El circo del hambre campesina.


Hace unos días fui a cenar con unos amigos turcos  a un restaurante italiano, recuerdo que cuando el mesero se acercó a pedir la orden ellos pidieron un plato, aceite de oliva, pan francés y queso parmesano para empezar… Yo calladita me quedé mirando. Al poco tiempo llegó el mesero con el encargo. Entonces vi que echaron aceite de oliva en el plato, luego le agregaron el queso y me pasaron un pan francés y me  convidaron, el ritual consistía en sopear el pan francés sobre el aceite y el queso después atipujártelo como pudieras. Esa noche fue la primera vez que yo vi y probé aquella revoltura, mientras cenábamos no pude evitar contarles que en donde yo crecí el aceite de oliva lo comprábamos en latas en la farmacia.

Les expliqué para qué lo comprábamos: cuando era absolutamente necesario hacer una limpia de parásitos antes y después del invierno. Entonces cuando teníamos suerte y quedaban algunos lenes extras, el purgante era de lujo porque llevaría aceite de oliva, mi mama nos mandaba a la farmacia del mercado a comprar una lata que por cierto costaba un ojo de la cara. Preparaba el menjunje: aceite de oliva, limón y bicarbonato lo revolvía  y por cucharadas nos lo metía mientras nos tapaba la nariz después calentaba sus manos en el fogón o para cuando tuvimos estufa de mesa sobre una hornilla, las bañaba en aceite y nos sobaba la de pupo mareño, era cuestión de minutos para que estuviéramos en el baño sacando lombrices.

También lo usaba para el embote, cuando nos empachábamos. Mientras yo contaba esto mis amigos morían de la risa, nunca se imaginaron que el aceite de oliva que abunda en su país fuera tan elevado en costo monetario en un país como el mío ni mucho menos para qué lo utilizaban en las colonias de las periferias de la urbe guatemalteca.

El otro día compré unos chuchitos  que resultaron ser de pollo y de verduras, el sabor insípido  y mientras los comía llevaba el hilo de la conversación de otras guatemaltecas que ya llevan su tanatada de años viviendo en gringolandia, (chute que es la mara va) y decían que los chuchitos estaban hechos con aceite de oliva virgen,  hasta el choreque hincharon cuando pronunciaron virgen, y yo calladita atipujándome mi chuchito volando lente y parando la oreja. Las oí comentar de lo sucio que cocinan en los pueblos en Guatemala las mujeres que utilizan manteca de coche y que era una asquerosidad,  entonces yo me bajé el último bocado del chuchito  de sabor insípido con pura saliva (y con un trago de piquete que tenía en la mano)  mientras la última gota de bebida espirituosa bajaba por mi galillo les quise decir misa pero me limité a decirles: “¡Cómo no Chon!, Les quise recitar una tunda de palabrotas que sonaran algo así …¡no se hagan que allá hasta con moho se comían las tortillas tiesas! Bueno… si suenan así no son palabrotas…

Aquí resulta que la mara que vivió en Guate nunca viajó en autobús, ni comió shucos y tampoco se comió los mocos mientras jugaba tierra en el patio de su casa sin jardín, aquí las amebas se les vuelven agringadas. Y si han conseguido la residencia cuando regresan a Guate de paseo llevan en la maleta aquel titipuchal de medicina y pastillas para la diarrea, sencillo listo  para comprar al nomás apearse del avión sus botellas de agua purificada. ¡Como si en la infancia no tomaban agua hasta con lombrices de invierno!

 Eso reflexioné el día de hoy cuando escuché comentar a varias/os paisanas/os  de la buena idea que fue llevar agua purificada en esa “expedición que  hicieron los patojos y el Gobierno en las chifurnias con esos indios piojosos que saber ni cómo vivirán” ¿Oséa que ahora realizar mímicas de sensibilidad burlesca se llama expedición? …Uto pa… (es que si la ma… es …uta.. también el pa..) ¿a qué horas me perdí yo de eso? Bueno, como estoy fuera de Guate no falta quien me diga que me regrese para que esté al día y que no ande “pelando” los escarnios del país, desde fuera.

Las botellas de agua purificada, sobraron en este fin de semana pasado cuando gente del gobierno se pavoneó con su nuevo programa Hambre Cero y con el lema de Tengo Algo que Dar,  programa  sin ningún tipo de fundamento y con toda la falta de respeto típica de la gente de  clase acomodada (hablo monetariamente no huevoneonamente) tuvieron la osadía de invadir espacio privado de las familias en extrema pobreza.

Los diferentes artículos que leí y en donde se entrevistaba a diferentes personas decían prácticamente lo mismo: que fueron a conocer el estilo de vida de la gente pobre. “Estilo de vida” ¡estilo de vida será la gran diabla!,  así le llaman en su ignorancia a la pobreza de la cual tenemos culpa todos y todas. La pobreza no es un estilo de vida, como tampoco la desnutrición  la escogen las crías vivirla.

