La falacia de la reforma migratoria.

-Tushteando en una cornisa de   Alicia en el  país de las maravillas-.
Once millones de corazones indocumentados latieron al unísono la tarde del martes 29 de enero de 2013, cuando el sistema de radio y televisión entró en cadena nacional para cubrir la noticia de Obama y sus once ovejas avisando del  plan de reforma migratoria.
Once millones volvieron a soñar, a llorar, a abrazar quimeras como lo llevan haciendo desde que el ex presidente Ronald Reagan dio aquella  famosa amnistía.
A Rogelia Yacté la noticia la tomó limpiando una de las veinticinco habitaciones que debe hacer diariamente  del hotel Hilton de la avenida Michigan, donde devenga el salario mínimo, ahí encendió el televisor y mientras limpiaba el baño escuchó la noticia. Su ojos lloraron emocionados porque cabía la posibilidad de volver a abrazar a sus hijos a quienes no ve desde hace once años y que viven en El Salvador.
Pedro Sipac escuchó la noticia por radio mientras cortaba hortalizas en los campos de  California a él y a tantos y tantas que son jornaleros el presidente  no los mentó en los planes de reforma.
Malía Huli una hindú que trabaja haciendo pan en un restaurante italiano de la calle Ontario pensó emocionada mientras escuchaba la noticia, que podría viajar a su India querida y abrazar a sus hijos que no desde hace quince años.
Lo mismo pasó por la cabeza de Yomairi Lotto una keniana que limpia casas en el suburbio de Lake Forest, abrazar a sus tres hijas que dejó de ver cuando apenas eran unas niñas y que ya estaban en la universidad.
Pensó en el verano de Polonia  disfrutar un almuerzo junto a sus padres y hermanos, Jaroslav un doctor que trabaja  pintando casas en los suburbios del norte del Estado de Ohio. Llevar a su esposa y a sus hijos a conocer su tierra natal.
Setecientos mil  parejas de homosexuales también se emocionaron con la noticia, ochocientos mil almas guatemaltecas repartidas a lo largo y ancho de la nación estadounidense también bailaron el mismo son: arreglar los papeles.
Once millones fueron conquistados por la oratoria extraordinaria de Obama, en las fábricas del sur de Nueva York se abrazaron los compañeros de turno celebrando la tan ansiada oportunidad de salir de las sombras.
En una fábrica de tortillas al sur de Chicago doscientas mujeres lloraron emocionadas mientras empacaban las caladas en bolsas plásticas. Pensaron en su México querido y  en el retorno.
Maruem un pakistaní que dejó esposa e hijos en su tierra natal y que trabaja en la calle Devon repartiendo tarjetas telefónicas de local en local, tomó media hora de descanso sin derecho a sueldo para escuchar de la voz del propio Obama lo que parecía ser una pura ilusión. Entonces abrazó la idea de abordar un avión, llenar tres maletas con regalos y entregar personalmente los abrazos que guardó para ellos durante dieciocho años.
Todos y todas sueñan con salir de las sombras y dejar de ser los y  las nadies de  Estados Unidos, donde el presidente dijo con su voz de poeta laureado, “quienes hoy son nosotros en el pasado fueron ellos” eso bastó para que se repitiera la frase de norte a sur de oriente a occidente en la nación estadounidense.
De pronto a María le nació el valor de gritar a los cuatro vientos que es indocumentada desde hace diez años cosa que ni los vecinos del edificio en donde vive sabían, ya no tiene miedo a ser deportada. También se contagió Gustavo el jardinero del centro comercial de la esquina  un hondureño que se  hace ya ciudadano del país.
Pero la noticia no bastó para detener las redadas del mismo martes por la tarde mientras el presidente enamoraba multitudes con su discurso,  fueron también miles capturados en los distintos Estados, en restaurantes, paradas de autobús, tren… a ellos nadie les dijo que Obama estaba alardeando con una reforma migratoria, a ellos nadie les dijo por el contrario a ellos se les obligó a permanecer en silencio mientras se les tomaban fotografías, huellas  dactilares y se les abrían expedientes mientras se les colocaba en lista para abordar un avión y salir expulsados lo antes posible del país.
Esas miles forman parte de las costaladas  de almas indocumentadas que Obama lanza fuera del país diariamente, de ellas no se atrevió a  hablar ni a recitar con hermosura nombres de presas y detenidos como lo hizo con el patojo mexicano que entrará al ARMY, el soñador que pudo beneficiarse con el famoso programa que alberga a unos cuantos y deja  fuera a millones que son quienes realmente forman la fuerza laboral del país.
Pero Obama recita bonito, es un poeta y orador que pareciera haber crecido vendiendo productos en las camionetas de Ciudad Peronia digo por su poder de convencimiento con las multitudes, lo mismo que sucede con quienes se trepan a un bus a ofrecer sus mágicos lapiceros multicolores que a la vez son marcadores y cortaúñas.
Habló de asegurar las fronteras, como si no fuera suficiente ya con lo violentos que son los guardias de la patrulla fronteriza y los grupos antiinmigrantes que de gratis andan matando gente en los desiertos.
Pero qué lindo declama Obama que emocionó hasta las lágrimas, como hasta las lágrimas sufren quienes hoy amanecieron en cárceles listos para deportación y las madres a quienes el Estado a tomado sus hijos en custodia  y que seguramente dará en adopción lo antes posible, ¿delito? Ser madre indocumentada lo cual la  convierte en poco menos que terrorista.
Las almas once millones que sueñan con salir de las sombras caminar libremente y reencontrase con familiares… décadas esperando, décadas sufriendo, llorando en la soledad del país de los rascacielos, los dólares y las eternas deportaciones.
Qué lindo declama Obama con su voz de orador añejo,  recitando verso a verso la falacia de una reforma migratoria “integral”.  Pero lo primero es lo primero  y debe de detener inmediatamente las redadas que se realizan minuto a minuto en toda la nación y él desde ya se está llevando los aplausos antes de haber bailado la Macarena  y la Sopa de Caracol.
 
 
Ilka.
Enero 30 de 2013.
Jampona en mi tabuco.
 
 
 

2 comentarios

  1. genial…!!! no hay que creer en espejismos y dobles morales…

Deja un comentario