El juego limpio.

En ningún otro deporte yo he visto tanta violencia como en el fútbol y en ninguna otra cultura como en la latinoamericana. ¿A qué se deberá? Baje libros y échele pluma. Dicen algunos jugadores cuando se les muestra la tarjeta amarilla o la roja “es que él me provocó, ¿acaso no vio la falta?” “mire aquí me dejó marcados los tacos, ¿no mira acaso?” “es que me mentó la madre” “es que ella me jaló el pelo y me aruñó” es que…, es que… , los pretextos sobran pero somos incapaces de tener el valor de aceptar nuestras faltas y la culpa siempre la tiene el otro o la otra, el árbitro o la jueza.
Lo que somos en la calle es el reflejo de lo que somos en nuestros hogares, salvo que sea de doble moral – y así se va la mayoría al baile- bipolar cuando le conviene y sufra de algún trastorno de personalidad –cuando es urgente hacerse la bestia – hay deportistas que son indisciplinados, arrogantes, violentos, que desconocen en su totalidad el juego limpio dentro y fuera de la cancha, sin embargo son vistos como los dioses esos que hacen milagros, a mi gusto que mejor le fumen el puro a Maximón en lugar de andar perdiendo el tiempo enalteciendo a criminales con disfraz de deportistas.
Estos deportistas son capaces de dejarse sobornar para llenarse los bolsillos de dinero, salir en la foto oficial y por si fuera poco alardear con lanzamientos de panzazo al ennegrecido mundo de la política, ahí los mira usted de “licenciados” en el Ministerio de Cultura y Deportes, por ejemplo. De voceros –pero no de periódicos- del Gobierno en turno. Ahí los mira dirigiendo –como si supieran cómo- la Dirección General de Educación Física, válgame…
Ahí andan coqueteando con el Congreso de la República y alistando las bolsas para los robos masivos cuando sean diputados. No es suficiente el dinero que cobran dejándose caer en los juegos inventando faltas y lesiones, agrediendo a jugadores de equipos adversarios o dejándose anotar goles. El dinero llama dinero y el Gobierno es una excelente plataforma. Cualquier hueso es bueno mientras tenga tuétano para chupar.
Cuando estos personajes que desconocen del juego limpio se lanzan en la gramilla fingiendo una falta le hacen creer al público que está en el graderío que es cierto, que efectivamente está lesionado y que seguro y pierde la canilla y el ojo y las tripas las lanzará por la boca, si el árbitro se percató va y lo amonesta lo que hace al público arder en llamas porque la porra oficial que siempre es pagada por el equipo, tiene cuatro o cinco encargados para armar las revueltas, -ésas que se ven por televisión en los noticieros y salen en portadas de periódicos al día siguiente, donde salen ensangrentados y hasta automóviles quemados- han logrado que el público sienta que se ha cometido una injusticia con el jugador que ha sido catalogado como la estrella del equipo, cuando en realidad es un actor de talento extraordinario, un falsificador hasta de documentos –porque son capaces de inventar hasta actas de nacimiento con diferente edad- un embustero, un charlatán.
No quedándose conforme con la amonestación va y a la brevedad golpea a quien según él lo agredió y fue causante de su tarjeta amarilla, si el árbitro se percata le muestra la segunda amarilla o la roja directa y sale pues expulsado del juego, las cámaras de televisión lo enfocan en el graderío revolcándose en actuación fingiendo ser víctima de una injusticia arbitral. Con esto ya logró que el público esté en contra de los árbitros y del equipo adversario. El público esa masa amorfa tan maniobrable.
La mayoría de jugadores actúa. El único fútbol de calidad que se logra disfrutar hoy en día es la chamusca callejera, la que no tiene árbitro porque cuando ya hay un juez o jueza significa que existen apuestas y aunque no sea un juego federado hay intereses de por medio y con esto fulmina en su totalidad la esencia del deporte que es y debe ser por diversión. Pacas personas practican deporte por diversión – y mucho menos por salud- la mayoría tiene sed de ganar a toda costa ni siquiera de competir sanamente.
