El pequeño gimnasio.


Él es mi colgazón y mi delirio, pero el descarado está perdidamente enamorado de mi hermana, ¡qué drama!


 Cada vez que convergemos los tres él me ignora y corre a los brazos de ella, para get cozy with her, entonces yo quedo –maleada- en un plano que ni de segundón, totalmente echada al olvido, es más ni cenizas mías, su mundo es  ella, -a la que yo he llamado con despecho “la otra”-  y yo ni como nube en el paisaje pinto. Pero mi venganza es dulce y la disfruto cuando aparecen en el plano mujeres rubias, entonces sí,  mi hermana siente lo que yo he sentido todo este tiempo, que viene valiendo pura rosca porque él se emboba con las de cabello amarillo color   pelos de jilote.
Él es el único hombre que ha sido capaz de despertarme el instinto materno muy a mi estilo de entrenadora, lo nombré Conejito desde el primer día en que lo conocí, tenía apenas veinte días de nacido y mi hermana y yo entramos en su hogar para trabajar de niñeras suyas.

El sábado por la mañana lo llevamos a clases de gimnasia ya que su Nana y su Tata se encuentran de vacaciones en una de esas islas del Caribe. Yo pasé toda la semana haciéndome la loca con pretextos para no ir, me temía sufrir un embiste con la nostalgia por la docencia y justo así fue.

A primera hora del día sábado nos trepamos en el carro de su Nana y los tres nos dirigimos al salón en donde imparten las clases de gimnasia, ubicado en el corazón del suburbio en donde viven, llegamos nos estacionamos y caminamos con prisa bajo la lluvia, las puertas de vidrio del lugar dejaban ver la elegancia de éste, muy típico de los suburbios del norte de la ciudad de Chicago, en donde las personas latinoamericanas solamente trabajamos.

El embiste de nostalgia me salió al encuentro justo cuando abrimos las puerta, adentro una enorme colchoneta daba aviso que estaba en el lugar en donde seguramente han nacido muchas y muchos gimnastas del sector, el corazón mío revoloteaba a ritmo de batucada.

La recepcionista asombrada con nuestro aspecto latinoamericano, no muy común por el sector y mucho menos en función de mamás con suficiente desahogo económico para este tipo de lujos, se nos quedó mirando y nos pasó un scanner antes de atendernos; cosa a la que ya nos acostumbramos por trabajar en el sector.

Me sucede siempre que voy a comprar a un supermercado llamado Sunset, es una tienda de lujo en la que si vos querés podés dejar tu pago de una semana en dos o tres cosas que comprés, hacé de cuenta que está es la Despensa Familiar versión fifí, porque tampoco es tan grande para decir que es Paiz-Walmart, es tan fifí el asunto que a la hora de pasar a caja, hay tres personas encargadas por cada línea con la única función de ayudarte con las canastas o la carreta, y colocar las cosas sobre el mostrador, querrás o no ellas te ayudan, parecen robots cuando sentís  ya te quitaron la canasta de las manos y colocaron las cosas sobre el mostrador.

Eso sucede con  la mayoría de personas que van a comprar allí menos con las que somos latinoamericanas, a nosotras nos ignoran, nunca nos ayudan con las canastas o las carretas y se te quedan mirando con una vista tan penetrante que quema, se preguntarán, ¿qué hace una latinoamericana comprando allí? La cajera que por lo regular coloca las cosas en una bolsa de papel, a las personas latinoamericanas se las coloca en una bolsa plástica. 
Yo solo voy a ese lugar por comprar tapioca brasileña –cuando el antojo obliga-  y el  pastel de chocolate que le gusta a  mi hermana, que ahí los hacen deliciosos  por lo demás  ni de chiste.

En quince minutos comenzará la clase de gimnasia, hay que dejar los zapatos y las cosas en un armario, la maestra llama a las crías para que se forman en hilera, se abre la puerta y entramos al mundo mágico de la gimnasia básica, -preparación para la gimnasia olímpica- se plantan frente a mis ojos: el trampolín, la viga de equilibrio, barras paralelas, barras asimétricas, el potro, la viga de equilibrio, las colchonetas y las argollas.

Siento que el aire me hace falta, el corazón da tres saltos en el aire, medio giro y dos enrollados antes de regresar de nuevo a mi pecho, luego vuelve a irse corriendo salta el trampolín y hace el salto del tigre sobre el potro, camina hacia la viga de equilibrio y de allí salta hacia las barras asimétricas, por ultimo realiza un
flit flat
y vuelve a caer sentado en mi pecho, en esta ocasión  le coloco la mano para que no se vuelva a exaltar y salir despepitado.

La maestra inicia la clase con una actividad rompe hielo, yo me quedo sentada en una esquina sobre una de las colchonetas y mi hermana va en función de mamá y acude a realizar los ejercicios de coordinación ojo-mano que están en el momento.

Aquello se vuelve un despelote, los niños corren por doquier sin atender a los papás ni los gritos de la maestra, yo le quiero decir a la docente que la forma de captar la atención de los niños no es gritándoles que el error está en mantener por más de cinco minutos la misma actividad, que por las edades ellos no logran captar la atención  por mucho tiempo, pero ¿quién soy yo allí? Una simple niñera, de las que cambian pañales y conducen automóviles de un lugar a otro llevando a crías ajenas a las clases de piano, a la escuelita, juegos de beis…
Pero soy maestra de Educ. Física y mi corazón está que se sale de la caja torácica, los pies me comienzan a picar por agarrar a mi Conejito y llevarlo a realizar los enrollados sobre las colchonetas, que camine en la barra de equilibrio y que se cuelgue como mono de las barras asimétricas, el güiralito parece hormiguero corriendo de un lugar a otro, mientras los papás los persiguen tratando de  tomarlos por las manos y regresarlos a la duela.

Mi hermana se me queda mirando con esos sus ojos, y entre dientes me dice “I Know” y yo con la nostalgia a flor de piel… así que digo “ let it go” y camino sobre las colchonetas y agarro a mi Conejito, y me convierto por unos minutos nuevamente en la maestra de Educ. Física que fui en algún momento de mi vida, realizamos juntos el circuito, enrollados, barras asimétricas, barras paralelas, viga de equilibrio y argollas.

Como actividad de relajación la maestra saca unos balones de balompié a medio inflar, y me es inevitable que brote la pasión de mi vida, pero el Conejito es tan re bandido que sabe que me vuelve loca y cada vez que hay un balón de fútbol  en medio de los dos, me ignora, ¡me ignora! Y yo tengo que andarlo rogando para que se deje enseñar ¡qué calamidad! Me toca entrar en la etapa de los condicionamientos, “si me dejás enseñarte a fintear te doy un  helado”, “si me dejás enseñarte a hacer la bicicleta  te baño hasta en la tarde” y así y así… es un perfecto negociante.

Después de una hora de clase salimos, nos ponemos los zapatos y nos despedimos del gimnasio de duela con colchonetas le digo adiós a la maestra de Educ. Física y regreso a mi realidad de niñera, sin quejas y sin berrinches, al contrario con el corazón enamorado de mi profesión y de la dicha que tuve de ejercerla.

El Conejito volvió a los brazos de su amada y yo me convertí en la otra… la que espera cuando la mera mera no está.
Ilka Ibonette Oliva Corado.
Mayo 08 de 2012
Estados Unidos.

2 comentarios

  1. Don Chente como siempre es un gusto tenerlo de visita por esta su casa. ¡Abrazos vos!

  2. Me agrado. Felicitaciones negrita. Besos, Chente.

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