Final de verano.

Sería fabuloso escribir una historia romántica de final de verano. Inventarla como cuento de ficción. Caminar por las aceras del corazón de Chicago con la brisa del lago Michigan acariciando la noche cerrada. Un beso, una caricia, una sonrisa, una amena conversación, sábanas de seda, un ascensor, playa y arena, discoteca y licor. De hecho no sería tan ficción porque así está la noche en este momento en que yo escribo aquí en mi cuchitril escuchando el canto de las chicharras.
Los clubes nocturnos ofrecen bebidas gratuitas, entradas de a dos por uno, noche libre para señoritas, concursos de baile, es noche magnífica para los taxistas, es el fin de semana de final de verano, para el día lunes ya estarán cerradas todas las playas y piscinas, será hasta para junio que vuelva la algarabía en las vísperas del bochorno.
Pero hay otra realidad, una realidad respirable solo para quienes vivimos en las sombras, quienes pertenecemos a la categoría de nadies, de indocumentados, de inexistentes salvo para el trabajo mal remunerado y la explotación.
Nosotras las y los nadies  para este fin de semana –como para todos los días festivos- nos cuidamos de no salir, no transitar por las aceras, de no frecuentar discotecas, de no ingerir licor, porque algo sucede en este fin de semana es como si por instantes nos hiciéramos visibles solo para los ojos de policía de inmigración.
Entonces sacan las garras los policías racistas  que están esperando con hambre de náufragos al primero que aparezca frente a ellos con planta de latinoamericano, porque déjeme decirle que se lanzan como fieras solo sobre los  y las latinoamericanas, en  mis diez años de migrante  nunca he visto a un policía llevarse detenido a un hindú, asiático, africano, europea solo por su aspecto racial, aquí el yugo va sobre nosotros, los morenitos, las bajitas prietitas, quienes no hablamos muy bien inglés. Con la pura pinta nos ponemos el grillete encima.
Pero también es fin de semana laboral para quienes no tenemos documentos, ningún feriado no es permitido disfrutar, tampoco se paga el salario doble como lo dicta la ley, hay un temor profundo para estos días para quienes trabajan el tercer turno y regresan a sus casas alrededor de la medianoche:  hablo de quienes trabajan en limpieza de discotecas –que salen en la madrugada- limpieza de restaurantes, fábricas, lava platos, cocineros, no hay manera de salir antes de que caiga el sol y la noche es siniestra, se conduce por la carretera con el miedo convertido en sudor, cualquier patrulla de policía que asome en la calle es señal de alarma, sabès que salís de tu casa para el trabajo  y que muy bien no podès regresar porque en el camino te sale la migra o un buen policía que obediente a su racismo te lleve a la cárcel de inmigración.
Se te aparecen de día y de noche. Y si te detienen sabé que no tenès derecho alguno, que te van a gritar, a insultar, a golpear, por el simple hecho de ser latinoamericano. Si sos mujer por ahí te sale uno con calentura de medianoche que ofrece a cambio de dejarte ir un trueque: sexo oral  dentro de la patrulla a cambio de la libertad.
Es fin de verano. Me pregunto, ¿a cuántas personas inocentes detendrán esta noche y las deportarán? ¿A cuántas durante el fin de semana con puente de lunes? ¿A cuántas golpearán, insultarán? ¿A cuántas familias van a separar? Es fin de verano, hay alcohol, baile, droga y sexo. También xenofobia que con fauces feroces hará de los nadies, de los invisibles, de las explotadas presa fácil para el buen cazador.
Posdata: esta es la otra de las infinitas realidades que tiene el verde del dólar en tierra gringa. ¡-No es solo de venir- No es solo de  soplar y  hacer botellas!
Ilka.
Agosto 31 de 2013.
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Un comentario

  1. Vicente Antonio Vásquez Bonilla

    Ilka linda: Dolorosa estadía para nuestros paisanos indocumentados. El sueño americano se vuelve pesadilla. Besos, Chente.

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