Llegó el día.

Hace dos días me fui a cortar el pelo, tan cortito lo pedí que la estilista se trozó los dedos con la tijera, me dijo que si quería que me pasara mejor la máquina en el número cero le dije que lo iba a pensar y en la próxima visita al salón de belleza –que le dicen- le avisaba. Yo no tengo preferida, aunque hay una que entiende a la perfección el corte que pido,  pero todas tienen la capacidad y con todas me encanta hablar, por lo regular son ellas las psicólogas de las clientas pero cuando yo llego es al revés, un camino de doble vía: como debe de ser. Hablan de sus pueblos, de sus países de origen y yo les cuento del mío. Chulean mis canas, en la maceta y en las cejas. Antes ofrecían depilármelas de gratis pero  yo  les dije que mis cejas son intocables, son el lazo que me mantiene unida a mi Tatoj. Les causa curiosidad que siendo “tan joven” tenga tantas canas, ¡que me las pinte! Con una vez bastó decirles,  ¡que mis canas se respetan! Qué no  me hablen de tintes ni de brochas, ni de esponjas, ni de pinceladas de nada,  una  vez se los dije hace años y lo comprendieron a la perfección, me dijeron: tú si que eres extraña.  Pero me hice rayitos, luzazos, focazos o como les llamen, ¡poco faltó para que se desmayaran  por la impresión! Eso cuando yo tenía aquel charral, de  nido de chorchas.
¿Qué jodidos tienen que ver las canas con lo que escribiré a continuación? Nada, o tal  vez lo que ha circulado de boca en boca durante décadas , el origen de las canas es la experiencia vivida. –No se lo digan a una científica por favor porque nos bota la hipótesis, nos va a tirar el rollo de neurotransmisores, melanina, peróxido de hidrógeno y no sé cuántas hierbas -.
A lo largo de mi vida he escuchado a tantas personas decir: dale tiempo al tiempo. Dale tiempo al tiempo. Dale tiempo al tiempo. Pero lo que cuesta  de darle tiempo al tiempo es la impaciencia, la agonía interna, el desasosiego, el dolor, la frustración…
También  leí en no sé  dónde, no sé cuándo jodidos  y si fue en mis cinco sentidos o en alguno de los tantos terceros días de goma, algo que decía más o menos así: no haber logrado lo que soñabas fue un golpe de suerte. Yo no sé si por la goma le cambié todo a la frase, es más no sé si la vi siquiera o si   me la imaginé en el culo de una botella de cerveza en una de tantas noches de depresiones post migración.
Aunque siempre he creído que todo tiene su razón de ser, pensar en el arbitraje y asociarlo con “todo tiene su razón de ser” no calzaba, me dolía, me reprimía, yo misma me veía en el espejo en forma de rastrojo, nada que reflejara a la jovencita que tomaba sus dos entrenos diarios como religión. El kilómetro extra dicen, yo corrí  docenas hasta quedar exhausta, sin aliento, sin memoria,  completamente fatigada bañada en sudor, un baño nocturno, una taza de té de manzanilla y a dormir  para comenzar el nuevo día la misma rutina, correr  y correr antes de irme a trabajar, mi meta: ser árbitra internacional.
Hoy Ana Silvia Monzón me envió un saludo en su programa Voces de Mujeres, que por cierto está cumpliendo 20 años al aire en Radio Universidad –la de Mis Amores por supuesto, faltaba más – ¡poco faltó para que me desmayara por la emoción!,  dijo que yo era una de las primeras mujeres árbitras de fútbol en Guatemala  y escucharlo me sacudió pero no como yo hubiera imaginado,  ya lo venía sintiendo internamente hace varios meses, pero hoy fue como  el remate, el gol de chilena, de guanaca, hoy fue como hacer un gol olímpico, porque cuando hacés un gol en lugar de llorar de tristeza llorás de alegría, lo  gritás a todo pulmón, lo saltás, lo bailás, algo así me sucedió cuando la escuché pronunciar la palabra árbitra.  Algo así como cuando jugás a los calazos con los trompos y de un golpe certero sacás del círculo a  la mona más grande, como cuando vas a cortar jocotes y sacudís la rama y te caen puños, no te dan las manos para recogerlos  ni la boca para soloqueártelos, como cuando jugás don camarón tintero y te salvás del one, two, three, o como cuando jugás cincos y sos vos quien hace la levantazón.
 
