De un parto el diez de mayo.


“Corrían los primeros días de mayo del año mil novecientos ochenta y nueve, y Ciudad Peronia aun era un montarral desolado, contadas casas de construcción  humilde, covachas de lepa y nailon, algunas paredes de bloque y la mayoría de adobe, calles de talpetate y una recién estrenada estación de autobuses que no llegaba a la docena de camionetas, ya comenzaba a pintar como arrabal.   Doña Lila estaba preñada de su cuarta cría.”

Como a eso de las diez de la noche se tomó el agua hervida de las cáscaras de paterno, para que le arreciaran los dolores estaba  por parir a su cría, los aguaceros de mayo volvieron la noche más lúgubre que de costumbre, sonaban los pepitazos en las láminas del techo de aquella sola habitación que fungía como cuarto de dormir, sala, comedor y cocina. Dos camas y un cancel de tela floreada. Piso de talpetate, puertas y ventanas cubiertas con cartón. Ese era su nuevo hogar y el de sus crías, finalmente podía soñar con casa propia.

Doña Lila que recién se había compuesto de su último hijo rechazó la idea de operarse para ya no parir, el esposo viéndose con tres responsabilidades le ordenó operarse inmediatamente e hizo la cita en el IGSS para que cuarenta días después de haber dado a luz a un hermoso varón de ojos grises y pelo canche, por fin se autodenominara infértil con la operación.

Y sí, cuarenta días después la fecha llegó y el automóvil con el conductor la esperaban a primera hora fuera de la casa, en aquellos años su esposo trabajaba como chofer del  ministro de Salud Pública, aparte de las llaves siempre cargaba un arma de fuego prendida en la cintura, muy pocas noches pasaba en casa, debido a las innumerables actividades de su patrón.

La mujer se levantó temprano dejó al recién nacido y salió al patio a bañarse con el agua fría del tonel, a guacalazos se espantó el sueño y el desvelo, se alistó para irse al IGSS pero cuando subió al automóvil y antes de que este se pusiera en marcha se soltó en llanto, quería tener otra cría, quería parir, quería tener cuatro y no tres, pensó en la presión de su esposo y en lo molesto que se pondría si dejaba la cita tirada pero así lo hizo se bajó del automóvil y entró a su casa con la decisión de no operarse.

A los cinco meses resultó embarazada nuevamente y su esposo despotricó contra ella y sus ya tres crías pero  nada la amedrentó ella quería tener cuatro y no tres. Su primeras dos fueron hembras el tercero resultó varón y éste fue el orgullo de su esposo que soñaba con tener un heredero de su  nombre y hasta de sus vicios, las mujeres eran solamente eso mujeres; en cambio su hijo varón se convirtió en la luz de sus ojos, físicamente ganaron los genes de la mamá hasta en el color de piel, pero era lo de menos, era un varón y eso era lo que contaba.

Aquella noche se bebió varias tazas del agua hervida de las cáscaras de paterno y los dolores arreciaron alarmantemente, las dos hijas mayores que en esos años tenían doce y diez de edad no pudieron dormir  al escuchar los gritos desesperados de la mujer que estaba por parir y que somataba el ropero, lanzaba al suelo los botes de talcos y cremas, pataleaba, se sentaba y se paraba, que lloraba a mares y gritaba con las pocas fuerzas que le quedaban.

La mujer que en bata y yinas sudaba helado, que sentía que  algo del estómago se le iba a desprender  en cualquier momento lloraba con el dolor vivo  en las entrañas. La lluvia arreciaba con forme pasaban las horas y entraba la madrugada, la oscurana estaba en su más profundo sueño. Al filo de las tres de la madrugada envió a sus dos hijas mayores a que fueran a llamar a su hermana y su papa. La tía Fita y el tío Lilo.

En camisón y bajo el aguacero salieron las dos cipotas, corriendo como potrancas desbocadas no tomaron las calles ni el camino de la arada, temerosas pero con la urgencia del mandado decidieron saltarse los dos cercos de alambrado y pasar entre las habitaciones vacías de  dos casas a media construcción y abandonadas, convertidas en basureros por los vecinos del lugar.
Se decía que a media noche llegaban los mareros a oler pegamento y a fumar marihuana, nunca se vio a nadie rondar en el sector pero era el pan diario de los chismes de las vecinas.