Ahora bien, cuando no se trata de una actuación y la lesión es real aunque ninguno de los cuatro árbitros –ahora ya son cinco- no se percatara de la falta, del juego brusco grave o de la conducta violenta del que fue objeto el jugador, no es razón para que se tome la justicia en propia mano y agredir de vuelta a quien lo lastimó. Esto solo genera más violencia. El juego limpio debe prevalecer siempre.
Es en esos momentos de tensión, de emociones revueltas y sentimientos pasionales que, el o la deportista demuestra de qué está hecho. Es ahí cuando se ve pues si arde el ocote y que la llama no sea de tuza sino interna que haga prevalecer el coraje por competir limpiamente.
El talento, la habilidad, las destrezas y la capacidad se demuestran dentro de la cancha jugando no peleando ni insultando. Quien utiliza este tipo de herramientas para sacar ventaja sobre el adversario no tiene por qué llamarse deportista. Así sea el árbitro o árbitra quien se equivoque y sanciona una falta inexistente en contra no es razón para insultarlo ni incitar al público a agredirlo terminando el juego.
En todo caso si el juez o la jueza se equivocó quien sabe de juego limpio entiende que errores todos y todas los cometemos, se levanta y trata de tranquilizar a sus compañeros y si es posible también a los adversarios, en lugar de incitar al público trata de calmarlo. Sabe que el público lo escuchará máxime si es un dios o diosa al que siguen y vitorean, ahí demuestra entonces si sabe de juego limpio.
Debería existir en las federaciones de fútbol de cada país y en cada liga habida y por haber una sanción monetaria y de participación deportiva a quien finja una falta, por la mentira, el embuste y el engaño hacia el árbitro, compañeros y público. Hasta el momento solo es sancionable por el reglamento de fútbol es decir en el juego que terminado ahí murió, pero debería existir un castigo mayor para enseñarles a respetar a ese público que paga la entrada a un estadio para ir a verlos jugar, a quienes pierden dos horas sentados frente a una pantalla de televisión, a quienes compran el periódico solo por las noticias deportivas.
Juego sucio es el que realizan los equipos pagando a una porra oficial que les haga bulto en cada juego y por si fuera poco dar pago extra a los organizadores de revueltas, porque ponen en peligro las vidas de cientos de fanáticos que asisten a los estadios. Pagar a periodistas que estén hablando bien de ellos todo el tiempo y que escondan a toda costa la basura que tienen acumulada con su juego sucio.
Los equipos con más infraestructura, logística y recursos – pisto pues- son los que organizan las revueltas cuando les favorece que la Federación de Fútbol sancione la cancha del equipo adversario, entonces ellos mismos se encargan de armar el bochinche minutos antes de terminar el juego o cuando éste termina todo depende cómo vaya el marcador y qué tanto les beneficiará. Las sanciones nunca con iguales, algunas ocasiones son multas monetarias y en otras les cierran la cancha.
Ahora bien, con los equipos que tienen recursos –cuello, sobornan, tienen familiares en la Federación, contactos en los medios de comunicación- si la sanción trata de cerrarle la cancha al público se les permite jugar en cancha cerrada, lo que desmerita la sanción que se vuelve inexistente. Mientras sí sucede con un equipo que va en auge pero que no cuenta con los recursos, es obligado a buscar otra cancha para cumplir las fechas del calendario.
En el sucio mundo del fútbol federado hay jugadores comprados, árbitros sobornados, porras desestabilizadores del que debería ser un espectáculo familiar, trata de personas con fines de explotación sexual, porque sepa usted que la bienvenida oficial a cada jugador que entra por primera vez a un equipo es la de poseer a una jovencita enfrente de todos para demostrar que es hombre.
Cuando escuche que el equipo o la selección nacional está en semana de concentración albergada en la casa de selecciones o en algún hotel de lujo, sepa que están en orgías de todos los días, por docenas llevan a las niñas y adolescentes –pasadas de 23 años no aceptan- que ellos llaman putas o damas de compañía.
