Weekend del amor.

 Ese como todos los jueves por la tarde al salir del trabajo la Martina sin excepción va al supermercado  a comprar la comida de la semana. Los hay en cada esquina pero ella prefiere The Fresh Ayopá de dueños griegos la tercera generación de migrantes, cuentan en los pasillos del lugar que los abuelos llegaron a Estados Unidos a trabajar en fábricas armando piezas para automóviles,  las mujeres en maquilas  quince horas al día en máquinas Overlock, por las noches remendando ropa  y ellos componiendo zapatos; con los años lograron iniciar un negocio una pequeña abarrotería que tenía en cada esquina a la Atenas de sus nostalgias.
El negocio creció y se convirtió en uno de los más visitados por emigrantes europeos y anglosajones, posee ya varias sucursales y en todas se escucha de fondo el sonido de las olas del mar mediterráneo y la voz triste del arpa.  Las estanterías tienen nombre de ciudades griegas: la Martina fascinada siempre las visita, más por observar  las fotografías que por comprar,  la de los cereales Alejandría, la de los lácteos Chipre, la de los té Olimpia, Ándros es la de las harinas y granos. También hay estantes con nombres de dioses griegos.
En la de los  enlatados se encuentra Artemisa, Martina lee la breve descripción impresa en una hoja de papel y enmarcada: “Es la diosa de los nacimientos y la fecundidad masculina llamada Diana por los romanos. Hija de Zeus y Leto hermana de Apolo; virgen inmortalmente”.
En el estante de los Aceites de Oliva y hierbas aromáticas  traídas de Grecia se encuentra Afrodita: la diosa del amor, la lujuria, la belleza, la sexualidad y la reproducción.  Conocida en la mitología romana como Venus.
Martina sigue caminando entre las estanterías con su canasta colgando de una mano, ya ha puesto ahí una libra de tomates manzanos albahaca aguacate y dos cebollas moradas.
En la estantería de los vinos observa la imagen de Eros, el dios responsable de la atracción sexual el amor y el sexo, dios de la fertilidad. En la mitología romana conocido como Cupido el dios del Amor.
La Martina pensando que ¿por qué púchicaella no ha tenido la suerte de toparse de pasada con Afrodita y de perdida con Eros? Preguntándose ¿por qué el mentado Cupido no la he flechado o por lo menos empujado de jeta? Piensa “sería tan romántico encontrar un hombre que lleve en la sangre la explosión de Eros” pero para su mala leche todos los que le han caído llevan en lugar de sangre en las venas agua de chilate. De la  que les echaba a los marranos en su natal Jutiapa después de tortear. Esos hombres tal pareciera que llevaran la maldición de Hipnos el dios el sueño, porque cuando ella comienza con la danza de los siete velos, apenas va  por el tercero cuando los cristianos ya están   roncando la mona, así es  que en muchas ocasiones tiene que omitir la danza y lanzarse de lleno a la conquista hasta vencer al rival poco antes de las diez de la noche, ya que ella no es la Cenicienta para lograr mantener despierto al embobado hasta las doce. Pero después de su cólera recapacita el punto está en que se consigue asoleados que trabajan dos y tres turnos diarios es esa la razón de la descompensación en la energía y el sueño.
Compra la leche los huevos y el jugo de naranja, se dirige hacia la sección de Deli, a partir de los jueves por las tardes hasta los domingos al medio día aquel Ayopá, -Supermercado en griego- es una amontonazón y el área de jamones queso y carnes es un hormiguero. Camina Martina y toma su número le ha tocado el cincuenta y ocho pero apenas van por el cuarenta y dos, mientras espera  su turno observa  en los mostradores la cantidad de quesos  de sabores y texturas desconocidas para ella, lee: Asiago Cheese of Italy, Kolios Feta of Greece, Havarti of Dinamark, Gruyere of Switzerland, Red Wax Gouda  of Holland, Cathedral de Meaux Brie of France,  y ella que no ha probado más que el queso fresco, seco y oreado,  el requesón, la cuajada y la crema todo hecho a mano en la casa de su infancia, atipujados con; pan francés, pishtones, tortillas, memelas con frijoles y quesadillas no lamenta en absoluto no tener el paladar refinado para esos derivados de los lácteos.
Lee el nombre de los jamones: York Ham from England, Westphalian Ham from Germany, Prosciutto from Italy y a leer de dónde es el  Bayonne va cuando escucha su número, fifty-eight! Fifty-eight! Se abre espacio entre la amontonazón y grita con su número en la mano, Over here! Over here! La mujer polaca que está al otro lado del mostrador le pregunta qué va a querer, pero en eso la interrumpe un hombre guapo de cabello castaño, ojos azules y sonrisa grande, alto, velludo y un poco toroleco.  Le dice que she is my customer y entonces la Martina embobada es atendida por el toroleco.
No sabe cómo pronunciar el nombre del jamón  los nervios la castigan y le pregunta como todos los jueves, ¿qué ja
món le recomienda él? El de ojos azules color mar mediterráneo,  siempre le escoge uno de distinto país, así es como la Martina que en Jutiapa no había probado más que chicharrones, carnitas y  manteca con huevos fritos  ha probado jamones de Rusia, Dinamarca, España, Austria, Andorra y un puñado más de países, pero ninguno le sabe como las carnitas hechas en casa; con limón, chiltepe y pishtones, nada como su natal Jutiapa.
