The Help.


En una ocasión una amiga me dijo: “los iguales se atraen” y eso me  ha sucedido con mi jefa gringa de madre oriunda de Alabama y padre emigrante, de Rusia. Es una estadounidense con corazón latino, que habla perfecto el español pero que lo utiliza conmigo sólo cuando  me quiere jalar las greñas con la palabra mexicana: coyotona. Sabe que me saca calor cuando me habla en mexicano, y lo hace para subirme los colores y verme el choreque hinchado, una vez me dijo mientras nos cruzamos en una de las dos salas de su casa, “pásele, ándele mija”, le clavé la mirada en sus ojos verdes  -preciosos-  y no se la bajé hasta que de un tirón con mi voz más ronca que nunca le dije: “I´m not from México, I´m from Guatemala” Pensé que en ese instante me desperidía, ¡por salida, y grosera! Pero nanai, le dio ataque de risa y me dijo que así le gustaban las mujeres ¡Con carácter! -¡Qué salvada me di!- Eso sirvió para que nunca más me volviera a decir pásele, pero  lo de coyotona no me lo quitaré hasta que publique mi primer libro, porque dice que por coyotona –cobarde- no me he atrevido. Así es que esa es la sentencia.

Con mi Queen, -así le llamo de cariño porque tiene  un porte y la elegancia dignos de una reina- y la humildad de una cortesana, no digamos su esposo un hombronazo en toda la magnitud de la palabra, con sus ojos azules cielo desnudo de verano, no hace falta que yo le hablé, me desnuda y entiende al instante los congojosos de mi alma desterrada. Un Ser con el que me siento honrada  de tenerlo de jefe.

En esa casa he aprendido muchas de las lecciones más importantes de mi vida, bajo ese techo, observando desde el ventanal el horizonte lejano. Sus hijos los he hecho míos. Soy quien limpia su casa, -la Houskeeper- , la mayoría de mis escritos han nacido allí, mientras limpio, y cargo una hoja de papel y  un lapicero  en la bolsa de la pantaloneta. Me ven  apagar la aspiradora y detenerme a  anotar, lo mismo cuando estoy limpiando los baños, bajo la tapadera y me siento a escribir por unos minutos, después me coloco los guantes y prosigo con mi trabajo.

Saben de mi  amor por los libros, así es que ya le di vuelta revés y derecho a la biblioteca de su casa, mi jefa se ha permitido la atribución de pedir libros en la biblioteca del pueblo en donde vive, y me sentencia que tengo veinte días de aire, para leerlos y devolverlos puntualmente.

Con ella compartimos el amor por el monte  y la vida silvestre y con él,  el  encanto por los músculos, el ejercicio y la proteína, aparte de que nuestras almas se entienden perfecto.

Hace unos meses, la vi deambulando por las mañanas con los ojos rojos, como ya la conozco me imaginé que estaba enrolada en la lectura de un buen libro y que este seguramente le había estrujado el corazón.

A los días me buscó en la cocina mientras yo limpiaba los gabinetes, y me dijo: “tenés qué leerlo, si lo terminás de leer y lo entendés habrás  ganado tu curso de inglés”, tenía en la mano el libro The Help. Le pregunté de qué se trataba, y como siempre me dijo que no me podía decir, pero  como sé que ella sólo me recomienda material de primera, acepté el reto, y compré el libro.

Con el que  he llorado como con ningún otro, página tras página sumergida, bebiéndomelo a sorbos, con la  misma lentitud con que agonizan las tardes en el verano. Conocí Jackson Mississippi, en la década de los  60´s cuando la discriminación por tu color de piel te valía la vida o la muerte.

Es un libro que fue escrito en el año de 2009, por Kathryn Stockett    y trata sobre la vida de las limpiadoras de casas afroamericanas, que trabajan para gente blanca: African American Maids.

