La interrupción de Ju Hong.

Cuando vos sabés que  tenés una voz tenés que utilizarla. Para que se escuche tu pensar y tu sentir, para que abra caminos, para que retumbe hasta lo más inhóspito de la insensibilidad humana. Para no fingir, para no ocultar, para emancipar. No necesitás que nadie esté a tu lado para decirte si es correcto, solo vos y tus convicciones, solo vos  y aquella voz que nace de lo más profundo de tu ser y emerge entre tus  poros y recorre como ráfaga tu sangre hirviente.  Eso fue literalmente lo que hizo Ju Hong el estudiante  Sur Coreano de 24 años de edad que interrumpió al presidente Barack Obama cuando éste con sus dotes de orador, expresaba que está dejando el pellejo en camino empedrado para que se  vuelva realidad el sueño de la reforma migratoria.
La interrupción oportuna en  del discurso de Obama en California en donde hablaba sobre el tema de la reforma migratoria. El cipote es el ejemplo de lo que es tener convicción y no perderse en los laurales alcanzados, pensar en quienes no tienen voz y hablar por ellos y por ellas. Es un estudiante de la universidad de Berkeley que lleva años en activismo comunitario.
Algo muy digno en él es que no  ha hecho como  la mayoría que ha olvidado a quienes limpian baños, construyen casas  y siembran el campo. La mayoría de los y las Soñadores se acomodaron y hoy los mirás en sus más encrestadas ínfulas de gringos ojos azules y cabello rubio, el típico migrante que quiere hacerse pasar por “Americano” olvidándose que el nombre pertenece a un continente entero y no a un país. Apocados es   lo que son.
Una atenta caballerosidad se notó al instante cuando Barack Obama detuvo a sus guardaespaldas para que no sacaran al patojo de las crines, no es raro en él que finja prestar atención a las voces que protestan y más cuando está frente a las cámaras de televisión, un simulacro completo de lo que es ser un presidente considerado con su población. Digo que es un simulacro porque mientras finge escuchar y ofrecer el hombro para luchar juntos por la reforma migratoria, su gobierno está metiendo la puñalada por la espalda deportando más personas que en  ningún otro gobierno en la historia del país.
Ahí estaba pues el señor presidente de los Estados Unidos,  porque así lo recalcó él cuando se dirigió al patojo que lo escuchaba y lo encaraba firmemente con educación y sin arrogancia alguna,  no era cualquier babosada el orador, por si no te quedaba claro era el hombre más poderoso del mundo.  Algo así como que agradecido se debería de sentir el cipote  de que el presidente  no lo  mandó  a sacar y ficharlo de una vez, quitarle los papeles y mandarlo a Corea del Sur a sembrar arroz  en sus laderas. Como lo hacen con los miles que deportan diariamente. Los meten en sus perreras, les  toman fotografías, les estampan en papel  las huellas dactilares y de ahí a prisión a esperar su turno para abordar el avión  o el autobús que los llevará de regreso al país que  los obligó a emigrar.
El presidente tiene carisma, tiene una forma de enamorar a quien lo escucha que de verdad  tiene  hasta la pinta para  un papel estelar en esas mega producciones del cine corriente de Hollywood, las mismas que en sus estrenos recaudan millones de  dólares por inventarse súper héroes.
Ahí estaba pues Ju que no habló cualquier tontera, él con voz firme exigió que  dejaran de estar separando familias,  que detuvieran las deportaciones de todos los días, que él –el presiente- tenía el poder para hacerlo. Un patojo con la dignidad a flore de piel. Un  activista de muchos años,  indocumentado y anónimo como los más de doce millones que habitamos las sombras de la clandestinidad dentro de los rascacielos de este país.
Caso contrario sucede con la mayoría de entacuchados,  esos que se autonombran líderes comunitarios y defensores de los derechos de los migrantes indocumentados,  que se echan su mejor loción y mandan a la lavandería su mejor traje para ir a este tipo de eventos, solo para buscar la oportunidad de tomarse la foto con el presidente y lucirla como medalla de oro en Juegos Olímpicos a cualquier soplado y a  cualquier zopenca que lo adula por  tan importante logro.
Lejos de esas bacinicas a rebalsar está Ju. A eso le llamo yo aprovechar las herramientas a las que se tiene acceso.
