La fiesta de la patrona.


(Hoy he amanecido tan pero tan chipe que extraño tanto las jacarandas y el dulce aroma de sus pétalos hechos alfombras…)

Ayer fue  uno de esos días… sí, de esos días en que vos querés tirar la toalla.
De los días en que vos te irritás, andás como todos los diablos, te desesperás y  por si fuera poco en que también  te entra la perseguidora.

No sé si ya llegó la lica The Help a Guate, pero ya varias personas que viven allá me han escrito para contarme que la vieron  y que “me recordé de vos cuando la vi” definitivamente es una cinta que arranca suspiros, lágrimas y carcajadas. Llega a lo más profundo de la sensibilidad humana. El libro es mucho mejor que la película aunque debo de confesar que  el reparto de la cinta hizo un excelente trabajo, entendieron el mensaje fundamental de la escritora.

Yo me disfruté tanto el libro como la lica. Hay tanta realidad en la historia que de ficción no tiene ni el nombre. Sin embargo han cambiado algunas cosas en la forma y el trato de las “patronas” hacia sus empleadas. Pero mucho  de todo esto sigue siendo lo mismo, no hemos evolucionado como humanidad y las limpiadoras de casas seguimos siendo vistas como personas de segunda categoría, por decirlo así, porque realmente al entrar a la casa de la “patrona” con convertimos en una especie de robot: que no siente, no sueña, no se cansa, no piensa y al que no le da hambre ni necesidades fisiológicas. Así es como nos ven las “patronas” como robots.

Lo que pasa es que la Ilka habla de cómo le fue en la feria dirés vos. Puede ser,  pero no solo me ha pasado a mí lo que escribiré hoy es el resultado de muchos años de conversaciones entre limpiadoras de casas a las que he ido conociendo, son de muchas nacionalidades y todas venimos a caer en lo mismo.

Ayer yo estaba tan eufórica y cansada que cambié mi día de gimnasio y me fui  a matar el tiempo a una tienda dis que a comprar aspirinas, salí de la farmacia y me senté en mi carro como asoleada distraída viendo pasar otros carros por la avenida, cuando era niña salíamos en manada los patojos de la cuadra y yo jalábamos para la arada y justo en donde  hoy está la entrada de la colonia Jerusalén (a un costado de la bomba de agua) nos sentábamos a ver aterrizar los aviones, comprábamos picarones y risitos haciendo coperacha y nos los bajábamos a pura saliva. Ayer me compré una bolsa de chetos y me la bajé mientras veía pasar los carros, llegué a mi apartamento rentado y llené la  bañera de agua caliente, agarré un libro y me perdí en su historia durante una hora.

Mientras me repetía “calmáte Ilka, calmáte esto no es para siempre solo está en que vos decidás regresar…” quise sentarme a escribir pero sabía que lo haría de forma subjetiva y opté por seguir leyendo mientras se quemaba el incienso que llenaba de ahora a hierbabuena mi habitación.

The Help sigue siendo tan real aun con el paso de los años, han cambiado algunas cosas como decir, subimos un escalón pero no la escalera. Los baños por ejemplo las que limpiamos tenemos prohibido utilizar otros baños o inodoros que no sean los del servicio, osea nosotras somos las del servicio, la casa puede tener diez inodoros que vos tenés que  utilizar el tuyo solamente el que disfrazan con “el baño de las visitas” pero dentro de los baños de las visitas hay tres o cuatro para lo mismo, vos sólo  podés utilizar uno. Entrás por la puerta de atrás, prohibido entrar por la puerta de enfrente mucho menos tocar el timbre, para eso tenés la clave del portón eléctrico. No te es permitido comer en la cocina mucho menos cuando la patrona y su familia están tomando sus alimentos en ese lugar. No podés tocar absolutamente nada de los cinco refrigeradores que  hay en la casa, vos llevás tu almuerzo y no podés tomar de ahí  ni siquiera un vaso de jugo de naranja.

Como lo repito no generalizo, no todas son así pero la mayoría.
No te ponen uniforme para distinguirte pero sí cuando es necesario te hacen saber  o te recuerdan cuál es tu lugar. Sos nada más la persona que limpia  y se les olvida que sos quien consciente a las crías, la que les cocina su comida favorita, la que les plancha las camisas y quien se encarga de que la casa no se caiga a pedacitos.
Sos quien escucha las peleas  y busca otra cosas que hacer para no estar en medio del ojo del huracán  justo cuando van a empezar los gritos, sos quien soporta sus malos humores, quien ve a la jefa sin pintura y en pijamas, quien le sabe sus mañas y sus lados oscuros. Sos quien guarda los secretos de los hijos y que dice “está bien no le voy a decir a tu mamá”.
Por si fuera poco te toca soportar el pésimo humor de la hija adolescente, siempre la caquerita que cada vez que puede te recuerda que sos la que limpia.

