Noche de retén.

Al amanecer la calle luce tranquila, silenciosa y con el mismo movimiento de tráfico en las mañanas de fin de año.

El fin de semana la ciudad de Chicago dio por iniciada la temporada navideña, el árbol de la Plaza Daley  está ya con las luces encendidas. Los pequeños quioscos de ventas de temporada. Más de veinte países participando con sus ventas típicas. Docenas de Santas te saludan en las esquinas de las calles y avenidas principales. El espíritu de fin de año abraza los árboles desnudos. Luces de colores adornas las ramas dando un colorido de ensueño a las noches de principio de invierno y del ocaso del otoño.

Los centros comerciales llenos hasta el copete de compradores/as la mejor época del año para alimentar el consumismo han iniciado.

La calle luce tranquila no hay nada extraño en la mañana, me detengo en el semáforo y observo en la esquina al mismo caballero metido en un chaleco verde esmeralda, dando la vía a la manada de crías que se dirigen a la escuela. Los carros se detienen y ellas cruzan la calle. Se encuentran con la banqueta y siguen su camino, bromeando y riendo haciendo caso omiso del frío chiflón y de las penurias propias de quien camina en la misma banqueta con el temor de que en cualquier momento lo detenga un policía de emigración.

En el corazón de ciudad la policía de emigración trata de camuflajear, te quieren engañar quieren hacerte pensar que por ser la temporada navideña y más nostálgica del año podés pedir pelo andar con la libertad de una persona “ciudadana” del país. Docenas de personas se reúnen en la Plaza Daley es la atracción de la ciudad durante los dos últimos meses del año. Enormes trompetas adornadas con moñas rojas doradas y verdes  te reciben cerca de la tienda Macy´s  en el centro de la ciudad. La policía montada en lugar de su sombrero habitual lleva un gorro rojo y  del mismo color adornan la crines de las bestias en que andan encaramadas, todo parece estar “normal” tan fantasmal y mágico el ambiente que por momentos sentís que nada malo pasará…

De las enormes bocinas en tiendas, cines y centros comerciales salen voces que cantan canciones de la estación, la neblina y el cielo tiznado decoran el paisaje con un sutil encanto a veces melancólico.

El día de Acción de Gracias está en línea de espera, me atrevo a pensar que es la celebración más importante del país –claro seguido del día de la independencia- la Navidad  y Noche Buena no es una celebración universal, dependiendo la religión en los suburbios de gente judía es un día tan normal y habitual que pasa sin mayor pena ni gloria.

El mismo ritmo en el tráfico, las tiendas y los restaurantes de comida rápida están cerrados aún. Todo luce tan normal que nadie comenta o simula no haberse percatado del retén de la noche anterior. Comienza la temporada de fin de año para la gente que carece de documentos legales en el país. Esa parte no se comenta en los noticieros de habla hispana y mucho menos en los de habla inglesa. Esa parte de la temporada  más nostálgica del año pasa desapercibida para quienes prefieren ignorarla. La noche anterior en esa misma calle la policía trabajando en equipo con la policía de emigración realizaron el primer operativo de la temporada, el primer retén.

Enormes filas de conos plásticos color anaranjado dividen los carriles en la calle, buscan siempre colocarse frente a un centro comercial para que el estacionamiento de éste, sirva para “meter” los carros de las personas que los conducen sin licencia del país. Sin haber cometido ninguna falta de tránsito la gente es detenida, sometida a un interrogatorio y juzgada en el momento en la categoría de terrorista siendo culpable del único delito de no portar la licencia del Estado para conducir.

En la noche esa calle se convierte en el calvario de quienes trabajan de noche, de personas migrantes que laboran en oficios; limpiando centros comerciales, hoteles, oficinas. Quienes trabajan en restaurantes  y discotecas, los que laboran en el centro de la ciudad con el oficio de valet parking        terminan su jornada laboral en horas de la madrugada, el  momento justo  en que la policía trabaja bajo de agua.

Docenas de patrullas estacionadas a la orilla de la calle, puñados de autobuses de emigración, cientos de “esposas” para enchachar a la gente detenida. Sueños rotos, metas sin cumplir, separaciones familiares también            son parte de la trágica noche de retén. Estudiantes que no logran terminar la universidad, hijos que se quedan sin sus padres y padres que se quedan sin sus hijos.

De más es sabido que se ensañan con las personas latinoamericanas pero también es tan difícil ver a aquellas personas que no ha sido su aspecto físico el que las ha delatado y también son deportadas a África, Europa y Asia. Persona que han pagado más de $40.000 para poder llegar clandestinamente al país  en donde –te dicen- se realizan los sueños. Personas que no han pagado la cuota que prestaron para poder viajar.

La mañana tan habitual; nublada ceniza y fría. Nada nuevo qué comentar. Día de trabajo normal.

La noche anterior lágrimas bañaban los rostros desconcertados y miradas perdidas se extraviaban entre las luces de las patrullas de policía. Gritos y órdenes. Empujones y el registro en donde palpan tu cuerpo de pies a cabeza sin el menor respeto como si fueras vos una persona sospechosa de portar una bomba de tiempo en tu ropa interior.

El primer retén de la temporada. Serán docenas antes de que termine el año. No podrás salir para el día de Acción de Gracias porque los encontrarás prácticamente en cada semáforo. Lo mismo pasará para Navidad y Año Nuevo,  en paradas de autobús y de tren. Es la época en donde se sortea a la suerte y al destino. Es la estación en que más cuesta ganarse el sustento si carecés de los documentos legales del país y vivís –como los doce millones de personas- clandestinamente.

La mañana luce tan normal que pensar en una noche de retén pareciera ser un invento de mis narraciones de ficción, pero es tan real que de aquí a fin de año sentiré la misma mala vibra cuando conduzca mis automóvil por las calles y avenidas de la ciudad.

El precio que tiene que pagar quien vive clandestinamente en tierra gringa; pensar en el presente               y olvidarse del  mañana porque éste puede llegar mientras veás el nuevo amanecer con tus manos enchachadas desde la ventana de un avión y cuando tu “libertad” sea mancillada con la etiqueta de la deportación. En Estados Unidos –leí en una pared- la libertad es  una estatua y  la “migra” una sombra que camina atrás de vos esperando el momento justo para tomarte por el cuello y cortarte la respiración.

Noche de retén en tierra gringa es sinónimo de la deportación. El anuncio que diera el presidente del país en meses anteriores del alto a las redadas ha sido un fraguado plan que sólo pueden perpetuar los traidores del capitalismo.

Ilka Ibonette Oliva Corado.
21 de noviembre de 2011.
Estados Unidos.
                                               

Un comentario

  1. Se lo que es manejar sin licencia, uno se da tragos amargos de adrenalina cuando mira esos conos anaranjados. Es horrible.

    Suerte mucha, abran bien los ojos… pongamos las pilas y usemos los medios de comuncacion como facebook para decirnos donde hay retenes.

    urge la legalizacion!

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