Brasil, la gran sopapeada.

La cátedra la dictó Alemania. El juego bonito lo tuvo Alemania. La técnica y la táctica la lució Alemania. La goleada por supuesto, la dio Alemania. El fútbol nos llena de alegría, nos hace vibrar, gritar y llorar de emoción, también nos llena de dolor cuando nuestro equipo recibe una sopapeada como la titánica que le propinó Alemania en el este reciente Mundial 2014, será imposible borrarla de la memoria colectiva, el maracanazo ya es difunto. No imagino como estará Brasil, siendo ellos La Pasión.
Alemania dejó a esos miles de fanáticos que estaban en el estadio, llorando la gota amarga de la derrota, también a los millones que lo vimos por televisión, realmente la selección de Brasil no llegó preparada para enfrentar a las potencias, todo era cuestión de que se topara con una de ellas y es lo que sucedió al carearse con Alemania que le dio una tunda que jamás olvidarán los seleccionados y llegarán a ancianos y legendaria se la llevarán a la tumba. La contarán los hijos y nietos, las generaciones que vengan, pasarán décadas y siglos y aquello será la vergüenza de Brasil en una copa del mundo. Qué dolor.
El fútbol es un espejo social, ahí se ven reflejados todos los males de la humanidad: todos quieren estar con el ganador pero se alejan del perdedor, lo desconocen totalmente, es como si con un borrador eliminaran los recuerdos –pero quedan las fotografías como evidencia- lo maldicen, los rechazan, los agreden.
Pero con el ganador sucede todo lo contrario, quieren que el mundo entero sepa que siempre estuvieron de su lado, que se sienten orgullosos de conocerlo, de ser parte del camino del triunfo (que no es de ellos) quieren foto y alfombra, quieren codearse con el triunfador.
Eso sucedió con Brasil, quién no le iba a esa selección, brasileños o no, las porras eran para ellos, los dueños del juego bonito, de las destrezas, de las jugadas inimaginables a través de la historia. Siempre ganar y ganar, quién no quiere estar con el que nunca pierde (tal vez así se me pega algo, dirían) pero qué pasó después de anotado el tercer gol de Alemania, los rostros desencajados, los comentarios negativos, las manifestaciones de repudio a la selección a la que juraron fidelidad (claro, mientras estaba en la cúspide) eterna. Solo bastó una derrota descomunal que para que la lealtad se les fuera a la goma y aceleraran motores para alejarse de la vergüenza lo más pronto posible. Quemando banderas, destrozando suvenires, todo lo que llevara en ese momento el color de bandera de Brasil o les llevara recuerdos a la memoria del mismo.
Así de chambones somos los humanos, que al primer pijazo salimos corriendo, ahuevados para ponerle el pecho a lo que se venga, así sea la derrota de un simple juego de fútbol en un mundial. Ejemplo claro de la mediocridad que nos corroe. Doble cara, doble juego, inexistente lealtad.
Ahí están pues, muchos de los que se jactaban de irle a la mejor selección del mundo, en estos instantes ya se pusieron otro color de playera, ¡camaleónicos! Hay que tener cuidado con este tipo de especímenes, son peligrosos y cuando de traición se trata se pintan solos, y más cuando es de abandonar al barco que se hunde.
Brasil no fue lo mejor en este Mundial, no sorprende, y es válido fallar, y es necesario conocer la derrota para entender el valor de la humildad. Allá en la cima todo se mira bonito, el proceso es subirla, ahora a Brasil le toca empezar de cero y estoy segura que volverá a brillar porque simplemente ellos son La Pasión.
Aquí la lección más que para Brasil como selección es para nosotros como sociedad, simples fanáticos de doble moral, sin palabra y sin mérito. Cómo se nota que no podemos lidiar con la derrota, nos pesa, nos castiga, nos avergüenza, y lo más fácil es salir corriendo, renunciar, voltear la espalda, inventar, escupir, negarlo todo y a todos con tal de salvar nuestro prestigio y nuestra mediocridad.
Brasil podrá ser la selección con la mayor goleada en la historia de los mundiales, pero pobre de aquel que al sentir la derrota cambió de equipo buscando estar al lado del ganador, escorias, la deslealtad es el fútbol como en la vida misma: imperdonable. Cambiar de equipo es como no tener identidad, como desconocer los genes, como ser un chivato y vendido, como ser un miserable conspirador. (Hoy sí ando inspirada, así es el fútbol).
Es de pensarlo dos veces, porque si así nos acobardamos con un juego de fútbol hay que ver que no nos pongan enfrente algo que nos hará orinarnos en los pantalones porque lo más probable es que hasta neguemos el propio excremento que por el hedor nos delate. Hay que aguantar vara, no hay que tener chilate en las venas.
Con el corazón adolorido, porque perdió la selección de mis amores, pero Brasil es Brasil, (ardida la otra va) resurgirán, ¿quién se quedará con ellos ahora que están llorando las penas en calle de la amargura? Qué amargo es el brebaje de la derrota, algunas veces es absolutamente necesario probarlo, para aterrizar…
No fue una goleada cualquiera, es que fue una zarandeada que por poco hace pozoles la estatua del Cristo Redentor y desmorona la montaña Pan de Azúcar. Fue humillante, mucho trabajo le queda a Brasil para recuperarse y demostrar que se puede levantar y ser de nuevo la mejor selección del mundo.
Así es balompié, nos llena de júbilo y nos hace soñar, nos hace sentir vivos, nos regala tanto, y también nos duele, nos desconsuela, agonizamos, sentimientos encontrados, es por eso que es La Pasión. El mejor deporte del mundo entero.
A la salú de los ganadores que dictaron cátedra, a la salú de Brasil que conoció la derrota que no es más que una experiencia más y los fortalecerá, y especialmente a la salú de los desertores, por culeros, ¡qué se nos vuelva sangre! Mejor dicho caipiriña.
¡Qué la pasión nos haga libres!
Ilka Oliva Corado.
Julio 08 de 2014.
Estados Unidos.

