La Bestia: un camino sin regreso.


“Bestia” le decimos en Jutiapa a los animales de caballería. Allá vos no andás a caballo, andás en un bestia. Las mulas y las yeguas son bestias. En Peronia vos “te hacés las bestia”, el distintivo tiene otro significado. Pero en Estados Unidos, siendo vos una persona indocumentada, que llegaste a tierras gringas siendo “mojada/do” la palabra “bestia” forma un concepto descomunal.

“Bestia” le llamamos en la jerga “de migrante sin documentos” al tren mexicano que abordan quienes se atreven a lanzarse al sueño del camino sin regreso. Alguien que haya llegado a tierra gringa, en la comodidad de un avión y una visa en la mano, no tiene la idea –y nunca la tendrá- de lo que significa emprender la marcha treparse al tren y aventurarse  a un viaje sin retorno.

El Viaje de la Bestia, es un documental que profundiza el motivo y el trayecto de quienes se lanzan al vacío en busca de un futuro incierto. Persiguiendo el fantasma de un sueño por demás esfumado. Porque el “sueño americano es inexistente”.

Sigo “tocando” estos temas porque me compete, porque no puedo ignorarlos, porque sería desleal verme ya “establecida” –eso de establecida sonó muy abusivo- en tierra gringa, y olvidar de dónde  vengo y cómo llegué, el trayecto que tuve que pasar, para estar hoy en día; sentada en la comodidad de un sofá, bajo un techo y con el visual de un balcón que engalana un arce en metamorfosis otoñal. Sentada sobre un sofá, escribiendo en un ordenador portátil.

No escribir respecto al fenómeno –y aumento- de la migración indocumentada, sería igual a olvidar mi raíz.  Llevo las huellas de la migración en mi piel, cicatrices que ya están curadas, pero que  indudablemente dejaron huella, una impresión imborrable en mi corazón y en mi conciencia.

Subirse al tren en marcha y saltar sobre los fierros, intentando sujetarse de las orejas de un vagón, es un acto suicida. Sin embargo aun sabiendo los riesgos que se corren, miles de personas centro  y sur americanas se encomiendan a sus Santos y Vírgenes  y se lanzan a recorrer caminos y trayectos que muy probablemente las lleven a encontrarse con la muerte.

Migrar es una acción que te mutila no sólo interiormente, basta llegar a los centros de atención al migrante –promovidos por iglesias y comunidades civiles- para que veás las  mutilaciones que viven a diario, quienes que cansadas/dos y abatidas/dos por el sueño,  pierden el control y caen al vacío sobre las líneas del tren, algunas/nos corren la suerte de perder extremidades, en cambio otras/otros, dejan la vida  pegada en aquellos rieles, formando así parte del paisaje y de la historia atroz, tan irreconocibles quedan sus cuerpos, y que carecen de documentos de identificación, que son enterrados en cementerios mexicanos, como XX.

Sus familiares nunca sabrán que no lograron su cometido, y que por el contrario han pasado a  formar parte de las estadísticas espeluznantes de quienes se convierten en víctimas del terrible “sueño americano”.

Hambre, insomnio, sueño, quemaduras de piel por la exposición al sol durante días enteros, gastritis; son algunas de las consecuencias de abordar “La Bestia”. Por si fuera poco, las vejaciones a las que son sometidas las mujeres que van encaramadas en el tren de la muerte, saberte mujer es sinónimo de violación física y emocional. Atreverte a migrar de forma indocumentada te convierte automáticamente en candidata a víctima de la trata de blancas. De la tortura y de femicidio.

Migrantes que se osan de perforar las fronteras de territorio “mapache” como México,  – y Centroamérica-  son blancos perfectos para las bandas dilectivas, policías corruptos y civiles enfermos con el mal de  los grupos segregacionistas.

El cineasta Ulteras ha realizado un extraordinario trabajo al llevar a la pantalla grande la miseria humana que se vive en el trayecto de los rieles y estaciones ferroviarias en México. Un documental en donde se plasma la ingrata realidad e ilustra lo poco que vale la vida de una persona indocumentada.

El  primer documental del tema de migración que veo  y escucho, realizado con voz de mujer. Hay algo por agregar y exponer y es: el trato que dan autoridades migratorias mexicanas y estadounidenses en sus fronteras. En Estados Unidos, no te torturan, te golpean ni te abusan sexualmente policías de migración. Caso contrario sucede en México, siendo estos los primeros en violentar sexualmente a las mujeres migrantes. “El abuso es cuarenta veces peor que en Estados Unidos” en palabras de Ulteras.

Hay tantos documentales que tocan estos temas, que no son candidatos para optar a formar parte de las premiaciones en festivales de cine, tal es el caso del documental realizado por HBO llamado: Buscando el Camino a Casa, nominado al Oscar en el 2010 como mejor producción, pero que fue abatida por el documental japonés que trata sobre las matanza de delfines en aquel lugar. Para lugares como Estados Unidos, la vida de una persona migrante, vale poco o nada, es más valiosa la vida de   un delfin, lo demostraron galardonando al documental japonés.

Sin embargo cineastas siguen aventurándose a tocar estos temas contradictorios, uniéndose a la causa de  promover la “no migración indocumentada” por los peligros que ello conlleva.

Los realizan con recursos propios, no adquieren premios ni regalías, pero se involucran son su arte, en ese problema profundo que se ha convertido en un fenómeno del hemisferio.
Por supuesto que yo también me uno a esta labor de hormiga, negándome a promover este tipo de migración, porque las huellas que deja en la vida, -si es que lográs sobrevivirla- son de consecuencias atroces.

El fantasma del fatídico “sueño americano” no vale la pena.

Y aplaudiendo la labor comunitaria y humana de Las Patronas, un ejemplo a seguir en cualquier lugar y circunstancia de la vida: dar sin esperar nada a cambio.
Ilka Ibonette Oliva Corado.
Septiembre 24 de 2011.
Estados Unidos.

2 comentarios

  1. Presencie el documental la noche que lo exhibieron, impactante, por ratos terrorífico. Esos rostros, esas miradas. La angustia, el desespero. Cuando lo avasallante de la necesidad, la urgencia, desafía a la muerte misma, por doquier encarnada en ese monstro metálico, “La Bestia.” “El Caballo de Acero” se queda corto en comparación. La Bestia es la muerte rodando sobre rieles. Hay otro que llaman “El Burro,” ese lo monte, atravece en el ese desolado y mortal desierto, nueve horas desde la media noche de una “noche buena” hasta el amanecer del día 25. El frio era tan penetrante que todas mis articulaciones se entumecieron, me fui de bruces al bajar. En el trayecto de esa frigorífica noche no tuve tiempo de pensar en otra cosa que no fuera salir, escaparme del helado mortal abrazo de la muerte y seguir en mi rumbo. No tengo ninguna autoridad para juzgar a ninguno de mis congéneres por tener la osadía de desafiar la muerte en busca de un sueño del cual ya ni las huellas quedan, ha desaparecido. Como han desaparecido las huellas de miles de hambrientos y sin esperanza en el fatídico trayecto de “La Bestia” que nadie osa parar.

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