Nía Luz.

Llegó a mí como si la hubiese evocado Ligera y Diáfana. Venía en una encomienda delicada enviada desde Guatemala por la afinidad de un buen amigo. Corrían los primeros días del año 2012.
Aquel enero invernal traía para mí la poesía de nía Luz Méndez de la Vega. Abrí el libro emocionada, adentro leí la dedicatoria escrita por la pluma de penas contrariadas de un errante trovador de lunas llenas y de cuartos menguantes.
En sus páginas respiré el olor a zacate de arada, a urbe y a adoquín.
No había escuchado de ella.
Me presenté y le dije: mucho gusto nía Luz, aquí en este destierro ingrato vengo a saber de usted, vergüenza me debería dar. Desde aquel instante su poesía se fue instalando lentamente en mis venas, apropiándose de los hálitos nocturnos en la diáspora.
Entre la estantería de mi pequeña biblioteca de inquilina, ella es la Nía Luz.
Descubrí a una mujer feminista, erótica, sexual, sensual, consecuente, firme, transparente, profunda, tierna, indócil, dulce y agria.
Entre suspiro y suspiro leí sus poemas. Unos dejándome un vacío en la boca del estómago, otros con la piel encendida en llamas, los libertos que se anidaron en mi cerebro en algún lugar de mi memoria, ésos que revelan y enuncian y despiertan las mentes dormidas. Esa pasión suya por la vida me tomó por el cuello y me cortó la respiración hasta obligarme a buscar el aire a bocanadas. Despertá, me decía, despertá.
Entonces leí del exilio, del retorno, del deseo, del amor, del desamor, de la denuncia social, del infierno que habita en la seducción. Sentí a los amantes acariciando mi piel, viví la agonía de la despedida y retoñé en las verdes arboledas.
Los enigmas, los veranos, las noches frías; se apropiaron de mis poros, de mi imaginación. Mi aliento absorbió sus letras. Con ella conocí otro tipo de poesía: la de la entraña, la de la sangre hirviente, la de los amores contrariados, la del repudio, la que libera los miedos y los fantasmas y los enfrenta: vencedora.
Irrevocable es mi delirio por su sensibilidad. Luz y Sombra se apropió de las noches agonizantes del invierno de aquel año. Qué puedo decir de Toque de Queda –poesía bajo el terror-que puso frente a mis ojos una forma distinta de nombrar a la perfidia y a la traición. Al dolor colectivo. Esos poemas son una denuncia que el tiempo no será capaz de intentar siquiera, sobornar. Son etéreos y rojos, como la sangre del corazón indomable. Toque de Queda, fue una guía para mis primeros pasos escribiendo poesía de denuncia social. Me sacudió de pies a cabeza y despertó mi pluma que no sabía cómo nombrar a tanta perversidad humana.
Aquí es este transitar de itinerante me enamoré de Nía Luz. Enigmas, fue revelador y fue fortaleza donde mi alma descansó antes de hacer pública mi identidad. Siempre vuelvo a él. Por alguna razón que habita en mi inconsciente ese poema me dice tanto, tanto…
Sus odas me acompañan en las alboradas, en las tardes soleadas, en las noches frías y en los medios días, es un libro al que he confiado mi amor migrante, amor por mi tierra, por la poesía de denuncia que es la que hierve constantemente en mis venas. Siempre que necesito serenidad vuelvo a ella y a mi consentido: Aire de Cumbre, que me arrulla y me cobija, donde encuentro sosiego y en donde convergen la comprensión y mi arrebata esencia de vagabunda.
Ella no es poesía para leer en tardes de ocio. Se le faltaría el respeto a su inmensidad. Nía Luz es maestra, mentora, es aire, partitura de su propia redención que proclama la sublevación de la legión que es el género femenino. Como reverencia al refugio que ha sido para mi alma, he escrito estos versos que intentan ser los de un poema.
Nía Luz, usté.
Cómo decirle
Que su diafanidad
Retumba en mi pecho
Cascada, aguacero
No tengo poesía
Que se atreva a saludarla
Tímidas se esconden las rimas
De un poema que asoma
Cada vez que sus versos en brasa
Buscan el rescoldo de la hoguera
Se esconde contrariado
La observa enajenado
Como la brisa a la primavera
Mis arterias silvestres
Desconocen su delicadeza
De rocío junto al río
A la hora de la oración
Mujer, su vena es rebelión
De aleteos de luciérnagas
Exentas en la oscuridad
Agua de quebrada
Para el alma fatigada
Que usté libertará
Líricas exuberantes
Sus odas se manifiestan
Raudas, enteras
Confiadas, mundanas
Soberanas en potestad
De su esencia insondable
Luz de la inmortalidad.
Ilka Oliva Corado.
Febrero 16 de 2014.
Estados Unidos.

2 comentarios

  1. Hola Ilka,
    Sinceramente me encanta el desparpajo con que escribís, me encanta tu crítica irónica y sobre todo la habilidad que tenés para describir la complejidad de los mapas humanos, culturales y simbólicos de este país que insiste vivir en el letargo. Quiero leerte y me encantaría recibir tus escritos en mi buzón.

    • Dorotea, mucho gusto. Para seguir el blog y que las entradas le lleguen a su correo puede hacerlo, ahí en la página del lado izquierdo está la opción: “seguir el blog” escribe su dirección de correo y listo, le llegarán las entradas.
      Abrazos.

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