María en tierra de nadie.

Voy “jalada” de tiempo  es la hora pico del día sábado,  por la tarde los estacionamientos están repletos, de guasa encuentro un espacio en la calle, es demasiado pequeño pero sé que podré estacionarme allí con un poco de paciencia, mientras lo intento veo por el espejo retrovisor a una joven repesada en la pared de un supermercado fumándose un cigarro, por su forma de vestir es recién llegada o anda de visita, ella camina en mi auxilio y con un golpecito en el baúl me avisa del espacio hasta que entre ambas logramos estacionar el carro, le doy las gracias y salgo despepitada hacia el restaurante.

Mientras camino con paso ligero me cercioro de llevar mi cámara fotográfica conmigo, no estoy muy convencida del éxito de la actividad y si un restaurante –en donde abunda el chupe- sea el lugar indicado para proyectar un documental de esa magnitud. Pero voy más por pena con la persona que insistió en invitarme que por mi deseo de participar en ese juego de doble piso.

Llego y en la puerta del restaurante me recibe una mujer de seño fruncido como si me fuera a esculcar me dice que tengo que pagar cinco dólares para poder entrar, le digo que no hay problema y comienzo a buscar sencillo en mi morralito, ella impaciente me repite que no puedo entrar sin pagar, le clavo la mirada en lo más profundo del iris de sus ojos y sin articular palabra le pago. Me nace decirle que vaya a buscar a los hijos de la Llorona a ver si los encuentra, pero calladita termino de entrar.  Es tan normal ver este tipo de actitudes en gente de “organizaciones” guatemaltecas cuando realizan eventos para recaudar fondos en “pro” de la ayuda humanitaria para Guate. Tienen el signo del dólar en los ojos, y al final el dinero  generalmente no llega a su destino, por esas cosas de mecanismos… se extravía.

El restaurante está lleno a reventar entre la multitud busco a la persona que me invitó, la mayoría son caras conocidas de esas que no querés ver tan seguido y mejor si no se te atraviesan en el camino, -no soporto la doble moral  ni el descaro de personas que juegan con la nostalgia de quien emigra y vive sin documentos  y la utilizan como medio para fraguar sus negocios turbios- varias miradas  me siguen mientras camino, las siento quemándome la piel llego por fin a la mesa y me siento, acabo de entrar y siento el ambiente pesado, la mala vibra y el inminente olor a licor.

Están proyectando sobre una tela blanca colgada sobre una pared, el documental de la directora salvadoreña Marcela Zamora llamado:.María En Tierra de Nadie. Mi contacto me habla de las personalidades que están sentadas en primera fila entre ellas la Cónsul de El Salvador en Chicago, y un puñado  más de tushteros y casaqueras que solo van por tomarse la foto y apantallar misericordia con esos temas escabrosos y espinudos que tienen que ver con la emigración indocumentada.

Suenan los vasos y el juego de cubiertos jugando con los platos, veo botellas de licor por doquier, rostros con miradas vidriosas de esas sholas que ya tienen el alcohol revolviendo la materia gris del cerebro, alguien contando chistes en una esquina y un buen desalentador grupo riendo a carcajadas, en otro lado personas tomándose fotografías sosteniendo micheladas en las manos, el documental sigue y aquello que poco falta para que se convierta en  bacanal ignora su contenido.

Mi conocida me señala a un hombre de suéter color   hueso, de lentes y un poco calvo me dice: “es el padre Solalinde” cosa que me toma por sorpresa y me emociona grande y gratamente, le digo: ¿vos sabés quién es él? Me contesta que no, que solo sabe que viene a impartir una charla, así que le explico que es un sacerdote que tienen un centro de refugio para las personas migrantes que atraviesan en La Bestia, “el tren de la muerte”  el país mexicano con el afán y deseo de llegar a tierra gringa, fue él quien denunció la desaparición de migrantes centroamericanos/as que posteriormente aparecieron muertos/as en una finca de Tamaulipas, ha sido él con su espíritu y corazón quien denuncia constantemente el abuso  de los derechos humanos de migrantes en manos de policías y bandas delictivas.

Emocionada le pregunto: ¿No viste el documental La Bestia? Aquella me contesta que no, “allí sale él desde su centro de refugio para migrantes explicando las barbaridades que viven quienes emigran en tales circunstancias.

Mi corazón revolotea y mis ojos se llenan de ese pequeño mar salado que sale cada vez que una emoción aflora, está sentado observando en silencio el documental, de cuando en cuando voltea a ver a la distinguida concurrencia, porque sí es distinguida solo sholones y sholonas de la comunidad guatemalteca, de quienes ya con los documentos legales, residencia y ciudadanía hacen marufia a brazo partido –la mayoría no todas- . Esta gente está inmersa en su propia fiesta, brindis, fotografías y chistes. Cada cinco minutos se levanta alguien de la comitiva a pedir que por favor hagan silencio  y que presten atención.

Saco mi cámara fotográfica,  le quito la opción de destello y le tomo algunas fotografías, ese hombre tiene tanto para admirarle y agradecerle no cualquier persona se faja todos los días defendiendo derechos de migrantes, de gente con la que solo compartirá  un par de horas y luego las verá partir con la luz de la alborada en busca del camino sin retorno en la mayoría de casos.

