Seis meses para probar suerte.


Camino  a nadar iba hoy por la tarde al salir del chance, cuando recibí una llamada telefónica de una amiga, que me preguntó cuando contesté: “¿Vas a ir a la reserva hoy?” le dije que no, que iba a nadar.

“Es que te quería pedir un favor, tengo un primo que acaba de venir de Guate y quiero ver si te lo  llevás con vos a la reserva”,  acepté, tratándose de un emigrante más, recién llegado; así  fue que cambié la nadada por la bici.

No todos los días a vos  conocés gente recién llegada de tu país. Llegué a  al apartamento me cambié al pedalazo y salí a encontrarlo, venía con el hijo de mi amiga, le presté una de mis bicis,   y salimos los tres echos pistola camino a  la reserva forestal vecina del pueblo en donde vivo.

El hijo de mi amiga también es relativamente recién llegado, la vi llorar durante muchos años, la ausencia del hijo que había dejado en su aldea, en el oriente del país guatemalteco. Año tras año, mandar remesas, encomiendas con: ropa, libros, vitaminas, juguetes, para aminorar  en algo su ausencia de madre.

Hasta que un día se cansó de sortear la distancia, y lo mandó a traer,  y llegó en la misma forma en que  lo hace la mayoría de gente emigrante, latinoamericana al país de los espejismos capitalistas.

Veo al patojo y me parece que fue ayer, cuando su madre lloraba su suerte en tierra extraña. Habla atravesado el castellano con el inglés, ya le dije que con spanglish ni siquiera me haga señales de humo y se escuda  explicándome, que hay palabras que no las conocía en castellano, entonces las entiende solamente en inglés, – a otra necia le dijo-  me da no sé, porque es un patojo púbero, ilusionado con la maravillosa fachada de la nación gringa. La solución a su problema con las palabras le dije, es agarrar un diccionario-traductor y muerta la gallina se acabó la peste.

No creo que lo haga, sus hormonas y su atención están puestas en otro lado. Sin embargo su mamá no quita el dedo del renglón, está realizando un excelente  trabajo,  a pesar de ser madre soltera y contar con muy poco tiempo para compartirlo con él, es la única proveedora del hogar y realiza mil malabares para que el patojo  no pierda la herencia, identidad y la raíz.

Un día le pregunté  al ishto, que si no le daba vergüenza que su mamá trabajara limpiando casas, y me contestó con el pecho inflado –como gallo inglés- ¡no, es trabajo digno como cualquier otro!

El nuevo emigrante recién llegado de nombre Juan, se desinflo en el primer pedalazo, me dijo que ni con todo su esfuerzo me agarraría el ritmo en la bici, no podía creer que una mujer al terminar de limpiar una casa durante todo el día, le quedara ánimo para pedalear una bicicleta por la tarde.

Me llevé mi cámara, para fotografiarlo, lleva apenas tres días de haber llegado desde suelo guatemalteco, a mí me hubiera encantado tener una  fotografía de recién llegada, para verme ahora, y  poder observar el antes y el después.

Resultó ser un arquitecto graduado hace más de un lustro, pero que decidió venir a trabajar de lo que fuera, mientras habla y cuenta de sus sueños y sus metas, veo sus ojos color miel y su pelo canche, me toca bajar el ritmo, porque se ha quedado sin aire en los pulmones. Pedaleamos en cámara lenta, por la ciclovía que corre por toda la orilla del río Des Plaines. Al patojo púbero lo mandamos adelante, va entretenido con la música de su iPad que lleva  pegada a las orejas gracias a los audífonos.

Viene a trabajar de lo que sea, y en Guatemala es un arquitecto colegiado. Tres días de haber llegado a tierra gringa. “No sé qué decirle, bueno sí sé, pero no sé si le gustará.” Pienso, mientras lo escucho hablar de lo difícil que ha sido ejercer su profesión en Guate.

A tal punto que se desesperó y agarró camino, en busc
a de lo que no ha perdido. Porque así venimos buscando lo que no hemos perdido, y terminamos reencontrándonos, -quien entiende las señales-.

Cuando yo recién llegué, recuerdo que las personas me felicitaban por haber salido de Guate, el chiquero, me decían, que me sintiera afortunada por haber tenido la suerte de salir y no quedarme allá en donde la violencia impera y la pobreza espanta.

