Maya Cu: los caminos de la vida.

Hay una vallenato colombiano que reza así: “Los caminos de la vida no son como yo pensaba, como me los imaginaba,  no soy como yo creía. Soy muy difícil de andarlos, difícil de caminarlos y  no encuentro la salida…”
Es una de mis canciones favoritas pues  me recuerdo patente en mi adolescencia  en Ciudad Peronia  escuchàndola  en las mañanas mientras barría el patio de la casa con escobillo.
Los caminos de la vida parecieran muchas veces intransitables, sin embargo siempre hay una manera de andarlos ya sea por medio de atajos  o veredas al final siempre terminamos encontrándonos con el camino real.
Maya apareció en mi vida de pronto comentando mis escritos en mi página de jetabook  me llamó poderosamente la atención su grado de madurez, de conciencia y sobre todo la humildad. Me atrapó saber que tuvimos una infancia muy similar con eso tuve.  Entonces comencé a talonearla hasta que la  hice confesar que es poeta  de alcantarilla y  eso fue suficiente para guindarme de ella como racimo de guineo maduro. Comencé a buscar más de su obra y fui leyendo poema tras poema, ¡me cautivó! El poema que nace en los arrabales siempre tiene la savia de la honra, respira conciencia y rebeldía. Allí nacemos las putas y los drogos, los huele pega y los talentos más honrados que el terruño pueda parir.
Tiene varios libros publicados y con todo y todo el mosh no se le ha subido a la maceta y sigue siendo tan orginal como la niña que vendía nuéganos y chilacayotes en dulce.
Insisto, ¡qué pencas de mujeres las que crecen en las cepas de mi terruño!
Dejo con ustedes mi atrevimiento de entrevistarla que ella amablemente aceptó  el reto con la condición de que al último gol la playera, no, no, me equivoqué aquella  es de atletismo entonces el reto fue que quien llegara de último le tocaba h  invitar a dos escudillas de atol blanco y  a tres tayuyos. ¡Me ganó, yo para carrera de velocidad soy una vaca echada! Me toca caerme con el atol y los tayuyos. Aquí nos cuenta cómo ha hecho ella transitables los caminos de la vida…
Realmente es un poco impersonal realizar una entrevista vía electrónica pero en esta instancia de los horizontes de la emigración es la herramienta que tenemos al alcance, ya se nos hará de sentarnos a soloquearnos un perol de atol blanco y un comal de ticucos de flor de ayote.
Cautivó mi atención, bueno digamos que la engasó, la apercolló y la enamoró saber que sos de periferia, mujer de arrabal y de alcantarilla del mismo charco donde se honra tener una tortilla con sal para comer, es decir que venís también subiendo la cuestona…
Pues sí, vengo de la orilla de un barranco…  y no quiero que se me olvide y que mi hija lo tenga muy clarito:  nacimos y crecimos a la sombra de los encinos, jocotales y limares…  pero no quiero volver al piso de tierra, a la cocina de leña, al techo de lámina.  La lucha por una vida digna significa entender que la pobreza está aquí, que es parte de nuestra identidad y nuestra vida, pero que, como dice una de mis maestras, María Antonieta García Ocaña,  la pobreza del campo es más digna, la de la ciudad es perra…  en el campo salis a cortar hojitas, yerbas, frutas, a recoger los huevos de las gallinas, aquí, si no tenés pisto te morís de hambre.
La pobreza en la ciudad es indigna y yo quiero vivir dignamente con mi hija, trabajar duro y tener lo que necesitamos y lo que merecemos.
En una reunión familiar le preguntaron a mi hija si seguía yendo a la pintura y dijo que no (dejó de hacerlo porque decidió participar en un movimiento juvenil), entonces mi mamá le dijo algo que yo olvidé: “aprovechá, mija, porque tu mamá cuando tenía tu edad me dijo que le gustaría tener una guitarra y yo no pude comprársela nunca”…
Contáme un poco de tu infancia, ¿encontraste vos poesía en la miseria? ¿Fueron para vos prosa, las madrugadas? ¿Encontraste versos en el hambre?