El hombre vestido en pantalón y camisa blanca se quita el delantal y sale del lugar, pide permiso para ausentarse cinco minutos. Invita  a la Martina a caminar entre los pasillos de frutas secas y galletas, pero a la Martina le gustaría que la lleve al pasillo de Afrodita, solo para ver qué se siente caminar por allí acompañada ¡pero sería un descaro pedírselo! Llevan años entrecruzando miradas, es él la razón por la cual la tiznada de la Martina siempre compra jamón, es la excusa para ver el azul de sus ojos y  cómo él se ruboriza cuando sus miradas se encuentran,  han convergido ocasionalmente en la gasolinera, en la farmacia, en el centro comercial y en la fuente de agua del parque, han conversado durante algunos minutos y luego se despiden siguiendo cada quien con lo suyo y quedando ambos con el deseo de que aquella  fugaz conversación se prolongara, se extendiera a un abrazo a un beso y a una alcoba.
La Martina se ha imaginado encampanada desbaratando la mitología griega y romana, haciendo resbalar en el mismo charco a Afrodita, Eros y Cupido, echarlos en una red y soltarlos dentro de la alcoba para que embravecidos por tremenda osadía lanzaran truenos y centellas sobre el techo de aquella habitación y ella hacerse la que le da  miedo la tormenta y lanzarse horrorizada sobre los brazos del apuesto salvavidas para que por lo menos si no les toca nadar de perdida retozar.
Argus es griego de las Islas Cícladas, un delfín para nadar,  en su país natal trabajaba como salvavidas y de vendedor de pescado en el mercado de la localidad,  ha cumplido recién la década de vivir en Estados Unidos y aun no pasa los cuarenta años de edad,  enviudó a los veinticuatro años.
Lleva planeando y ensayando ese momento meses ya, pero el carácter fuerte de Martina y su aire de mujer dominante sensual y sexual lo ha apabullado,  piensa que un trabajador de un Deli ha de ser muy poca cosa para una hembra como ella, que ha de tener hombres tendidos como alfombra en cada calle en casa esquina por donde  caminan sus –gretados- pies , -lo que no sabe es que la Martina no es más pasmada porque no es más vieja- pero se arma de valor y suelta la propuesta de sopetón, “  do you like to go to Wisconsin with me?” Pregunta que deja a la pasmada en silencio, no sabe qué contestar finalmente reacciona, “ When?” “ right now!”  La pasmada vuelve a preguntar: “right now?” a lo que el salvavidas contesta: “right away!” Ella piensa en que la vida es solo  un instante y que no habrá otro momento tan emocionante como ese, aunque no estén en el pasillo de Afrodita con esa propuesta es como si lo estarán, la acepta.
Salen despepitados del lugar sin llevar más que el deseo de entregarse el uno al otro y por supuesto dos botellas de vino, queso, jamón, galletas y la compañía de los dioses del Amor encajados en el baúl del automóvil, Cupido queriendo salir para terminar el trance luego, darles un flechazo a  ambos que les atravesara el corazón, para que la Martina no tuviera que andar haciendo más danzas de siete velos y que Argus no buscara más bocas para dar respiración cardio pulmonar,  pero Afrodita se opone objetando que todo tiene que ser con calma que todo lleva su proceso que de frío pasa a tibio y de tibio a caliente, cosa que le hace  falta a Eros, la paciencia que encaprichado quiere finiquitar allí mismo lanzando una bola de fuego para que aquellos dos se achicharren en pasión y deseo.
Finalmente llegan a una cabaña propiedad del griego ubicada al norte del Estado, escondida entre árboles de arce, magnolias y cerezos. Se acuestan sobre la hamaca que guinda de las ramas de un sauce a la orilla de un pequeño lago y juntos ven el cielo llenarse de estrellas hasta que la noche desnuda queda iluminada por el firmamento.
Argus abre una botella de vino pero no le da tiempo de servirlo en copas porque la Martina la toma y vierte un fino hilo del líquido sobre su vientre desnudo, luego sobre su cuello abriendo un camino hasta un desolado lugar que el salvavidas se atreve a explorar, Cupido tirado boca abajo sobre una rama queda asombrado viendo la facilidad del amante, le dice quedito a Afrodita que orgullosa se pavonea por haber nacido mujer al igual que la chispuda de la Martina, “ ese parece buceador de arrecife” comentario que baja de la nube a  la diosa de la sexualidad, “calláte bocón que le quitás romanticismo al espectáculo” caminando de un lado a otro está Eros que como la gran púchica ya quiere aniquilar el asunto, qué su arrecife ni qué vino, ni qué nada el dios del erotismo quiere ver ya en acción al engatusado y lanzar un puñado de polvos de amor en forma de polen aprovechando el cambio de estación y que  no sea obvia su intervención.
A  la Martina no le hace falta hacer danza ni con la única muda que lleva puesta, tampoco intentar prolongar las horas de sueño de su apasionado, esa noche de jueves ha comenzado el fin de semana más acalorado de los veranos de su vida, el fulano no es bombero pero tampoco aquello es un incendio que necesite ser apagado right away!

