Kar ve soykirim.


Le pregunté la traducción al inglés y me contestó: Snow and a genocidal  me imagino que en castellano será: nieve y un genocida.

En más de una ocasión he recibido esos tetuntazos que envían desde las entrañas de Guatemala las personas que nos señalan a quienes hemos emigrado y vivimos en suelo extraño, se nos acusa de no tener derecho a sentir, a extrañar  y a exponer y debatir con criterio propio. Se nos niega incluso nuestro derecho de piso. Que por estar fuera ya somos parte de otra galaxia. Pero se equivocan somos parte de los males, de los desaciertos y también del progreso. Somos… simplemente somos.

Habiendo pasado el mal trago y aceptar que tenemos como presidente a un genocida, seguí con mi rutina diaria. Al salir del trabajo me fui a nadar al gimnasio, esperando relajarme y fortalecer los músculos aprovechando de un tirón. Salí de nadar y me fui a meter al sauna, como ya sé de qué mal padecen los contados latinoamericanos que asisten a ese “club”  me llevo mi libro que me sirve como cartel que avisa ·” no molestar, ¿no mira que estoy leyendo?” con ellos es un caso hablar, lo mismo de siempre el baile, las chicas conquistadas y los tragos.  Me aburren y detesto esas conversaciones de machos. Pero aprendo tanto cuando hablo con hombres, son tan distintos  unos de los otros.

De pronto aparece un peruano fanático de Keiko Fujimori, de aquellos tipos amantes de la extrema derecha ultraconservadora y opresora. Es uno de esos tipos que cuando los mirás vos das las gracias porque están en suelo ajeno y no ensuciando la tierra que los vio nacer. Si por lo menos salieran del país todos los traidores…

Me ve en el sauna y emocionado me cuenta del nuevo presidente electo en mi país, como si yo no supiera la tragedia tan grande y la nube negra que se ha posado encima de Guatemala. Suelta su típico discurso conservador, dice que es necesario  un general que “suelte” al ejército para que ponga rienda en el país. Es imposible no escucharlo, aunque el cretino me habla en inglés para que todo aquel que esté en el sauna se entere. Yo le contesto en castellano, a veces no es necesario hablar mis miradas son muy expresivas, pero con él me veo en la obligación de hacerlo,  le digo que estoy ocupada leyendo un libro que si me permite. Entendió el mensaje y se retiró a una esquina a hablar de fútbol americano con otros sobados del lugar.

Sigo con mi lectura de Unaccustomed Earth, Jhumpa Lahiri es una de esas mujeres que nacen en países a los que sus padres han emigrado, crecen en una cultura distinta hablando diferente idioma pero mantienen las raíces, ella me transporta  a la India que no conozco y me invita a imaginar y a tratar de entender ese amor a la tierra de tus padres. No me es difícil entenderlo porque yo lo siento, está en la sangre que recorre mi cuerpo. No importa que tan lejos esté físicamente de donde dejé el ombligo si cada vez que quiero regresar solamente es necesario escuchar los latidos de mi corazón, ahí está mi tierra hablándome al oído.
Una enorme mano blanca me quita el cuaderno de las manos, aun sorprendida por el atrevimiento levanto la vista, sólo para irme a topar de nariz con un par de ojos azules color cielo desnudo,  el dueño de esos dos lagos que como espejos me regresan mi reflejo, es un turco de nombre Basir.

Me saluda con una sonrisa mientras me devuelve el libro, me ha buscando por todo el establecimiento me dice, quiere conversar conmigo respecto a lo que vio en los noticieros nocturnos, me habla de un general que es genocida y que además ganó la presidencia de mí país. Quiere saber mi punto de vista, porque me dice: “it is too bad for your country”. 

Y ahí estoy yo con mis once ovejas, lo invito a salir del  sauna y meternos en la piscina de agua climatizada. Vaya lugar para hablar de política. Y comienzo a rezar mi rosario frente a aquel turco que  cada cuanto me ayuda con la traducción de algunas palabras que yo más bien dramatizo.

Terminamos hablando de revolución, de las manifestaciones masivas en Chile, de las que están acaparando el mundo en el corazón de calles y avenidas de países capitalistas,  hablamos de Israel, Siria  y Palestina, por ahí se coló la mirada tierna de El Che Guevara al hablar de Latinoamérica y Cuba.

Me habló de los países socialistas del mundo y de la hambruna en África, de la violencia contra la mujer a nivel mundial y de la ignorancia y modorra en la que vive la juventud yo le digo que no solamente la juventud, la edad es un parámetro pero la amnesia colectiva la traemos desde que el mundo es mundo –diría mi abuela-. Durante décadas nos han lavado el cerebro correspondiendo a un solo patrón; el consumismo, la diferencia de clases, la oligarquía, los medios conservadores, el aborto que convierte en asesina a una mujer   y un sistema de justicia que a un violador lo convierte en víctima  y a la mujer en victimaria.  Vivimos en un mundo que se niega a aceptarnos diferentes, eso nos enseñan en la escuela que la homosexualidad es satánica, que es anormal, que es sucia.

No enseñan en salones de escuela embarrados de racismo, la misma clase de repello seguimos viendo en las universidades, en las paredes de comedores de mercado, en el asfalto de la calle y en la arboleda de los cerros, respiramos racismo y discriminación.

Me habla de la injusticia y de la resignación, pero también comenta que la resignación es de cobardes  y de débiles.

Terminamos  la conversación cuando menciona  a Eduardo Galeano y una frase suya que dice: que estamos viviendo el mundo al revés. Yo le pongo punto y final cuando le menciono del último  socialista que tuvo Guatemala, que vivió el día a día viviendo defendiendo y ap
ortando a una ideología: don Ponchito Bauer Paiz. Quedo de hablarle de él  en la próxima ocasión que nos veamos, él también me ofrece hablarme de Kurdistán y me invita a leer el libro; Nieve de Pamuk Orhan  según él ganador del Nobel de Literatura describe muy bien la interminable guerra entre esos pueblos pérsicos, turcos, árabes y kurdos. He le dicho que vivo enamorada del poeta Ka el  protagonista. También hemos quedado de comentar respecto a la lectura después de nadar la próxima vez. “kar ve soykirim” me dice antes de entrar al vestidor de hombres, le pregunto apurada la traducción…

Me despido, salgo de la piscina mientras que el puñado de latinoamericanos me mira indagando qué hace una latina hablando con un turco. Hasta en eso son posesivos, piensan que les pertenecemos por el simple hecho de ser originarias del mismo hemisferio.

Me voy a duchar y salgo a enfrentarme con  la noche fría y el vendaval de noviembre que colorea mi autoexilio repitiendo la frase en turco; kar ve soykirim.

Ilka Ibonette Oliva Corado.
Noviembre 08 de 2011.
Estados Unidos.

Un comentario

  1. Que homenaje a una gran persona como don Pocho Bauer.., mil gracias por estas palabra que al final son un bálsamo para el alma por estos momentos de frustración por lo vivido en un país donde la memoria histórica no existe…

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