Lo que más recuerdo es la tristeza.  Era duro acarrear leña, vivir en una casa de madera, el miedo que dan las tormentas bajo las láminas y pensar que en cualquier momento se van a volar…  y miedo, porque estaban aquellas leyendas de la llorona, que si llora lejos está cerca  y viceversa.  A nosotras nos metió miedo don Héctor Gaitán y La Calle donde Tu Vives…  pero lo que realmente me aterraba, era cuando mi mamá había salido a vender y pasaba la hora de su regreso y no llegaba.  Eso era horrible.  Si daban las ocho, las nueve de la noche y ella no aparecía, me imaginaba lo peor.  Pero ella llegaba y traía los canastos vacios.  Entonces sentía todo el alivio del mundo.
Lo que si recuerdo muy bien, es que de niña no sufrí hambre. Una de mis hermanas recuerda que iba a pedir fiado a la tienda, pero eso si no tuve de niña.  Fue hasta la adolescencia, en los trajines del instituto, las prácticas, el teatro… y luego cuando empecé a estudiar en la U y a trabajar y a vivir sola… entonces sí,  tenía que tragar saliva.
Quienes me acompañaron durante la infancia fueron los libros de cuentos que un amigo de mi papá traía de los escritores cobaneros.  Y un cuaderno de poemas y canciones de mi papá, que lo tenía por ahí rodando. Yo lo conocía de principio a fin.  Ese fue mi primer acercamiento a la literatura.
Es probable que todo eso sea lo que aflora en mi poesía cuando empecé a escribir. Es algo inconsciente.  Aunque los primeros años, me dediqué a hacer un calco de la poesía de Oto Rene Castillo y otros poetas.  Tuve muchas críticas por eso, hasta que luego del primer taller de poesía, empecé a sacar mi propia voz.
Una de las imágenes recurrentes en mi poesía es el barranco, la montaña, eso sí está claro, porque si recuerdo muy bien como desde muy chiquita, el barranco de la casa y la montaña me intrigaban sobre manera. Siempre me preguntaba que habría más allá, detrás de esa montaña. Al crecer lo supe, claro, pero sigue siendo una imagen importante en mi vida y en la poesía…
Pero nunca hablaba. Era muy tímida, reservada y apartada. Así que esos pensamientos se quedaron guardados en mí.  Lo que si solía pensar era lo que podría hacer de grande, en todos los sentido que “grande” pueda tener para una niña.
¿Desde niña sentiste el deseo de escribir? ¿Cómo nació en vos el primer poema? ¿A qué edad lo escribiste? ¿Lo recordás? Empezaste a escribir a finales de los ochenta, es decir ya no eras una adolescente.
De niña me encantaba leer, más que escribir.  Eso de la poesía empezó tal vez como una curiosidad.  Resulta que a los doce años, cursando sexto primaria, una maestra nos dio una charla de esas en las que aconsejan a las niñas sobre los problemas de la vida.  Luego nos pidieron que escribiéramos lo que pensábamos de lo escuchado.  No recuerdo que escribí, lo que recuerdo bien, es que mi maestra quedó muy impactada y me pidió que ahora diera yo la charla a mis compañeras.  Una de las cosas que puse en mi escrito fue: “en el año dos mil la población será de 15 millones de personas”. No sé de donde saqué eso, pero imagínate, nuestras maestras eran esposas de militares, cabezas huecas que no nos enseñaban nada y eso la ha de haber impresionado mucho, viniendo de una niña de 12 años.
Y el primer poema fue tal vez a los 16 o 17, ya estudiaba magisterio y vi una imagen en un periódico que me hizo llorar: un niño de 12 cargando un fusil… si lo volviera a ver me ahogaría en el llanto de nuevo.  Luego, participé en un movimiento de arte popular y en la revista de esa escuela publiqué por primera vez un poema para mi papá.  Recibí buenos comentarios. Por supuesto que todo eso ya se perdió…  y si lo leyera ahora no sé qué reacción tendría, porque mi papá es lo peor que nos pudo pasar a mí y a mis hermanas (exceptuando los libros y el deporte que nos enseñó, sé mucho de atletismo)
Sé que incursionaste en teatro, música y canto. ¿De ese ramillete de actividades cuál es la que te llena más el alma y los sentidos? Siempre hay una pasión imposible de arrancar del corazón, la mía es el fútbol, ¿acaso la tuya es la poesía?