Hoy me  percaté que todo aquel dolor que me había convertido en un harapo durante tantos años había desaparecido por completo, ya no queda ni una astilla, ninguna pisca, ninguna herida abierta. Hoy puedo decir conscientemente, con estabilidad emocional, con tranquilidad del alma que: lo dejé ir, que soy libre.
Y ciertamente fue un golpe de suerte no haber alcanzado la meta, abrazado la quimera que tanto anhelé: ser árbitra internacional.
 
La pasión de mis pasiones es el fútbol, ningún beso, ningún retozo, ningún orgasmo  llena de plenitud mi ser como practicar el balompié, el fútbol llena mi espíritu, mi alma, mis cinco sentidos.
Alguien  inmerso en el mundo del arbitraje me dijo en una ocasión: “ Morena el mundo es de los estrellados y de los que brillan, desgraciadamente usted fue de las estrelladas porque no encontró padrino”, en el mundo del arbitraje el padrino es alguien que sin importar tu capacidad arbitral pero si lo chaqueteás, si lo comprás, con: regalos, con buen licor, con cenas en lugares exclusivos puede darte la oportunidad de salir del rebaño. Yo me negué  a que se me vieran como un objeto, lo único que tenía que hacer para “triunfar internacionalmente” era abrir las piernas, a cuanto depravado de la Federación de Fútbol y de la Comisión Arbitral quisiera retozar con la única mujer del panel arbitral capitalino, eran esos días en que el tiempo no me alcanzaba entre el trabajo, la universidad y los entrenos entre semana y los juegos los fines de semana.
 
