Marta.

Marta de 18 años de edad. Viuda, madre de dos hijos . Salvadoreña. Su pareja fue asesinada en un ajuste de cuentas entre maras. Fue forzada a tener relaciones con el jefe de la mara de su colonia cuando tenía catorce años y dada como regalo al segundo al mando quien la tomó como pareja, Marta no pertenecía a la mara y nunca estuvo involucrada en ninguna.
Sucedió con ella lo que generalmente pasa con las adolescentes que viven en territorios marcados por estas pandillas. Donde ninguna ley se respeta. Su familia fue amenazada de muerte si no dejaban que se fuera a vivir él. Así fue como se convirtió en mamá y dejó de estudiar para dedicarse a cuidar a sus hijos y a no salir de su casa sin órdenes y vigilancia de su pareja quien la agredía física y emocionalmente, en noches de fiestas la entregaba como diversión sexual a sus amigos, Marta sin derecho a objeción alguna tenía que cumplir o era torturada días enteros.
Cuando murió su pareja decidió emigrar y alejarse de ahí lo más pronto posible, antes que sucediera lo habitual entre las normas internas de la mara: ser entregada a otro cabecilla que defendería el honor de la hombría del compañero que murió.
A sus dos hijos de cinco y tres años de edad los dejó a cargo de su madre y se fue con lo del pasaje. En una mochila echó dos mudas de ropa, una chamarra, un litro de suero, dos naranjas y una fotografía familiar. El día que encontraron su cuerpo en las vías del tren en las cercanías de Ixtepec, Oaxaca la mochila no estaba con ella.
Unos meses antes un grupo de hombres armados que se cubrían los rostros con gorros pasamontañas asaltó el tren, de aproximadamente mil migrantes que viajaban en el lomo de veinte furgones fueron secuestrados alrededor de ochenta. Varios heridos de bala, otros golpeados con bates de béisbol. Murieron alrededor de quince que cayeron de la altura de los furgones ya con el tiro de gracia en la cabeza.
A las mujeres las abusaron sexualmente ahí mismo y a las niñas y adolescentes se las llevaron en grupo separado al de los hombres.
Las llevaron a una bodega en las afueras de Oaxaca donde las explotaron sexualmente.
Entre los capos de la localidad se juegan partidas de baraja en las que apuestan fuertes sumas de dinero, con la modalidad de que cada jugador se tiene que bajar los pantalones, debajo de la mesa están niñas y adolescentes realizándoles sexo oral mientras ellos juegan, quien pierda la concentración debido al goce del sexo oral será silenciado con un tiro de gracia.
Al finalizar la partida de baraja las niñas son abusadas sexualmente por los guardaespaldas de los capos que las toman una para tres: uno vaginal, otro anal y el tercero mientras espera para penetrarla ella le realiza sexo oral. Tienen derecho a golpearlas con cualquier objeto y a la mayoría la inyectan con sustancias que utilizan en las veterinarias para que le provoque ligeramente excitación sexual.
Marta no fue la excepción la tuvieron durante tres meses en esa bodega junto a treinta niñas más, después las rotaron de ese lugar fueron llevadas a una casa en las cercanías de la central de abastos donde atendían cada una a un promedio de cuarenta hombres diariamente.
Varias de las niñas, adolescentes y mujeres mientras son abusadas sexualmente por clientes de las casas en donde las tienen secuestradas, sufren de heridas internas, las contagian de enfermedades venéreas, a la mayoría le toca lidiar con el SIDA.
A Marta un despiadado le cortó la vagina con una navaja uniéndola en canal con el recto, por esta fantasía él pagó al encargado del negocio quinientos dólares y pagó cien dólares extras por cercenarle un pezón, esa misma madrugada un veterinario la zurció sin anestesia alguna, no la dejaron recuperarse de la herida y a los días fue obligada a trabajar nuevamente, lo que le ocasionó una infección que le supuró durante una semana, tiempo en el cual el encargado de la casa decidió eliminar el problema de raíz, una niña enferma no le ocuparía una cama y comida sin desquitarlas.
En la madrugada fue estrangulada y metida en una bolsa negra, unos migrantes que esperaban en las cercanías de la línea del tren vieron acercarse un vehículo de doble tracción con vidrios poralizados, desde donde lanzaron una bolsa negra que cayó sobre la ferrovía.
Adentro encontraron el cuerpo desnudo de una adolescente, con la herida aun fresca en uno de sus pezones y en la vagina. No tenía ningún documento de identificación, las autoridades dedujeron que por estar en las vías se trataba de una migrante indocumentada por lo cual no hicieron ningún tipo de investigación rutinaria y decidieron ese mismo día enterrarla en las fosas clandestinas de algún cementerio de la localidad. En alguna fosa clandestina donde nadie nunca la encontrará.
Ilka Oliva Corado.
Enero 13 de 2014.
Estados Unidos.

4 comentarios

  1. Hay personas (eufemismo de hijoputas) que no deberían existir.
    Hay paises (eufemismo de infiernos) que no deberían existir.

  2. Pingback: CRONICAS DE UNA INQUILINA: MARTA

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