La otra emigración.

La emigración invisible, conocida como la indocumentada o clandestina, esa empresa en la que se embarcan millones de almas alrededor del mundo entero, que para quienes se hacen millonarios con las remesas significa una mina de oro  que se explota cada segundo del día.
Me sigue indignando leer en los periódicos reportajes supuestamente de investigación profesional en los que se habla de la emigración y lo hacen con tal falta de respeto hacia las vidas y las causas de las personas que emigraron, los hacen ver como los que huyeron buscando la comodidad económica. Léase bien: “buscando la comodidad económica”.
Cuando en realidad lo que los hace emigrar es la “necesidad de sustento” que son cosas muy distintas y quienes estamos fuera no somos frías estadísticas; sentimos, somos seres de carne y hueso.
Y no me refiero a reportajes solo en  mi país sino del mundo entero, siempre quien se va es señalado, enjuiciada y cualquiera se siente con derecho de acusar, pero en su doble moral recibe el beneficio de  las remesas  de forma  directa e indirecta las mismas que  dan estabilidad al país de origen. Ese mismo donde vive quien juzga.
Y sin embargo la gente se queja por la cantidad de personas que están retornando deportadas, dice la mayoría que los retornados les están quitando los trabajos, ¿qué harán con tanto retornado? Cuando la queja debería ser: ¿Qué haremos para que la gente no emigre? ¿Para no lanzarlos fuera?, ¿qué haremos para que no mueran en el intento?,  ¿qué haremos para que se reinserten a la sociedad cuando retornen?  No, siempre egoístamente “nos están quitando”.  En lugar de: ¡bienvenidos, bienvenidas, aquí está su tierra, nos hicieron falta! Y no hablo de situaciones familias sino como  sociedad.
Lo que vive una persona cuando migra es un lastre que no es capaz de entender quien se queda, ambos dolores son distintos pero sin embargo; quien se queda lo está viviendo en su país, con los suyos, en su entorno y quien se va lo hace a la deriva de la diáspora que lo consume.
La tradición que se vive en el pequeño poblado de Punxsutawney, en Pensilvania, que consiste en que  la marmota Phil  sale de su guarida y si ve su propia sombra decreta lo que  le queda de tiempo al invierno, por tan insignificante que parezca millones de latinoamericanos esperan con ansias que ésta los llene de esperanza y acorte los días para ver la primavera.
¿Por qué? Porque el invierno les ahonda las heridas, los cielos grises y días opacos les  instala la añoranza  en las ventanas de sus ojos, en los poros fríos de sus pieles en diáspora.  Desde que  llega la época del frío en Estados Unidos, la gente  indocumentada que vive en Estados donde nieva se queda devengando prácticamente la mitad de su salario que por si fuera poco es de miseria. –Jardineros se quedan sin laborar-. Desde noviembre hasta finales de marzo, es en abril y con los primeros botones de tulipanes y los retoños de los cerezos que empiezan a respirar y las pocas ilusiones regresan con paso lerdo.
¿De qué come la gente durante cinco meses? Pero responsablemente las remesas llegan puntuales y sin ni un len menos. ¿Quién valora eso? ¿La familia?, ¿el país?
Hay miles de   personas que pasan el invierno en sus apartamentos sin calefacción, ¿sabe lo que significa eso? ¿La magnitud de vivir en un lugar donde nieva y no tener calefacción? Y ahí están y siguen y se derrumban.  Y se conmocionan y caen en profundas depresiones y lloran y maldicen sus vidas y sus suertes. Y sin  embargo cuando llega la primavera todavía tienen aliento en la mirada como para atreverse a seguir caminando.
Es en el invierno cuando pegan directo al alma poemas como  Letanías del Desterrado –de Miguel Ángel Asturias-, Poema de Amor –Roque Dalton-, canciones como:  No  me llames Extranjero –Rafael Amor- El Corazón al Sur – Eladia Blázquez-. Clandestino –Manu Chao-. Pal Norte- Calle 13-. Serenata para la tierra de uno – María Elena Walsh-.
Canción de las simples cosas –Armando Tejada Gómez y César Isella-, el por siempre himno de los migrantes indocumentados, La Jaula de Oro –Enrique Franco- y la que a la mayoría de  quienes hemos cruzado más de una frontera en forma indocumentada nos hace añicos el alma, Tres veces Mojado –también de Enrique Franco-.
En invierno renacen los infiernos es como si el frío los emancipara, la gente camina por las calles arrastrando las miserias de su emigración. ¿Se nota en las remesas? No, allá llega el papel verde nada más.
¿Quién es capaz de interpretar y comprender el costo de  un pedazo de papel color verde? ¿Cuánto vale la salud emocional de alguien? ¿Cuánto un alma destrozada? ¿Cuánto se paga por remendar un corazón roto? ¿Cuánto el lastre de la diáspora en las sombras?
¿Quién es capaz de entender qué es vivir  con 20 personas desconocidas en un apartamento de una habitación? Donde pegue el sueño y a la hora que sea, tirarse en donde haya espació para pasar las horas y madrugar al trabajo de tres turnos en tres distintos lugares. ¿Comer el veneno de las sopas instantáneas tres veces al día? Para ahorrar lo más que se pueda y que a los suyos no les falte la habitual remesa.
¿El peso de honrar la palabra y mantener el envío de remesas aunque con ello se les acabe la vida misma en un trabajo donde los explotan cada minuto? ¿Quién diablos entiende eso? ¿Y si lo entiende de qué manera lo transforma en apoyo moral a quien emigró? Es tan poco lo que se recibe de quien se quedó: una llamada, un burdo y obligado, “te extrañamos, te queremos pero no se te olvide mandarme lo que te  pedí”.
Quien emigra se convierte en proveedor, proveedora, un robot, un árbol cortado de raíz que se va secando poco a poco hasta convertirse en leña añosa, podrida , ya sin vida, sin esencia, con su única función de lanzarse al fuego y  convertirse en polvo, en ningún rescoldo.