El teatro fue mi gran escuela de vida en la adolescencia.  Aprendí miles de cosas, porque hice teatro profesional, siendo una estudiante aficionada. Mi maestro, don Rolando Cáceres, decía que el teatro para estudiantes debe ser con estudiantes. Así que recorrió varios institutos y escuelas y de ahí salió el elenco para montar la obra DIOSES Y HEROES DEL POPOL VUH. En ella no había estrellas ni actores principales.  En cada momento hubo protagonistas diferentes.  Fui la princesa ixkiq.  Pero como también estaba en la otra escuela de carácter popular, me fui quedando con lo popular y lo profesional fue dejado de lado.
En esa misma escuela aprendí flautas andinas, canto, marimba, percusiones menores, charango… y teatro popular.  Me quedé al final enseñando teatro a jóvenes y niños.  Incluso una vez implementamos un taller de baile y nos tildaron de locos.  Ahora en los mismos espacios funciona la Escuela Superior de Arte de la USAC.
En la universidad en el año 88 conocí a una compañera que pertenecía al Coro de Derecho y ella me vio en la escuela popular y me invitó a integrarme a dicho coro.  Me quedé hasta el año 2004.
De todo eso probablemente lo que más extraño es el coro.  Bueno, no ese coro, porque se quedó como estancado en el tiempo, a tal punto que si vuelvo mañana, me sería muy fácil reintegrarme, porque estarían cantando las mismas canciones…
Sé que sos en Guatemala una de la poetas más importantes de la nueva generación. He leído desde el extranjero tus versos y huelen a periferia, saben a café de tortilla, a noche fría con goteras en la lámina, tienen la huella del racismo y de la enajenación, tu poesía es denuncia de rebeldía, de ahogo, de grito sonoro, ¿por qué?
Bueno, y todo eso que dices, vuelvo a lo que dije antes, es inconsciente, no es intencional.  Lo que he escrito hasta la fecha es lo que siento.  Es con el tiempo y con los comentarios de otras y otros poetas de acá, mis amigos, y de otros poetas de fuera, que se hace consciente esa necesidad de mantener las raíces, las de clase, las de etnia.  Aunque realmente soy muy urbana, no tengo como muchas cuestiones que me identifiquen como indígena o maya… o más bien,  que me hagan entrar en el estereotipo de lo que muchos creen que es ser maya.
Me mantengo vinculada al movimiento social, sobre todo al indígena o maya, como prefieren llamarse ahora; mantengo buenas relaciones con el mundo editorial, ya que dirigí la editorial Saqil Tzij, de PRODESSA, durante más de dos años;  pero mi opción preferencial, mi opción política, es el movimiento de mujeres.  Soy feminista activa, aquí y en Mesoamérica, como poeta y como comunicadora, aunque eso ha sido difícil estos dos últimos años, por mi situación económica y por una enfermedad asociada a la menopausia.
Si me hubieras conocido de joven y me vieras ahora, realmente los cambios son pocos. Mi ropa favorita es el pantalón, las playeras, sin brasier…  es mas por convencionalismos que he aprendido a jugar hasta como vestirme según la ocasión. Si me toca ir a un lugar como el colegio de mi hija, evito ponerme güipil, por ejemplo.  Si voy a ir a una reunión con alguien de una organización maya, me vestiré con lo más parecido a un traje regional que tenga.
Si se trata de una marcha, ya sabes, pantalón, tenis…  eso sí, mi pelo siempre largo, con la diferencia que luego de haberme enfermado de gravedad el año pasado, aguantás que lo tengo ondulado!  Pero siempre fue liso, liso, que se me cae cualquier cosa que me ponga en la cabeza…
Hace poco hicimos un homenaje a Luis Alfredo Arango. Creo que Arango y Sabines son para mí el ideal de sencillez en la poesía. Como dice la expresión, cuando sea grande, me gustaría ser como ellos.
Y además, quiero mantener la coherencia a toda costa. Soy pobre, nací pobre, con conciencia de clase, con una fuerte conciencia histórica y a veces, aunque no lo quiera, eso sale en mi poesía y en todo lo que escribo.
