Nuestro 11 de Septiembre.

De: La Gaceta Independiente.

Es tan distinto el 11 de Septiembre nuestro, el latinoamericano al anglosajón. Hace un mes que los canales televisivos están en cuenta regresiva, anunciando la conmemoración del atentado terrorista contra las torres gemelas.

De hecho fue una forma de tomar la justicia con mano propia, sanguinariamente  espantosa. Murieron cientos, miles de personas inocentes, un golpe al corazón de la economía estadounidense y  su Ego capitalista. El mayor atentado contra el país norteamericano.
Diez años después, los recuerdos queman, fotografías, entrevistas a sobrevivientes, videos y murales, todos hablan de aquella tragedia, sumidos la conmoción.

Sin embargo, pocas personas se detienen a pensar, en qué fue lo que movió a aquellos “¿terroristas?” a realizar semejante barbarie. La respuesta es clara: se cansaron. De ser los oprimidos, los asaltados, los maltratados, ser esclavos de una mano poderosa que maneja las piezas del rompecabezas desde la comodidad de una poltrona bañada de oro robado.

Las Torres Gemelas: hay tantas incógnitas, muchas más preguntas que respuestas, diez años después siguen las investigaciones, ha sido tan certero el golpe que los dejó shoqueados. Por más que desinformen y añadan mentiras, el derrumbe de las Torres Gemelas, y la magnífica hazaña de utilizar sus propios aviones para lograrlo, les ha dejado claro que por más poder que posean, son más vulnerables que cualquier país al que ellos llaman del  tercer mundo.

Conmemoran el atentado como la mayor monstruosidad vivida en la historia del país. Pero no recuerdan ni conmemoran, las catastróficas  bombas que lanzaron en Hiroshima y Nagasaki ordenados por el “magnífico presidente” Harry Truman, con estos Estados Unidos puso punto final a una guerra que ya había perdido hacía mucho tiempo. Dos bombas que cegaron las vidas   en Hiroshima de  más de 140,000 personas y en Nagasaki un promedio de 80,000   desde 1945 siguen muriendo personas, por los efectos secundarios de la irradiación nuclear.

Los dos únicos ataques nucleares registrados en la historia fueron realizados por el país más poderoso del mundo, a mansalva, con traición, como acostumbran hacer las cosas, a la mala.

La bomba de Hiroshima sigue siendo el orgullo más grande de Estados Unidos, con la que se pavonean vencedores y opresores, intocables.

De las hazañas y bajezas cometidas, no podemos olvidar la que nos compete como continente y como Latinoamérica, en Chile  y a nuestro compañero Salvador Allende, ese es el 11 de septiembre  de 1973  que recordamos.

Ese 11 de Septiembre en que Estados Unidos, confabulado con manos de traidores a la patria, hijos ilegítimos del suelo mapuche, asaltaron y bombardearon La Moneda, a estas alturas, no importa si el presidente se suicidó o lo mataron, la bala que le cegó la vida tenía nombre propio: traición a la patria.

La fecha en que Estados Unidos, cegó los sueños de convertir al país de la dictadura a la democracia, al socialismo bolivariano. Actuando siempre por la espalda, a traición, porque no hay otra manera en que puedan hacer las cosas, con todas sus universidades, el dinero robado y los rascacielos en sus ciudades, el país, no sabe de: lealtad y honestidad, de honor y trabajo.

El asfalto que baña sus numerosas autopistas, ha sido saqueado en país que ellos se han encargado de señalar como subdesarrollados y de tercer mundo.

Septiembre es “el mes de la patria chilena” del socialismo, se celebra la memoria de un compañero, que luchó hasta el último instante por la libertad y la democracia de los pueblos oprimidos y de las mayorías. Un compañero que defendió la herencia mapuche y devolvió las tierras a sus legítimos dueños. Aunque después un general traidor a la patria y a la ti
erra la devolviera a los vendidos.

Nuestro 11 de septiembre representa la celebración de la vida de un hombre que honró la  Patria y al continente entero, alguien que no ha muerto, porque su memoria sigue viva en los corazones de quienes soñamos con una Latinoamérica convertida en la Patria Grande, con quien soñaron: Simón Bolívar, Salvador Allende, Ernesto “Che” Guevara, Alfonzo Bauer Paiz, Sandino, Jacobo Árbenz, y las y los miles de desaparecidas/dos, asesinados/das, y torturadas/dos en nombre de una lucha unida que le diera libertad  y voz a las y los silenciadas/dos por las armas homicidas del capitalismo.

¡En nuestro 11 de septiembre celebramos la vida del compañero Salvador Allende y el canto sonoro del Socialismo Latinoamericano!
Último discurso de Salvador Allende desde el Palacio de La Moneda:

Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!”


Ilka Ibonette Oliva Corado.
Septiembre 10 de 2011.
Estados Unidos.








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