Tulips and cherry blossoms.


Sábado de Gloria: un día cualquiera en el país en donde resido,  son las vísperas de la tan esperada Easter; del Domingo de Resurrección no se escucha mentar en castellano, algunos pocos se refieren a éste como Domingo de Pascua: en ambos idiomas es sinónimo de los huevos de conejo, chocolates y dulces para las criaturas que engalanan la infancia, reunión familiar, asados, parrilladas, brindis y fiesta. De alguna manera, -extraoficialmente tal vez- se le da la bienvenida a la colorida primavera.  Aquí de nones de chicotear a los patojos para que crezcan, ni quemar a judas… 

Es que con el tilichal de religiones y culturas que hay en en este país –no sé cómo será en donde vos vivís (y no hablo de Guate) la finalidad, la concentración y el motivo principal de la Semana Mayor pierden seriedad-. Aquí es cada quien su religión y sus tradiciones: lo único unánime es la celebración de la búsqueda de los huevos enchocolatados de los conejos.

Y aunque yo vengo de aquel país llamado así: El País de la Eterna Primavera,  no he visto una tan hermosa y colorida, como la que se vive en ésta ciudad. Las cuatro estaciones se marcan a la perfección, tan inigualables, que asombran y maravillan la vista humana. Se internan en los cinco sentidos y permiten que divagués mientras sos testiga-go del poder embrujador de la naturaleza.
Pero me llevó largo tiempo descubrirlo, sí, admirar la belleza de las cuatro estaciones, alucinar con el azul cielo de las frías aguas del lago que parece mar: tan inmenso que tus ojos no dan para que visualicés la otra orilla. Comienzan a despertar de aquel gris cenizo, las olas cada día sincronizan con el clima, ya comenzaron  a asaltarlas: los botes, yates y veleros, los bañistas  con sus bronceadores, las canchas de volibol sobre la playa, bicicletas, patines, patinetas, y deportistas de todo tipo se apropiaron de las orillas.

La Ciudad de los Vientos, está vestida de tulipanes y cerezos en flor.

Busqué como una loca: pacayas enfrascadas, para forrarlas pero no encontré, y aunque fue una semana laboral como cualquier otra, quienes tuvieron descanso de Good Friday,  no fueron las y los indocumentados, sino quienes cuentan con las prestaciones laborales. Ya es algo que no asombra, tan normal por estos lares… que cuando escribo al respecto no hay quien falte y me diga: ¡ya vas vos con lo mismo! ¡Hablando de indocumentados y migrantes y esas vainas! Y sí, sigo y seguiré… ¿Adivinás por qué? ¡Va, te lo dejo de tarea!

La Semana Santa, está nada más en los recuerdos, en la tierra que dejamos y a donde hemos de regresar un día. Sí; aquella tierra en donde llegaremos a reinsertarnos, porque –como diría Arjona- ya no somos de allá porque nos fuimos, ni somos de aquí porque somos extranjeros: ¡vaya dolor! -Aunque jalamos con aquel tilichero de tradiciones, y la cultura e identidad son  el agua fresca que calman la sed, la bebemos del tecomate emocional: ese que no se toca pero se siente en el corazón-.

Asimilarlo lleva un proceso, más difícil para unos-nas que para otras-tros,  aceptarlo se convierte en un tormento, aprender a vivir con esa realidad sin que éste te robe vida, es más complicado aún.
Mi tripa de paladar pueblerino me empuja a buscar para éstas fechas, el frijol camagua y las pacayas: cuando he tenido suerte los he encontrado, y entonces me atipujo de aquella añoranza al saborearlos; tamalitos de frijol camagua hechos con Maseca, cubiertos con tuza, los he metido a congelar y he pasado durante la primavera y verano, saboreándolos.

Hoy no tuve suerte. Pero había güisquiles, -para hacer chilaquiles- berenjena, ejotes y coliflor, en el camino también me jalé un manojo de rábano, para cocinar –como en mi  infancia- las  hojas envueltas en huevo, así que  por forrados no hubo de qué preocuparse. –Vos dirás, “habiendo  de tanto y todo allá, ¿a la loca de la Ilka le pica por comer forrados?” Y sí, porque eso que es de todo y de tanto, no llena las expectativas para una fecha tan significativa como La Semana Santa al estilo Guate-. That is why. ¿Qué tal mi inglés ya va queriendo va?

Y entonces  mi hermana-mamá, extrañó los molletes, los tamalitos de viaje y las tardes de películas en  la  capilla de Ciudad Peronia. La capilla aún existe, es utilizada como salón de usos múltiples  a un costado se encuentra la iglesia nueva, mucho más grande y elegante, en aquellos años de nuestra infancia y cuando Ciudad Peronia, comenzaba a poblarse, durante toda la Semana Santa, se pasaban películas que hablaban de la vida de Jesús, las proyectaban en la pared de atrás de la capilla, era entonces cuando todos los feligreses, agarrábamos camino, a sentarnos en  la loma de tierra y ver desde aquella altura las imágenes que tomaban vida sobre aquella pared de color gris. Hoy en día, aunque el espacio es mayor, la loma es un jardín, y las películas ya no se proyectan. Es de esas cosas que cambian con el tiempo.

