The Little Kitty.

Hace algunas semanas leía un reporte-estudio, que parece documental con planta de ser a futuro un libro: que habla de los maltratos que sufren quienes trabajan en el oficio doméstico en Guatemala.
Se me partió el alma al leerlo. Y recordé que hace algunos años cuando conversaba con una amiga mexicana que al igual que yo trabaja en el oficio doméstico en gringolandia, me decía: “hay una fiesta de gatitas, ¿quieres ir?” yo me quedé bajando libros y pregunté: ¿gatitas?, y ella me contestó; “sí, gatas”.

No entendí lo de gatas y le dije que me explicara, así que me dijo: “gatas, chachas, sirvientas, trabajadoras domésticas”, entonces me atoré de la risa, por mi ignorancia.
Había una fiesta de trabajadoras domésticas  -las niñeras también entran en ésta rama-  y sucede como en las películas, cuando las jefas se van de vacaciones, dejan las mansiones  con permiso  y todo para que quienes trabajan allí puedan realizar fiestas si quieren, entonces ya te imaginarás vos, el despelote, de las personas de mantenimiento, creyéndose dueñas fifís, por una noche, a las  invitadas les da por tomarse fotos, acariciando los pianos, los cuadros de pinturas, las camas de lujo y a la orilla de las piscinas, encaramadas en los carros de lujo, después con toda la emoción del caso, las envían a sus familiares en sus países de origen, algunas con la nota atrás de la fotografía, de que así son las casas en gringolandia, otras, que se salen del guacal, dicen que allí viven –he ahí que por eso la gente piensa que  quienes viven en gringolandia nadan en pisto-.

El trabajo  de mantenimiento en Estados Unidos es muy distinto al que se vive en Guatemala, pertenecemos a la clase obrera sí, por supuesto, sufrimos humillaciones sí, claro que sí, pero no en la medida que la sufren quienes trabajan en Guatemala.
En Guatemala vale la misma vaina, -en los colegios fifís; niñeras, jardineros y personal de mantenimiento-  un electricista, que una maquiladora,  un jardinero, un albañil, un chofer de camioneta, un recogedor de basura y una trabajadora doméstica: personas que son tremendamente necesitadas pero a la vez ignoradas como seres humanos.
El otro día una conocida psicóloga fifí, de esas niñas bien que como crecieron con lujos y sin carencias económicas, se creen de diferente rango y categoría, pues el otro día ella comentaba: “qué buena mi sirvienta, no la cambio por nada” cuando leí el comentario sentí que la cara me agarraba fuego, ¿sirvienta? Y es medio raro, incomprensible que el comentario venga de una persona que trabaje en humanidades. Lo mismo pasa con quienes luchan por erradicar la discriminación de todo tipo, pero tienen tremendos prejuicios sobre las personas homosexuales.
También en otra ocasión otra persona comentaba en su facebook: “tengo disponible una muchacha es de Jutiapa por favor llámenme si necesitan una”, entonces yo comenté: ¿una muchacha y qué hace? ¿A qué se dedica?, una muchacha es sinónimo de: una patoja, una cipota, una joven.

Inmediatamente aparecieron un resto de comentarios, de otras fifís que necesitaban una muchacha -“asistenta doméstica”-, preguntando si tenía buenos modales, si sabía leer y escribir, si tenía hijos, si era de confiar…
Siendo tan importante la labor que realizan –realizamos porque por el momento yo también lo soy- las asistentas domésticas, por qué se le atribuyen nombres denigrantes como: “chole, cholera, sirvienta, muchacha” ¿por qué no se les paga un salario justo? ¿Por qué no se les trata con dignidad? Osea los patrones si tienen para comprarles a sus hijos los celulares de moda, los juegos electrónicos más recientes, carros del año,  pero no tienen para pagarle un salario justo a su empleada más importante.

Una amiga antropóloga me comentaba hace algunos meses que un amigo electricista había ido  a una colonia de esas residenciales que están en Carretera al Salvador, a cortar  el agua caliente al cuarto de “servicio” de aquellas casas, debido a que las “señoras” consideraban un gasto extra e innecesario el proveer de agua caliente a las regaderas en las habitaciones de las “sirvientas”.
Aparte de este tipo de injusticia también está, la del trato,  la de uniformarlas para que  se entienda que son del servicio, la obligación de tratas a los jefes de: “patrón o patrona” y a los ihstos cagados de “joven o señorita” pero ellos los patronos sí pueden tratarlas a ellas de vos, ¡qué de a sombrero va!
La alimentación es diferente a la de los patrones, por lo regular frijoles con tortilla y carecen de permisos para salir de aquellas casas donde trabajan de lunes a domingo, sin horario fijo, porque las utilizan hasta que se  duerme el último miembro de la familia y son las primeras en levantarse por las mañanas, comer hasta haber recogido la mesa, son quienes cumplen la función de “robotina”, porque no tienen sentimientos, nunca se cansan, no sufren dolores  menstruales y no tienen derecho a sentirse tristes, ni deprimidas, mucho menos a llorar o tener un pretendiente como todo el mundo.