Un libro que  se enfoca desde la visión de tres  mujeres,   Aibileen Clark, que  ha pasado  su vida criando niños blancos y que recientemente ha perdido a su hijo en manos de blancos. Minny Jackson que fue despedida de su trabajo por intentar utilizar el escusado de la casa en donde laboraba, y Eugenia “Skeeter” Phelan,  un jovencita blanca  escritora y que se acaba de graduar de College,  que al regresar a casa de la universidad, se percata que la mujer afroamericana que la crió, fue despedida de su casa, su madre le presenta la excusa y la farsa  de que la housekeeper, se fue por su gusto y su gana: renunció. La importancia que tiene la mujer que la crió, mueve a Skeeter a investigar entre las mujeres afroamericanas que trabajan en el sector, de allí nace una amistad que confabula para que  de su pluma escriba las historias de las mujeres afroamericanas que trabajan limpiando casas en Jackson Mississippi.

Dos de ellas, Minny y Aibileen son quienes convencen a las compañeras para que cuenten sus historias como limpiadoras de casas en las que tienen que ver: el racismo, el trato, el mal pago económico, las emociones y la frustración inmensa de que por tu color de piel te traten en un nivel inferior al de los animales domésticos de las casas en donde laboran.

Un libro totalmente enternecedor, cruel y verídico, un libro que ayuda a las generaciones nuevas, a regresar al pasado y visualizar el grado de discriminación que ha vivido la gente afro descendiente en tierras del tío Sam,  tanto como en La Cabaña del Tío Tom. ¿La recordás?

Las librerías se  vieron asaltadas  por lectoras y lectores, que buscaban The Help al anunciarse el próximo estreno de la película. El sábado  pasado la fui a ver, alguien más le ganó el puesto a mi  jefa, y con tremenda compañía con gusto mandé por un tubo a la Queen, y ella al saber de quien se trataba gustosa se dejó batear. Me alegró ver la sala con un número galán de público, entre gringos, asiáticos y afroamericanos.

Como siempre jamás una película le hará justicia a un libro, pero debo de confesar que en esta ocasión hicieron un buen trabajo, sacaron la médula espinal de la trama  y en  base a eso, le dieron vida a la historia escrita.

Me enamoré de “Skeeter” y su conciencia social, ojalá que hubiera más patojas así, que no sólo vean a donde les apunte su nariz,  un ejemplo de lo que debe ser un Ser Humano, en cualquier país del mundo.

Qué decir de las limpiadoras de casas, me identifiqué al 100% con ellas, porque  tus manos son las que limpian muebles y sanitarios, pero también las que alimentan a las crías que las familias blancas paren. Te convertís en mamá de leche, porque les das el tiempo que sus madres de sangre no pueden –o no quieren-, sos maestra, enfermera, entrenadora, payasa, consejera,  y mil malabares más, por el mismo sueldo y por la misma posición laboral: Housekeeper.

Pero ¿cuántos de tus jefes te conocen? ¿Saben qué pensás? ¿Qué sentís?  Por el contrario vos de ellos conocés hasta de la pata que cojean, sus malos ratos,
sus frustraciones, sus gustos en ropa, música y comida. Su ropa favorita y sus horarios de sueño. Les medís el pulso diariamente, aunque para ellos vos, circunstancialmente pasés desapercibida, siendo solamente en sus vidas: The Help.
Un libro que ha sido publicado a más de 35 países y traducido a 3 idiomas, lamentablemente todavía no está en castellano, pero quien lea inglés, lo recomiendo abiertamente.

Un manual e intructivo para cambiar conductas racistas, no sólo con quienes trabajan en el servicio doméstico, sino con quien te atiende en las tiendas, quien te sirve el café en la oficina, quien limpia el escritorio en donde trabajás, el chofer del bus, quien hace las refas, el mensajero, la señora del mantenimiento en el centro comercial. Un libro que educa en cada página que leés.

Es el primero de la escritora y que le tomó cinco años para publicar, un excelente trabajo narrativo y una desnudez de alma que atrapa desde la primera página a quien se atreve a leerlo.

Por si está a tu alcance, dale una leída, encontrarás mucho material para abonar tu alma.

Por mi parte, mañana le agradeceré a mi jefa gringa, tremenda recomendación literata. Y seguro que ambas odiaremos a la desteñida que se comió ¡el pastel de chocolate!

Ilka Ibonette Oliva Corado.
Septiembre 08 de 2011.
Estados Unidos.





Un comentario

  1. Estimada Ilka: Gracias por compartir tus vivencias y tu sentir. Un beso, Chente.

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