En el extranjero el ritmo es otro, no importa el país en donde estés, todo es distinto, primero por tu calidad de extranjera-ro, desde allí la cosa cambia, es un punto de partida muy importante.  Todas las celebraciones, contando la Navidad, son de un color descolorido,  porque es en esas fechas tan importantes, cuando el recuerdo de la tierra se apropia de tus cinco sentidos, por más que vos querrás ignorarlo, allí está, latente: que vos no lo querrás hacer visible, palpable es otra cosa, pero de que está, está.
¿Cómo luchar contra eso? No podés luchar, no podés esconderte, el secreto está en que ese recuerdo, esa sensación, esa añoranza no controle tus emociones y te derribe. Podés convivir con ellas muy bien, son las inquilinas perennes en tu vida de auto-exilio. ¿Cómo lograrlo? Es un proceso complicado: algunos pasamos por insomnios, por años enteros de llanto y pesadillas, por negaciones, comparaciones y culpas, oscuras y tenebrosas depresiones, caímos a abismos profundos de los que pensamos nunca saldríamos, pero no hay fecha que no llegue ni plazo que no se cumpla –dicen por ai- como tampoco hay depresión tan severa que acabe con tu Ser Interior y con tu fuerza de espíritu. Todo eso que viviste,  ha sido necesario para hacerte fuerte e invencible contra la adversidad, para enseñarte que todo cambia: lo superficial y lo profundo. Que todo está en constante transformación, porque lo que se queda sin movimiento y sin evolución se pudre: lo mismo pasa con el alma humana.

Si te sosegás y te das por vencido-da antes de enfrentarte a la muralla, no habrá poder humano ni fuerza exterior que logre convencerte que la grandeza, el instinto de supervivencia y de superación yacen nada más dentro tuyo, sos vos y nadie más que vos, quien tiene el control de ellos.

Hoy leí un artículo en ElPeriódico llamado: De color morado jacaranda. En él, se habla del dulzoso de aquella flor impregnando las calles y avenidas de Guatemala, de las alfombras color lila. Suspiré al imaginarlas, sonreí por tener la dicha de mantener ese color vivo y los olores de mi tierra, frescos en mi memoria, más no reproché, tampoco comparé, ni me culpé de mi auto-exilio: esa etapa ya fue superada en mi vida.

Entonces, inspirada por el color jacaranda, tomé mi cámara fotográfica y salí a enfrentarme con la luz del día,  vientos típicos  de la ciudad me abrazaron enseguida, junto a ellos caminé entre árboles de cerezos y jardines de tulipanes en flor, con la lente de mi cámara, congelé imágenes de ellos,  de ese colorido hermoso, del verde profundo de la grama y el monte, las olas  de aquel lago que parece mar, que se detuvieron en un instante, posando para mí, contrastando el azul, con el del cielo desnudo en Sábado de Gloria.
¡Qué importa! En Guatemala  abril tiene las jacarandas y el verano y yo en April, tengo la primavera  tulips and cherry blossoms. ¡Ni qué decir del lago que parece mar!, ha de llegar el día en que regresaré al nido. Entonces muy probablemente en un abril de jacarandas, habré de extrañar el colorido de los tulipanes y la flor de los cerezos, tal vez sonría si la memoria me permite recordarlos tal cual lo veo ahora.

Hoy vivo Easter, -no asimilo esa tradición pero la respeto- el destino tal vez  si se empecina, me lleve de vuelta a vivir la Semana Santa, eso no lo sé, ni lo podría afirmar, lo único certero es que hoy en Sábado de Gloria, agradecí a la vida, al Universo y al Creador, el tener frente a mis ojos la belleza inigualable de la primavera y en mi paladar campesino la hojas de rábano envueltas en huevo.

Campo Pagado: hoy es el día del libro ¿estás leyendo alguno? ¡Va, entonces qué esperás!  

Ilka Ibonette Oliva Corado.
23 de abril de 2011.
Estados Unidos.

2 comentarios

  1. 'Adivinas por que?'. Es lo que creo llaman, una pregunta retorica, cuya respuesta la encontraremos al adentrarnos en la lectura de esta (como decia un amigo muy versado en cuestiones literarias y con quien comparti uno de los escritos de Ilka) muy sensible, lirica y poetica pieza de arte literario. Encontraremos la respuesta al beber el agua fresca de ese tecomate emocional que tan generosamente ella nos brinda para que calmemos la sed,(esa que a veces nos marchita o nos convierte en arena como la del desierto), y nos hidratemos con los recuerdos, con las anoranzas de un lugar distante siempre presente, que nunca se olvida.

    Instintivamente diria, he dejado por un momento a Aldo Huxley para retomar al Gabo y sus Cien Anos de Soledad.

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