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Te invitan a las fiestas familiares y asistís pero no pasan de darte el  saludo y la bienvenida durante la reunión jamás te verán como alguien de su clase, y las amistades se te acercan para preguntarte si de casualidad vos sabés cómo quitarle las manchas del salitre a los inodoros. Como si vos de lo único que pudieras hablar fuera de excremento.
Aunque claro aquí utilizan aspiradora en lugar de escoba, lavadora de  platos y lavadora de ropa, la ropa no la colgás en un lazo, la ponés en la secadora eléctrica.

Pero hay algo que no cambia y no cambiará nunca, aquí ni en la China. Y en cuando la patrona tiene fiesta en la casa. Esos días son terribles para nosotras, el estrés se te pega hasta en el pelo.  Por lo general la jefa quiere que su casa luzca como una tasa de porcelana para  la visita, pero tampoco es capaz de mover un dedo para que esto suceda, para eso estás vos, que no siendo suficiente con la rutina diaria te la cargan con cosas extras por hacer y empieza pues el calvario.

La jefa anda con su libretita de cosas por hacer –que dicho sea de paso que vos tenés que hacer-  estira su manito con la elegancia del caso y comienza a dictarte: esto movelo para allá, el polvo de aquella esquina, la cafetera en el mostrador, los pelos del perro de la alfombra de la entrada hay que aspirarlos, las puertas del puñado de refrigeradores tienen aceite hay que quitárselo con vinagre y agua, los inodoros limpiarlos con cloro y vinagre, el sillón hay que cambiarlo de lugar, las copas de cristal y los cubiertos de plata hay que limpiarlos, planchar los manteles,  lavar las sábanas y toallas de los cuartos de visitas.

Que colocar suficientes rollos de papel en los baños, trapear toda la casa, quitar telarañas, mover la mesa del comedor  de lugar y armar dos mesas más, limpiar las patas de las sillas y medio te detenés para respirar y ya está encima la patrona con su libretita y dirigiendo de nueva cuenta la orquesta (que dicho sea de paso solo la conformás vos) limpiar las ventadas, las chapas de las puertas… a todo esto vos tenés ganas de orinar y te comienza doler la espalda baja de tanto andar moviendo y cargando cosas, pero la patrona ni se inmuta, prácticamente te cuenta el tiempo que te hacés meando. Pero tampoco agarra ella la aspiradora y te ayuda en lo que vos regresás.

Durante la fiesta sos: quien sirve el agua en copas de cristal y les pone pajilla, a la que todo el mundo llamada para decirle que: “si le podés llevar una servilleta, un plato con ensalada, una galleta, una gaseosa, dos cubiertos desechables…” Que se derramó agua sobre el piso, no se pueden agachar ellas a limpiarla sino que te llaman a vos que andás en el otro extremo de la casa sirviendo, te pegás el regresón y les limpiás el agua derramada justo a un costado de sus zapatos, si no les decís que se muevan no se mueven.

Ya te dio hambre, pero tampoco podés agarrar de la comida que han encargado para la fiesta, te vas a la lavandería que es donde usualmente dejás tus cosas y te sentás a comer, pero no llevás  ni medio bocado masticado cuando ya sentís que otra vez te están llamando, pero en esta ocasión para que llenés las jarras de agua.

Lo terrible viene cuando termina la fiesta, la patrona está cansada y se va a “recostar” a su cama que por favor no le hagás ruido, pero tenés que aspirar entonces se te retrasa todo, empezás limpiando mesas, lavando ollas, recogiendo bolsas  y bolsas de basura. Los hijos jugando nintendo (que le dicen)  no levantan ni las patas cuando vos vas a limpiar el chiquero que dejaron. Te desesperás y  es cuando la sangre te comienza a hervir,  no te cabe en la cabeza la dejadez de la gente y la forma en que te utilizan aunque te están pagando un salario este no compensa la cantidad de oficio que vos realizás cuando ellos quieren lucir la casa con la visita.

A aspirar, trapear, y dejar todo intacto. Para que cuando llegue el final del día te digan con una sonrisa fingida: “thanks my dear you are the best”. Pero aun con los  miles de dólares que tienen en el banco son incapaces de pagarte un salario justo. (Pero decime vos, ¿en dónde los pagan pué?) O por lo menos pagarte el sobrecargo que te hacen cuando realizan sus fiestas, que sería lo justo. A veces algunas prefieren tirar las bandejas de comida intactas antes de regalártelas para que vos las repartás entre la gente que conocés. Otras piensan que con darte una tu agua y un tu pan con jamón han logrado descontar en algo el abuso de  trabajo que te acaban de hacer.

