Nostalgia.

Las horas  del lunes han transcurrido envueltas en  neblina, sumergidas en esa quietud que da el desfile de los copos de nieve que se resbalan lentamente por los aires,  hasta tocar tierra, es allí cuando con parsimonia típica del Winter Time, se entrelaza lentamente capa tras capa, la alfombra espesa que da la forma  y pareciera ser hecha a base de coco rallado.

Pero al contrario es hielo, aquella alfombra blanca es hielo, los árboles se engalanan con esa manta blanca que les es donde la desnudez,  no hay aves, no hay hojas ni flores, los días soleados escasean , la luna no divisa sobre las cornisas,  la tonalidad del gris piedra del volcán de Pacaya, es la que colorea el paisaje.

Soledad; sensación de desgano, nostalgia; melancolía y añoranza, es la que expresan los rostros desencajados de las y los emigrantes,  es una época difícil para quienes trabajan al aire libre, escasea el trabajo.
Las niñas y niños no engalanan los parques con sus sonrisas y sus juegos, al contrario  estos ; los parques lucen cerrados al  igual a las playas privadas  que descansan a la  orilla del lago Michigan. Los yates, lanchas y veleros  que en el verano toman por asalto las frías aguas del Michigan, han de estar guardados cubiertos con espesas lonas, el agua de ese inmenso lago, luce ligeramente gris y con pequeños témpanos de hielo flotando.

  El tráfico camina lento, todo transcurre en cámara lenta durante el invierno. Las horas parecieran  ser eternas, las mañanas carecen de sol, porque la alborada   desfila agónicamente    mientras despide la oscurana y al sereno.

Un lunes sin sol,  es un lunes parco, gris y silencioso. El frío se pega en tu piel,  intenta poblar tus poros y sumergirse hasta lo más profundo de tu ser. Los venados caminan por las calles vecinas a  la reserva forestal,  en manada,  asaltan los patios de las casas y regresan nuevamente a la reserva, a caminar libremente por entre los árboles.

Saltan sobre el agua congelada del  río Des Plaines,  quiebran el hielo y es entonces cuando  divertida los veo caer sobre las aguas frías, zampan la carrera de regreso a la tierra.

La nostalgia me ha venido a visitar,  es imposible no darle la  bienvenida, no la puedo ignorar, es entonces que decido abrir las puertas de par en par, para que entre y haga los estragos que  quiera en mi interior.

Es entonces cuando el  lila pálido de las primeras jacarandas  en flor, viajan a través del tiempo y la distancia, las calles que antes tenían nieve comienzan a poblarse también  de buganvilias,  y el ambiente se impregna del dulzoso aroma de la flor que da la bienvenida al verano guatemalteco.
El aire árido del oriente derrite el hielo de las calles, los árboles  de arce se convierten en palos de mango tierno  preñados de  ramilletes,  el jocote de  febrero rojea colgando de las ramas desnudas enlas calles desiertas,  en los parques se anidan  las manadas de cenzontles, el  lago es asaltado por  cientos de golondrinas de Escuintla, el sol rojizo  se apodera del horizonte, sacudiendo el color gris desteñido, para colorearlo con el anaranjado  fuego de las tardes agonizantes frente al Puerto de San José.

Los zapotales dan sombra en el lugar en que antes yacía un  melancólico árbol de sauce, las flores de azahares aromatizan el ambiente. Vino, está aquí, está en mi piel, en mis sentidos, en mi nostalgia, Guatemala está aquí conmigo.
Entonces decide seducirme y cantinearme con la sutil caricia de  las buganvilias en flor, la siento rozar mi piel, mi cuello, se impregna en mis sentidos, del Reu  bajan las patas de gallo, se apoderan de los jardines, veo las dalias y lilas, pegadas a las chinitas y chatías. Las raíces congeladas han desaparecido.

Las paternas guindan  en las ramas de cerezos somnolientos,  los caimitos, carambolas y caña recién cortada viajan desde Escuintla, para endulzar el trago agrio del exilio.

Un vaso de fresco de jocote rojo, le da sabor a mi paladar,  lo reconozco enseguida, trae en su  sabor la esencia de Jalapatagua y del Valle Nuevo, trae en su sabor las raíces de mis ancestros, me lo bebo de un tirón,  siento el abrazo de mi abuelo que me saluda desde las orillas del río Paz, y me grita desde Las Cuevas de Andá Mirá: ¡ la tierra nunca se abandona, porque allí están enterradas tus raíces! Eso comprueba que podemos rodar de país en país, pero siempre se vuelve al nido…
Me aferro a esa nostalgia, para no perder piso, para agarrar barco,  para no perder el horizonte,  me guía el olor de las jacarandas que comienzan a florear, el multicolor de las buganvilias, la frescura  del agua que nace en La Joya, Las Crucitas, Comapa.