Las dos güiras se armaron de valor y de una pasón atravesaron las dos casas se saltaron los dos cercos de alambrado y llegaron a la puerta de la vivienda de la tía Fita, de dos gritos los despertaron, a ella su esposo y a sus crías, salió despepitada la hermana de su mamá  y en calienta fue a llamar al abuelo, mientras somataba la puerta de lepa le gritaba “¡papa la Lila
va a parir tenemos que llevarla al IGSS Guayo no está, puráte!”

Los abuelos que  habían invadido un terreno baldío para construir allí la casa de la hija cume, se levantaron de un salto, tío Lilo se puso su veintiúnico par de zapatos, su veintiúnica mudada: camisa a cuadros, pantalón de lona, sombrero y el infaltable corvo con su vaina.

Las dos hijas y el Tata salieron en el primer bus de la parada central de Ciudad Peronia, eran las cuatro y treinta de la madrugada cuando la camioneta  arrancó,  se bajaron en la parada del la gasolinera del amate y caminaron pa´bajo más trotando que andando, y ya con la cría prácticamente asomando al mundo dejaron a la mujer en la sala del IGSS de Pamplona, no les tocó esperar mucho porque a las seis en punto de la mañana de un diez de mayo de mil novecientos ochenta y nueve, nació la Coque, la cume de la familia Oliva Corado.

El recibimiento fue distinto al del varón, porque el padre cuando se enteró de su heredero compró el ramo de rosas rojas jamás visto en La Terminal y se lo llevó a su amada como premio por el regalazo, después se fue a celebrar con los amigos botella tras botella, ¡por fin había llegado el varón!  A la mujer la dejó allí convaleciente, él no creía en esos mitos pueblerinos de cocinar caldo de gallina para la recién alentada, de ningún parto lo hizo. La dejó hacer la cuarentena como la hacen las mujeres en los pueblos, aldeas y  laderas… trabajando.

Cuando su cuarta hija nació no se presentó a felicitar a la feliz y adolorida mamá, tampoco le llevó flores, era una niña nomás, un hembra nomás.

Ese diez de mayo al medio día la Nanoj se convirtió por cuarta vez en mamá, y llegó pues un nuevo miembro a la desarmada familia Oliva Corado, la nueva bebé era pelona, diminuta y clarita como la leche recién orneada, a los días votó el pelo y la pelusa de recién nacida, aquella casa de una sola habitación pasó meses oliendo a leche de teta y de vaca.

La última de la mara Oliva Corado lleva con su hermano mayor, -el otro cume de la  familia-  solamente un año y dos meses de edad. Juntos para arriba y para abajo, los dos confidentes e inseparabables amigos ha de ser por la cercanía de edades o porque el ser cumes los une más.

Ciudad Peronia se sobre pobló, la vida transcurrió y con los años la familia emigró del lugar la niña recién nacida creció y con el tiempo se convirtió en mamá, la cume ha hecho  abuela a la mujer que a las carreras la parió en el IGSS de Pamplona, a tío Lilo  mágicamente lo hizo bisabuelo al igual que a  nía Juana, a las tías en tías abuelas, y ella  que el diez de mayo celebra su cumpleaños también festeja el haber dado vida a un niña que no es nomás… porque ésta le está cobrando al abuelo la discriminación de género que tuvo con sus tías, su abuela  y su mamá, la que no es nomás, lo tiene comiendo miel de su mano.

Hace veintitrés años de su venida al mundo y hace menos de dos que es mamá, el diez de mayo hay celebración triple  en la familia,  a dos de sus mujeres se les celebra el día de la madre y a una su cumpleaños, y aunque dos de sus miembros estemos en otro país, siempre en este día afloran los recuerdos y nos visitan las nostalgias, el tiempo se detiene y volvemos a aquella noche de torrenciales lluvias y amanecemos en el diez de mayo que nos regaló a la cume de la familia.
Larga vida para la cume, larga vida para las mamás de mi familia.

Nota: Quisiera decir feliz día de la madre pero esto viene siendo puramente  falacia.

Ilka Ibonette Oliva Corado.
Mayo 10 de 2012.
Estados Unidos.

2 comentarios

  1. Eres una loca, haces que sintamos todos esos apuros y esos aguaceros!
    tristezas y alegrias entre renglón, párrafo y letra, sin ningun detenimiento, sin ninguna tregua, asi apuradas!
    Gracias Ilka!!!!
    Abrazos!!!!

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