Las poseen en los bares o casas de citas en los pueblos a donde llegan a jugar cada fin de semana o bien las sacan de ahí y las llevan a los hoteles en donde están hospedados. Es el otro rostro del juego sucio, fuera de la cancha. Porque hombre que paga por sexo no sirve ni para el retozo, contimás como deportista, ser humano, padre de familia y compañero de vida.
Digo jugadores pero ahí van incluidos entrenadores, masajeadores y todo el personal técnico de un equipo, no se quedan atrás los árbitros, visores y comisarios. Todos van a pagar al mismo bar cada fin de semana antes del encuentro y se rotan las muchachas como quien tomara un trago de cusha en el mismo vaso. Calidá el mundo del fútbol.
Y sin contar que los mismos espectadores hacen cola en el mismo bar la noche antes del juego. Exigen juego limpio dentro de la cancha y ellos en su diario vivir son firmitas de cuidado. Buenos para tirar piedras y esconder la mano. Hablan de injusticias desde las gradas pero antes de entrar al estadio un niño de cinco años de edad les lustró los zapatos y han pagado cinco quetzales a otro para que les cuide el carro. Entran al estadio con objetos corto punzantes y hasta con armas de fuego, encienden cohetes cuando se sabe que puede herir a personas. Lanzan bolsas con desechos humanos. –Es parte de la diversión dicen-. Botellas y latas de gaseosas y cervezas. Piden justicia dentro del campo y ellos en las gradas están esperando cualquier pretexto para validar y acompañar la acción del jugador déspota que finge una falta. Un pretexto necesitamos nada más para sacar lo que realmente somos.
Muchos de los espectadores que en la noche anterior al partido se desahogaron las penas violando a jovencitas en uno de los tantos bares de la localidad. En la semana agredieron a su esposa y a sus hijos les compraron películas pornográficas en lugar de los libros que les hacen falta en la escuela.
Ahí están ellas insultando a los árbitros y juezas de la misma informa en la que insultan a sus hijos cuando les piden de comer. Piden que saquen a tal jugador y que lo hagan cambio de la misma forma en que hace todo lo posible por que echen del trabajo a su compañera de oficia que le cae mal –por inteligente y comprometida o por puta y liberal- y es insoportable según usted.
Ahí está el profesor de universidad viendo el partido por televisión pidiendo cabalidad y honestidad pero él como buen cretino pide sexo a sus alumnas y alumnos a cambio de hacerles ganar la materia.
Ve el resultado del juego en los los noticieros nocturnos el empresario que solo disfruta del fútbol internacional exige que se sancione al jugador que cometió la falta con una multa monetaria, pero él se hace todo tipo de bestia para no pagar impuestos. Ajá, don camarón tintero…
Gritamos árbitro vendido pero también nos vendemos a cambio de migajas -de una aparente comodidad- hemos decidido silenciar nuestra voz. No hombre si para que nos pongan precio estamos buenos.
Aplaudimos al jugador mañoso de la misma forma en que solapamos un Gobierno de corrupción e impunidad. Firmitas las que somos, já, cuidadito.
Si vamos a exigir al árbitro o jueza imparcialidad, compromiso, consecuencia y valor creo que primero debemos exigírnoslo nosotros mismos, como jugadores, espectadores, madres, hermanas, hijos, empleados, compañeros de trabajo, ciudadanos, es decir: seres humanos en toda la extensión de la palabra. Sabrá entonces que el problema de violencia y actuación y de zancadillas por detrás sucede en todo ámbito de esta podrida sociedad a la cual pertenecemos. Lo que se vive en el fútbol es solamente el reflejo de lo que estamos hechos.
Porque el juego limpio es en los deportes como en la vida misma. Así de simple. ¿Y usted practica el juego limpio? Qué le importa, dígame.
Ilka Oliva Corado.
Marzo 18 de 2014.
Estados Unidos.

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