Madre Migrante.

Las manos de mi madre parecen pájaros en el aire historias de cocina entre sus alas heridas de hambre.
Marca el inicio del invierno, de los aguaceros, tormentas y chorros de agua que caen en cantarazos, guacalazos y toneladas. Es el mes en que florea el chipilín y los campos se visten de verde con esa alfombra tersa de zacate y monte, de dormilonas y chiliguas, de mozote y verdolaga.
Mes de las sopas de quilete y bledo, de guías de ayote y de güisquil. Es el mes en que se cosecha  frijol camagua, y comienza a crecer el maicillo.
Mayo se inunda de lodazales, mientras que en retirada se despiden quejumbrosas las chicharras, las luciérnagas comienzan a apagar sus luces para dar paso a los candiles y candelas. El matasano comienza a llenarse de gusanos al igual que los mangales. En mayo comienza a  reverdecer la hoja tierna del jocote. Se inundarán caminos y praderas, el cauce de los ríos  tomará rienda propia y las quebradas desbordarán en retumbos. No habrá sequía ni en la tierra más árida.
Los cerros, caminos y barrancos se vestirán de gala con el aroma de las flores, celebrando el día de las madres.
Mayo: más que un mes, es el elogio, agradecimiento, y adulación a la mujer que pare y cría. Los mercaderes harán su agosto en mayo, vendiendo arreglos florales, los restaurantes estarán llenos, de comensales que van en clan a celebrar el día, el mes. Serenatas y tríos, fiestas familiares. Hijos y esposos que llevarán en desayuno a la cama. Llamadas telefónicas en la madrugada, como si de un cumpleaños se tratara.
Mayo es sinónimo de mujer: de delicadeza,  cobijo, amor, esfuerzo, garra, llanto y sacrificio. Dolor: al parirlos y dolor al criarlos, vaya trabajo el de una madre, profundo sacrificio y enaltecida misión en la tierra. Una vez parís te convertís en  madre  para toda la vida.
La gama de las mamás es enorme, hay tantas divisiones hoy día: las  mamás solteras, las viudas, las divorciadas,   las que viven con sus conyugues, las separadas –y están en ese estira y encoge de si valdrá la pena volver a intentarlo o no- y también están Las Madres de la Plaza de Mayo, las que perdieron a sus hijos en manos de aquella oscura impunidad perpetuada en la guerra interna en Guatemala, las madres de hijos e hijas migrantes,  y también calzan en  todas las categorías: Las Madres Migrantes.
Las manos de mi madre llegan al patio desde temprano todo se vuelve fiesta cuando ellas vuelan junto a otros pájaros junto a los pájaros que aman la vida y la construyen con los trabajos arde la leña, harina y barro lo cotidiano se vuelve mágico.
A ellas hoy mis letras. A esas mujeres que se atreven a  salir en busca del pan para sus crías en países distintos, cruzando fronteras: saltando  tapiales y cercos de alambrado, nadando ríos, asaltando vagones de tren y realizando el campo traviesa en desiertos y descampados. Hoy le escribo a esas madres  emigrantes indocumentadas, que no tienen más que como muestra de identidad: la añoranza hacia el terruño y el desasosiego diario por las crías que dejaron  a miles de kilómetros de distancia.
Le escribo a las madres  emigrantes del mundo entero,  a quienes se ven obligadas a sufrir violaciones, ser víctimas de tratas de blancas, a las golpeadas por policías y agentes de emigración en su camino por llegar a su destino, a las torturadas físicas y emocionales en las cárceles y centros de detención clandestinos en  Centro América, México, España, Marruecos y África específicamente. Aunque en el mundo entero se comenten cada  minuto indignidades contra el Ser femenino, por su calidad de género.
Una carga emocional enorme, para quien emigra y deja crías atrás, allá en las aldeas, caseríos y montes. En las ciudades y colonias marginales, zonas rojas y barrancos. De por sí mutila el alma el emigrar  en el Ser Humano, y en los pies de una madre se hace más cansado el caminar. En tierras extrañas, de idiomas distintos, de multicultural y  el racismo que se respira las 24 horas del día.
Luchan  con garra y tesón, en los distintos trabajos  y oficios, trabajando de 14  a 16 horas diarias: limpiando casas –mansiones- lavando baños, cuidando crías ajenas y dándoles el amor que en la distancia envían a sus hijos, recogen basura en centros comerciales, empacan cebollas y legumbres, cortan frutas en los campos de cultivo, de sol a sol, lavan y planchan en las “lavanderías de lujo” devengando salarios de miseria.
A las madres que en este momento están siendo violentadas en bares y centros de prostitución, a las secuestradas en las casas de “coyotes” en las fronteras de países capitalistas. A las que con esfuerzo cubren desde el destierro: con el gasto de alimentación, techo y educación; enviados en remesas semanalmente sin ningún  retraso siempre puntual.
A las que aman en la distancia y caminan el día a día con el pensamiento extraviado,  robotizadas, mecanizadas en el oficio del trabajo, más con el sentimiento puesto en la casa que dejaron un día y en la
que crecen en su ausencia sus crías.
Hoy  mis letras a ustedes, a las que he tenido la dicha de conocer en mi camino de autoexilio, y a las que vienen en camino cruzando fronteras, a las que en este momento están tomando la decisión de emigrar. A las que hoy están  asoleándose en el mar  tratando de llegar a tierra Española. Quienes están saltando los alambrados eléctricos para tocar tierra francesa.
A quienes he visto llorar cada 10 de mayo, cada segundo domingo del mes aquí en ésta nación capitalista, a ustedes mi reconocimiento, mi admiración y mi afecto. Por ser proveedoras, por tener más que ovarios y atreverse al sacrificio con tal de sacar avante a sus crías, en la distancia, desde el destierro, por teléfono: consignando, abrazando, amando,  lanzando “te quieros”;  vía remesas, mensajes de texto a celular, correo electrónico y por fotografías, por video llamadas. A esas madres que después del trabajo llegan a la soledad de una habitación y lloran en la oscuridad de la noche, pensando y preguntándose si sus hijos estarán bien.
A ustedes hoy más que un ramo de rosas, un ramo de lirios  y gardenias, más que tulipanes y cerezos,   envío un  aguacero de mayo cundido con los zompopos de la estación,  y a mi hermana-mamá mi agradecimiento eterno   por ser: – a pesar de los pesares-  base, columna y techo del  enloquecido clan Oliva Corado.
A mi madre: quien tuvo las agallas de parirme en la mesa del comedor, en aquella casa de adobe,  en una tarde de aguaceros engalanada con el aroma de los claveles rojos en botón,  a vos:  quiero decirte que aunque no soy en lo mínimo la hija que  soñaste,  para mí seguís siendo esa voz que me hace temblar y rebosar el corazón cada vez que la escucho salir de sus labios.   ¡Te amo Nanoj! ¡Soy más parecida a vos de lo que vos y yo pensamos! ¿Y sabés qué? ¡Me encanta! ,aunque el “te amo” no  necesito decírtelo en estas letras, lo escuchás todos los días en el canto de los grillos.
Las manos de mi madre me representan un cielo abierto y un recuerdo añorado trapos calientes en los inviernos. (Las Manos de mi Madre) Mercedes Sosa.
Ilka Ibonette Oliva Corado.
Mayo 05 de 2011.
Estados Unidos.