En lugar de darme ánimo, me decepcionaban sus comentarios, su falta de identidad.
Así que paramos frente a una arboleda preñada con manzanas maduras, y nos atipujamos mientras observamos las  hojas tiernas de los arces que comienzan a cambiar de color, anunciando la llegada del nostálgico otoño.

Los tres pedaleando las bicicletas, hacía mucho que no recorría la ciclovía en compañía, hace mucho que no conversaba mientras pedaleaba, por el contrario me concentro en el ritmo, y en las mismas me distraigo con el canto silvestre de la fauna que habita en ese pequeño pulmón de la vida suburbana.

Viene con toda la ilusión de conseguir trabajo, emparejarse en seis meses y regresar al nido. En seis meses… en ese tiempo vos no juntás ni para el pasaje de vuelta. Ubicarse en un trabajo es difícil cuando estás de recién llegada/do, no sabés si vas o venís. Con la ilusión de haber llegado, no echás pluma del dinero para tu alimentación, tu pasaje, el alquiler… que al final es para lo único que ganás, para pasar el mes de panzazo.

Olvidamos que se gana en dólares y que por ende también se gasta en dólares. En seis meses, es más fácil que perdás el norte a que mantengás tu identidad.

Es seis meses, el invierno estará en su apogeo. Su desencanto comenzará a tomarlo por el cuello e intentará cortarle la respiración, a tal punto que pedirás pelo y  muy probablemente tirarás la toalla.

Es tiempo clave para que el frío de la diáspora comience a tomarte el pulso, y la melancolía te arrulle antes de irte a dormir y te abrace al salir la alborada.
En seis meses, comenzarás a comprender que la vida en Estados Unidos no es como la pintan, entenderás que sin los documentos  que te acrediten tu estado legal en el país, quedás vulnerable ante los peligros de una deportación.

Seis meses me dijo que probaría suerte y de lo contrario se regresaba…

Probar suerte: vos no emigrás para probar suerte. Porque esta no existe, si esperás a que te visite, y te premie, estás frita/to.

Distinto es emigrar de niña/ño bonita/to, con tus papeles en regla y con un puesto laboral esperándote. Otra realidad oscura la vive quien se la barejea todos los días para buscarse el sustento, realizando todas aquellas labores que rechaza quien se encuentra en el confort de la Green Card.

Seis meses y si no se para bien, habrá perdido hasta el acento, comenzará a olvidar los modismos y los cambiará por otros  que le parezcan más atractivos por el puro hecho de ser de un país diferente.

Me detengo y lo invito a que también lo haga, saco mi cámara fotográfica  y tomo la del recuerdo, que pasados los años, lo traerá de vuelta a este momento, a esta tarde, de clima otoñal y de ilusiones de emigrante recién llegado.

Una fotografía que guardará su color de piel virgen, la ilusión en su mirada y el paisaje de una urbe desconocida, que solo pasado el tiempo sabrá si la ha conquistado o si por el contrario él se habrá dejado conquistar.

Regresamos cuando el oscuro manto comenzaba a abrazar la noche,  y la luna a engalanar la oscurana que se veía asaltada  por luciérnagas y canto de grillos en lenta agonía.

Me despido de él, y del ishto que habla spanglish, antes de pedalear en dirección contraria, me acerco al canche de ojos color miel y le estampo un abrazo, mientras mis labios le hablan al oído diciéndole: la identidad y el amor a tu tierra es lo único que no te es permitido perder, estos dos son como  agua fresca en la sequía del largo caminar de quien emigra. Bienvenido a  la tierra de los fantasmagóricos rascacielos y de las ilusorias fantasías que ofrece “el sueño americano”.

Ilka Ibonette Oliva Corado.
Septiembre 07 de 2011.
Estados Unidos.

2 comentarios

  1. No me gustaria estar en su pellejo, salvo por el abrazo que le diste al final….Saludos..

  2. “…la identidad y el amor a tu tierra es lo único que no te es permitido perder”. Lamentablemente es lo que casi todos pierden al otro dia de estar allí.
    “…y la luna a engalanar la oscurana que se veía asaltada por luciérnagas y canto de grillos en lenta agonía”

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