Y no porque la única mujer del panel fuera el último vaso de agua en el desierto, aquello se trataba de aprovecharse de la autoridad del puesto y sacar ventaja,  una patoja de diecinueve años, yendo solita a los entrenos y a los juegos, era la presa fácil para enajenarla con la oportunidad   de debutar en grandes ligas, a cambio enmotelarse, o en el carro, o atrás de las puertas, o en el escritorio, o en los vestidores, o donde putas fuera, sexo oral a quien se sacara el pico en cualquier momento de calentura en reuniones oficiales,  lo haría porque el fútbol era su pasión y su sueño lo ameritaba.  Pero ni por hambre de sexo a cambio de tortillas, contimás por un gafete internacional. Se topó la piedra con el coyol.
Han de saber los involucrados que, ninguno tuvo opción de que esta enajenada les diera barra libre y la consecuencia fueron cinco años de bloqueo,  habiendo ganado pruebas físicas y teóricas, con excelentes resultados en el campo de juego. Ninguno podrá decir jamás que en mí encontró irresponsabilidad o mediocridad  porque mi trabajo fue  impecable, porque di lo mejor de mí siempre y con honestidad.
No sé cuántas vallas me pusieron al paso y todas las salté porque estoy acostumbrada a correr entre obstáculos, no quedó en mí no ser árbitra internacional, sino en la cobardía de quienes no supieron ver en una mujer la capacidad  de dirigir con igualdad de condición un juego de   fútbol tanto de hombres como de mujeres,  no quedó en mí, sino en quienes en su machismo primero quisieron darle gusto al pito y segundo al pito y tercero al pito.
Ciertamente se supera la frustración, el dolor, la rabia, la cólera, la depresión y también se sale del culo del abismo, cambié de cáscara, cambié de plumas como las gallinas, cambié de piel como las serpientes, cambié de uñas como las águilas, tuve que emigrar para lograr ver el ocaso en otro horizonte.
Soy mil usos sí,  y es dignidad pura, como vender helados, no cambiaría ni un solo día limpiando baños por la “oportunidad” de ser arbitra internacional.  Ese mundo de compra-venta no es para mí, abría empezado abriéndome de piernas con la comisión arbitral nacional,  y “distinguidos licenciados” de la Federación de Fútbol, luego con UNCAF, después con CONCACAF y así, para poder aparecer en un torneo internacional. Con esto no quiero dar por sentado que todas lo hacen.
Renuncié a tiempo, y también nueve años  y ocho meses  han sido precisos para superar aquella frustración.
Siendo árbitra internacional jamás abría logrado expresarme,   como me ha sucedido estos años con mi bitácora, como lo hago con la poesía, -así machetona como yo sin rima-  estaría ahogada, enmudecida, ensimismada. Pero claro eso lo vengo a comprender ahora que ya me encuentro fuera de aquel abismo.  Y sí, solo con el tiempo, solo ahora que las heridas ya sanaron, solo ahora que mi visión está clara.
El año pasado colgué el gorgorito, fueron doce años trabajando en campos de Guatemala y Chicago,  dirigiendo partidos con equipos de varios países, fue de cierta forma también ser árbitra internacional pero sin reflectores.
Hoy es como  hacer el nudo ciego, el remache, cerrar la puerta, engavetar el uniforme, ver las cicatrices de las heridas y  afirmar que no acabaron conmigo, con mi voluntad, con mi esencia, con mi energía, con mi ilusión.  Ciertamente fui una de las primeras árbitras de fútbol de Guatemala, tan honesta en su trabajo que quienes estuvieron en la Comisión Arbitral en aquellos años no pudieron con tanta integridad: ¡la del arrabal!
Dirán esa Ilka hija de puta tiene un ego, no es ego es honra y ningún pisado con saco fino, rastrero y come mierda va a venir a cabalgar en el lomo de una yegua crecida en el monte y alimentada con zacate de ladera.
Pienso en este instante en el puñado de patojas árbitras que tiene la ilusión que yo tuve un día, sepan que no soy resentida –como suelen tildarme- y que sí deseo que ustedes hayan encontrado el camino sin tantas espinas como lo encontré yo. Traté a mi manera de chapear lo más que pude, porque en ningún momento dejé de pensar en quienes veían atrás de mí.
Hoy desde la lejanía de la migración indocumentada,  en mi oficio de mil usos,  desde los tejados de mis bitácoras, desde el lente de mi cámara las veo: entrenando, sudando, soñando, como un día lo hice yo:  las aplaudo, las exhorto, hay que derribar esos muros, hay que crear un mundo de inclusión, donde el género no sea  un pretexto e incitación a una vejación.  Quienes quieran abrir las piernas háganlo están en su derecho, después no se quejen de ser vistas como mercancía, como objetos,  el trabajo y la capacidad se demuestra en el campo de juego no en la cama.
En mí siempre encontrarán arcilla pura, de ladera, ningún doble juego, ningún resentimiento. Me alegra saber que después de haber estado sola dentro de aquella manada durante cinco años, hoy ustedes tienen compañeras, que las apoyan, que las abrazan, con quienes caminan hombro a hombro.
Desde lejos las veo, son el reflejo de aquella patoja que un día fui.  Adelante compañeras, colegas: Ilka no es un mito, existo, un día estuve donde ustedes están en este momento.
A todas en general les digo: cuiden sus cuerpos, sus almas, que ningún, gafete, ningún juego, ningún torneo  por muy internacional que sea vale la dignidad.
Y como tampoco es chinchilete con esto cierro la puerta a aquel laberinto que tanto me atormentó.  Llegó el día del nunca jamás.
Posdata: en mi corazón anida el agradecimiento eterno por aquellos pocos compañeros varones, que confiaron en mí y en mi capacidad y que hombro a hombre hicieron mis entrenos y mis frustraciones más llevaderas, desde aquí los abrazo con mi alma y corazón, su Negra no es un mito, es de carne y hueso y los quiere.
 
 
Ilka.
Julio 10 de 2013.
Tabucolandia.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

2 comentarios

  1. Me alegra haber tocado tus emociones…podría decir muchas más cosas de tí, y fue algo espontáneo resaltar esa faceta tuya que para mí, tiene mucho valor…y más aún ahora que cuentas todos los detalles que rodearon esa experiencia tan importante para tí..abrazos

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