Un paréntesis.

Hoy debería de estar escribiendo la historia semanal de Transgredidas llevo atrasado un día, debí de publicarla anoche o a más tardar hoy en la mañana y no lo hice;  ni la escribí  ni la publiqué. Tampoco he escrito la de Los Emigrados seguramente lo haré en el resto de la semana o me ponga en huelga y publique ambas hasta la siguiente. Es lo que admiro de las  periodistas columnistas que llueva, truene o relampaguee está su artículo puntual yo aún no he llegado de  a ese grado de madurez ni de responsabilidad y no es excusa, a mí me cuesta mucho mantener el cerebro el orden: por secciones como las de mi bitácora.
Hay días en que entrás en conflicto aunque a mí me sucede todo el tiempo, tengo mil pensamientos lanzando dardos en mis sesos, más de alguno da en una neurona, otro  en una hormona, alguno que  tocará en  el núcleo de una célula, otro provocará un arco reflejo y así mi materia gris se encuentra en constante alerta como hoy, como en verano más que en el resto del año.
Algunas personas entran en depresión cuando llega otoño e invierno, en cambio yo me inquieto en verano no hay nada ni nadie con lo cual o con quien yo encuentre sosiego, ningún retozo de ocasión, ninguna buena lectura, melodía, deporte o noche cundida de estrellas, ninguna luciérnaga o canto de grillos que logren aplacar esta necesidad de correr hacia la frontera, se profundiza en canícula.
El verano es precioso si tenés tiempo para disfrutarlo y a mí me recuerda mucho Guatemala porque el zacate crece y florece, porque hay tonalidades de verdes, porque llueve y cae granizo, porque hay humedad, porque comés sandías, podés salir en caites y ropa ligera, claro  está la otra cara y es que si trabajás al aire libre el verano te curte. O que tus seres queridos estén en tu país de origen, tu intranquilidad es constante.
Pero con todo y lo bonito del verano lo vivo inquieta, en capilla ardiente, alerta y me tranquilizo hasta que llega otoño con sus vientos fríos y acampa por fin el invierno con sus copos y su nieve.
Soy una persona extremadamente pasional y emocional, estoy aprendiendo a tratar de controlar mis emociones pero lo pasional dudo que logre amansarlo, yo vivo cada instante, cada circunstancia con todo mi ser, así que si estoy alegre levito, si estoy deprimida me desbarranco hasta caer en el culo del guindo, si tengo ganas de llorar lloro y no me importa en dónde esté en ese momento,  soy una desquiciada en todo el sentido de la palabra.
La razón de mi inquietud en verano no viaja directamente hacia Guatemala y hacia mis nostalgias por lo general, al contrario se estanca en la frontera, en el infierno de junio hasta septiembre: la frontera ésa que miles conocemos y de la que muy pocos salimos con heridas pero vivos.
Negar mis cicatrices de frontera sería negarme a mí misma, en más que una ocasión me han dicho que es curioso que alguien que escriba tan bonito haya emigrado, yo agradezco siempre los cumplidos y las lindas palabras pero a mí lo que me convirtió en escribana fue la frontera: sus cicatrices, sus dolores, sus silencios, sus temores, yo si he de pertenecer a un lugar diría que a la frontera ahí conocí la perversidad humana y también  paradójicamente la terneza.  De haberme quedado en Guatemala usted muy probablemente no estaría leyendo estas letras hoy. Seguramente estaría inmersa en el mundo de la docencia y del deporte, no tendría ninguna bitácora y todas estas palabras que se han vuelto viento seguirían como escarcha en  mi alma montuna. Lo que me ha convertido en escribana y poeta ha sido mi experiencia en tierra extraña, esta acumulación de recuerdos, de miedos, de tormentos, estos años caminando en senderos desconocidos, tratando de aprender una lengua extraña, acomodándome a un techo rentado. Lo que me ha convertido en escribana es esta lucha interna con mis infiernos.