¿Qué sucederá con la reforma migratoria? Esto parece capítulo de teleserie en horario estelar y no pasan un adelanto, solo dejan a la gente con las ascuas y con la  ilusión de que pronto su situación migratoria cambiará.
Pero es que no es solo  para  salir y entrar del país que se exige la reforma, sino para tener los derechos laborales,  beneficios de salud, oportunidades  para acceder a la educación formal,  y así no nos quieren los gringos: productivos, capacitados, pensantes, visionarias, seres humanos.  Sí  nos toleran a medias tintas –aquí calza muy bien esa palabra- como sus empleados a quienes explotan, como seres invisibles que salen de las sombras para ir a laborar y regresan a las mismas después de las cinco de la tarde o del tercer turno.  No nos quieren ni imaginar  en equidad, no igual a ellos, no pisándoles los talones en los puestos laborales, no ocupando pupitres en las escuelas y universidades. Ellos nos prefieren esclavos y esclavas, sumisos, con miedo.
Ni al gobierno de los países de origen, ni a los de traslado, ni al de llegada o residencia que en este caso es Estados Unidos  les interesa las condiciones en las que sale, viaja y llega una persona migrante indocumentada  a este país.
Como vientos lejanos pasan las cuentos de  historias de la trata de personas para explotación sexual, de las que desaparecen  para siempre, de las que matan para extraer sus órganos, de las que matan porque no tuvieron para pagar la cuota exigida por autoridades migratorias y gubernamentales junto a grupos delictivos.
No, ni les interesa el dolor de las madres que  buscan a sus hijos y a sus hijas desaparecidas en la frontera. Ni las amenazas de muerte a encargados de albergues que se niegan a ver pasar la realidad clandestina y fingir que ésta no existe.
Ju, es uno de los invisibles, como él han alzado las voces miles. Los legendarios Dolores Huerta y César Chávez en sus momentos y en sus luchas sociales por los derechos civiles,  que se negaron a fumar el opio de la ambigüedad   del disfrazado sueño que a algún  personaje enfundado en arrogancia de invasor se le ocurrió llamar americano. Y tantos y tantas  a los que la historia oficial quiere desaparecer de la memoria colectiva.
También hay miles que se aprovechan de esta situación de temor y de invisibilidad que viven millones  de indocumentados para utilizarlos de trampolín y caer sentados en los puestos de gobierno en donde se pueden dar lujos y rascarse la panza y fingir que están ahí como el propio presidente de la república estadounidense: dejando el pellejo en camino de piedra por el sueño de la reforma migratoria.
Estas letras son mi vitoreo y mi ovación de pie a Ju Hong  por la osadía, por la valentía, por el coraje, por el poder de hacer escuchar su voz, en proclama no solo para el derecho de su nariz, sino para  el beneficio de millones. Por no ser azadón ni oportunista.
Estas letras son para los miles de seres anónimos que sin buscar foto de portada en revista, ni entrevista el noticiero en horario estelar, están rifándose la vida  en huelgas de hambre, en desobediencias civiles, en albergues en los países de traslado, en albergues en los países de llegada.
Estas letras son para quienes aun tienen miedo de salir de las sombras y hacer escuchar sus voces,  si tan solo las uniéramos en un misma sintonía, esto no sería letanía sino jardín en floración, temblaría esta nación ante el poema del clandestino.  Verso a verso  unidos los  caminos  de los  migrantes  que el destino unió. Exigir el derecho que corresponde sea mujer o sea hombre quien desde su país salió, a empotrarse en este acantilado donde adormecidos los emigrados no quieren despertar, agua les habremos de echar con tinaja del nacimiento, para que se larguen los miedos lerdos y se fortalezca la unidad.
Y al camino hechizo de piedra de cobrizo donde se despelleja el cuero el mandatario, le agregaremos unos cuantos costales de líderes comunitarios para que se acompañen en comparsa de ilustres dueños de la oratoria y vean la luna desde la noria de los aprovechados, los mezquinos, los echados, los entacuchados que en alfombra han de desfilar para poder desde ahí proyectar su mejor sonrisa, la que atiza, la que se divisa desde los dos dedos de frente de quienes se han atrevido a despertar.
Ilka Oliva Corado.
Noviembre 26 de 2013.
Estados Unidos.

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