María Hortensia.

Le tomó la mano  y dijo “puje mija que la criatura está por salir” no es la primera vez que María Hortensia trae a una cría al mundo, es comadrona desde que tenía trece años de edad,  recuerda que recibió a su hermano Eustaquio cuando  a su madre le arreciaron los dolores de parto, vivían en el corazón de la  selva Lacandona.  Llovía recio y no pudo salir en busca de ayuda el río estaba crecido, con instrucciones de su madre recibió  y esperó a su hermano, nunca olvida dice el color y la forma de la placenta, ese mundo donde nadan los bebés. Se convirtió en la ayudante de la comadrona de la aldea y ahí aprendió de hierbas y menjurjes.
María Hortensia se encuentra lejos a miles de kilómetros de su natal Chiapas, en sus hombros pesan cincuenta años de edad y una nube empolvada de testimonios de cientos de migrantes que ha rescatado de las garras de la trata de personas, de las secuelas que deja la frontera y sus mil demonios.
Nunca parió, no pudo tener hijos fue esa la razón por la cual su esposo la golpeaba diariamente al regresar de su trabajo de albañil  completamente ebrio, tres años aguantó las palizas que eran obligatorias , le dijo su papá: “porque es el hombre quien manda en la casa y es la mujer la que debe de obedecer,  comprender a un hombre que jamás verá a un heredero varón y que será la burla de todos”,  su madre por su parte del dijo que no se quejara que si no recordaba el trato de sus abuelos a sus abuelas y el de su padre a ella misma, obedecer así lo dicto la iglesia   y lo explica el padre Juan. –El párroco de la iglesia-.
María Hortensia no quiso obedecer y tampoco soportar más golpes e insultos, fijó su mirada en el norte, más allá de las murallas, más allá de la frontera y hacia allá se dirigió, con un costal de manta colgado bajo un hombro, un perraje, un par de caites y dos vestidos,  un cutumbo de agua con masa para la sed, un puñado  de frijol negro cocido  guardado en hojas de guineo y unas cuantas tortillas. Vendió cuatro de sus gallinas y tres conejos,  tres docenas de huevos y un quintal de máiz,  dos perrajes que había bordado para dárselos al padre en la iglesia,  también los vendió. Buscó debajo de la pata de cama un retazo anudado donde tenía sus ahorros de las ventas de  pepita verde y con lo recaudado se marchó. Estaba por cumplir los veintiún  años cuando abordó un autobús rumbo a la ciudad de México, ahí transbordó  otro que la llevó a Ciudad Juárez.
Ha cortado el cordón umbilical y entrega la niña a su madre para que se conozcan,  Mereque tiene catorce años de edad y fue violada en su paso por México, viajaba con su padre y un tío también soñaban con conquistar la anhelada travesía y llegar a tierra  de libertad tal y  como anuncian los medios de comunicación mundial, pero fueron otras de las víctimas de las emboscadas preparadas por policías federales y narcotraficantes, a su padre y a su tío los mataron en el acto, les cortaron el cuello  y a ella se la llevaron,     la bebé  a quien ha decidido llamar  Luz es consecuencia de los ocho meses en que la tuvieron secuestrada en un bar en Monterrey, Mereque es  de origen filipino.
María Hortensia cuando llegó a Ciudad Juárez, cuenta que buscó pasar la noche en una pensión antes de buscar información  para  pagar los servicios de un coyote que la cruzara al otro lado,  en  una fonda del mercado donde almorzó le presentaron al pollero que le prometió cruzarla sin ningún rasguño,  al tercer día  la pasó recogiendo en la pensión con un camión de carrocería enlonada, ahí   el conductor  bajó una escalera con un lazo y ella subió, dentro en completa oscuridad se encontró con más mujeres que también iban a cruzar la frontera,  después de  varias horas en carretera el camión se detuvo, el pollero cambió el tono de voz y ordenó gritando  que se bajaran lo más pronto posible, afuera estaban en fila esperándolas hombres armados con pistolas y cuernos de chivo, las veintiocho mujeres fueron llevadas a una de las galeras de la hacienda.
Era una hacienda de un político de Monterrey recuerda , ahí  llegó una matrona que las trató de putas y les ordenó bañarse  les dio minifaldas, tacones  y sostenes, María Hortensia nunca había usado tacones y la primera noche  tropezó con un escalón  tubo una fisura  en el tobillo que no fue tratada por esa razón tiene dificultad al caminar,  tampoco le permitieron usar otro tipo de zapato,    por la noche cada una fue violada por varios políticos y jefes de policía que celebraban el cumpleaños del  hijo de un coronel retirado.