Pero sí llamamos a los abogados, arquitectos, catedráticas, con esa etiqueta, porqué a ellas les decimos: “muchachas, choleras, sirvientas”, por qué no  utilizamos la palabra correcta: asistentas domésticas.
Y como sé –y siempre me ha causado curiosidad el que  ustedes me lean- que en mi grupo de lectoras y lectores, hay gente fifí, en Guatemala soy una docente de la Educación Física, aquí soy una empleada doméstica, por ende ustedes leen a una “muchacha” hoy les digo a ustedes ¿por qué no valoran a sus asistentas domésticas? Ustedes suelen leer  a una de ellas, y le escriben correos en donde alaban sus letras, su prosa, su poesía, la desnudes de su alma y corazón, ¿nunca se han preguntado si quien limpia su casa y cuida  a sus niños tenga ese mismo sentimiento que yo? ¿Le han preguntado alguna vez por sus sueños? ¿Por su forma de visualizar la vida? ¿Le han dado palabras de aliento como me las dan a mí? Ellas también tienen muchos talentos, que por cuestiones de la vida no han podido desarrollar ¿qué tal si las ayudamos? ¿Si las apoyamos yendo a la escuela de fin de semana? ¿O a la nocturna? ¿Si les damos jalón en nuestros carros si en dado caso no hay autobuses a ese horario? ¿Qué tal si las ayudamos a crecer?

Qué tal si las tratamos como seres humanos y no como robotinas, como personas de segunda y tercera categoría. Y es que no tengo nada contra la gente fifí, de cariño les llamo así, tengo muchas amigas y amigos fifís, y me llevo de maravilla con ellos y ellas, ellos aprenden de mi mundo y yo del de ellos y ellas. Pero también hay fifís sin consciencia social y a ellos hay que jalarles un poquito más las orejas, para que entiendan que la vida no tiene clases, no se divide en categorías, los seres humanos somos una solo  Creación, todos llevamos el mismo color de sangre y un corazón que la bombea, ¿entonces por qué creernos diferentes? Si lo único que nos diferencia de los otros son: las oportunidades para crecer.
Pues aquí se utiliza aspiradora, sacudidores con plumas de ganso o de chompipes, lavadora de trastos, lavadora de ropa y secadora, maquinas para hacer el café, tostar el pan y estufas con cantidad de hornos, varias refrigeradoras y electrodomésticos. Guantes para limpiar, mascarillas y –los que sí joden- los químicos para las manchas de azulejos y bañeras. Todo es tan práctico.
Aquí no te clavan el uniforme, vas a trabajar como querrás –yo siempre en pantaloneta, dicen las amigas de mis jefas que me visto como Coach-. Y digo que las empleadas domésticas somos las más empleadas más importantes  porque compartimos la intimidad de los hogares, de las habitaciones, aunque a los patrones nos vean como muebles, somos seres que respiramos y sentimos, escuchamos, sí, sin querer somos partícipes del día a día de las “señoras y señores” aprendemos a detectar cuando la jefa anda de malas, cuando los niños tienen gripe o quieren cambiar el cereal con leche por un pan tostado con jalea, sabemos que al patrón le gusta usar la camisa azul con ese pantalón de lona específico, sabemos que la hija adolescente duerme hasta tarde y no le gusta que le toque la puerta de la habitación para ir a recoger la ropa sucia.

Sabemos los secretos que las familias guardan y del esfuerzo que hacen para aparentar estar bien frente a sus amistades, escuchamos los pleitos y mudas preferimos irnos del lugar en donde se está llevando a cabo la contienda.
Somos quienes les damos cariños y caricias a los  hijos, ya que los padres están ocupados en el mundo de sus negocios y sus trabajos, entonces: somos mamás  suplentes a tiempo completo aunque no nos lo reconozcan ni los jefes ni los hijos.
Claro que hay diferencia en ser “una gatita” en Estados Unidos y en Guatemala, aquí el jefe no anda viéndote las piernas a cada rato, ni te anda manoseando, muchos menos entra a tu habitación por las noches a intentar seducirte y obligarte a guardar silencio, aquí los jefes no preñan a sus trabajadoras y luego las echan a la calle pretendiendo que el hijo que llevan en sus entrañas es producto de algún noviecillo que conocieron en el “Mercado Central”, no, aquí los jefes –no todos por supuesto, como siempre no se generaliza ni de un bando ni del otro- te invitan como parte de la familia, a los cumpleaños, graduaciones y casamientos de sus hijos.

