El sortilegio del estío.

Llegó el verano a la selva tropical y la Rana Parda espera con ansias a su Chicharra Numen que prometió regresar para el tiempo del bochorno, de los días largos, de ocasos color fuego y de las noches de estrellas bajas.

Atrás quedó el invierno, el tiempo del letargo. Cuántas cosas han pasado en la vida de la Rana Parda desde la última vez que vio a su Chicharra Numen, quiere croar fuerte y sonoro para que la escuche hasta la altura de las ramas de los árboles más frondosos que hay en la selva y baje y se acerque a la orilla del río para que la vea devanarse entre las aguas y saltar a la ribera. Quiere reflejarse en sus ojos, acariciar sus alas y escuchar su canto estremecedor y tierno. Quiere decirle, ¡usted dígame rana y yo salto! ¡Usted dígame rana y yo salto!

Quiere decirle, ¡ya no soy un renacuajo, soy una Rana Parda como tú me dijiste y puedo croar fuerte y saltar entre los arbustos ya no estoy sola en el río! Soy amiga de las hormigas, mariposas, mosquitos, luciérnagas y libélulas.
Converso con las avispas y los grillos. Frecuento a los tucanes y a las codornices, le perdí el miedo al anciano búho que duerme en el árbol favorito de la familia de pájaros carpinteros que me invita a desayunar los fines de semana.

El bochorno ya llegó y quiere contarle que se hizo amiga de los jabalíes y de los gorilas. Que las iguanas y las lagartijas se divierten cuando realiza piruetas sobre las hojas sueltas que lleva la corriente del río.
Que el perezoso la encuentra en el camino todas las tardes cuando cae el sol.
Chicharra Numen, quiere verla y contarle que dejó su timidez. Quiere decirle que justo como ella se lo dijo la última que se vieron en la orilla del río, que su canto encontró su razón de ser.

Quiere decirle que puso en práctica todos sus consejos. Que salió de la soledad del río y que disfruta el viento, la lluvia, la humedad del verano, la diversidad de las otras especies y que hasta se broncea panza arriba sobre el musgo.

¿Cómo está la Chicharra Numen? ¿Su familia? ¿Cuántas nuevas ninfas trajo el verano? ¿Creció la comunidad? Ya las escucha cantar. Va a croar fuerte para que su cigarra escuche su voz y sepa que el renacuajo la está esperando. Lo hace.

La Chicharra Numen escucha el croar de su amiga y desciende de las ramas de su árbol y llega a la orilla del río donde se despidieron, se funden en un abrazo y celebran el reencuentro. Observa sorprendida que la Rana Parda ya no es la retraída que tenía miedo de encontrar su voz.
Le cuenta emocionada que se hizo amiga de los cedros y ceibas, de la caoba y del chicozapote. Que se enamoró perdidamente de las orquídeas y de los helechos. Que los bejucos son sus mejores aliados para lanzarse los clavados de panzazo sobre el río.

La Chicharra Numen la escucha, serena, con su candidez, con la sabiduría de los años. Ciertamente como lo auguró , la Rana Parda encontró su razón de ser, piensa que no hay como la bruma de agosto para festejarlo.
Llegará nuevamente el otoño y la ineludible despedida, para prometerse otra cercanía y esperar a que vuelva la lozanía del verano, pero todo a su tiempo, todo a su paso, el sortilegio del estío es inherente de la fascinación de volver a ver a los afectos incondicionales. Como le charme de l’été, como que l’amour de mon âme.

Ilka Oliva Corado.
Julio 30 de 2014.
Estados Unidos.

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