Nostalgia mundialera.

A los dolidos corazones futboleros no nos queda de otra que suspirar por las nostalgias de lo que pudo ser, eso si en caso nuestra selección no ganó la Copa pero no fue revolcada, pero si siendo el anfitrión nos metieron una goleada del tamaño del Maracaná, es permitido que ahoguemos las penas aunque sea con Agua Florida, de perdida con agua de calcetín.

Está para cantarle aquella de: “lloraré las penas de mi corazón enamorado, sufriré el lamento de este corazón enamorado.” Después de la segundo trago, inspirarse con aquella de: pero tu qué me has dado, golpes en el corazón, pero tu qué me has dado, falsas promesas de amor.”

Mundial histórico el del 2014. Todo pintaba para ser el inolvidable para Brasil, de hecho lo fue pero no como se soñaba, lujo hubiera sido que se quedara con la Copa y la levantara en el corazón del legendario Maracaná, algo irreal, aquello hubiese sido épico. Pero épica fue la desplumada que nos metieron. Todavía ando adolorida por la zarandeada. (Ay, dolor, me volviste a dar con todo y vahído).

Destartalada la inauguración, ¿en dónde estaban Pelé y Marta? Chulada hubiese sido verlos salir al escenario y saludar a los millones y darles la bienvenida al país que tiene el mejor fútbol del mundo, con firma propia: favelas. Ambos, mitos del fútbol mundial. Ambos de marginados estratos sociales, ambos decencia de los pies descalzos. Se extrañaron, hicieron falta en la inauguración y la clausura, ésa fue una de las injusticias del Mundial. En lugar del trío maquiavélico que cantó con pista en la inauguración, -que nada que ver- si hubieran tenido sentido común, era el momento y lugar justo para que la batucada brasileña se luciera y qué decir de la lambada de Pará, Brasil. Pero como no les dan los dos dedos de frente, (diría mi Nanoj). Porque como son otros intereses ajenos y de mercadeo, lo lindo queda fuera.

La Copa le está cantando en este momento a Argentina: “no llores por mí Argentina…” como para infartarse. Yo de hecho a la fuerza me tuve que tomar unos mis brebajes algo espirituosos, (la botella me empinaron con todo y embudo) por aquello del soponcio, más vale una goma de tres días que un corazón con el mal de camioneta. El equipo sorpresa no fue ni Costa Rica ni Colombia, entiendo las pasiones y la fidelidad de la afición a sus selecciones pero, ese honor se lo lleva Chile, claro sí. Qué garra, qué dignidad, qué presencia para enfrentar a Brasil, que lo daba por fulminado y resultó hincado ante la sureña. ¡Por un paral y quedaban fuera! Quedábamos quise decir, – la otra hoy anda media culeca, debido a las incachables bebidas espirituosas, ¡ingratas, sonsacadoras!, y a mí que me cuesta…-.

Lo pésimo del Mundial siempre son los comentaristas de las cadenas televisivas y radiales. No saben nada del balompié y mucho menos del reglamento, sirven nada más para desinformar y caldear los ánimos entre los seguidores que no les queda de otra que escuchar las sandeces que dicen, de periodistas y profesionales no tienen nada. Habrá más de una excepción, por ejemplo el programa De Zurda, con sus equivocaciones pero más justos los comentaristas que el resto de culecos.

La jugada macabra de la FIFA con su corrupción no fue la sanción a Suárez, que merecida a pulso la tenía, a gritos la estaba pidiendo. Ojalá y le sirva para aprender. La pasada descarada fue regalarle el Balón de Oro a Messi que poco pudo hacer en el Mundial. Como un premio de consuelo es más indigno todavía. Las cosas como son y por su nombre, el Balón de Oro del Mundial 2014 tiene nombre y es el de James Rodríguez. Pero, como hay parafernalia por lo general para lavarse las manos la FIFA en este tipo de torneos reparte el Balón de Oro y El Guante de Oro, entre los equipos que llegan a la final. Que no siempre son los mejores del torneo, algunos llegan por golpes de suerte, -que sí existen en el futbol- por errores de los contrarios, no porque desempeñaran un buen trabajo a lo largo de la competencia. En el caso de Alemania y Argentina ambas merecían estar en esa final.

Mucho hay que aprender de Alemania, que no tiene las luminarias en el extranjero como sucede con varios de los jugadores latinoamericanos que mejoran su calidad cuando juegan con equipos de renombre, porque su futbol no necesita ir al extranjero para pulirse, sus ligan son de nivel, gran diferencia en el latinoamericano que los mismos directivos las echan a perder con tanta corrupción y clasismo, raro el jugador que está en liga mayor y que sea del pueblo, de llano, la mayoría es de una acomodada clase social que entre contactos y conectes y con favores ocupan el puesto que no les pertenece y que roban descaradamente a los que sí están dispuestos a dejar el pellejo en la cancha. Eso sin hablar de todo el conjunto, que ya sería la hambruna, la miseria, el poco apoyo que los gobiernos brindan a la educación, artes y deportes. Aunque en la cancha son 11 contra 11, supuestamente en igualdad de condiciones, no olvidemos que todo cuenta como factor sociopolítico. Siempre es un enorme logro que países en desarrollo clasifiquen a un Mundial y más aun que lleguen a las semifinales, de morirse de llegar a la final, es un logro que vale más que la propia Copa.

