Shazadi.

11 de octubre Día Internacional de la Niña.

Fue secuestrada en Cartagena cuando salía de la fiesta de cumpleaños de su mejor amiga. Se la llevaron junto a otras tres jovencitas que nunca aparecieron. Estarán puestas quizá en otra casa, en otras casas… Shazadi de origen turco nació en Colombia de donde desapareció cuando tenía once años de edad. Fue llevada a  una casa donde la obligaron a trabajar junto a otras niñas realizando sexo oral a  los clientes que asistían  en los que observó a  hombres vestidos con uniforme militar y a otros  con elegantes trajes  sastre. Lo recuerda bien.  El único que la poseyó y la desvirgó fue el dueño de la casa que la tomaba cuando estaba drogado completamente extasiado, cuando no sabía ni recordaba su nombre, su edad, su sexo. Cuando la lanzaba sobre la cama, sobre una silla, en el suelo, cuando la golpeada.
Después de  ocho meses fue llevada a otra casa  en la frontera con Panamá donde fue obligada a tener relaciones sexuales con clientes que solamente buscaban niñas menores de  trece años. En aquella casa recuerda había cincuenta niñas más.  En habitaciones separadas en otro sector de la casa al que no tenía acceso salvo para las inyecciones anticonceptivas que les ponían cada mes observó a mujeres adultas que también eran obligadas a tener relaciones sexuales con clientes que accedían por otra puerta. Recuerda  las paredes enmohecidas y el piso de granito hediondo a orín y vómito.  Dormían en las mañanas y trabajaban durante la tarde y noche hasta altas horas de la madrugada.  Por barco fueron trasladas veinticinco de ellas  a El Salvador.
Las ubicaron en una casa  de citas en la capital del país donde las mantuvieron durante  un año y seis  meses prestando servicios sexuales  a clientes que pagaban por estar  veinte minutos con ellas la cantidad de cincuenta dólares. Veinte minutos de explotación sexual. No vio a ninguna mujer  mayor de veinte años en el lugar, todas eran niñas y adolescentes. Dormían todas juntas en una habitación, contó cinco colchones húmedos  tirados en el suelo de cemento. La puerta con llave  donde solo salían para atender a clientes que las esperaban ya en habitaciones enumeradas. La puerta que solo se abría cuando el  encargado quería hablar con ellas y  recordarles el cuidado de clientes especiales. La puerta que se habría solo para lanzarles un plato de sopa fría y un vaso de agua.
De aquel grupo  solo se quedaron cinco las otras fueron enviadas a otras casas. Recuerda que apenas pudo abrazarlas todas tenían un nombre que no era el propio, un nombre inventado por quienes las secuestraron.
Shazadi después del tiempo cumplido fue traslada  de nuevo junto a otras once niñas a México donde las encerraron en una bodega. Ahí  guardaban celulares robados, droga y armas de alto calibre. En parte del recinto  organizaban fiestas los capos  de una organización de la que no recuerda el nombre. Una noche en que el encargado de la bodega y del negocio en donde las obligaban  estaba de cumpleaños le exigió a Shadazi  bailar desnuda para él y luego la ultrajó: mientras eso sucedía en  un instante de debilidad le contó  que estaban liados con autoridades colombianas  y que pronto serían enviadas a Estados Unidos vía  la frontera de Tijuana.
Nueve meses después ella y quince niñas y adolescentes fueron puestas en el contenedor de un tráiler que trasportaba  verduras hacia Estados Unidos, la doble pared del contenedor donde ellas iban escondidas  detuvo el calor del calor del verano y las hizo perder el oxígeno, cinco de ellas murieron y las que sobrevivieron fueron llevadas a una casa en Nuevo México. Los cuerpos de las que murieron fueron  deshechos  con acido sulfúrico. Los pusieron en toneles que contenían el líquido. Todas fueron obligadas a ver el  macabro escenario como forma de intimidación y dejar en claro lo que les esperaba si intentaban escapar o denunciar con los clientes que no estaban ahí por su voluntad.  Dieciséis  meses tenía de estar siendo explotada sexualmente en esa casa de citas cuando  un incendio  que misteriosamente no se sabe quién provocó   hizo llegar a los bomberos y   a autoridades policiales. Los traficantes  expertos en el negocio de la explotación sexual y la trata de personas  para no tener problemas con las autoridades del país  decidieron dejarlas escapar. No había tiempo para trasladarlas a otra casa ni para deshacer sus cuerpos en los toneles guardados cuidadosamente en la esquina del patio de atrás. Huyeron ellos y huyeron ellas.
Shazadi inmediatamente se comunicó  con sus familiares en Cartagena   para avisar que estaba viva y  en qué país.  Un cliente del lugar les consiguió alimento y techo a la mayoría de ellas  que de decidieron  quedarse de indocumentadas en Estados Unidos.  Los padres de Shadazi realizaron  los trámites necesarios para viajar inmediatamente a Estados Unidos  y llevar a su hija de regreso a casa. A   la hija que creían muerta en manos de paramilitares.
Shadazi retornó con catorce años y seis meses de edad. No quiso que su familia le organizara fiesta de quince años. Solo quería respirar y  sentir el regazo de su madre y el abrigo de su padre. El calor de sus hermanos y la seguridad de no volver a morir en vida. La seguridad de  no volver a ser secuestrada. De no volver a ser ultrajada. De no  volver a ver niñas morir. De no volver a sentir cuerpos excitados golpeándola, insultándola. Solo quería regresar a la fiesta de cumpleaños de su mejor amiga y no salir nunca más de ahí para no recordar lo que le convirtió la vida en  un infierno. Para volver a ser la niña de once años que no tenía mayor responsabilidad  que la de ser feliz y vivir su infancia. No denunció nada con las autoridades policiales ni migratorias del país estadounidense. De sobra sabía que no serviría de nada, que su palabra de ultrajada e indocumentada no valía nada. La versión oficial es que intentó cruzar de indocumentada a Estados Unidos y que ya estando en el país se arrepintió, fue esa  la razón de su retorno. Como la de muchas…
Ilka Oliva Corado.
Octubre 06 de 2013.
Estados Unidos.

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