La Llave: Abya Yala.


El otoño  es mi época favorita por muchas razones, la primera: porque fue en otoño cuando  recién llegué a tierra de: Sioux, Yaquis, Apaches, Cherokees, Mohicanos, Comanches, Pies Negros, Chiricahuas, Hopis… aunque hoy en día las y los tengan amontonadas/dos en reservas. Y se globalice con llamarse “América” cuando no, siempre queriéndose apropiar de lo que  no les pertenece, ¡de todo un continente!,  a mí se me facilitan –y me encantan- los términos: gringolandia, capitolandia, imperiolandia, migrolandia, consumilandia, opresolandia y guerrilandia. Quedan ad hoc.

La segunda razón: es por el cambio tan radical de clima, el vendaval sopla desatado, el cielo se torna tiznado, la niebla se apodera de los días largos y cenizos, mientras que las hojas de los árboles comienzan a agonizar lentamente, tornando el paisaje de un verde profundo a tonalidades chiltotas.

Silencio y calma, paz y tranquilidad abrazan mi estación favorita. Marcó cambios en mi vida radicales. Como también sucede con el colorido y la temperatura en la Ciudad de los Vientos.

También me gusta porque termina la temporada de los deportes y actividades al aire libre, por ende el fútbol también, mi trabajo de los fines de semana descansará hasta nuevo aviso en primavera. Tengo los fines de semana libres, ¡me puedo desvelar los sábados por las noches!, eso me da más libertad para asistir a más actividades culturales, que por lo general son en la ciudad y terminan a media noche. De mayo a octubre, me mantengo en cuarentena, salgo muy poco, porque los domingos en las mañanas es de madrugar a los juegos y por supuesto, sería una enorme irresponsabilidad, llegar con goma de sueño y sin energía para correr como dunda atrás de un balón.
A raíz de mis escritos en donde menciono a las famosas organizaciones guatemaltecas en Chicago, he recibido amenazas vía correo electrónico (que resultan ser cuentas ficticias) y en llamadas telefónicas, en donde se me ha exigido dejar  de mencionarlas por mi bienestar. Es bien sabido que en un costal de manzanas, siempre vas a encontrar algunas podridas. Lo mismo sucede –aquí y en la china- con las organizaciones guatemaltecas que trabajan en “pro” de la comunidad y la ¿identidad? No son todas  por supuesto, pero sí la  mayoría.

Sinceramente me mantengo lo más alejada posible de las actividades “culturales” que realizan  la mayoría de las organizaciones. Porque no soporto la hipocresía y el engaño. Además porque no me las disfruto, no me llaman la atención y para eso prefiero irme a colacear en bicicleta –escribir- o leer un buen libro y quedarme rascando la barriga en la casa.

Siempre he sido y soy autónoma, no colaboro de cerca con ninguna. Lo único realmente mío y que es mi voz, es mi blog y allí estoy bien. No escribo a favor de  nadie, no soy chaquetera, y  boa mucho menos. Digo las cosas tal y como las siento, y por ser honesta y sincera, me he echado a medio Chicago de enemigo. Lo siento mucho por medio Chicago.

Pero Casa Guatemala, es otra cosa, otra órbita, diferente dimensión. En Casa Guatemala es el único lugar en donde me siento afín, allí trato y me tratan de vos, es el único lugar en donde no me llaman escritora con la finalidad de chaquetearme y que escriba de la actividad y para que tengan el honor de salir en mi blog. No tengo idea, ya perdí el conteo, de cuántas personas se me han acercado con ese objetivo. Yo sigo siendo Ilka, y quien me presenta como escritora en Chicago, es porque algo quiere… Es que hasta el tono cambian cuando mencionan la palabra escritora: típico de las y los que se mueven en dos aguas.

En Casa Guate, vos tomás café proveniente de pequeñas cooperativas guatematecas, te atipujás chuchitos, tostadas, atol de elote y todo impregnado con el acento chapín y por supuesto con el ambiente de la izquierda socialista y progresista.

Allí no te pelan si vas  con los pantalones rotos, en “fachas” y si vas desgreñada, nadie se fija si comés con los dedos o si pedís dos atoles en lugar de uno, las bebidas no tienen marca ni clase y no te catalogan debido a tu color de piel y estracto social, mucho menos por tu étnia.

Es una ambiente de camaradería, el saludo es de abrazo y se ignora el beso en la mejía: detesto los besos en las mejías, porque nunca te los dan, siempre son en el aire, el mate nada más. Prefiero los abrazos, que te permiten sentir al otro ser.
Es el único lugar que relaciono con el ambiente de la: ¡Tricentenaria Universidad de mis Amores! Siempre hay trova, engalanan el lugar las voces de: Mercedes Sosa, Silvio, Violeta, Pablo, Sabina… en fin… en fin… esencia pura.