Aunque tengo una formación en sanación y neuropatía y actualmente existe una tendencia a decir que seamos optimistas y alegres todo el tiempo, no puedo.  La clase y la rebeldía se me salen a cada rato por los poros.
Tu poesía ha cruzado las fronteras del terruño, extendió sus alas y voló hacia otros cielos, creo que vos le diste hilo y le enviaste tal como a los barriletes, un telegrama para que no olvidara el suelo donde la plantaste ¿cuántos países?
Mi poesía tomó vuelo gracias a varias cosas que se conjugaron: trabajé con un gringo por 6 años; he viajado por cuestiones de trabajo y militancia comunicativa a Centro y Sur América; alguna vez don Akabal declinó una invitación a DeLand, en la Florida y ahí terminé yo al lado de grandes poetas cubanos…
Por la poesía en sí, he estado en DeLand, Florida; Granada, Nicaragua; Tegucigalpa, Honduras; San José, Costa Rica y en Caracas, Venezuela.
Como indígena y comunicadora, en México, Centro América, Perú, Argentina, Holanda y Cuba.
¿Pensaste vos que el viento soplaría tan fuerte para que ese barrilete de Odas alzara tan alto el vuelo?
No, nunca.  Si, desde niña mi sueño de viajar no sé por qué me llevaba a la selva venezolana y Brasil,.  Hasta soñaba con animales sacados de los libros de Oscar de León Palacios (quien por cierto murió el hijo el año pasado) pero no, nunca me imaginé estar donde he estado…
Contáme un poco de tus libros la soñada primera publicación, ¿cómo llegó? ¿Cuántos libros has publicado desde entonces?
Ah, eso también fue algo inesperado.  Marco Antonio Flores, vino en el 93 a dirigir el taller de poesía de la USAC.  La invitación apareció en la prensa, en un pequeño anuncio. Estuve ahí desde el primer hasta el último taller (del 93 al 98).
Luego de varios años de participación, el Bolo nos llamó a un grupo de poetas para invitarnos a publicar en la Editorial Cultura, pues el director era su amigo, don Juan Fernando Cifuentes (un ex militar bien atípico, que dio espacios a mucha gente ahí y en su editorial Palo de Hormigo)
Dejame contarte que el Bolo nunca emitía un juicio hacia quienes participábamos en el taller.  El hacía que nosotros leyéramos y que el resto nos hiciera pedazos o nos pusiera en un pedestal.  Así de cruel.
Pero esa invitación que hizo, fue para 6 poetas, una no aceptó y el resto sí. Fui la única mujer y además con rasgos indígenas. Esa fue para muchos una muestra pública de quienes éramos los favoritos del Bolo.  Nos decían “los hijitos del bolo” pero no, no había tales.  Una cosa chilera es que la mayoría de quienes pasaron por el taller, si se sintieron incluidos, felices cuando salió el libro, era como si ellos también estuvieran ahí.
Así fue como salió la antología NOVISIMOS en 1997.  Sabemos que tuvo un impacto, para los cinco fue nuestra primera publicación y fue todo un acontecimiento. Ha sido tan fuerte y como un parte aguas en la literatura nacional, que don Juan Carlos Escobedo Mendoza, de la pagina de literatura guatemalteca, hasta creó una sección en su página para los más jóvenes con ese nombre.  Claro, el nombre no es tan original,  también hubo uno con el mismo nombre en España.
El segundo fue más romántico: el mismo bolo, solo que ahora con don Oscar de León, creó una colección de poesía del siglo XX.  Las presentaciones eran casi cada mes, los libritos bien hechos, bien editados, elegantes, sobrios.  Y ahí estábamos todos los del taller. Y todas.  Pues, cuando fue el turno de don Francisco Morales Santos, uno de mis héroes de la adolescencia,  leí uno de sus poemas.  Al final, pasé en la fila para que me firmara mi poemario.  Cuando me preguntó ¿Para quién? Le dije: para Maya Cu.  No escribió nada y me preguntó: “¿usted es Maya Cu?”, si, le dije. ¿la poeta? A ese punto yo toda colorada y nerviosa, porque ahí estaba su esposa.  Me dijo, quiero platicar con usted.  Y así salió mi segundo libro, La Rueda, con la Editorial Cultura.
