Un enorme abismo es la diferencia.

  De: La Gaceta Independiente. 

  En los días anteriores yo me pregunté: ¿cuál es la diferencia? ¿De qué tamaño será el enorme abismo que separa a las clases sociales? ¿En qué consiste semejante abandono? ¿La indiferencia? ¿Son más importantes las artes que los deportes en Guatemala? Fueron tantas preguntas formuladas, que aun no he encontrado respuesta para ninguna. Y esto viene a colación del funeral del señor Efraín Recinos, por supuesto la parvada de buitres queriendo adquirir espacio, intentando salir en cámara.

 Buscando un posible “hueso” –a quien le quede el guante que busque su par-  ¡qué tristeza de mediocridad los baña! Cómo si ese ejemplo les hubiera dado el hombre al que boamente, llamaban Maestro. Pero no estoy reflexionando la actitud y acción de los discípulos traidores, más bien la forma y gala con que se llevó a cabo su despedida. Y no porque él no  lo mereciera, si no, porque este año también se nos fue un grande del atletismo, un hombre sencillo, humilde y de nombre indígena.

Al que por vergüenza  no se atrevieron a llamar con su nombre original al estadio que desde hace décadas nombramos Mateo Flores. Un enorme abismo en el trato de la sociedad con ambos, en vida y en su despedida. Pero es que no logro solventar esta duda. ¿Serán las artes o los deportes? ¿O será la cuna de dónde venís? ¿Qué es lo que detona la diferencia? El motivo de esta nota no es para realizar análisis profundos, ni caer en estereotipos, mucho menos molestar la tranquilidad de sus moradas. Con tristeza observé la forma en que se dio la noticia y se realizó el funeral de don Doroteo Guamuch Flores. En donde no asistió el  presidente de la República, y donde no se decretaron tres días de duelo nacional.

 ¿Por qué? Acaso, ¿Por qué era indígena, humilde y sin conectes? ¿Por qué no fueron representantes de las diferentes federaciones deportivas a hacer guardia junto a su ataúd? ¿Por qué no se veló en el Estadio Nacional? Tal como se hizo con don Efraín Recinos en el Teatro Nacional. En total abandono vivió y así mismo murió, en la indiferencia de un gobierno de pacotilla, que no pudo brindarle la ayuda necesaria siquiera en los últimos meses de su agonizante existencia. Un hombre que realizó una hazaña jamás lograda por ningún hombre guatemalteco, en su pobreza económica siempre estuvo al servicio del deporte, aportando desde su pequeña plataforma, digo pequeña, no por el tamaño de su osadía, si no porque se le denigró siempre, por su cuna humilde y su nombre indígena, desde allá abajo en los sótanos de las clases sociales intentó subir a pulso los peldaños bañados de indiferencia.

En total anonimato vivió y murió y ni siquiera después de muerto el gobierno tuvo la dignidad de reconocer la vida de aquel hombronazo que representó hábilmente; la disciplina, la entrega, el hábito por el deporte. ¿Por qué para su entierro no asistieron “luminarias”? ¿Por qué no llegaron entacuchados y estudiantinas? ¿Representantes del gobierno? ¿Del Ministerio de Cultura y “Deportes”? Simple como la regla de tres. El hombre no tenía de dónde sangrarlo, ningún posible “hueso” avecinaba después de su entierro. El pobre hombre ni siquiera es conocido por su verdadero nombre. En su casa de habitación fue velado, rodeado de quienes siempre lo acompañaron en su diario vivir. Siendo él una gloria del deporte nacional, ni siquiera la Federación de Atletismo, Confederación Autónoma de Guatemala, Comité Olímpico y Ministerio de Cultura y Deportes pudieron hacer acto de presencia.

Ni digamos nuestro enclenque presidente de la República. He ahí, el terrible abismo que nos divide como sociedad. No son las artes, ni los deportes, ni la incultura, es el abandono y la indiferencia que se tiene con aquellas personas de clase humilde y de pocos recursos económicos. Ahora está la oportunidad de la  reivindicación con  aquel atleta campesino y proletario: el que se le cambie el nombre al estadio nacional y se rebautice con el verdadero nombre del atleta que en 1,952 ganó el Maratón de Boston, cosa que ahora los atletas de las nuevas generaciones, ni con diez pares de spikes en  mano,  han logrado y ese sería: Doroteo Guamuch Flores. Y qué decir de los otros  grandes hijos de la Patria que en el absoluto anonimato perecieron, siendo su cuna  humilde la culpable de tal agravio a la sociedad: clasista, racista, homofóbica y de doble moral que vivimos en Guatemala.

http://lagacetaindependiente.com/un-enorme-abismo-en-la-diferencia/

 Ilka Ibonette Oliva Corado.
14 de octubre de 2011.
Estados Unidos.          

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