5 comentarios

  1. Brillantes tus expresiones, Ilka, como siempre… efectivamente, para quienes amamos a Brasil y a su gente, la derrota final ya se veía venir… (y eso que de fútbol entiendo un poquitito más que de física cuántica), pero nunca dejaremos de soñar con o melhor futbol do mundo, o jogo bonito, a paixao… A mí también me pudre que la gente se ponga malinchista, ahora resulta que los europeos son lo mejor… y seguro dirán que mejor nos hubieran colonizado los alemanes o los holandeses (ya que los españoles se fueron pa’l carajo anticipadamente, jeje).
    En fin, es cuestión de lealtades con nosotras/os mismas/os y, como dice la Chochi, la capacidad crítica de enfrentar las realidades… que no siempre son agradables…

  2. En estos momentos el fútbol (y otras justas deportivas) no es más que un distractor de la multitud de problemas socio-económicos del planeta. Es una burbuja llena de fantasías goleadoras, de falsas expectativas comunales, que, cuando se revienta, nos llena a todos de crueles realidades: ya no hay equipos grandes más que los realmente grandes; y los chicos han crecido.

  3. Totalmente de acuerdo con el asunto de las lealtades, pues implica asumir las consecuencias de los actos y evidencia que los “querereres” y “lealtades” no nos deben llevar a cerrar los ojos ante la realidad… sabíamos que Brasil no estaba en su mejor momento y la posibilidad de una derrota estaba en el disco duro, pero bloqueabamos cualquier intento de expresión de la idea … eso nos pasa frecuentemente a las mujeres con las relaciones de pareja y familiares…; pero la cuestión clave refiere a la capacidad crítica de enfrentar las dificultades y superarlas… ni modo, nos tocó feo porque una cosa es reconocer “que no estaba en su mejor momento” y otra cosa asumir ese horrible resultado… pero lo que mas duele es el dolor de lxs brasileñxs, mi solidaridad con ellxs.

  4. cuando decís “el fútbol es un espejo social” diría q no es el único, si miramos con un poco de atención la vida en gral es eso :(….. Eso si nadie cambia de equipo en el fútbol, nadie se pone una camiseta de otro equipo ( acá el fútbol es increíblemente no humano diría yo jeje) Se pueden cambiar muchas cosas pero creo q la única lealtad q sobrevive en estos mundos tan cambiantes y contradictorios justamente es la camiseta q cada quien eligió vaya a saber x q …..Que siga rodando la pelota y que además rueden si fuera posible otras cosas para que las igualdades nos cubran , sean del ámbito q sean.Y que la pelota ruede sin tanto negocio, sponsor y cosa de esos mundos primeros que huelen mal muy mal aunque tienen buena y abrumadora prensa. POr la alegría del fútbol y salud con caipiriña, un buen tinto o lo que pinte!!!!

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