Primero de Enero.


Hace pocas horas terminó un año y una década, y se quedó junto a  ellos el recuerdo de: vivencias,  la alegría de logros y la tristeza de las derrotas y sinsabores, las lágrimas de felicidad y del desencanto, decepciones y escalones ascendidos. Obstáculos superados y metas sin cumplir, amores y desamores, ilusiones, fantasías y realidades crudas que al final del camino nos enseñaron que somos apenas; diminutos caminantes en este universo que Dios ha creado.

Éste apartamento huele aun al incienso que quemé anoche,  es tradición  que heredé de mi padre: quemar incienso minutos antes de la media noche, bendecir con él todas las esquinas de la casa y realizar una oración, para apartar con ellos toda aquella mala vibra y limpiar el aire para esperar el año nuevo  con la mejor esencia que se pueda tener. He buscado  incienso del de Guate pero nunca lo he encontrado, así que en éste país lo hago con el de los Nativos Americanos: sage.

El edificio completo  descansa, anoche los vecinos anglosajones se fueron a celebrar el año nuevo a las discotecas de moda, en el centro de la ciudad,  en cambio los vecinos  migrantes; se quedaron en sus apartamentos,  cada uno con su pequeña  fiesta dentro de las cuatro paredes que rentan, con la música de sus países y  en  el idioma que se niegan a olvidar. Los vecinos latinoamericanos, como es de esperarse, con el volumen del radio a lo que ya no da, mesclas de música cumbia, merengue, salsa y las rancheras que entre banda y duranguense no me dejaron dormir, se dignaron a echarle agua a las cenizas del año viejo, hasta las cinco de la mañana del año nuevo.

Los dejé disfrutar, no fui a tocarles las puertas para que le bajaran volumen a su relajo,  es una de las pocas ocasiones en que se puede soltar el estrés de vivir escondiéndose de la migra y de tratar de mitigar la nostalgia a base de copas, música y  comida.

Estoy cansada, tengo  sueño rezagado,  doy vueltas en la cama de orilla a orilla, tiro las almohadas sobre la alfombra, me acuesto boca abajo, me siento, vuelvo a recoger las almohadas, la música de la fiesta vecina atraviesa las paredes de cartón y algodón, es imposible dormir. Me levanto y buruqueo por todos lados buscando la Biblia, he prometido a una amiga  leer los versículos que me dijo,  cuando me llamó por teléfono desde La Ciudad de las Golondrinas  para desearme feliz año,  enviarme un poquito del calor del Puerto de San José y una bolsita de mango tierno con limón pepita y chile, y agüita de coco para bajar la sed.

Mi teléfono celular   guarda los mensajes de texto y registro de llamadas recibidas desde Guatemala, amigas y amigos que me extrañan y que a pesar del paso intangible del tiempo y la distancia, aun piensan en mí como parte importante de sus vidas; me siento bendecida de contar con ellas y ellos en éste mi largo caminar.

Me levanto y voy a la habitación de mi hermana,  la veo dormir como una niña. Me asomo a la ventana y pasmada observo que el   amanecer del nuevo año está en camino. El clima milagrosamente es muy similar al de San Lucas Sacatepéquez, así es que me pongo una pantaloneta, los tenis y una chumpa y salgo a caminar;  extraño las pantalonetas,  y aprovecho que el clima  me está regalando la oportunidad de usarla,  en invierno es prácticamente imposible.

El edificio ha quedado completamente en silencio,  en el corredor hay botellas vacías de cerveza y chencas de cigarros, salgo a la intemperie, el viento  termina de despabilarme,  colgada del techo sobre el balcón del apartamento que alquilamos, veo sacudirse mi Wild-Chime, o Campanitas Silvestres como les decimos en Guate,  sólo que éste es de madera, y el contacto del péndulo con ellas produce un sinfín de melodías que simplemente divagan mi memoria para regresarla a los días de mi niñez, sí,  a ese “idioma de infancia que es un secreto entre los dos…” las Campanitas Silvestres, permiten que en éstas lejanías no se rompa la cuerda que detiene el ancla que me mantiene unida a mi país. Hay basto mar, para navegar, en el que remo y nado,  pero solamente un puerto seguro dónde descansar y se llama: Guatemala.

El viento chifla, mientras camino observo pequeñas islas de nieve, la mayor parte la derritió la lluvia, sobresale la grama verde, acompañan mi caminar una manada de patos,  y los árboles desnudos que me observan desde donde  yacen de pie, sus ramas son sacudidas por el vendaval, y allí estamos pues: el viento, los árboles,  los patos y yo,  me dirijo hacia el quiosco del parque de enfren
te,  solitarias están las bancas, en el horizonte se extiende una manta gris, -¿serán las cenizas del año recién petateado?-  color ceniza recién apagada de polletón, color piedra de río, color poncho de Toto, en minutos se suma otra visitante a la alborada: neblina que emana de las entrañas de la tierra, no puede ser mejor el amanecer del nuevo año, el paisaje perfecto para erizar mi piel, distraer mis pensamientos y esconder la nostalgia.

La ciudad duerme, callada, la alborada llega en silencio, nadie la recibe, no hay gritos, abrazos, fiesta, el nuevo día se planta, comienza a aclarar, minuto tras minuto, el viento aumenta su fuerza: esporádicamente desfila uno que otro carro por la calle solitaria, es primero de enero, el inicio de un mes, de un año, de una  década y la ciudad duerme la mona.