No te podés enfermar y faltar al trabajo porque no te pagan el día y encima se enojan porque con el día que faltaste se les acumuló la ropa sucia en la lavandería y a ellas les tocó  poner los platos en la lavadora. No tenés días de feriado, trabajás doble para días festivos y no te lo pagan doble, como lo dicta la ley.

Creen que regalándote su ropa vieja que van a tirar a la basura  te hacen un favor y compensa las horas sobrecargadas de trabajo.
No importa el Estado, no importa el sector ni de qué nacionalidad sea la empleada doméstica la explotación es
la misma, no ha variado en mucho la historia de The Help en cuanto a salario y trato.

Aunque las hay divinas, las patronas que te ayudan a crecer y te miran como su igual, pero lastimosamente son contadas con los dedos de las manos, la mayoría no expande la escuela.

Ayer fue un día de esos… y cada vez son más repetitivos. Hay trabajo y eso es bendición, no es queja, es una reflexión de lo que nos sucede a quienes limpiamos casas en la nación estadounidense, aunque sé que en Guatemala por ejemplo el trato es deplorable e inhumano.

The Help es tan necesaria en estos tiempos (como lo ha sido en todos) y debería ser vista en escuelas y universidades pero más que todo en casa de “la patrona” que dicho sea de paso les encanta que una les llame así, para sentir la arrogancia y la diferencia de clases que existe entre ellas  y nosotras.

No ha sido un comentario subjetivo es la puritita realidad. Pero es trabajo y es uno de los más dignos que yo he realizado. Yo sé que regresaré a mi país y que esto es temporal, es algo que  he sabido siempre y lo tengo mentalizado así, pero la situación no cambiará, y seguirán viniendo emigrantes de todas partes del mundo a sufrir la misma explotación laboral. He escrito de este país, sé que si describo el trato que sufre una empleada doméstica en Guatemala por una misma paisana, un libro no sería suficiente.

The Help por favor, véanla, por favor lean ese libro es lectura recomendada por una empleada doméstica a la que ustedes están leyendo en este instante.
Ilka Ibonette Oliva Corado.
23 de febrero de 2012.
Estados Unidos.

Ayer fue  uno de esos días… sí, de esos días en que vos querés tirar la toalla.
De los días en que vos te irritás, andás como todos los diablos, te desesperás y  por si fuera poco en que también  te entra la perseguidora.

No sé si ya llegó la lica The Help a Guate, pero ya varias personas que viven allá me han escrito para contarme que la vieron  y que “me recordé de vos cuando la vi” definitivamente es una cinta que arranca suspiros, lágrimas y carcajadas. Llega a lo más profundo de la sensibilidad humana. El libro es mucho mejor que la película aunque debo de confesar que  el reparto de la cinta hizo un excelente trabajo, entendieron el mensaje fundamental de la escritora.

Yo me disfruté tanto el libro como la lica. Hay tanta realidad en la historia que de ficción no tiene ni el nombre. Sin embargo han cambiado algunas cosas en la forma y el trato de las “patronas” hacia sus empleadas. Pero mucho  de todo esto sigue siendo lo mismo, no hemos evolucionado como humanidad y las limpiadoras de casas seguimos siendo vistas como personas de segunda categoría, por decirlo así, porque realmente al entrar a la casa de la “patrona” con convertimos en una especie de robot: que no siente, no sueña, no se cansa, no piensa y al que no le da hambre ni necesidades fisiológicas. Así es como nos ven las “patronas” como robots.

Lo que pasa es que la Ilka habla de cómo le fue en la feria dirés vos. Puede ser,  pero no solo me ha pasado a mí lo que escribiré hoy es el resultado de muchos años de conversaciones entre limpiadoras de casas a las que he ido conociendo, son de muchas nacionalidades y todas venimos a caer en lo mismo.

Ayer yo estaba tan eufórica y cansada que cambié mi día de gimnasio y me fui  a matar el tiempo a una tienda dis que a comprar aspirinas, salí de la farmacia y me senté en mi carro como asoleada distraída viendo pasar otros carros por la avenida, cuando era niña salíamos en manada los patojos de la cuadra y yo jalábamos para la arada y justo en donde  hoy está la entrada de la colonia Jerusalén (a un costado de la bomba de agua) nos sentábamos a ver aterrizar los aviones, comprábamos picarones y risitos haciendo coperacha y nos los bajábamos a pura saliva. Ayer me compré una bolsa de chetos y me la bajé mientras veía pasar los carros, llegué a mi apartamento rentado y llené la  bañera de agua caliente, agarré un libro y me perdí en su historia durante una hora.