En esta ocasión el motivo de la reunión fue la charla impartida por una escritora guatemalteca radicada en Canadá, su nombre: Chiqui Ramírez. Promocionando su libro de nombre: La Llave. No lo he leído, pero lo compré, cuando lo termine les cuento.
Impartió una pequeña charla relacionada con el descubrimiento de las ruinas de la civilización Maya y con el espanto que  hay hoy en día con la profecía del fin del mundo el año siguiente. Me comentaron de un libro de su autoría que tendrá una segunda edición, se llama: La Guerra de los 36 años vista desde los ojos de una mujer de izquierda. Sinceramente nunca había escuchado de ella, ayer fue la primera vez.

Leí en algunos datos que aparecen suyos en el libro, que tiene  profundos conocimientos respecto a la Cosmovisión Maya. Gracias a esa charla supe del nombre original del continente Americano: Abya Yala.

La elegancia con que bateó a unos “intelectuales” que quisieron pasarse de listos con algunos comentarios, ¡me encantó! Yo de elegante no tengo nada, en su lugar yo hubiera soltado el mameyazo tal  y como lo tenía en  garganta. ¡Y entre más pronto mejor! Y la utilización de los modismos campechanos y capitalinos, ¡que sólo hablamos aquellas personas que hemos crecido en los arrabales!

Es la primera vez que veo el espacio de Casa Guatemala lleno –cien personas-, me agradó y me emocionó. Pero como siempre había de todo: puñeteros, traidores, oportunistas, orejas… pero no se les cierran las puertas, allí entra Chana y Juana por igual. Pero sí cambia la energía del lugar, definitivamente, sentís las miradas que si tuvieran filo, ¡bien que te volaban el ayote!

Dicen que para cuando se presentó la película de Monseñor Gerardi, estuvo más lleno el lugar. Yo no asistí, hice mi propia huelga. Muchos y muchas quedamos decepcionados del trabajo tan “bagre” que realizaron los hermanos Morales con la memoria de Monseñor Gerardi,  otras personas del cine guatemalteco hubieran realizado mil veces mejor el trabajo.  No me arrepiento de haber ido a apoyar Cápsulas, escrita y dirigida por una mujer. En Chicago no se le dio cobertura, las organizaciones prefirieron lambisquear a los Morales, con su Nito y Neto.   Casa Guatemala accedió a prestar el lugar para presentarla.

Casa Guatemala es la que menos recursos económicos tiene, sin embargo es la única que cuenta con un salón de usos múltiples; allí echále pluma vos, a dónde se va el dinero de muchas de esas “fachadas”. ¿A Guate? Te lo dejo a tu inteligencia.

Me tocó agarrarme el pelo en un chongo, la gente nos confunde con mi hermana, dicen que somos gemelas: una blanca y una negra. Con el pelo agarrado  por lo menos hay diferencia en el chongo.

Como si no hubiéramos comido en una semana entera, nos atipujamos tres vasos de atol de elote –he ahí el tamaño del bucul cervecero-  de entrada, después desfilaron las tostadas, los chuchitos y las enchiladas. Una mordida de enchilada y abrazo a quienes iban llegando, un trago de atol y abrazo a  quienes nos presentaban, entre abrazos y tostadas se nos pasó la velada a la mayoría. Intercambiando opiniones mientras la autora autografiaba libros.

Las  bebidas espirituosas ahuyentaron  a la noche fría y gris.
Hay algo que  me llama poderosamente la atención, ¡en sobremanera! Hay dos familias de gente de etnia Quiché, que siempre llega vestida con su traje autóctono, (¿o típico?) y no sienten ninguna vergüenza de hablar su idioma. Te imaginás vos, qué pilas, hablan tres idiomas: Quiché, castellano e inglés. Mientras que a la mayoría de “ladinos” (que se creen) las crías se creen gringas y hasta el idioma materno olvidan. De hecho lo son, quienes nacen en Estados Unidos, son personas estadounidenses, a lo que me refiero es que niengan su herencia… a toda costa.

Esas dos familias, siempre llegan juntas, como marimbita, allí encontrás, madres, hijas, primos, tíos de todas edades y caminan con un orgullo de portar su ropa, ¡que a vos te da envidia!
La Llave. Se encargó de llenar el pequeño salón de usos múltiples en Casa Guatemala, y La Llave también fue la culpable de que recibiera cinco abrazos de un mismo cuerpo y como me gustaron, se los devolví, ¡para no quedarme con el olor de su piel impregnada hasta el amancecer! ¡A la próxima  le doy La Llave, pero de mi bicicleta, para que vayamos juntos a pedalear!

La Llave tuvo el poder de unir en un mismo salón a personas: colombianas, gringas, mexicanas, guatemaltecas y argentinas. Puñeteros y fieles. Documentados/das e indocumentados/das. Sin duda alguna, quien tenga la magia de utilizar correctamente una llave, puede abrir mucha
s puertas. Como sucedió con Chiqui Ramírez en la velada otoñal que albergó Casa Guatemala. 
Ilka Ibonette Oliva Corado.
18 de septiembre de 2011.
Estados Unidos.

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