Llevando a un puñado de asoleadas y asoleados de “día de campo” no se va a solucionar el problema, tampoco se va a concientizar,
no, no si  no las/los dejan siquiera beber agua del mismo lugar de donde la beben las familias todos los días. ¿Para qué llevar agua embotellada? ¿Para no enfermarse? ¡No, si es justo eso lo que se necesita que vivan en carne propia lo que viven las comunidades en pobreza! ¡Qué sientan, qué respiren el mismo aire, qué sufran buscando leña, qué también se enfermen de diarrea y vayan a dar a un hospital público o al centro de salud, en donde tengan que hacer colas de horas y  días para esperar ser atendidos, y cuando sean atendidos que les digan que no se encuentra el medicamente que necesitan, que se vayan para sus casas  y que regresen otro día! Sí, que vivan todo, porque ir a medias mejor quedarse en sus casas rascándose la panza o tomando café en Starbucks.

¡Qué bajeza y descaro el del  presidente!, tremendo descaro el de él,  de ir a quitarles la comida a esos pobres campesinos que juntando seguramente lograron echar esos pishtones de máiz negro que él se atipujó, y el chirmolito que era para dos días, él se lo bajó de una sentada. Mínimo les  hubiera llevado qué comer, para  que disfrutaran de algo diferente pero tan garra que ni eso.

Vi a otras personas de gobierno que ananadas como tal, se vieron en la feroz labor de moler máiz en piedra, cosa que solo posaron para la fotografía. La  Vicepresidenta vendiendo chipilín,  le habrán hecho jarana seguramente o la habrá hecho ella, que ni entregó de vuelta el chipilín sin vender  y ni las cuentas del vendido.

Queda la esperanza  que de todo este circo, que de todo este ejército de mimos  y jóvenes ignorantes, por lo menos en uno o en una se despertara la sensibilidad y la conciencia social, que por lo menos una persona viera con ojos distintos la realidad que se vive en la otra Guatemala, la carente de oportunidades, la doblemente mancillada, la humillada, la otra Guatemala que es ajena al bullicio y estilo de vida de la urbe, la otra Guatemala ignorada,  a la que no le alcanza el salario de una quincena para ir a tomarse una taza de café a Starbucks, ni comerse un helado en Dairy Queen,  la que sufre de racismo, la que se muere en el  silencioso canto de la hambruna. La que ha llorado sangre, la Guatemala que se apaga lentamente como luz de candil entre las garras de la miseria.

Me ha asombrado que el ejercito de guatemaltecos y guatemaltecas que se le echaron encima a Arjona y a su campaña Motomorfosis no saliera a opinar, debatir y a aportar en un tema tan importante como este, en el que el gobierno  una vez más nos  hace saltar la cuerda, ¿será porque aquí las pitas las jalan otros altos mandos? O como dice la canción…  bailan al son que les toquen…

De todas maneras, programas propagandísticos como el bochorno del fin de semana siempre habrá,  porque siempre existirá quién quiera salir en pantalla, en primera plana, quien quiera ser reconocido o reconocida, y también lamentablemente siempre habrá quién en su miseria económica tenga la alegría de pensar utópicamente que el mañana traerá algo mejor. Y si llegan caídos en helicóptero personajes del gobierno, el sueño se vuelve real por unos segundos.

Pero bueno… le pongo fin a una de mis  fumadas del  último día de abril, seguramente mañana me levantaré preguntándome quién me lo robó… y cuando venga acordar ya será mayo primero, un  nuevo día de consignas y de historia…

Ilka Ibonette Oliva Corado.
30 de abril de 2012.
Estados Unidos.

3 comentarios

  1. Muchas gracias, la verdad es que debería de existir cárcel para este tipo de faltas de respeto no hacia la moral, si no hacia el hambre de la gente que vive en el miseria. Cárcel para quien se atreva a agarrarlas de conejillos de indias, como focos de expedición…

  2. Yo comprarto lo que aqui se ha dicho. Esta gente cree que con un poco de mercadeo y publicidad lo solucionan todo que basura la que venden.

  3. Mas clara ni el agua!! yo hice mi comentario de que ahora todo lo arman una fiesta como la fiesta blanca del caso rosemberg, la fiesta azul de la guatemorfosis… y ahora la fiesta del hambre… yo pase todas mis vacaciones y descansos en a la casa de mi abuela… me purgaban tal y como usted le dice… tenia al lado de la casa de mi abuela… un montón de gente que no tenia ni que comer… que sembraba y criaba lo que se comía… un mujer que se llenaba de hijos porque era la voluntad de dios y su esposo… una familia que el único que comía era el mas pequeño… porque los demás de lo que daban las gallinas para hacerse un su huevo… y de eso tengo años de verlo… cada cambio de ropa mía, de mis hermanas y primos, era para ir a surtir de ropa a todos aquellos niños que de infancia eran mis compañeros de juego… gente que tuvo que venirse a la capital a ver que podían hacer porque lo que ganaban en el campo era para morirse… muchos murieron en el intento… buscando trabajo… del pueblo que era mi lugar de retiro en todas las vacaciones… no quedo nadie… y desde ese tiempo vi de cerca las penas de la gente que vivía en ese lugar… y ahora que vengan estos excursionistas (por cierto muy acertado)… a decir que tienen algo que aportar… solo demuestra esa falta de madurez y compromiso de la gente mayor y la ignorancia de la juventud… me encanto su publicación…

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