4 comentarios

  1. Gracias por sacarme a recreo con tus letras. Como siempre, me hiciste poner la piel de gallina, me sacaste las de Sn. Pedro, ni siquiera puedo imaginarme en el exilio, sin mi terremotío me muero, es mi motor, mi admiración y respeto para las madres migrantes y para vos un abrazote y una porcelana encopetada de zompopos de mayo -ya tostaditos y con limón- que hoy amanecieron asustando a Terremotío, Besos, TQM

  2. Al principio de la historia hasta sentí el olor a tierra mojada, me acuerdé cuando hacia pastelitos de barro (perdon Chocolate), y luego hasta me los comia. No se porque nunca tuve lombrices, o quizas tuve… pero mi mama me curaba.

    Por eso digo:

    Madre solo hay una, y eso si hay unos que no tienen madre.

    Mi mama tiene varias personalidades en el internet, desde que le enseñe a usar el mouse no ha dejado de estar en chats en foros y facebookeando, y siempre anda toda desvelada, se acuesta a las 5am por estar chateando. No no no… yo si tengo una madre que no tiene madre!

    (espero que lo lea Madre, ya sabe quien soy vaa…)

    Bonita historia!

  3. A mi madre, durante el almuerzo familiar, le dije que la amaba, pero no porque fuera perfecta, dulce y abnegada.

    Amar a una mujer perfecta no tiene chiste; la amo a pesar de su intolerancia con los que pensamos diferente a ella, a pesar de los caprichos y berrinches que a veces arma, a pesar de sus críticas y burlas hirientes, a pesar de ser incapaz de aceptar sus errores; es mi madre y con todo y sus defectos ha estado siempre a mi par apoyándome y dándome lo que tiene, que no es perfecto, pero es lo que tiene y es mucho más de lo que cualquier otra persona me da.
    A mi madre la amo con el respeto de una mujer imperfecta hacia otra imperfecta!

  4. Jovita dijo…
    Que maravillosa la persona que con sus letras llega a conmover, Ilka gracias, por eso que Dios te bendiga y siga inspirando ese Don tan extraordinario que te ha dado.
    Ser Madre es como “tatuarse la cara”, te marca para siempre y todos lo pueden ver, o deberían de verlo.
    Y es que ser Madre a distancia, no se si es ser Madre?…

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