Imagínese usté.

Estaba parada en la esquina de la calle esperando a que cambiara de color la luz del semáforo para cruzar, estaba sujetando mi bicicleta iba a la gasolinera a echarle aire a las llantas y entonces lo vi en un carro de doble tracción de modelo reciente.
Le alcé la mano saludándolo y sé que me vio pero se hizo el desentendido, pensé este pobre cuate cayó en la trampa. Es común que cuando alguien llega a este país se ilusione con la falsa esfera de comodidad y riqueza. Generalmente.
Salí de la gasolinera y pasé a la tienda de la esquina justo ahí me topé con él entre las estanterías de abarrotes, lo saludé y en forma de broma le chuleé su carro, lo vi como pavo real, como gallo de gallinero sin tapezco, esponjado como la flor de algodón en tiempo de cosecha – en la Pangola- entonces habló de los rines, de los sillones de cuero, del quema cocos, de la alarma para ser arrancado a distancia con solo apachar un botón.
Contó de su novia una documentada así con garbo y hasta estiró el choreque por sí yo no entendía la palabra documentada que se casaría pronto con ella para obtener la residencia de este país y que ni de loco se regresaba a Guatemala porque allá puyaban con tortilla tiesa. Me habló en inglés como sino los dos zopencos habláramos español. Lo dejé estar.
Hace dos años que lo conocí recién llegado a tierra de miseria humana venía amishado con la cola entre las patas, decepcionado de no haber hecho carrera en Guatemala en su profesión de arquitecto. Una amiga me llamó por teléfono y me pidió favor de llevar a darse un colazo en bicicleta a un su amigo recién llegado de Guatemala y que por favor le lavarse el coco. Nada de lavar cocos me limité a llevarlo a mi reserva forestal rentada y de alguna manera le hablé de los espejismos con que te condena este país si no traés tu raíz en las venas y tu identidad en los poros.
Pero al parecer él olvidó tan pronto su país y las calles empolvadas donde creció que ahora no le importa vivir en un apartamento con doce personas más pero si tener su carro de último modelo y de doble tracción, sigue sintiendo vergüenza de su trabajo de lava platos y cuando se presenta con alguien dice ensalzado que es arquitecto.
Ayer conocí a una señora guatemalteca de sesenta años de edad, me dijo que llegó a tierra de pesadillas cuando tenía quince años trabaja de niñera y percibí su vergüenza por el trabajo que la coloca en los últimos peldaños de la escalera – contándolos de arriba hacia abajo- me dijo que recién antenoche había regresado de Guatemala y que está tan peligroso que sentía pena por la gente que vivía allá y que gracias a Dios nosotras estábamos aquí a salvo. Me contó que creció en El Milagro pero que ahora su familia tiene casa en carretera a El Salvador. Tushte viejo de donde se agazapan las mentes podridas con la cruz del qué dirán, resulta que la gente de Guatemala que vive aquí o siempre han tenido casa en carretera a El Salvador o la compraron con el sueldo de sus trabajos de altos ejecutivos de empresa gringa, por que papo que van a decir que trabajan en oficios.
A la doña le pregunté sí sabía del juicio por genocidio, del Estado de Sitio y de las mineras me contestó que ella no se mete en política.
Tengo una conocida que cuando va a Guatemala a su natal Jutiapa – para mi dolor- no come gallina de patio porque ” es una shuquencia aquel potrero lleno de semillas de morro y zacate” yo pensé que por amor a la vida de las gallinas y que sino era su asco a su terruño, al sitio donde dejó el ombligo y gateó enlodada en los años de su infancia. Aquí limpia casas y a cada fiesta que la invitan tiene que llevar vestido nuevo y zapatos nuevos igual sus hijos, porque están viviendo en Estados Unidos y tienen que demostrar alcurnia.
Le he preguntado por las niguas que le se metían entre las patas cuando llevaba a aguar las vacas o cuando comía con los dedos los mamasos con sal pero dice que no sabe de lo que le estoy hablando. Entonces mucho menos sabrá que a Guatemala la están violando otra vez los soldados y los coroneles de otrora.
Y así en cada esquina la gente que ha emigrado aquí le da tres vueltas de torojil a su amnesia de país y terruño y no digamos a la de conciencia y de memoria imagínese usté cómo crían a los retoños convertidos en perfectos microbios del sistema Estadounidense.
Aquí también hay negación rotunda es mejor que estén fuera ya que si no ayudan que tampoco estorben. Tienen en lugar de sangre chilate y ése va directo a las cochiqueras de la fantasía del entelerido sueño americano.
Nada tiene que ver la visa y los cartones ya aquí chapotean en el mismo lodazal.
Ilka.
Hecha en Comapa-la Pangola- Ciudad Peronia.
Mayo 07 de 2013.

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