No es el fútbol, somos todos.

¿Qué es el balompié? Esencia, magia, vida. El fútbol es vida. Es una pasión efervescente que recorre cada fibra del cuerpo humano. Es una obra de arte. No es chicha ni limonada, es fútbol así nomás, fútbol. No necesita tecomates, ni cocos para ir al puerto, es fútbol, solito se vasta y se sobra.
Es un deporte que como todos tiene como base y fin la recreación. Es un ente de inclusión. Otra cosa es lo que han hecho con él quienes conocen muy bien el arte del engaño.
Debido a su hermosura ha ganado millones de adeptos en el mundo entero. Contrario a lo que puedan opinar intelectuales de medias tintas, el fútbol no es popular porque es televisado, es televisado porque es popular y éste es otro paisaje del que muy bien han sabido aprovecharse las mafias impunes que tienen gabinetes presidenciales, por ejemplo. Éstas que trafican entre dos aguas, las turbias y las tranquilas, con la autorización total de quienes tienen el sartén por el mango.
Queda claro que las mafias nada tienen que ver con el fútbol que lo utilicen es otra cosa y cualquiera que tenga dos dedos de frente lo entiende. Entonces explicado con manzanas el fútbol no es el turbio, los aventajados lo han vuelto un arma letal que como distracción de millones y por su belleza los golpes bajos no se sienten mientras se celebra un gol.
Cualquier otro deporte puede ser televisado pero no logra el efecto ni la euforia que despierta el balompié. Y explico por qué.
Porque ningún otro deporte (a excepción del atletismo) ofrece los medios para practicarse en cualquier nivel de la sociedad. Es el deporte de los obreros, campesinos y proletarios –aunque en sus inicios fue de la élite inglesa- porque solo se necesita de un balón y cuatro objetos para armar las porterías y listo.
Pueden ser cuatro piedras, mochilas, playeras, algo que haga bulto para hacer notar el área de gol. El balón no precisamente tiene que rebotar, en mi cuadra los hacíamos de calcetines rotos que envolvíamos en una playera vieja. Los hay de cepa seca de planta de guineo. Bolsas plásticas, tripa de coche. Cualquier objeto que tenga forma redonda sirve para jugar una chamusca en cualquier lugar: fincas, barriadas, fábricas, playas, llanuras, calles. El terreno es lo de menos, mientras no sea un guindo tan empinado.
Para entender el balompié hay que vivirlo, lo mismo que sucede con los orgasmos, porque ambos son placeres terrenales. Inexplicables por su singularidad y nivel de satisfacción.
Anotar un gol es un evento sin precedentes en la vida de un futbolista, sea callejero o de élite, es la cúspide, es como para el retozo el momento del clímax.
El fútbol es una obra de arte. Es poesía pura. Es savia. Esas jugadas individuales donde cada jugador demuestra sus destrezas y habilidades en el dominio y conducción de balón, las jugadas en equipo perfectamente estructuradas, y qué decir de esos goles que nos hacen reventar el corazón en felicidad. Ningún orgasmo por muy bueno que sea tiene el nivel de satisfacción que un gol en el corazón de alguien que ama el balompié.
Debido a que es el deporte de las masas es utilizado como objeto de distracción popular y éste debe ser el punto a tratar. El enfoque de la crítica debe ir dirigido a la forma en que se utiliza para momificar a millones de cerebros que ya de por sí.
Y qué bueno que los fines no fueran lucrativos y elitistas y que en su lugar propusieran cambios estructurales en el sistema educativo de cada país, por ejemplo. Sabiendo que el deporte es un medio que utiliza la Educación Física para llegar a la finalidad de crear en el individuo el hábito de la actividad física y su participación en la sociedad integralmente.
El deporte y la actividad física son factores determinantes en el desarrollo integral de cada ser humano. De la misma forma en que lo es el arte.
Bueno sería que la trasmisión de un Mundial de Fútbol y de los Juegos Olímpicos, además de ser una distracción fenomenal de la que se aprovechan las onzas de siempre, también tuviera el poder de despertar conciencias: más escuelas con recursos económicos y materiales que brinden al estudiante la formación integral necesaria. Más áreas recreacionales en lugar de centros comerciales. Una alimentación balanceada –como lo hace Cuba con sus niños- para las crías en lugar de la hambruna que las hace morir a temprana edad.
Más balones, canchas, duelas, vigas de equilibrio, piscinas, en lugar de armas, drogas y limpieza social.
Bueno sería que los cuerpos musculosos de los atletas de alto rendimiento también inspiraran a millones a practicar deporte y a realizar cualquier actividad física que beneficie a su salud,
cualquiera puede si lo desea, mejorar su salud física y mental porque el deporte es un recurso exquisito.
No, el fútbol no es de estúpidos. Estúpidos son quienes lo desvalorizan. Aquí el asunto es el de las mafias que tienen tentáculos en todos los sectores de la sociedad y en el mundo entero. Mismas que aprovechan la pasión por el deporte más hermoso del mundo para traficar con personas para fines de explotación sexual, el tráfico de influencias, los desfalcos, las venta de tierra a empresas transnacionales, los feminicidios, la limpieza social.
La crítica debe ir dirigida a quienes han hecho del fútbol un simple objeto. A quienes aprovechan el espectáculo de habilidades y destrezas para seguir enriqueciéndose a costillas de los más trabajadores, honestos e ingenuos.
Y no, los mejores atletas del mundo no nacen en cuna de oro, los mejores futbolistas son invisibles que se hacen a pulso en los campos de tierra, en potreros, calles de periferias, ¿de dónde han salido Pelé, Maradona y Marta? Ni Pelé, ni Maradona, ni Messi, tienen la habilidad, la destreza y la calidad deportiva de Marta. Ella es el fútbol, ella es la pasión.
Marta también es víctima de la mafia –de la sociedad y sus estereotipos que haciendo distinción de género hace del fútbol femenino un deporte para marimachos-. ¿Para cuándo tendremos equidad? ¿Para cuándo la FIFA le dará la proyección del fútbol al femenino una obra de arte como lo hace con el masculino? ¿Para cuándo nosotros como sociedad hablaremos de inclusión? ¿Para cuándo dejaremos de decir que las muñecas son las para las niñas? ¿Para cuándo dejaremos que nuestras niñas extiendas sus alas y sean? ¿Para cuándo dejaremos de ser los que ya de por sí? Mucho qué decir, mucho más por hacer.
El fútbol, dicen. No es el fútbol. Son las mafias. Somos todos.
Ilka Oliva Corado.
Junio 15 de 2014.
Estados Unidos.

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