Siempre y cuando no sea latinoamericana la familia con la que trabajés porque entonces sí, ya valiste pura estaca.
También depende en gran medida, que al principio se pongan las cartas sobre la mesa, ellas –las jefas- te dicen sus normas y vos que también tenés derecho,  hablás de las tuyas, entonces si ambas están de acuerdo, se trabaja en esa casa, de lo contrario, no veo permitido, que por ser empleada doméstica tengás que decir sí a todo, todo el tiempo.
Cosa que en Guate sí sucede, yo calculando mi carácter  y mi libertad, considero que de empleada doméstica no podría trabajar en Guatemala, así que preferiría volver al negocio de los helados: agarrar mi hielera y  ajenar: ¿qué va llevar qué va querer? ¡Helados de mora, piña, coco y manía con leche!

Entonces yo volví a preguntar a mi amiga: ¿the Little Kitty? Y ella me contestó: “sí, sos la gatita, por ser la más pequeña del grupo”, y sí, soy la más joven del clan.

Critico muchas situaciones
que viven los migrantes en Estados Unidos, pero tampoco voy a mentir o inventar, en situación del oficio doméstico, aquí la vida sí tiene dignidad, cosa muy distinta con mis “colegas” en Guatemala.
Ahora bien, eso pasa si vos entrás por tu cuenta a trabajar en una casa, pero si trabajás para una  empresa de limpieza entonces allí sí, me tengo que discutir otro escrito para contar las barbaries que allí se viven.

Como anécdota: una de las amigas de mi jefa  –a la que le limpio la casa- siempre que llegaba a visitarla, nunca se quitaba los zapatos en invierno, y yo acababa de trapear el piso, – a mi jefa y a su familia los hago que todos se quiten los zapatos para entrar ya que me despulmono trapeando para que ellos solo entren a ensuciar- lo hacía cuando mi jefa no estaba en su casa,  y yo le pedía que por favor se los quitara, y me ignoraba. La detesté. Aparte de que cuando anda en la calle, poco falta para que me eche el carro encima.  Entonces mi jefa debido a la situación económica de hace 4 años, me quitó días de trabajo, recuerdo  que esa amiga suya, moría porque yo trabajara con ella, y le pidió mi número de teléfono a mi jefa, para hablar conmigo, recuerdo que mi jefa me lo contó y me pidió mi opinión, me contó que su amiga estaría feliz –según las propias palabras de su amiga- que ella estaría honrada de tener   limpiando su casa a: una escritora, una maestra de Educ. Física, entrenadora de fútbol,  y árbitra. Entonces le dije a mi jefa en mi parco inglés: Tell her that I told you:  I´m so sorry but that privilege is not for her a mi jefa se le iluminó el rostro sonrió y me dijo mientras nos fundimos en una enorme abrazo: That´s my girl! No me importó, pasé dos años comiéndome las uñas hasta que encontré cómo rellenar la semana: cuido a un bebé precioso de un año cinco meses de edad, lo agarré desde que tenía 20 días de nacido.
Ilka Ibonette Oliva Corado.
11 de abril de 2011.
Migrolandia.

8 comentarios

  1. Un dia fui patrona, jamas uniforme a nadie, todas y cada una de las personas que trabajaron en mi hogar eran parte de mi familia, comiamos la misma comida y en la misma mesa, mis hijos tenian la obligacion de ayudarlas recogiendo sus cosas de los cuartos, y sobre todo respetarles y siempre perdir PORFAVOR Y DAR LAS GRACIAS… hoy agradezco a Dios la sabiduria de aquellos dias, pues la vida da vueltas y jamas hubiera imaginado que llegaria YO A SER UNA EMPLEADA DOMESTICA?? sii una ex fifi como tu les llamas, y mira aca estoy emigrante y con mis hijos grandes y ahora yo trabajando en esto pero como todo en la vida se regresa TODAS MIS PATRONAS ME TRATAN COMO UNA MAS DE SU FAMILIA.
    Gracias te leo siempre…. por cierto les recomiendo una pelicula Colombiana… tiene que ver con el tema se llama CHANCE.
    Saludos carinosos.