Con ese sabor a  tierra me bebo un vaso de fresco de tamarindo  y me soloqueo  una yuca con chicarrón en el parque de  Zacapa, chorros de sudor bajan sobre mi frente, entonces me animo a tomarme una chicha bien fría  y a comerme una pacaya asada en el rescoldo, justo allí  al pie del puente Los Esclavos.

Me toma por asalto la brisa fresca del Lago de Atitlán,  entonces me percato que estoy sentada en el mirador del San Pedro y desde aquella altura veo desmarañarse en el horizonte  las nubes blancas que pronto cederán el paso al brochazo azul de aquel cielo  que tanto añoro.

Nostalgia, hoy me  ha tomado por sorpresa la nostalgia y ha vestido de güipil a mi cuerpo desnudo. Ha derretido el hielo para convertirlo en la fresca corriente del Pasabien,  bebo de sus aguas para nutrir en el destierro la lombriz de tierra que hay dentro de mí.

Cantan las chicharras desde el izotal del patio de mi abuela, cantan y consienten con su voz al oído criollo que aun en la gran urbe  no olvida la melodía del campo.
El olor de la cebolla fresca llega desde Zunil, de Xela  media docena de shecas. Para el almuerzo desde Rabinal una jícara llena de pinol y  un muñeco de tortillas de frijol negro. De Cobán se desliza sobre mi garganta una escudilla de atol blanco.
 De la costa baja el olor  a  chicle  y  cardamomo,  un pishton tostado  con queso  se acuesta en mi plato desde Taxisco,  me lo atipujo en un santiamén, me lo bajo con un buen fresco de  súchiles.
EL mango de paishte verde me hace ojitos, dice que junto con el de brea me van a  empachar,  que espere nada más lo del gasto, para cuando estén maduros.

E canto armonioso de mi tierra con su eco derritió el hielo de la gran urbe y lo convirtió en grandes potreros  de aire árido y ralo, bañó mis ojos con el rojizo fuego del ocaso escuintleco, y cantó en la voz de las chicharras la sonora melodía de mi árida Comapa.

Sigo aquí, es invierno.
Ilka Ibonette Oliva Corado.
Lunes, 24 de enero de 2011.
Estados Unidos.

5 comentarios

  1. Cuando la nostalgia llega, debe salir a brote el orgullo, ese orgullo de ser Chapina, y que se este donde se este siempre existira el deseo de triunfar y pensar en que un dia se volvera a estar en su tierra natal y esas raices no se han perdido, un abrazo Ilka, a seguir adelante.

  2. ahh!! la nostalgia de las largas esperas cuando se tramita algo en la muni o como se llame el chnagarro ese donde se tramitan identificaciones ahora! la consagrada mordida para que no te la hagan dificil!! el melodico susurro de las pistolas que dulcemente entonan su cancion al privar de la vida a un ayudante de camioneta! los tiernos versos declamados por los mareros a los pasajeros de los buses pidiendoles de la manera mas cordial que entreguen sus tan arduamente adquiridas pertenencias! aquellas somnolientas tardes capitalinas perturbadas solamente por los rugidos de las motocicletas que como corceles indomables se dan a la fuga despues de que sus pasajeros han complido con la tarea de aniquilar a un humilde vendedor callejero por no haber querido pagar la “renta”!
    mi bella guatemala! como te extraño!

  3. Añoramos y amamos a la misma tierra… Gracias Ilka!!

  4. Odio la nieve!

    🙁

  5. René Oliva Valenzuela

    Oh bendita nostalgia…… que bueno que nos visitas, nos haces recordar nuestros mas intimos recuerdos, nos haces sentir que somos seres humanos llenos de sentimientos, y mas en la distancia nos haces sentirnos orgullosos de nuestra tierra, de nuestro rancho, nos haces valorar a nuestros seres queridos. Gracias Ilka por compartir con nosotros tus estados de animo. Me alegra que a pesar de estar en gringolandia siempre tenes presente tu tierra, sus aromas y su singular forma de vivir. (Que a muchos les hace falta). Fidel

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