Mientras me repetía “calmáte Ilka, calmáte esto no es para siempre solo está en que vos decidás regresar…” quise sentarme a escribir pero sabía que lo haría de forma subjetiva y opté por seguir leyendo mientras se quemaba el incienso que llenaba de ahora a hierbabuena mi habitación.

The Help sigue siendo tan real aun con el paso de los años, han cambiado algunas cosas como decir, subimos un escalón pero no la escalera. Los baños por ejemplo las que limpiamos tenemos prohibido utilizar otros baños o inodoros que no sean los del servicio, osea nosotras somos las del servicio, la casa puede tener diez inodoros que vos tenés que  utilizar el tuyo solamente el que disfrazan con “el baño de las visitas” pero dentro de los baños de las visitas hay tres o cuatro para lo mismo, vos sólo  podés utilizar uno. Entrás por la puerta de atrás, prohibido entrar por la puerta de enfrente mucho menos tocar el timbre, para eso tenés la clave del portón eléctrico. No te es permitido comer en la cocina mucho menos cuando la patrona y su familia están tomando sus alimentos en ese lugar. No podés tocar absolutamente nada de los cinco refrigeradores que  hay en la casa, vos llevás tu almuerzo y no podés tomar de ahí  ni siquiera un vaso de jugo de naranja.

Como lo repito no generalizo, no todas son así pero la mayoría.
No te ponen uniforme para distinguirte pero sí cuando es necesario te hacen saber  o te recuerdan cuál es tu lugar. Sos nada más la persona que limpia  y se les olvida que sos quien consciente a las crías, la que les cocina su comida favorita, la que les plancha las camisas y quien se encarga de que la casa no se caiga a pedacitos.
Sos quien escucha las peleas  y busca otra cosas que hacer para no estar en medio del ojo del huracán  justo cuando van a empezar los gritos, sos quien soporta sus malos humores, quien ve a la jefa sin pintura y en pijamas, quien le sabe sus mañas y sus lados oscuros. Sos quien guarda los secretos de los hijos y que dice “está bien no le voy a decir a tu mamá”.
Por si fuera poco te toca soportar el pésimo humor de la hija adolescente, siempre la caquerita que cada vez que puede te recuerda que sos la que limpia.

< /span>
Te invitan a las fiestas familiares y asistís pero no pasan de darte el  saludo y la bienvenida durante la reunión jamás te verán como alguien de su clase, y las amistades se te acercan para preguntarte si de casualidad vos sabés cómo quitarle las manchas del salitre a los inodoros. Como si vos de lo único que pudieras hablar fuera de excremento.
Aunque claro aquí utilizan aspiradora en lugar de escoba, lavadora de  platos y lavadora de ropa, la ropa no la colgás en un lazo, la ponés en la secadora eléctrica.

Pero hay algo que no cambia y no cambiará nunca, aquí ni en la China. Y en cuando la patrona tiene fiesta en la casa. Esos días son terribles para nosotras, el estrés se te pega hasta en el pelo.  Por lo general la jefa quiere que su casa luzca como una tasa de porcelana para  la visita, pero tampoco es capaz de mover un dedo para que esto suceda, para eso estás vos, que no siendo suficiente con la rutina diaria te la cargan con cosas extras por hacer y empieza pues el calvario.

La jefa anda con su libretita de cosas por hacer –que dicho sea de paso que vos tenés que hacer-  estira su manito con la elegancia del caso y comienza a dictarte: esto movelo para allá, el polvo de aquella esquina, la cafetera en el mostrador, los pelos del perro de la alfombra de la entrada hay que aspirarlos, las puertas del puñado de refrigeradores tienen aceite hay que quitárselo con vinagre y agua, los inodoros limpiarlos con cloro y vinagre, el sillón hay que cambiarlo de lugar, las copas de cristal y los cubiertos de plata hay que limpiarlos, planchar los manteles,  lavar las sábanas y toallas de los cuartos de visitas.

Que colocar suficientes rollos de papel en los baños, trapear toda la casa, quitar telarañas, mover la mesa del comedor  de lugar y armar dos mesas más, limpiar las patas de las sillas y medio te detenés para respirar y ya está encima la patrona con su libretita y dirigiendo de nueva cuenta la orquesta (que dicho sea de paso solo la conformás vos) limpiar las ventadas, las chapas de las puertas… a todo esto vos tenés ganas de orinar y te comienza doler la espalda baja de tanto andar moviendo y cargando cosas, pero la patrona ni se inmuta, prácticamente te cuenta el tiempo que te hacés meando. Pero tampoco agarra ella la aspiradora y te ayuda en lo que vos regresás.