Ahora contáme de Maya la niña que vendía. Recuerdo que un día comentamos que vos vendías higos y yo helados. Una con hielera y otra con canasta. ¿Eran higos en miel, chilacayotes? ¿Qué vendías? ¿A dónde ibas a vender?
Desde los 7 años acompañé a mi mamá a vender. Dulces en conserva, chilacayotes, higos y camote. Cuando era temporada, coyoles, ayote, coco o manzanilla.  Pero cada fin de año vendíamos en Calzado Cobán, ahí frente a los almacenes Magno y Maegli.  En la esquina opuesta al mercado central. Ahí vendíamos tarjetas navideñas.  El mero 24 nos daban las 9 de la noche despachando tarjetas a las empleadas de los almacenes del sector.  Mi mama fue la pionera en vender tarjetas en la calle.
Luego también vendíamos nuégados tostados. Son así, pequeñitos, como de un centímetro, tostados y bañados en miel de azúcar.  Aquí son novedad, esos solo se venden en Cobán.
Aparte de la novena avenida y el mercado de acá, en Santa Luisa, nos íbamos a las ferias. La del 15 de agosto y la del Cerrito del Carmen.  Y mis hermanas y primas a otros mercados.
Además, por temporadas, mi mamá armaba unos tanates enormes de ropa usada que compraba en los baratillos y se iba a vender a Jalapa, Quiché, y otros lugares.  Una vez la acompañé hasta Uspantán. Nos quedamos a dormir en el corredor de una casa, pero en la calle, en medio de la venta. Vimos a un grupo de soldados emborracharse en una cantina. Y escuchamos disparos ya entrada la noche….
Sé que sos maestra, contáme de la hazaña de terminar la carrera, ¿en dónde estudiaste?
Me hice independiente a los 14 años, al salir de primero básico y entrar a segundo. Fui becada desde ese grado hasta graduarme. Era brillante, no tanto en básicos, exceptuando la declamación y la oratoria, pero si en el Magisterio,  fui de las mejores alumnas, además de estar en la escuela de arte popular y en el grupo de teatro Maíz y Jade. Así que no fue difícil. Lo complicado fue que en mayo del 97, año de mi graduación me enfermé de gravedad. Me dio varicela y casi me internan en el hospital. Volví a caminar y hablar. Así de grave…  tuve que hacer cartas, trabajos extras, pero bien.
El día que volví al instituto, la maestra de práctica docente me dijo que no me iba a incluir con las demás, porque ya había cerrado y entregado cuadros. ¡Mis compañeras no hicieron ni dijeron nada!  Solo decían “mañana íbamos a ir a visitarte a tu casa”. En fin, me puse a llorar y a alegar a la maestra y me dijo que no y que no.  Entonces me salí de la clase y le hablé a la auxiliar.  Ella era muy cariñosa conmigo. Me llevó a la dirección y la secretaria dijo que la directora estaba ocupada, que ahí estaba la supervisora.  Pero al verme llorando inconsolable, entró y avisó.  La directora nos dijo que pasáramos adelante. La maestra y yo le contamos el caso, y todas estaban al tanto, porque les mandé una carta que venía firmada y la señora de las becas era muy solidaria y las tenía al tanto.  Lo más increíble, fue que la supervisora dijo que llamaran a la maestra de práctica y que tenía que darme la oportunidad, porque fue por enfermedad. Además, que ella me conocía y que sabía que era una gran declamadora…
La maestra tuvo que tragarse que le diera órdenes la misma supervisora delante de mí…
Mi examen de graduación fue la nota más alta.  Claro, toda la bulla del acto, anillo, banderas y esas cosas para mí no eran importantes…
Un día comentamos un poema mío que hablaba de vivir en las alturas, pero esas alturas se referían a la invasión en las orillas del puente del Incienso, vos decías que te había tocado vivir pero en el culo del guindo de un barranco. Fue algo así, decime vos patoja de alcantarilla ¿allá abajo cómo se vive?
