de Sarajevo que logré leer en inglés, finalmente.

Sin embargo sin saber la teoría y la parte de la historia que los gobiernos serviles se esmeran en contar al revés mi corazón y mi sangre siempre han sido socialistas, y mucho más cuando comencé a leer de los movimientos que lograron realizar un cambio para bien del pueblo.

Admiro profundamente a los revolucionarios que se han mantenido fieles a sus convicciones e ideologías, es tan fácil venderse y lanzar todo por la borda para dejarse seducir por las mieles del poder, de la avaricia y de la falsa grandeza. Admiro a los humildes que son inusitados en la inmensidad.
Tantos de estos hombres y mujeres a través de la historia.

Hace poco también por casualidad me enteré de parte de la historia de José Martí que lo más que supe de él en mi adolescencia fue el poema La Niña de Guatemala que recité sopotocientas veces.

Terminando sexto magisterio mientras esperábamos el autobús en la 18 calle y cuarta avenida de la zona 1 de la capital guatemalteca un amigo que era mucho mayor que yo, -me llevaba quince años- dibujó en un pedazo de cartulina, el rostro del Che Guevara yo nunca lo había oído mencionar, con los años me di cuenta que esa imagen es la del fotógrafo Alberto Días “Korda” que le ha dado la vuelta al mundo, la utópica como el propio Che.

En la universidad se hablaba de un tal Che Guevara, y la única canción de trova que escuché por casualidad que cantaban fervorosamente los estudiantes era Me Gustan los Estudiantes, de Violeta Parra que los Guaraguao popularizaron. No tuve tiempo de participar en actividades estudiantes de rigor, lo mío en la universidad era de entrada por salida.
Una catedrática que se negaba a olvidar nos hablaba de una guerra y de unas dictaduras.

Hace tres años que supe de la revolución Francesa fue un día que fui a la biblioteca y encontré un libro que me llamó la atención, aun no leo de marxismo, aun no leo la biografía de Rosa Luxemburgo, es decir que la teoría que es un referente para todo revolucionario aun no la leo. Pero emito mi opinión desde la carne, de la experiencia de pueblo, desde el cansancio obrero que no será adornado con pergaminos universitarios pero sí es digno porque se habita en la discriminación de clase. Yo escribo desde el proletariado y no me interesa imitar a los “eruditos” que se pronuncian desde la comodidad de clase.

En cambio admiro a los cultos que sin apariencias saben que su obligación y responsabilidad al haber adquirido un grado universitario es liberar a las masas que han sido doblegadas, a ellos mi reverencia de por vida. A esos intelectuales que antes que letrados son humanos.
Hace apenas unos meses me enteré que Fidel Castro no era proletario como yo, que no había crecido como los millones de niños que recogen basura en los vertederos, que no nació pueblo pero que se hizo pueblo. Me maravilló, cada vez que realizo un descubrimiento de esos confío más en el poder del cambio, admiro más al Che Guevara y a todos aquellos que pudieron quedarse en la comodidad de clase, a los que hubieran podido hurtar a su pueblo con el permiso de un título universitario y un puesto en el gobierno. Admiro a Hugo Chávez y a la camada del Sur que muy bien sigue sus pasos.

Contemplo a los mártires que entregaron su vida por la liberación de su gente, y me pregunto ¿qué puedo hacer yo desde donde estoy, con lo que poseo para contribuir a este cambio, en este sueño? Todos podemos, se necesita de todos. Cuánta sangre derramada a través de la historia y el pueblo aun no se libera.
Sin ínfulas, con humildad, con entrega, con conciencia, con dignidad.
Hoy, 88 años cumple Fidel. Y yo lo saludo desde mi ignorancia de clase, desde mi marginidad, yo lo saludo desde mi puesto de mercado, desde mis pies de niña, desde mi tristeza de adolescente, desde el infierno de una demente, desde mi caminar migrante, desde mi realidad indocumentada, lo saludo desde mi periferia, desde el inframundo, desde el pueblo donde crece la milpa en la ladera, desde mi sangre de paria, lo saludo desde mi voz llanera, desde mi letra intrusa y necia.

Lo saludo desde cada rincón del planeta donde existen los pueblos marginados, donde el hambre aqueja, donde el frío quema, donde el cansancio oprime y el silencio vela.

Yo te saludo Fidel desde mi vena obrera, desde mi sentir proletario, desde este corazón campesino, desde la quimera. Desde la ventana de la ventolera. Cuando el río suena, cuando la tarde sueña.

Te saludo desde los asentamientos, desde los rincones de los lamentos. Te saludo donde la vida canta y resiste, donde la semilla fecunda, donde tu voz iracunda la tumba no doblegará.

Te saludo desde los caminos, desde los zaguanes, desde los baldíos. Desde donde el mar es río. Donde la quebrada es una oleada de dignidad. Yo te saludo desde mi incultura donde la noche es bravura que proclama tu revolución, despertarán las masas y escucharán tu canto, y ya no existirá el quebranto ni la opresión, seremos el grito sonoro del amor.
¡Viva Cuba! ¡Viva La Patria Grande! ¡Vivan los mártires! ¡Viva Fidel! ¡Viva por siempre Fidel!

Posdata: y a quien no le guste que se vista y que se vaya.

Ilka Oliva Corado.
Agosto 13 de 2014.
Estados Unidos.
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8 pensamientos en ““Y en eso llegó Fidel.”

  1. Me gusta ese sentimiento con el que escribes, pero te hago una pregunta indiscreta porque no estas en Cuba sino en Estados Unidos, es que se vive mejor en Estados Unidos y no en Cuba.

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  2. ¡Como te ves de guapa y galana en esa fotografìa! Me hizo recordar la pelìcula los Girasoles de Rusia. Y tu comentario sobre Fidel me dieron ganar de escuchar a Carlos Puebla y sus Tradicionales y beberme un vino cubano, que “es de plátano pero es nuestro vino”

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  3. Decir que está gastada es porque sabes que tengo razón, te gusta Cuba pero te gustan más los dólares y sabes que en cuba no te puedes desarrollar, sino estuvieras allí.

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  4. Querida paisana: La felicito por escribir como escribe, siga escribiendo así. Me llena de orgullo su orgullo. Reciba mis abrazos fraternales.

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