Porque esos 11 jugadores dentro del campo representan -más allá de nacionalismos baratos, de aquellos que nos enseñan en la escuela que nada tienen que ver con identidad- a todo un país, me refiero a todo lo que política, social y culturalmente es. El fútbol no representa a un país, dicen, claro que sí, en la misma forma que sucede con las artes. El fútbol es una disciplina deportiva y éstas dicen mucho de la educación y del nivel de desarrollo como formación integral que el Gobierno ofrece a su pueblo.

Ver pararse a Argentina que este año que su selección representó al fútbol callejero, el de los pueblos inhóspitos, frente un rival como Alemania, potencia mundial, en todo, fue un lujo. Ver la forma en que se pararon los jugadores, le pusieron el pecho y buscaron el gol, no los golearon, tuvieron tres oportunidades claras de gol y no los anotaron, entonces llegó Alemania y sí lo hizo. Culpar al árbitro es de patadas de ahogados. En el fútbol los errores se pagan caro, porque lo que da ventaja de uno sobre otro es el gol no las jugadas individuales ni las fintas de lujo. Un gol maltrecho vale por todos los que el otro equipo no anotó. Simple.

Un lujo ver a los equipos africanos llegar con aquella decencia, qué decir de Costa Rica, Colombia y Chile. Qué la belleza que mostraron estas selecciones sea un guacalazo de agua fría para los Gobiernos que en lugar de invertir en sus pueblos se roban el dinero y se dedican a desangrarlo. Ellos son un ejemplo claro de que si se invierte en salud, educación, arte y deporte, los resultados se dan. Y no hablo que como fin sea la Copa Mundial ni Juegos Olímpicos, lo digo para que la población tenga una formación integral que le permita disfrutar de una vida sana en un ambiente “soñado” que en otros países es natural.

Invertir en el fútbol y en todos los deportes, dignificarlo y no tomarlo como plataforma debido a que es el deporte del pueblo, para realizar con él, cualquier bajeza. Mucho que aprender de los Mundiales si aprendemos a ver lo que es importante y su esencia, si no nos dejamos llevar con la finta y descartamos las mafias. Un evento deportivo como el Mundial de Fútbol pone en el escaparate lo que somos como sociedad, un espejo limpio que refleja lo más sucio de nuestra doble moral, como también la esencia maravillosa de quien sabe jugar limpio en la vida.

Mientras se desarrolla el Mundial uno mira cómo van desertando aquellos que le juraron amor eterno a una selección, a los que se cambian de equipo porque su moral camaleónica les da para eso y más, a los que aunque sea despeltrados pero siguen poniéndole el pecho, a los que con tal de que pierda el archirrival de su selección se pone la playera del contrincante. Cuidado con esos que son capaces de vender hasta a su propia madre. Están los que siempre soñaron ser de otro país y de continente, porque se creen de sangre azul, ojos verdes y cabello rubio. Aguas que esos son racistas y clasistas y a la primera clavan el puñal por la espalda, todo con tal de ser un día aunque sea en la final de un Mundial, los de ojos azules y sangre europea. Nada digo yo de los que tienen el corazón y la conciencia universal, que respetan el fútbol, y que derecho tienen de irle a la selección que se les ronque la gana sea ésta la de su continente o no. Pero aquellos de mente colonizada –diría una amiga- son capaces de todo por un juego de fútbol como en la mida misma. Que no nos sorprenda que son los que apoyan la venta de tierras, los genocidios, la opresión que sufren los pueblos originarios, y aun siendo unos muertos de hambre, que no llegan ni a petate, finjan vivir en la comodidad de una economía tipo país que es potencia mundial. Aguas con esos descendientes del más traidor de los traidores, porque mientras gritan gol también están pegando la estocada final.

Bueno pues la oración se volvió rosario, y el caldo como que ya se enfrió, buen trabajo el de Alemania ser un equipo es ser un equipo en todo el sentido de la palabra, su Copa bien merecida.

Para mientras los nostálgicos lloramos querencias, malaya la selección brasileña del Mundial Estados Unidos 94. Mi favorita de todos los tiempos. En cuanto a que Messi necesita ganar un Mundial para codearse con Maradona, podrá ganar diez, pero Maradona es Maradona, jamás un mortal podrá pelear contra un mito. Pelé y Maradona ya son leyendas y de generación en generación pasarán las historias de las hazañas que estos dos hombres de arrabal lograron.

Para mientras llega el otro Mundial, me tomo otra mi bebida espirituosa por aquello de ir haciendo base. Así es pues que, ¡un aplauso al fútbol que es la pasión de pasiones! Y que siga siendo nuestro gran amor. Hasta aquí con el tema del Mundial, reportó como ustedes un fanática empedernida de la selección de Brasil y su juego bonito.

Ilka Oliva Corado.
Julio 14 de 2014.
Estados Unidos.

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