Quitando lo de la pobreza y las carencias, vivir a la orilla de un barranco es chilero. Podes vivir una aventura cuando se te pega la gana, bajar a recoger hojas secas, a resbalarte, a subirte a los arboles… nuestro sueño con una hermana era hacer una casita… nunca lo logramos, pero ahora tengo otro: hacer un huerto de árboles frutales y plantas medicinales…
Creo que tenemos que buscar nuestra botella de cusha porque la charla se está poniendo buena, o de perdida un perol de Incaparina. ¿Cómo mirás vos esta abstinencia por la lectura, la originalidad y creación de nuestra enajenada juventud?
El estado guatemalteco ha hecho bien su trabajo. Con esconder la realidad y la historia para la gente urbana, les ha bastado para que cada vez crezca más la apatía de la juventud por todo.  Nadie se compromete, poca gente es solidaria, todo se hace en base al poco esfuerzo y hay una impunidad campeante por todos lados. Solo ayer un tipo me tiro cerveza en una camioneta en la mañana y por la noche, nos querían dejar tiradas por el Conservatorio, sin devolvernos pasaje y bajo la lluvia… si no es por una patrulla de la policía que pasa…
Hace unos días decía en un comentario respecto a lo mismo: a la gente no le interesa nada, la vida es comer, cagar, chupar y lo más moderno en tecnología. Así de simple y asqueroso…
Hacé de cuenta que solo estamos la dos sentadas en una hamaca con la luz del candil guindado en una pared de adobe en un pueblo tan remoto, donde solo se escuchen los retumbos del río que en verano fue desierto. Decíme aquí entre nos, ¿ qué hay en el corazón de una poeta? ¿Qué hay en sus poros, en su mirada? Decime vos, ¿qué melodía canta su alma cuando no puede llorar? ¿Cuándo no encuentra en el abrazo humano la tibieza de un medio día de abril? Yo quiero que me digás Las Razones que alimentan su locura.
No sé…  por ahora no sé… la vida es la materia prima para la poesía, para la vida misma… pero no sé, ahora no tengo mayor cosa que decir, no he escrito en muchos años.
Gracias por tu confianza y por permitirme este tushte tecnológico estando a miles de kilómetros de distancia y separadas por tres fronteras, que se hicieron agua hoy con el invierno. Dejo este espacio por si gustás agregar algo.
El arte no salva al mundo, pero nos salva a nosotras mismas…  parafraseado de muchos amigos y amigas artistas…
Adjunto el audio de su poema Razones. Que me atreví a grabar. Salida la otra va…  http://www.youtube.com/watch?v=fMIhyDhkqfg

4 comentarios

  1. Como siempre Ilka, me lográs conectar con varios mundos. A travez de tus palabras he logrado conocer a mi wachala Maya Cú. Gracias por todo esto

  2. 33 años ha que El Tal se estaba secando la espalda en la linea del tren que de San Diego lleva al norte de ese pueblo y de este pais. Recien llegaba viajando en una camioneta desde ChulaVista (la infame carcel de inmigracion). Al subirse empezo a echar monedas en el deposito, hasta que el chofer le dijo ¨datsinoff¨. Por supuesto que lo que entendio fue el gesto de la mano, mas que las palabras. En la linea se humedecio el indice y pa´donde soplaba el viento, empezo la caminata de 33 añejos. Que como cualquier ciclo en el ser humano lleva de vuelta al origen. Ese origen que se ha pregonado orgullosamente en cualquier ambiente que se ha desenvuelto. Guatemala!
    Se ha recibido de tocho morocho. Discriminacion, rechazo, desprecio, golpes, insultos. Al igual que aprecio, acercamiento, aceptacion, caricias, alabanzas. Es el menu que le presentan a las personas. Propios y extraños en todas partes del mundo. Ya esta en uno el usarlo de la manera mas conveniente.
    Ha sido un camino largo.
    Ahora se viene el retorno hacia la genesis.
    Vuelta a lo propio!
    Un tranquilo Memorial Day (Dia de los caidos), los deseos.
    Fraternalmente, el tal Parroquia

    • Uno vuelve siempre
      a los viejos sitios
      donde amo la vida
      y entonces comprende
      como estan de ausentes
      las cosas queridas
      por eso muchacho no partas ahora
      soñando el regreso
      que el amor es simple
      y a las cosas simples las devora el tiempo”.
      Siempre el retorno es un ir y venir, circular, rotatorio porque aunque el cuerpo esté en un lugar la mente está en otro. Abrazos.

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