¿Por qué Transgredidas y por qué Los Emigrados? En este instante en que escribo estas letras estoy sentada en una cómoda silla, con el lujo de la frescura del aire acondicionado, hay comida en el refrigerador, agua pura para empacharme, pero en este mismo instante en que escribo también hay cientos que están agonizando en las fronteras de todo el mundo: quienes se ahogan en el mar, a quienes devoran los tiburones, quienes mueren electrocutados en una malla fronteriza, quienes se ahogan en la sequedad del desierto, quienes se desbarrancan en montañas, quienes se ahogan en los ríos, a quienes violan, a quienes matan, a quienes torturan, a las niñas que despedazan, a las mujeres que perforan, a los niños que somatizan… Sí, en este puto instante.
Cruzar la frontera  y fingir amnesia, cruzar la frontera y venderme al engaño de una estabilidad económica, emocional y física es desleal, es negarme, guardar silencio es traición, porque para estar aquí yo crucé una frontera y ésa frontera tiene voz propia, un corazón palpitante, un zanjón. Cementerios clandestinos, rieles  y vagones de tren, autoridades abusadoras, cárteles de droga y de trata de personas.  Y venir vos con tus once ovejas y sentarte jampona  en la hamaca veraniega bajo un sauce e ignorar a quienes vienen caminando sobre las huellas que vos dejaste, a eso yo le llamo traición.
Si fingís olvidar, si fingís ignorar, si fingís no ver, no escuchar y no sentir: el eco, el dolor, el suplicio, el llanto, la llamada de auxilio, el quebrado, si fingís no darte cuenta entonces ¿Para qué  te sirve la letra? ¿Para qué tu enajenación? ¿Para qué tu locura?
Siempre he denunciado desde  mi primer relato, esto no es nuevo para mí, lo que sí es nuevo es ordenar por secciones las historias, yo les dejo a la inteligencia de sus dos dedos de frente deducir si  son reales o si son invención de mi locura.  Tener una bitácora y voltear la espalda a la realidad y sumergirme egoístamente en mi órbita de víctima – de la vida, del aire, de las lunas y de los charcos- sería como darle el tiro de gracia a mis letras. Sí, durante mucho tiempo me victimicé ahí yo dándome latigazos en la espalda, tetuntazos en la cabeza, llorando a moco tendido mi suerte, hasta que de tantos golpes de cabeza contra la pared vi que  no la iba a poder derrumbar solo estaba haciéndome daño, entonces fue que desistí y terminé por salir del cascarón, fuera de ahí la vida es distinta… Ahora me toca aprender a vivirla.
Mañana morirán otros cientos  y pasado mañana también, y el otro el mes y el siguiente,  nadie abogará por sus vidas, nadie probablemente los reclamará, serán cientos las niñas transgredidas que mueran en soledad, las prostituidas, las secuestradas, las golpeadas, serán cientos los hombres esclavos…  Y por si  fuera poco tocar la tierra del país que llegada  y darse cuenta que nada, que absolutamente nada es como lo contaron, como lo pensaron, como lo soñaron.
¿Por qué en verano? Hay menos guardia fronteriza, porque el clima engaña y es en verano cuando más migrantes mueren en las sombras del viaje de indocumentado, alrededor del mundo.
Yo soy parte de esos doce millones,  que habitan en Estados Unidos, un día me meterán en un costal y llegaré enchachada a mi natal Guatemala, en uno de esos tantos vuelos, o pueda ser que nunca suceda y que envejezca  o que en algún momento así como me vine, agarre camino –y así como llegué-  retorne con una mano adelante y otra atrás.  No me ahuevo, soy mil usos y comida la encontrado con mi propio sudor.
Lo que sí sé es que mi locura se emancipó y que defenderé con uñas y dientes su libertad así sea con mi propia vida. Estas palabras de hoy probablemente no tengan concordancia alguna para usted, ni ritmo, ni candencia, ninguna se entrelaza con la otra, ni los párrafos de abrazan, cosa que me tiene sin cuidado la locura solo las personas enajenadas la entendemos, y las cicatrices de frontera  y de emigración solo quienes las llevamos en el alma.  Es verano   y en canícula se desata mi demencia ahí vea usté si se viste y se va.
Ilka.
Junio 18 e 2013.
Tabucolandia.

3 comentarios

  1. Yessenia Farfán

    with out comments, wonderfull

  2. ok. Lika gracias por este paréntesis, tod@s deberíamos hacer paréntesis todos los días para ser mejores personas!!!!!

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