Durante las semanas siguientes varió en muy  poco lo que les esperaba en las noches, celebración tras celebración  y cuando no había fiesta  programada las vulneraban los hombres que trabajaban como seguridad de los políticos,  fueron transgredidas  durante  un mes.
Una noche llegó la matrona y las sacó de la galera  afuera estaba el mismo pollero con el mismo camión de carrocería enlonada, condujo por la carretera durante varias horas, se detuvo  y las bajó en un sitio baldío en las cercanías de frontera.
Sin dinero y violentadas  las mexicanas retornaron a sus Estados, desistieron emigrar,  María Hortensia junto a seis centroamericanas  cruzaron solas la frontera y llegaron a San Diego, California ya en tierra estadounidense cada una tomó su propio sendero, la campesina de la selva Lacandona  con el ahorro  de tres años de trabajo limpiando oficinas alquiló una casa que después compró y la convirtió en refugio de mujeres migrantes,  labor que ha desempeñado durante veintiséis años, nunca se volvió a casar, divide su tiempo entre su trabajo de limpieza de oficinas  y el refugio, es comadrona.
No confía en las autoridades migratorias  ni policiales de Estados Unidos,  tiene vasta experiencia en noches enteras esperando en estaciones de policía, dando declaraciones, acompañando a denunciantes de abusos sexuales, escuchando testimonios que nunca son creídos y avalados por las autoridades, entregando pruebas que nunca cuentan, yendo a cortes donde los jueces desestiman los testimonios de mujeres indocumentadas, no: María Hortensia sabe que ser mujer indocumentada en Estados Unidos es algo más que un estigma.
A su refugio han llegado durante veintiséis años cientos de mujeres, que han sido violentadas, algunas sin piernas que perdieron en la caída de un vagón de tren, mutiladas por castigos perpetrados por padrotes, infectadas con  enfermedades de trasmisión sexual, golpeadas, quemadas, cortadas, todas con una huella física y emocional de la frontera. La emigración indocumentada.
María Hortensia ha viajado  al desierto de Ocotillo, California  durante años a emprender jornadas de rescate, ahí ha encontrado madres agonizando con sus hijos muertos en los brazos, cuerpos de hombres siendo devorados por aves de rapiña, mujeres desangrándose víctimas de asaltos y de violaciones masivas, cráneos y  cuerpos desmembrados devorados por animales del lugar.
En su más reciente hazaña  logró rescatar a Mereque en Monterrey supo que la tenían secuestrada en un bar donde la prostituían, prestó dinero a  sus amistades  y con una amigo planificaron el rescate, éste pagó por el servicio mientras afuera lo esperaba María Hortensia con el motor del carro encendido,  el espía rescatador logró sacarla y corrieron sin voltear a ver atrás, saltaron sobre la palangana del carro que los esperaba, los dos hombres que estaban como seguridad en la puerta no se dieron cuenta del rescate porque un tercer involucrado en el rescate les regaló  un  polvo blanco que también  contenía un somnífero.
Cruzaron la frontera en un camión de mudanzas con placas de California, dentro de los muebles  escondida en el algodón de un sillón, iban Mereque y su bebé.
María Hortensia  que no cuenta con la policía ni con las autoridades migratorias, ni de México ni de Estados Unidos, lleva curtidas en la piel las  lágrimas de cientos de personas que la abrazaron desconsoladas al saber a sus familiares muertos, a sus hijas violadas, a sus madres mutiladas, a sus padres desmembrados, mantener a flote  un refugio es una obra titánica que solo las mujeres libres de pensamiento y de corazón pueden sostener, porque solo la emancipación del alma es capaz de fortalecer el espíritu cuando lo demás sucumbe ante tanta vejación humana.
Ella es una comadrona de frontera, un roble de ciudad, un abrigo en descampado, una ilusión que invita a soñar, María Hortensia la campesina Lacandona, la chiapaneca que es universal.
Ilka.
Julio 10 de 2013.
Estados Unidos.

6 comentarios

  1. Buenísimo, Ilka. Felicitaciones, si escribes del alma y del espíritu estás en lo correcto y, sobre todo, qué habilidad para trasladar a nuestras mentes el drama humano lleno de sentimiento, emoción y heroísmo, de solidaridad humana. Qué linda eres. Bendiciones,

  2. Gracias Lika por insistir con estos relatos, no debemos borrarlos, no debemos olvidarlos, no debemos permitirlos. Adelante..

  3. Julio Cesar Paz A.

    Espero que nunca se te acaben las hojas en blanco para escribir y que tu lápiz siempre tenga punta para llenar esas hojas con tanso sentimiento y realidad.

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