Durante la fiesta sos: quien sirve el agua en copas de cristal y les pone pajilla, a la que todo el mundo llamada para decirle que: “si le podés llevar una servilleta, un plato con ensalada, una galleta, una gaseosa, dos cubiertos desechables…” Que se derramó agua sobre el piso, no se pueden agachar ellas a limpiarla sino que te llaman a vos que andás en el otro extremo de la casa sirviendo, te pegás el regresón y les limpiás el agua derramada justo a un costado de sus zapatos, si no les decís que se muevan no se mueven.

Ya te dio hambre, pero tampoco podés agarrar de la comida que han encargado para la fiesta, te vas a la lavandería que es donde usualmente dejás tus cosas y te sentás a comer, pero no llevás  ni medio bocado masticado cuando ya sentís que otra vez te están llamando, pero en esta ocasión para que llenés las jarras de agua.

Lo terrible viene cuando termina la fiesta, la patrona está cansada y se va a “recostar” a su cama que por favor no le hagás ruido, pero tenés que aspirar entonces se te retrasa todo, empezás limpiando mesas, lavando ollas, recogiendo bolsas  y bolsas de basura. Los hijos jugando nintendo (que le dicen)  no levantan ni las patas cuando vos vas a limpiar el chiquero que dejaron. Te desesperás y  es cuando la sangre te comienza a hervir,  no te cabe en la cabeza la dejadez de la gente y la forma en que te utilizan aunque te están pagando un salario este no compensa la cantidad de oficio que vos realizás cuando ellos quieren lucir la casa con la visita.

A aspirar, trapear, y dejar todo intacto. Para que cuando llegue el final del día te digan con una sonrisa fingida: “thanks my dear you are the best”. Pero aun con los  miles de dólares que tienen en el banco son incapaces de pagarte un salario justo. (Pero decime vos, ¿en dónde los pagan pué?) O por lo menos pagarte el sobrecargo que te hacen cuando realizan sus fiestas, que sería lo justo. A veces algunas prefieren tirar las bandejas de comida intactas antes de regalártelas para que vos las repartás entre la gente que conocés. Otras piensan que con darte una tu agua y un tu pan con jamón han logrado descontar en algo el abuso de  trabajo que te acaban de hacer.

No te podés enfermar y faltar al trabajo porque no te pagan el día y encima se enojan porque con el día que faltaste se les acumuló la ropa sucia en la lavandería y a ellas les tocó  poner los platos en la lavadora. No tenés días de feriado, trabajás doble para días festivos y no te lo pagan doble, como lo dicta la ley.

Creen que regalándote su ropa vieja que van a tirar a la basura  te hacen un favor y compensa las horas sobrecargadas de trabajo.
No importa el Estado, no importa el sector ni de qué nacionalidad sea la empleada doméstica la explotación es
la misma, no ha variado en mucho la historia de The Help en cuanto a salario y trato.

Aunque las hay divinas, las patronas que te ayudan a crecer y te miran como su igual, pero lastimosamente son contadas con los dedos de las manos, la mayoría no expande la escuela.

Ayer fue un día de esos… y cada vez son más repetitivos. Hay trabajo y eso es bendición, no es queja, es una reflexión de lo que nos sucede a quienes limpiamos casas en la nación estadounidense, aunque sé que en Guatemala por ejemplo el trato es deplorable e inhumano.

The Help es tan necesaria en estos tiempos (como lo ha sido en todos) y debería ser vista en escuelas y universidades pero más que todo en casa de “la patrona” que dicho sea de paso les encanta que una les llame así, para sentir la arrogancia y la diferencia de clases que existe entre ellas  y nosotras.

No ha sido un comentario subjetivo es la puritita realidad. Pero es trabajo y es uno de los más dignos que yo he realizado. Yo sé que regresaré a mi país y que esto es temporal, es algo que  he sabido siempre y lo tengo mentalizado así, pero la situación no cambiará, y seguirán viniendo emigrantes de todas partes del mundo a sufrir la misma explotación laboral. He escrito de este país, sé que si describo el trato que sufre una empleada doméstica en Guatemala por una misma paisana, un libro no sería suficiente.

The Help por favor, véanla, por favor lean ese libro es lectura recomendada por una empleada doméstica a la que ustedes están leyendo en este instante.
Ilka Ibonette Oliva Corado.
23 de febrero de 2012.
Estados Unidos.