La migración indocumentada que están viviendo millones de personas en el mundo entero, yo no hablo solo de Estados Unidos. El nivel de xenofobia es brutal, lo que está sucediendo ahora mismo en Melilla, España con las mallas y sus navajas y alambrados que separan a España de Marruecos, -sin embargo la trata de mujeres con fines de explotación sexual tiene paso libre- los mares europeos, los desiertos en donde mueren cientos todos los días y de los que pocos se sabe porque los medios no cubren ese tipo de noticias. ¿Y quienes no mueren en el intento? ¿Qué  es lo que viven al cruzar las fronteras desde que salen de sus países de origen y llegan al de residencia? ¿A quién le importa eso?
¿ A la familia, la comunidad, sociedad, a los gobiernos?
Es tan comprensible que la gente ya no quiera regresar a sus  países de origen y no por la comodidad o espejismo de estabilidad económica que vive en el de residencia, lo que sucede es que es tan grande la herida, el lastre que; ya seco el corazón se olvida de sentir, tantas las frustraciones,  decepciones, traiciones que se vive por parte de quienes se quedaron y no supieron valorar que, es mejor no regresar nunca y por esa razón también es tan comprensible que la gente enloquezca cuando es deportada. Regresar al lugar donde viven quienes se suponía que iban a valorar su esfuerzo lo que hicieron fue sacar ventaja de su condición. ¿A qué regresar? Son pocas las personas que tienen la capacidad de entender que la patria no es la familia, que la patria es la tierra entera. Pero ese es otro paisaje. Otro estado mental.
Por eso  pido que entiendan la frustración de quien es deportado. No porque no quiera regresar a sus calles de tierra, a la casita de adobe, es porque el corazón lo tienen hecho astillas. Por esa razón buscan regresar de nuevo y emprender la travesía  y no les importa morir en el camino. Pero aun con todo ese dolor quien está fuera, quien emprende nuevamente la travesía  increíblemente no deja de enviar las remesas, ¿entiende usted el valor moral de esa persona?  Aunque claro cuando la persona que ha emigrado se da cuenta que en su  país de origen no valoran su esfuerzo por ende las remesas ya que es su forma de demostrar su amor, deja de enviarlas y es lo mejor que puede hacer por salud mental, pero son pocas quienes toman esta decisión.  Hay tantas formas de desglosar esta realidad que un pequeño artículo viene siendo como una línea de partida.
Son tantos  los libros  que andan por ahí de pseudo escritores y periodistas que con buena imaginación, labia, gramática, ortografía y contactos, se avientan una publicación  que hable sobre la emigración indocumentada y supuestos testimonios y con esto son un bombazo en ventas.  Hacer eso es traición, traición a la raza humana, es no respetar el dolor y la verdad de la emigración clandestina.  Del destierro por necesidad de sobrevivencia.
No se vale que se saque ventaja de la melancolía, nostalgia y miseria de quinees viven en la migración  indocumentada que es invisible y se sobrelleva entre las sombras.
Es una falta de respeto total que medios de comunicación: radiales, televisivos y escritos, aborden el tema   de este tipo de migración sin tomar  en cuenta que se trata  de personas  que tienen derechos humanos pero que les son arrebatados.  No somos objetos, no somos despojos,  pero ustedes hablan de nosotros y nosotras como si fuéramos residuos de un vertedero municipal.
Si en nuestros países de origen al referirse a nosotros lo hacen con menosprecio  ¿qué se espera que haga el país de traslado y  el de residencia?
Los indocumentados no son quienes salieron buscando riqueza y volverse millonarios, vivir en mansiones como en las películas,  ¿valdría la pena dejar lo más por lo menos? No.  Es que hay cada grupo de indocumentados que realmente por eso voy  por  partes escribiendo los artículos, están los que hablan  un dialecto o  idioma que no es el oficial en sus países de origen por ende solo lo hablan en su comunidad o pueblo, y éstas personas se ven obligadas a emigrar y llegan a un tierra extraña donde  no se habla siguiera el idioma oficial  de su país de origen, ¿cómo hace esta persona para sobrevivir? ¿Comprende el grado de choque cultural? ¿Emocional? ¿Es capaz de comprende qué es lo que sucede dentro de la cabeza de esa persona que no se puede comunicar con nadie? Porque muchos no tienen familia en el país de residencia, se van solos a empotrarse con el destino.
Los indocumentados salieron buscando sustento, oportunidad de desarrollo que se  les niega en el país de origen. La mayoría prefiere quedarse en el de residencia y ser agredida constantemente por personas racistas y explotadoras y  por el sistema que denigra, porque saben que lo mismo recibirán en el origen pero por lo menos en el  de residencia tienen para comer: abismal diferencia.  Es por esa y muchas razones más que este país se niega a dar la reforma migratoria, ellos no quieren personas sanas mental  y físicamente, no quieren personas que saben hacer valer sus derechos humanos y laborales, ellos las quieren lastres, parias, porque así son manipulables y se les puede explotar mejor. Una personas sin documentos hace prácticamente cualquier cosa que le manden con tal de comer por eso es la mano de obra barata. Pero irracionalmente en el país de origen ni siendo mano de obra barata saca para un plato de frijoles  no digamos  para mantener una familia y brindarles  una formación integral a su crías.
Seis semanas le quedan al invierno estadounidense y cuando llegue abril cambiarán esos rostros de llanto cuajado por una pequeña luz en sus miradas que se atreverán a abrir la ventana cuando florezcan los cerezos.
Emigrantes clandestinos del mundo entero: no hay invierno que dure cien años, no hay destierro que nos desahucie, somos una legión  invencible porque hemos podido  enfrentar la  adversidad de la diáspora indocumentada.  Somos la otra emigración. La nuestra que no le pertenece a nadie más.
Ilka Oliva Corado.
Febrero 07 de 2014.
En mi tabuco.