No hace falta la intervención de los dioses griegos, ni latinos, ni romanos, tampoco ha hecho falta fumarle el puro a Maximón, porque ese par está cayendo en el estado  propio de quien se atreve a amar y a vivir la vida con sus instantes fugaces.
Argus acaricia la larga cabellera que cae  en cascada sobre la espalda desnuda de su musa de sus días, besa su piel bronceada y desliza  sus labios suavemente hasta sus caderas pronunciadas, sus muslos y sus pies. Su lengua tibia acaricia sus senos y sus pezones excitados hasta beberse la última gota de vino que  los humedece. La toma de la cintura y la invita a su alcoba donde los esperan bajo la complicidad de la noche desnuda  velas aromáticas e inciensos, el lecho los llama pero ellos se  lanzan sobre  la poltrona que da junto a la ventana con vista al lago, sumergidos en las profundidades de las urgencias del amor  se enredan en sus propios cuerpos, vellos, salivas y sudores se convierten en uno solo, y finalmente yacen sofocados en un murmullo que  la luz del alba logra sosegar.
Ilka Ibonette Oliva Corado.
Abril 03 de 2012.
Estados Unidos.

5 comentarios

  1. Gracias por sus palabras muchades, ¡quién fuera la Martina!

  2. Y llego el alba, con su luz,
    y se apagaron los murmullos.
    y la Martina,
    la Martina…?
    Si, la Martina suspiraba
    entre flores amarillas,
    Amarillas…?
    Si, amarillas
    como las mariposas
    que perseguian
    a Babilonia, en Macondo.

  3. Estimada Ilka: Eres genial para escribir. Cada trabajo literario tuyo, es una lección para mí. Tienes imaginación, ritmo y facilidad para hilvanar las historias, manteniendo interesado al lector. Te felicito. Besos chapínes, Chente.

  4. Martina… ahhh Martina… pero y no que… Martina… si, mmmm o será que… Cabal.

  5. Tiempo sin saber de Martina, Calidad se la hecho como siempre… Un gusto leerte Ilka, Ojala y se te hagan también jeje… Saludos y un abrazo…

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