Tierra de Iguanas.


Como es ya costumbre  mi amigo Mike Moreno, que viaja constantemente a Guate, siempre  me trae lo más reciente en cuanto a libros y películas  o documentales guatemlatecos.
Así es que hace dos días me dejó un paquete de diez películas, ayer me dispuse a ver una de ellas, llamada Tierra de Iguanas. El nombre me llamó la atención, muy original. Así es que preparé una mi  michelada y  me acomodé en la sala de mi apartamento rentado,  según yo a disfrutar de la licona guatemalteca.
Yo no puedo decir que me la disfruté porque de entradita,  se me amargó el momento, al ver al actor principal, quien hace el papel del veterinario.
Todo iba bien, recordar los pasillos y corredores de  mi Alma Mater, las calles de la capital y  conocer el famoso Transmetro, ya estaba empezando a suspirar, cuando de repente pum, el chicotazo, le veo la loza al mentado veterinario. Pensé apagar el televisor y no seguirla viendo, la michelada ya no me supo igual desde entonces, y lo relajado de la tarde  se había desaparecido en cuestión de segundos.
Pero mi amigo había hecho el esfuerzo de traerme las películas y siempre le tengo que presentar informe verbal de lo  observado, así es que no podía quedar mal con él, y ya con el papaldar agridulce me discutí el resto de la trama.
En primer lugar debo decir que  las camisas a cuadros y plan de “vaquero” no lo llena cualquier saraguate, no, unas botas, un pantalón de lona, un sombrero y una camisa a cuadros, por muy nacidos en el oriente que sean. Esa ropa sólo le queda a quien tiene los cojones para llenar la talla.
Es lo mismito que sucede con los famosos trajes típicos, cualquier capitalina mica, se cree que puede tener la osadía de llenar el corte y el güipil: no  muchá, eso es cuestión de prestigio y de honor a una cultura y  a una lengua, a una tierra y a una comunidad.
Y es que yo me pregunto cómo el tipo el mentado Gadiel Álvarez, tuvo el atrevimiento de interpretar el papel de ser hijo de un hombre humilde,  de un cuidador de caballos,  cómo tuvo el atrevimiento de vestir ropa de vaquero cuando se nota a leguas que ni llena los pantalones.
Ponen a las patojas nadando en el río con pititanga, como si no se sabe que al río se va en pantaloneta y playera,   o en vestido y fustán, así se baña la gente del campo en los ríos, pero se me olvidaba esas patojas eran fifís, y claro los fifís lo único que hacen en faltarle el respeto a la gente en sus costumbres y modos de vida. Aunque no todos los  fifís por supuesto, pero su gran mayoría nos ven a los pobres, como personas de segunda y tercera categoría, como si el hecho de crecer en un pueblo, en el campo o en una colonia “marginal”,  nos hiciera seres de de polvo: como los Dalits en la India, que con sus sopotocientas religiones, y castas, ven a los Dalits, como la basura humana. Así nos sucede en Guate, con las personas clasistas.
Allá si vos no tenés el celular de moda,   un ordenador portátil, Ipod, un carro del año –o por lo menos chilero con aros de magnesio  y luces de neon- hablás inglés, vas a tomar café a Starbucks, y ahora en el ya pronto IHOP,  en Guate si vos no te das tus vacaciones por lo menos una tu vez al año al exterior, perteneces a la categoría de los “wannabe” de los poca cosa.
El hielo se le derritó a la michelada y no me la bebí,  mientras mirába las imágenes pensaba: “…Uta ma… no puede ser, hasta aquí me lo vengo a encontrar” y es que con el tipo tuve una experiencia desagradable y su cara aunque quiera no se me va a olvidar nunca.
El tipo trabajaba como presentador o ayudante de presentador del programa de canal 3, “Aló qué tal América”, en ese entonces yo trabajaba como maestra de Educ. Física en el colegio que queda a escasos 500 metros del canal, recuerdo que en esa ocasión, un compañero docente y yo, fuimos almorazar a la cafetería que está justo enfrente de Canal 3,  al cruzar la calle y el arrearte con los arbolitos.
Siempre acostumbrábamos almorzar en la cafetería de la esquina, la que queda viendo para Periférico, pero estaba a reventar así es que nos tocó ir a la de la par, en donde los almuerzos valían el doble por ser un poquito más fifí –pero pésima la calidad de comida- y porque allí comía la mayoría del personal de Canal 3 y sus programas  de entretenimiento.

Yo que soy tan arisca para ir a lugares fifís, porque no soporto la mediocridad de esa gente, su altanería y su hipocresía, me negué a entrar, pero mi compañero prácticamente me agarró de las greñas y a empeñones me sentó mientras él ordenaba el almuerzo, teníamos media hora justa para comer y regresar a trabajar.
Comenzamos a pasarnos los tortillas con no sé qué sopa de tomate con no sé cuántas hierbas,  en la mesa de la par, había un muchacho de esos fifís o que aparentan: porque hay otra cosa también, hay gente que a
parenta, no nos olvidemos que en Guate vivimos de apariencias,  allá vos te  enjaranás por comprarte una buena camisa  aunque no te quede para comer, o un teléfono de moda aunque te bañés con detergente, una loción de marca  no por calidad, sino por lucir el nombre de quien la vende.