  2. Y vaya que buen blog!!. Quien sabe si algun dia los seres “humanos”, por nosotros mismos o con la ayuda de la Divina Providencia, podamos o seamos capaces de despojarnos de todos esos nuestros estupidos prejuicios, que lo unico que hacen es; degradarnos a la condicion de miserables creaturas. Entonces, solo entonces, quizas comencemos a vernos y tratarnos,como lo que pretendemos que somos; seres humanos de verdad. Ojala! y la vida nos alcance.

  3. hola, Ilka:
    yo trabaje un tiempo en casa de un doctor, me tocaba que hacer de mamá de 4 niños pequeños y la comida, limpieza, ropa. A parte de eso, me inscribi en un colegio de secretariado los diaz domingo, tuve que dejarlo por que el salario de Q300 al mes (a veces retrazados) no me alcanzaba; hasta los zapatos debia. Eso si, me trataban bien y alababan mis comidas, pero no dormia más de 4 horas,si queria levantarme más tarde los niños y niñas me despertaban.Un dia me acusaron de ladrona (porque faltaban unas calcetas) y por eso me fui del trabajo y del estudio, llevaba 4 meses sin pagar la colegiatura. No hay mayor esclavitud que la de un esclavo feliz…..Qué dilema!….un abrazo, gracias por tus escritos.

  4. 100% de acuerdo con tu articulo, la gente deberia recibir mejor trato, todos desempeñamos una labor digna no importa el tipo de trabajo.

    Algo interesante para compartir:

    Mi maestro de sociologia decia que el ser humano discrimina cuando tiene que discriminar. El se gano una beca para su doctorado, manejaba con su empleada domestica en el asiento delantero. Los vecinos le dijeron que eso no era aceptable en esos tiempos y que la señora debia de sentarse atras. El maestro siguio los consejos porque no queria que lo fueran a tratar mal y no queria poner en riesgo su Doctorado. Mi maestro era Mexicano, Chicano de East L.A.

    Juan-

  5. Solo como informacion: Se origino el denominativo de “cholera” porque en “tiempos d'iantes”; las personas de El Chol, Baja Verapaz eran las mas honradas, puntuales, buenas trabajadoras; un dechado de virtudes.

    Si se sufre ejerciendo dicha profesion, no solo en Guatemala sino en cualquier parte del mundo.

    Atentamente, Mariano Galvez

  6. Frente a mi casa hay una housekeeper hermosa, sinceramente que impresionante, es delgadita, tiene las piernas largas, los ojos azules… la cara no muy bonita, algo flacucha.

    Una vez le hablé, habla perfecto ingles y ruso por supuesto, porque es de un pueblo por la antigua Rusia, pienso que tendra unos 22-25 lo mas.

    Dice que vino en un programa de intercambio de papeles por trabajo, o sea va a estar de esclaba por tres años, y ya sale libre… con residencia, me dijo que le pagan parte de su dinero a sus papas allá en su pueblo.

    Los Domingos es su dia libre, pero dice que se va a comprar comida para ella misma, porque no le gusta lo que comen en su casa, nunca ha ido al cine, no sale a caminar a la calle, le da miedo, una vez salió y un hombre se la queria llevar.

    Tema a discutir, me sentí como que era una explotación, pero era ella feliz, siempre me dice… hi Fernandooo, y le cuesta decir o se le olida mi nombre Francisco.. que onda no?

    Si yo tuviera 10 menos y ella 5 mas, creo que le haria el tirito.

    Resumen:

    A nivel nuestro, y a nivel de paises avanzados, la sirvientoexclavitud, sigue…

    lamentable… pero que la hacemos.

    🙁

  7. NEGRA, negra consentida! y que onda mi Coach! cada vez que te leo me provoca tanto abrazarte, tú para mi eres esa clase de tesoros que no tiene quilataje, no existe, sobrepasas las descripciones, y sé, que todo lo que haces, lo haces con sumo cuidado, dando lo mejor de ti siempre, eso es lo que te hace, mi amiga, tan especial.,
    y yo te sigo amando!

  8. Me Recordaste mi primer dia en Carl's Jr, cuando me enviaron a 'MAPEAR el baño” y honestamente llegue a pensar que quizas querian un mapa del lugar… hasta que un salvadoreño se apiado de mi cara recien llegado y me explico que significaba “trapear” – ese fue el mismo dia que me dije a mi mismo, yo soy CHAPIN y mi mama y abuela no se sacrificaron todo ese tiempo para que yo venga a trapear baños! ENFATIZO que no es que tenga nada de malo, al contrario, mi mama nos saco adelante a cuatro peludos asi…. un libro que creo que te gustaria al respecto es “Nickel and Dimed” de Barbara Ehrenreich. Un saludo y abrazo desde Los Angeles!

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