Priority Mail.


Cierro la puerta mientras me despido de mi jefa y de mi hijo de leche –el niño que cuido- lanzando besos a través de la ventana, ellos desde adentro hacen  lo mismo, estoy a punto de bajar las gradas y me tropiezo con una caja, ¡una caja de correo!, el corazón me  revolotea -¡al ritmo de La Negra Tiene Tumbao!- ¡no puede ser! ¿Es lo que estoy pensando? Inmediatamente levanto la caja y leo Priority Mail, y adjunto está mi nombre, es el paquete que más tiempo y con más ansiedad he esperado, y me jefa me observa fascinada desde la ventana, me pregunta con señas, yo le contesto ¡que es el libro! Entonces vuelvo a entrar y enloquecida le cuento que es el libro autografiado que lleva dos semanas de andar –virinbundeando- de sur a norte del país, ¡hasta que por fin llegó a mis manos!

Hubiese llegado antes, pero  a cierto bicho, se le ocurrió agregar  algún tipo de botella de  agua mágica y regresaron el paquete hasta Las Californias nuevamente. ¡Pero lo tengo en mis manos! Lo coloco en el lugar del copiloto  con sumo cuidado, conduzco mientras observo la caja que me hace ojitos para que la destape de una vez por todas, pero viene con masquin y ni modo que empezar  a desnudarla en pleno tráfico, la ansiedad  me tiene atada de manos,  pero  debo de llegar al restaurante a recoger la orden de comida china que hice,  la comida china… la como muy de vez en cuando, en ocasiones especiales, para celebrar; hoy tengo mucho qué celebrar: que estoy viva, que finalmente me aventé de panzazo al agua y vencí el miedo de participar en un concurso de cuentos, lo hice; lancé al ruedo mis letras para que las estudien de lado a lado,  las critiquen, y las califiquen, -gracias Gladys por la invitación y por confiar en mi capacidad-. Fue una experiencia extraña, me sentí arreada, eso de escribir por encargo no se me da, pero ya es tiempo de que salga de la burbuja de protección –mi blog- en donde he estado aclimatada todo este tiempo, no lo escribí con la intención de ganar, ni siquiera de calificar en ningún lugar, lo hice porque le prometí a mi amiga hacerlo, -pocas veces fallo a mi palabra- y porque el tema central  del concurso, es algo que no debemos ignorar: hambruna y alimentación en Guatemala.

Como todas las primeras veces: son extrañas, a veces no es lo que se espera de ellas, pero son experiencias que vamos acumulando en el camino y que al final nos sirven para crecer, lo mismo ha sucedido con  mi participación en el concurso de cuentos,  fue una experiencia grata e indudablemente un paso hacia adelante en el asunto de mis letras.

Le sumo a esa celebración, el envío que llevo en el asiento del copiloto de mi tronco móvil, ahí va el tesoro en mi designación de lectora,  un regalo de alguien que nunca me hubiese imaginado que se saltara el cerco por mí, que realizara tal hazaña, alguien a quien no le creí –tengo clavo con los verbos creer y confiar- cuando me dijo que lo conseguiría –con y sin bicicleta, con cara o escucho, policías y ladrones, mar o tierra- pero que con un dos tres chiricuarta  por él  y por su palabra, cumplió la promesa. No sólo consiguió el autógrafo de mi escritora predilecta, sino que me dio una enorme lección de vida: aprender a confiar.

Y sí, sucede que a veces de quienes menos imaginamos nos llegan las sorpresas, de ahí aquella canción: la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… o al revés  que de  quien menos te imaginás el golpe bajo, te lo lanza hasta con aviada; aplica la misma letra; la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… en ambos casos, se toman como lección y aprendizaje, es una herramienta que el destino y el Universo te brinda para que más adelante la utilicés; en buen chapín, para que no volvás a toparte con la misma piedra, para que aprendás a distinguir lo blanco del negro, y que sepás que no todo lo que brilla es oro (por eso mi preferida es la plata). Pero sobre todo que nunca olvidés que; arreando andamos… y que en tu miseria humana llegará el día en que vos también fallarás –con o sin intención- y entonces vas a querer que bajo el bochorno del medio día veraniego, te le echen hielo al vaso de limonada.

Finalmente  llego a mi nido alquilado, dejo la comida en la mesa de la cocina y salto  a la sala a  abrir la caja del correo, rompo el masquin a las carreras,  y me encuentro con un puñado de pedazos de duroport comienzo a escudriñar, como buscando conchas  en la arena a la orilla del mar, y me encuentro con una gorra  blanca, de diseño extraño, muy original, que dice: Gallo e incorporado en la visera lleva un destapador, ¡me encantó!, también una pluma fifí, un encendedor, una bolsa deportiva,  una moneda  estadounidense de cinco centavos, con fecha de 1936, está dentro de una bolsa plástica con una nota que dice: no abrir nunca ésta bolsa.  Finalmente cubierto por una toalla color verdes esmeralda –uno de mis dos colores favoritos- encuentro el causante de ese paquete y de la ansiedad que me atrapó mientras conducía; el causante de echar a volar mi imaginación y construir en mi memoria el momento del autógrafo y ni nombre escrito por ella.  