Personas como él, como los directores de los diferentes documentales que hablan de la migración indocumentada son luz de candil en la mancillada tierra saqueada por lacayos y traidores, son ángeles que cuidan a esas almas que sin norte caminan en bu
sca del porvenir.

Por una de las puertas del costado entra la patoja que me ayudó a estacionar mi carro, va a acompañada de otro joven  se sientan junto al sacerdote, mi contacto me avisa que es Marcela Zamora la directora del documental y el otro  patojo es un artista plástico que también colabora con la causa.

La salvadoreña no pudo aguantar más el bullicio y se paró a medio  documental a pedir que por favor hicieran silencio y prestaran atención, que no lo hicieran por ella ni por el documental pero sí por el respeto al sacerdote, que nos sintiéramos  orgullosas/os que una persona como  él estuviera compartiendo en ese lugar, me pareció certera la intervención de  la patoja pero en las mismas me ardió la loza.

Al terminar el documental el patojo, el sacerdote y la cineasta impartieron una pequeña charla. De las que ya no les cala a quienes han encontrado en Estados Unidos el país que les abriga y  les concede vivir con caprichitos económicos, es increíble cómo un país como este logra borrarle las memoria a algunas personas que han olvidado ya hasta su país de origen y  la forma en cómo llegaron a tierra gringa.

Ellos llegaron en una gira por distintas universidades del Estado,  y a alguien se le ocurrió que se podría organizar una presentación para gente de la comunicad centroamericana,  y  a “alguienes” se les ocurrió que se podría hacer en un restaurante –para llenarle las bolsas al  dueño-  no, si no se comen su tamal solo.

Terminada la charla de los tres exponentes se soltó aquel desfile de sholones y sholonas a tomar la palabra en el micrófono, para chaquetear a los invitados y para hacer sus respectivos anuncios. Se recogió el dinero de la entrada y se le entregó al sacerdote, algunos entacuchados para hacerse notar más de la cuenta, al momento de la entrega del dinero, se pusieron de pie y pasaron los billetes de cinco dólares de mesa en mesa para ayudar con la causa, “yo” decían “fulanito de tal de tal organización quiero donar diez dólares a la causa” “yo menganita doy ocho dólares” y así como si de grandes cantidades de dinero se tratara se aplaudían entre ellos, alabándose por la humildad de sus corazones, a empujones lograron recaudarle lo del trabajo de tres días en alguien que limpia casas. Y ellos se creían que le habían dado al sacerdote  millonadas.

Se dio por terminada la actividad y comenzó el desfile de quienes por supuesto tenían, debían y querían tomarse la foto del recuerdo con el sacerdote, la mayoría no sabía quién era él, ni habían escuchado del documental y mucho menos del artista plástico, lo supieron hasta que la cineasta habló un poco  de la vida y la misión del sacerdote, entonces sí el bacanal a tomarse la foto con la “estrella”.

Mientras esto sucedía observé a la cineasta rodeada de sholones que pedían alguna dirección en dónde contactarla, al patojo lo dejaron solo el cual humildemente se retiró a una esquina del lugar, me acerqué y me presenté “Ilka soy guatemalteca ¿y vos de qué lugar de México?” “mucho gusto soy Cristian Pinedaartista plástico” y me cuenta de su labor comunitaria con la causa de la migración indocumentada y los derechos humanos inexistentes en tierra de nadie, como se le llama al camino por donde andan quienes sueñan con tocar suelo gringo.

Después de las fotografías el avispero de dispersó y desapareció, nos quedamos unas cuantas personas, se marcharon también la cineasta y el artista plástico; el sacerdote se quedó a cenar, entonces me tomé el atrevimiento para levantarlo de la mesa y pedirle una disculpa por lo mal que se comportó el público que asistió, también para agradecerle su entrega para con las personas que sin rumbo que extraviadas entre rieles y vagones viajan en busca de lo que cada día parece más inalcanzable. Lo abracé por largos momentos y sentí mi corazón reconfortado.

Salgo del lugar aun con el calor de su abrazo, la noche está fría es oscurana del noviembre otoñal, me subo en mi carro y atravieso la ciudad rumbo a mi apartamento rentado.

Nota: el sacerdote ha sido amenazado de muerte por grupos delictivos que bien pueden ser mafias de narcotráfico como policías, ha salido de México para poder salvaguardar su vida.

Han quedado a la deriva los cientos de almas que atraviesan en tren territorio mexicano, ha quedado sin guía  el refugio , Hermanos en el Camino en Ixtepec Oaxaca.

Estas letras están dedicadas a personas que luchan y defienden las causas perdidas, dedicadas a personas como el padre Solalinde, a   La Patrona y anónimas que día a día arriesgan su vida por las y los hermanos que atraviesan a mansalva ríos, laderas y desiertos con el sueño de llegar a Estados Unidos, muchos no lo logran y se quedan como estampas en el camino, abonando la tierra, la tierra de nadie.
Ilka Ibonette Oliva Corado.
Mayo 15 de 2012.
Estados Unidos.

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