Las primas.

Llegan al primer edificio a las ocho de la mañana, los tienen  enumerados son doce en los cuales prestan servicio de lunes a domingo.

En los doce edificios solo viven hombres indocumentados emigrados de distintas partes  de Latinoamérica: obreros, jardineros, cocineros, empacadores, proletarios.
A las ocho y cinco minutos de la mañana del día lunes en el primer apartamento las esperan los ocupantes,  que nunca bajan de ocho y llegan a los quince, pagan por sus servicios sexuales la cantidad de cincuenta dólares por el tiempo de veinte minutos máximo en la privacidad de una habitación.
Las Primas es como las llaman,  se hacen acompañar por un padrote que se hace llamar El Primo: siempre lleva consigo un  radio transmisor, un teléfono celular y una pistola. Él es quien cobra y lleva el tiempo con la ayuda de un cronómetro.
El servicio incluye preservativos simples, si los quieren de colores y de sabores frutales deben pagar la cantidad extra de cinco dólares, veinte más si el cliente desea sexo rectal, quince por sexo oral y cincuenta si desea realizar un trío en donde puede participar otro de los clientes que están en linea de espera en la sala del apartamento, de ser así El Primo aumenta el tiempo a cuarenta minutos y todos los cobros los realiza él.
Las Primas se turnan  debido al poco espacio en el lugar: una semana una trabaja sobre la cama y la otra sobre la alfombra o piso.
Las primas atienden un total de cuarenta y cinco hombres por día.
Lo que El Primo recolecta al final de la jornada si es que todo servicio ofrecido ha sido el siempre, lleva en las bolsas del pantalón dos mil doscientos cincuenta  dólares. Lo que hace un total de quince mil setecientos cincuenta en la semana.
Efectivamente Dorita y Laura son primas hermanas, emigraron de su natal Tegucigalpa en el año dos mil, realizaron la travesía juntas subieron al tren de la muerte y lo sobrevivieron, así como al infierno del desierto de California, madres solteras que dejaron a sus hijos al cuidado de las abuelas, cuando llegaron a tierra estadounidense se dedicaron a laborar en limpieza de casas, una noche de rumba les cambió la suerte.
Fueron a bailar a una discoteca en el barrio obrero de la ciudad, salir de la rutina, del cansancio mental y físico, del encierro y del trajín de ir todos los días de su casa al trabajo y viceversa.
Alguien les informó del salón de baile y la armonía las hizo ir. Dorita y Laura la primera de veintidós años y la segunda de diecinueve nunca se percataron que dentro del recinto se encontraban dos hombres que pertenecían a una red internacional de trata de personas,  dos de sus secuestradas habían muerto víctimas de violencia perpetrada por un capo que pagó por degollarlas y por el placer de verlas morir, había que cubrir el espacio inmediatamente pues la clientela esperaba.
Al salir del salón de baile en la madrugada caminaron por la avenida en busca de un taxi y lo que les salió al paso fue una vehículo Hummer de dónde descendieron un puñado de hombres quienes las forzaron a subir.
Fueron llevadas a una casa donde se encontraban otras mujeres atadas de manos y pies, todas secuestras en distintos puntos del mundo, porque  Dorita  y Laura fueron golpeabas y violadas por el encargado de la casa. Inmediatamente en base a sus documentos de identificación la banda de trata de personas hizo el contacto internacional y ubicaron a sus familias, fotografiaron a sus hijos y les colocaron un vigilante autorizado a matarlos en el primer intento de escape. Dorita y Laura fueron obligadas a trabajar en servicio sexual a domicilio, como el resto de las mujeres que encontraron cuando  las secuestraron.
Cada tres meses las  rotan de casa, y son nuevos clientes y nuevos edificios los que visitan. Las llegan a dejar en una camioneta Caravan  y las recogen en una Suburban. Los vehículos también son rotados y los teléfonos celulares  y El Primo, que es diferente hombre con el mismo seudónimo.
Las Primas se hacen llamar todas por orden del capo que maneja la organizaron con sucursales en zonas rosas en el continente Americano a donde son llevadas las niñas y adolescentes para saciar la lujuria de políticos y  de millonarios.
 Por ellas la cuota es de cinco mil dólares por noche con derecho a golpearlas  y a todo tipo de vejación,  y si el cliente pide sangre por veinte mil dólares extras  tiene a su merced la vida de su víctima.
Las mujeres son divididas por edad, peso, grado de escolaridad y aspecto físico. Es así como son ubicadas en las diferentes casas y sectores.
Dorita y Laura llevan siete años de encierro, sus familiares en Tegucigalpa las dan por desaparecidas, rogando a todos los santos que no estén muertas o siendo víctimas de la trata de personas.
Ilka.
Julio 15 de 2013.

7 comentarios

  1. Hugo Herculano Pop Bac

    Ilka, me fascina como escribes las tristes historias de muchas mujeres latinas. Te felicito y me uno a esta lucha por acabar con este mal que atenta en contra de la humanidad. Un abrazo. Te recuerdo que siempre leo lo que escribes, y si puedes mándame mas lectura. La aprecio.

  2. Ilka estás historias son reales??? cuál es la fuente de información que utilizas? saludos

  3. Juan Humberto Botzoc Che

    Muchas gracias por compartirnos estos versos y estas lecturas, felicitaciones por su esfuerzos por la escritura.
    Atentamente,
    Juan Humberto Botzoc CHe

  4. Vicente Antonio Vásquez Bonilla

    Historias dolorosas. Sólo queda orar por ellas.

Deja un comentario