Con toda la ceremonia del caso, saco una cerveza del refrigerador, la deschoreco con el destapador que viene pegado a la visera de  la gorra gallo, y acto seguido y en cámara lenta, descubre el libro que queda desnudo en las palmas de mis manos; La Isla Bajo el Mar, al abrirlo se cae sobre la alfombra una postal de Las Californias
y un saludo del hombre que con ese paquete y sin la menor intención  me está dando una lección de vida; lo hojeo de atrás para adelante y huelo ese exquisito aroma a: letras, historia,  vivencias, ficción,   y la cruda realidad de la esclavitud, de la anhelada abolición y por supuesto se escurre de las páginas la insensibilidad del patrón, el abuso físico y emocional,  el  dolor, la ansiedad, la desolación, la incredulidad y el desconsuelo de pensar en que el mañana para quien trabaja  en la esclavitud no tiene esperanza, ni brillos, ni inicios ni comienzos, tampoco oportunidades, salvo: la de soñar ya que los sueños y los pensamientos son libres, no hay cárcel ni grilletes, ni cerrojos  que logren atarlos, y a ellos se abrazó Zarite. A ellos nos abrazamos miles alrededor del mundo… segundo a segundo para hacer nuestra existencia más placentera o por lo menos aceptable, dentro de la inmundicia de podredumbre que nos cerca avorazada,  comprando a precio de ganga, nuestras aspiraciones, ideologías, valores…  vamos cayendo en su trampa segundo a segundo, robotizadas/dos y alienadas/dos, fumadas/dos con esa hierba que crece en macollas y se nos está enraizando desde los poros hasta el cerebro, realizando el trueque de : El Ser por el Tener.
Lentamente voy llegando al inicio del libro y finalmente me enfrento a esa hoja que tiene el autógrafo en tinta negra, también el pedazo de papel que dice: “¡Ilka Oliva desde Chicago, dice que la ama!”, -¡no puedo creer que dejó pegado el papel usted es clavero!”-  qué extraña emoción me embarga, y la firma de aquella mujer migrante, tan migrante como yo y como miles alrededor del mundo, para Ilka Oliva, Isabel Allende, ¡suerte con la escritura!

Inmediatamente llamo al culpable de causar aquella emoción en mí y agregar un motivo más a la celebración de la comida china,  le doy las gracias y comienzo a soltar el rosario de preguntas, del porqué de las cosas que me mandó, que tienen su significado pero que no lo entiendo, si sería tan amable de explicarme con plasticina y con ella  me lo explica:

        Encendedor: para que nunca se le apague el fuego que de la vida.
        Lapicero la herramienta básica del escritor.
        Gorra Gallo: nunca dejar de disfrutar los momentos, quizás no con licor o cerveza… pero nunca dejar de celebrar hasta ese día que la nieve llegó hasta la ventana.
        Moneda antigua: si es legal me la va a devolver cuando nos veamos. (Soy legal apunte la fecha, palabra de niña chamusquera)
        Libro firmado, para mi fue y será uno de esos momentos que guardo por siempre en mi mente, me sentí muy bien, fue un placer conocer a una genio como Isabel Allende.
Y yo a usted querido Francisco Gramajo: de esporádico lector –extraviado durante dos años de mis letras- pasó a ser un inquilino-visitador de mi blog con regularidad, hoy por hoy, espera cada fin de semana para que mis letras  a veces tímidas, a veces sensibles, altaneras, provocadoras pero sobre todo nostálgicas, le devuelvan un poquito de la Guatemala que dejó –que dejamos todas y todos al momento de emigrar- cuando decidió extender sus alas en un cielo extraño de horizontes nuevos pero que ha ido conquistando lentamente.

Lleguen hasta su ordenador éstas letras, empachadas de agradecimiento se ha ganado una alumna nueva, en esta –a veces absurda pero bella- escuela del  diario vivir. ¡Hoy impartió cátedra; que  palabra empeñada, se cumple! ¡Veremos si es cierto lo de la moneda pues! ¡Tengo tres bicicletas! ¡Una reserva forestal! ¡Y pista para correr, lo reto a que se traiga los tenis que no ha estrenado a ver… sin un dos tres chiri
cuarta por el atleta! ¡Y no hay pelo hasta llegar a la meta!
Ilka Ibonette Oliva Corado.
Mayo 16 de 2011.
Estados Unidos.

3 comentarios

  1. Thank you!!!

    (me cae mal que otra vez esta pantalla esta muy brillante, como que me irritaron un poco los ojos y parece que fueran lagrimas)

  2. MI QUERIDA ILKA REALMENTE TE FELICITO, SOS EXTRAORDINARIA, ME ENCANTA,ME ENLOQUECE HABRIR MI CORREO Y ENCONTRAR ESTAS PALABRAS TAN BELLAS DE CONSUELO, ADMIRACION, FORTALEZA, VALOR,SENTIMIENTOS, PUREZA, REALIDAD, VERDAD Y ME QUEDO CORTA AUN, ES UN GRAN PRIVILEGIO EL HABERTE CONOCIDO Y DESPUES DE TANTOS AÑOS HABERTE ENCONTRADO CON ESE DELEITE QUE SON TUS LETRAS. DESEO LO MEJOR PARA TU PERSONA ESPERANDO PODER ABRAZARTE ALGUN DIA Y PODER VOLVER A COMPARTIR. CUIDATE ESTAMOS EN CONTACTO

  3. Estimada Ilka: Te felicito por tu primer cuento, sigue escribiendo, tenés madera para ello y da alegría hacerlo. Me gustaría leer tu cuento. Mi correo es chentevasquez@gmail.com
    Besos, Chente.

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