Entre más grande tenga el nombre de la marca el vestido, el pantalón, la camisa, los zapatos o los tenis, nos sentimos grandes, por andar haciéndoles propaganda de gratis a los dueños. Así de dundos somos.
Pues el tipo se levantó de la mesa que estaba a la par y a los minutos volvió enfurecido, su loza no se me va a olvidar nunca,  nos comenzó a gritar, a insultar, nos trató de ladrones, y nosotros espantados por la actitud, sólo lo mirábamos.
El tipo seguía acusándonos de ladrones, nos decía que nosotros le  habíamos robado su gorra “Adidas” que había dejado olvidada en la silla de la mesa.

Recuerdo que mi amigo ya había notado que yo estaba empezando a cambiar colores, y  me dijo: “no te masqués Negra, el chavo trabaja en Canal 3, tal vez nos quieren hacer una broma y la estarán grabando”, pero la forma en que el tipo nos insultada y nos agredía verbalmente,  ya había pasado los límites desde hace mucho rato.

Recuerdo que observaba nuestra ropa humilde, nos devoraba de pies a cabeza, nos ordenó levantarnos de nuestras sillas y para revisar si la teníamos escondida. Nos volvió a recalcar que la gorra era “Adidas” y que si teníamos una idea de lo que costaba una gorra de esas, nosotros nos reímos, -es la marca favorita de los dos- le dije a mi amigo, ¿lo trompeás vos o yo?
 
Mi amigo, como es la pasividad andando, con toda la parsimonia del caso, se levantó  de su silla y le  invitó a calmarse, le dijo que no teníamos nada y que sí sabíamos cuánto costaban las gorras “Adidas” y el preguntó al tipo ¿si él sabía cuánto costaban los pants y los tenis de esas misma marca? Con esa pregunta le echó agua fría en la cabeza, el tipo se calmó de romplón. Nuevamente se nos quedó mirando a la ropa –ese día no andábamos con “Adidas”-  y le sugirió a la dueña de la cafetería que por favor no dejara entrar gente marginal a su lugar,  de lo contrario le tocaría ir a comer a otro lugar.

Mi amigo se atoraba de la risa, en cambio a mí la comida me hizo mal, y fue la primera y única vez que fui a comer a ese lugar.
Escribo esto, porque es de suma importancia, concientizar a todo “animal bruto” que se crea ser de primera categoría, en las tierra todos y todas somos iguales, lo que sucede es que no todas y todos tenemos las mismas oportunidades. Algunos aprovechan para lograr sus objetivos, pasar sobre los demás, sin importar humillaciones e injusticia.

Las vueltas de la vida, al tacuacín ese, le tocó actuar  e interpretar a un patojo humilde, por favor,  fíjense productores para la otra, miren que primeramente busquen actores de verdad, -hay muy buenos en Guate pero no son hijos de papi y mami o “wannabe” –  y para interpretar a un patojo que estudie en la Tricentenaria Universidad de Mis Amores, tiene que tener los tamaños el actor, no cualquier saraguate… para interpretar a un patojo  de cuna humilde, principalmente el actor tiene que saber: ¡de qué lado masca la iguana!

De la  película puedo resumir,  que la única actriz que me pareció fue la señora que hace el papel, de quien está a cargo de la comida  en la finca. Mi opinión como espectadora, es imparcial.
Posdata: por si conocen al mico ese, díganle que respete a las personas sin importar condición social.
Ilka Ibonette Oliva Corado.
Abril 02 de 2011.
Estados Unidos.

5 comentarios

  1. puchica Ilka hasta en peliculas tienes que aguantar,!!! comparto tus pensamientos muy acertados,!! en realidad saca de onda toparse con gente así, me ha pasado con algunos jugadores de futbol, los he reconocido, pero me han caído como patada en los huevos, por lo superior que se creen, y a leguas se nota que andan en la calle de la amargura cuando juegan internacionalmente, “como dices en otro escrito son hijos de papi y mami” no han sudado la camiseta para lograr lo que aparentan tener,…lástima tu michelada, se quedo a medias, Saludos, un abrazo!!!

  2. Yo no se porque la gente es asi, pero solo muestran su calidad humana. Como es que dicen por ahi? –La mona aunque se vista de mona, mona se queda!–

    Lo bueno de esta vida es que la mayoria de la gente no es asi y debemos de enfocarnos en lo bueno de la vida y seguir adelante. Feliz Dia! –Juan–

  3. Pero que podemos esperar de Guatemala?. Un pais, en donde los miembros de las clases dominantes (elites), siempre han manipulado, por todos los medios a su alcance, la realidad de un empobrecido e ignorante pueblo, al que historicamente han explotado y menospreciado.

  4. para mi hubiera estado bueno…

    Como comentario:

    Me gusta la ropa buena, porque es duradera, la tela es agradable al vestirla.

    Pero si tiene una marca, jamas me la pondira, eso es pendejismo de primera categoria.

    Le huebieran dado una leecion a a ese maje.

    Siento lo de su michalada… busque la pelicula rudo y cursi, es mexicanada, pero esta buena.

    Salud!

  5. Excelente!!! Yo también odio que las personas se refieran como “mucos, choleros o shumos” hacia las personas de las capas populares y de colonias marginadas (como mi amada Carolingia).
    Me llegás Ilka, aplausos =0)

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