Me gustan las bravías y los camaradas.

Me gustan los hombres atléticos
Altos, barbados, velludos y de pelo cano,
generalmente.
Específicamente
Los de piernas rollizas que caminan en el monte cargando a tuto el quintal de máiz.
El que lleva a mecapal el tercio de leña verde, también el que comparte la media de chicha con el amigo y la luz de candil con su comunidad.
El que con sus manos grietadas repella casas ajenas para ganarse el sustento. El obrero, el campesino, el proletario.
El universitario que no adormece silente en las aulas que le inyectan rebeldía y sale a la vida efervescente sin ínfulas de letrado en realización
El analfabeta de letra pero no de corazón ni de sentimiento.
El profesional de conciencia tierna.
El padre que es amigo y hermano .
El amante que se entrega en una mirada.
El que deja la piel en un beso robado y que acaricia con el alma la sutil intimidad del amor cuando éste aun no se atreve a quedar en pampa.
Las mujeres, me gustan todas, generalmente.
Menos las hipócritas e insensibles
Me apasionan
Las sumisas que algún día despertarán.
Las que fuman, las de medias negras y zapatos de tacón, las coquetas, las sensuales, las que con su voz seducen , las que con sus manos te hacen vibrar y te despiertan los sentidos.
Las que han parido y las que no podrán.
Me enloquecen las que escriben, las que bordan, las que pintan, las desmemoriadas de rencores y castigos.
Me atolondran las que en la montaña siembran la tierra
Me inspira la poeta de alma marchita pero aun latente.
La recogedora de basura que ve de frente, honrada por su trabajo.
La vendedora ambulante que saluda el día en la madrugada.
Me enamora la que en su mirada lleva desnuda el alma y las cicatrices de sus heridas y la expone sin culpas ni miedos.
La que se sangra los dedos cortando la flor de algodón.
Aquella trabajadora sexual que acaricia utopías en cada orgasmo ajeno, esperando que llegue el suyo en una ola de mar de caricias que no tenga que cobrar.
Me deleitan las incomprendidas, las de mentes enloquecidas, las delirantes, las que alucinan, las enajenadas y alienadas por sociedades, religiones y dobles morales.
Las que con las tetas sarazas y pezones desnudos salen a gritar rebeldía.
Ustedes que de la edad de la vida hacen la fermentación perfecta, digna de un brindis entre el talpetate y el guatal.
Me seducen las migrantes del mundo entero, las indocumentadas que etiquetadas como sombras e ignoradas por sistemas barnizados de racismo y xenofobia no niegan su identidad ni la profundidad de su raíz.
La que aprende idiomas nuevos y no niega el materno.
La que nunca podrá asistir a la escuela pero que se graduará con honores en el doctorado de la vida.
La que nunca podrá escuchar estas palabras porque hoy su cuerpo está olvidado en un fosa clandestina.
Me inspiran las transgredidas que superan los horrores de la existencia humana.
Admiro a la niña que desde la infancia se convierte en mujer, habiéndosele extraviado la adolescencia en algún callejón olvidado entre el trabajo y las responsabilidades.
También me gusta la flor de pito, el chacté y la de san Andrés, la flor de izote y la tortilla con leche fresca frijoles y sal.
Me seduce el canto de las chicharras, el concierto de grillos y el fulgor de luciérnagas.
Los pishtones cuando los hace mi abuela. El atol shuco y el torrencial de agosto cuando la niebla abraza la tarde del día en que nací. El clavel rojo floreando y la melodía de quinqué.
Me conquista la polvareda de los años de mi infancia que es mi norte y mi sur.
Me gustan los abrazos cuando son sinceros y compartir mi cama cuando los ovarios maduran.
Adoro la Tricentenaria universidad de mis amores, Mi alma Mater, la conspiradora de mi conciencia de cipota de arrabal.
La venia a las cantoras, emancipadoras, las que siembran semillas en terrenos áridos, las que bajo el torrencial siguen siendo guías, las que en la oscurana son quinqués, las que no quitan el dedo del renglón, las que siguen abrazando quimeras, las que no se dan por vencidas, las ancestras revolucionarias, las rebeldes con convicción.
Las mujeres me gustan todas en general, pero en específico te amo a vos por indómita.
Ilka.
8 de marzo de 2013.
Tabucolandia.

9 comentarios

  1. Hoy… Aquí… Ahora… Se voló la barda… Una elegía a la Mujer Latinoamericana… Gracias, mujer Bravía, Indómita, Rebelde…

    • Por las de siempre, por las que vienen, por las que no se atreven pero que despertarán. Por las que luchan con lo que tienen y por las que se atreven a soñar. Besos Peroles, gracias.

  2. Un canto a la vida, de hombres y mujeres, de pelo en pecho unos y de belleza atrevida y bravías las otras, como las de tabucolandia, ambos con sueños en caminos polvorientos y en covachas de barro, de cuerpos y rostros que han sido invisibilizados, maltratados y violentados y desaparecidos por el mundo civilizado, el de las apariencias de los espejos cóncavos. Mujeres y hombres con historias borradas y sueños que una vez chocaron contra la muralla del desprecio, la incomprensión y el abandono pero que un día y desde abajo curtidos por las experiencias de la vida agreste se hicieron presentes para hacer la historia como forjadores de ella y no como una simple parte. Tan solo ayer uno de esos seres de alma indómita salido de vientre de mujer de covacha de barro y de alma también indómita se marchó. Su nombre, como escribió el filósofo madrileño, es hoy otro de los nombres de la ladera en la que nos mantenemos de pie.

    • Así es Mario. Es necesario contar con más hombres feministas que se unan al trabajo y a la lucha por erradicar toda esta porquería de sociedad patriarcal y machista. Necesitamos la equidad de género y es urgente.

  3. Vicente Antonio Vásquez Bonilla

    Ilka linda: Gracias. Porque te gusto.
    Con tu texto te llevaste la medalla de oro. Feliz día de la mujer. Besos, Chente.

  4. Buenísimo. ¡Me encanto!

  5. Querida y admirada Ilka: Llevo leyéndola desde que usted publicaba sus relatos antes de que tuviera blog y la seguido en los cambios de nombre del mismo y ahora en este nuevo que tiene, sin embargo nunca me había atrevido a escribirle por pena quizá pero hoy me atreví, usted es una mujer a la que admiro, se ha ganado a pulso el cariño y el respeto de sus lectores que estoy segura estamos en varios países.
    Soy guatemalteca mi padre es alemán y llegué a Estados Unidos cuando tenía diez años de edad, usted no me creería qué edad tengo ahora pero se la diré, tengo 72 años. Usted muy bien podría ser mi nieta pero, entre su belleza porque es una mujer muy bella y rebosante, dentro de esa belleza física sobresale su alma vieja y su espíritu guerrero.
    Que hace que nos identifiquemos con usted personas de todas las edades, pues tambièn la leen mis hijos y mis nietas.
    La leemos en California.
    Cuídese mucho por favor y nunca deje de escribir porque para escribir nació y a nosotros nos complace leerla tanto así que cuando pasa una semana sin saber de usted nos preocupamos.
    Con cariño y admiraciòn,
    Yolanda Kaprell.

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