Un comentario

  1. Edgar Fernando Osorio Vilagrán

    Interesante artículo, verdaderamente impactante. Sin embargo, no hay que olvidar que toda decisión, implica características económicas, es decir, toda acción o decisión es económica. Lamentablemente, por falta de educación mucha gente recibe remesas económicas, únicamente para despilfarrarlas en aparatos de sonido, de 100 W de salida, pero, si el vecino tiene de 300 W, quieren uno de 500 W, de tal manera que en ciertas comunidades mantenidas por las remesas, es un concurso de “”botar”” el dinero que con tanto esfuerzo se gana el migrante.
    Ideal sería, emprender campañas que permitan incrementar la PLANTA INSTALADA, es decir, comprar cosas útiles y productivas. Ejemplo, Hornos para panadería, fabricación de pizza, máquinas de coser domésticas o industriales, equipo para mejorar los sistemas agrícolas de siembra y-o recolección, etc.
    La construcción de vivienda, con características estructurales razonables, pues, se ha visto que por falta de educación siguen construyendo con patrones ancestrales, dando resultado a viviendas de 3, 4 y mas niveles, sin la estructura que garantice soportar movimientos sísmicos como el de 1976. Han construido en forma de cajón, superando los 2 niveles recomendables para tal diseño. Debiera educarse para contratar el diseño y planificación adecuados, tanto en estructura, como en utilización de espacios.
    Edgar Osorio,
    Ingeniero Civil
    celular 502 52088487

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