Continúo caminando, en medio de la soledad, abrazada a la neblina y custodiada por los recuerdos de celebraciones de fin de año realizadas en el único lugar en donde nunca seré llamada extranjera; mí país.
Mientras mis pies pisan la grama verde, pienso en los propósitos,  en las metas, en las promesas de inicio de año, nunca las hago, no funciono para trabajar con el estrés de prometer… ¿cuáles serán?  ¿Bajar de peso? ¿Intensificar el esfuerzo por aprender inglés? ¿Moldear mi carácter? ¿No gruñir a cada rato? ¿Conseguirme un buen amante? ¿Ser mejor persona? ¿Intentar cruzar el Niágara en bicicleta? ¿O el Michigan en patineta? ¿Ahorrar dinero?

Superficiales, metas superficiales. La mayoría nos proponemos metas superficiales de esas que tienen que ver con la apariencia, con el dinero y el poder: “cambiar de modelo de carro, mejorar la apariencia física no por salud sino por Ego, comprar el teléfono celular más reciente, –para dar carita con el mini ordenador portátil-  comprarte el reloj de tal marca, zapatos de tacón italianos, y cambiar el radio de tu carro por un Mp4, 5, 6, 7, y hasta el infinito. Comprar un abrigo de tal tienda, para andar con la marca pegada como que es bandera, -como si le pagaran a los dundos por ajenar la marca-.

Pero muy pocos somos quienes nos proponemos en trabajar aquello que realmente vale la pena: nuestro interior. Abandonar pesares, fobias, miedos, dolores, recuerdos traumáticos. Trabajar en  nuestro Yo y dejar por un lago nuestro Ego. Qué tal si se trabaja en nuestras debilidades, y echamos punta para fortalecerlas. Yo le temo a las alturas,  a esos juegos mecánicos que te elevan por los aires y te regresan en cuestión de segundos, mareada y con el corazón pegado al cielo de la boca. Le temo a la oscuridad, siento de de allí saldrán fantasmas que me atraparán y se apoderarán de mí y me conducirán hacia otro mundo del cual nunca me dejarán salir.

Son dos muy buenos puntos para trabajar en ellos este año. El año pasado descubrí que soy posesiva –huy palabra fuerte esa- ¡juelacha!  A trabajar en eso también. En mi autoestima, eso de andarle preguntando a la gente: “¿me querés? ¡Decime que me querés!” son cosas que yo tengo que decirme todos los días y  sentirlas, verme al espejo y amar a la persona que se refleja en él. Difícil pero no imposible.

Este año he decidido dejar ir… a esas personas que quiero pero que al contrario,  yo no formo parte de sus vidas en la misma intensidad en que ellas forman parte de la mía, eso me roba energía, me debilita el ánimo y pone piedras en mi camino, sola nací y sola he de morir,  aceptaré y estoy abierta de brazos para quien quiera venir a mí, sin obligación, sin compromiso y sin prejuicios.

Comprometerme conmigo misma antes que con nadie más, amarme antes de amar a otra persona, ser primero yo, después yo y por último yo, sólo así, podre sentirme libre y fortalecida para poder compartir y dar  sin que me afecte no recibir en la misma magnitud en la que me entrego.

El año pasado aprendí que las personas fallan, que de donde menos te lo imaginás viene el golpe bajo, y duele más que el golpe: la deslealtad  y deshonestidad,  pero humana soy, y  sé que  también fallaré, con y sin intensión, este año inicio trabajando en el perdón y en la comprensión de tratar de aceptar que en éste hermoso universo hay peces de todos los colores, -la mayoría con escamas-  y en mí está disfrutar de cada uno de ellos, sin que ese arcoíris me nuble la vista y no me permita ver más allá de mi nariz.

He regresado al apartamento después de la larga caminata, encuentro a mi hermana en la sala, tomando café, y disfrutando del Desfile de las Rosas,  ese espectáculo la une al cordón umbilical de la familia Oliva Corado, desde que tenemos consciencia se ha disfrutado en familia –de las muy pocas veces que estuvo unida-  el primero de enero. En la casa –Guate- también lo están viendo, lo mismo sucede con Sábado Gigante,  durante años ha formado parte de las tardes de fin de semana,
 
con esos dos eventos ella  viaja en el tiempo y se sienta en la sala  de la casa de nuestra infancia a comer tortillas tostadas en aceite y sal,  a las tardes de atol de Maizena  y masa, gracias al Desfile de las Rosas, ella logra aterrizar en puerto seguro y olvidarse por unas horas  que respira en el exilio, para abrazar a la familia que dejó un día, cuando abordó el enorme pájaro de acero que la llevó a un destino  que pintaba incierto.

Primero de enero,  lo comienzo escribiendo, respirando y agradeciendo al Dios  de los Cielos y al Universo, la bendición de vivir un día más, de caminar y sentir, y pensar, y tocar, y observar:  la bendición de comer, de oler, de mover mis dedos y convertir en letras esos sentimientos que anidan mi vida  de migrante.
Primero de enero, inicio, comienzo, empiezo, de cero en algunas cosas, en otras continúo con el trabajo iniciado el año  pasado,  porque todo en la vida es un proceso, un aprendizaje lento, cocinado a fuego lento,  un trabajo artesanal el de Crecer como Ser Humano, como Mujer, como Migrante y como Hija de Dios.

Primero de enero,  en el destierro,  en la diáspora,  continúo caminando, a paso lento a veces será ligero o a trote, todo dependerá de las circunstancias, en algunas me robará el aliento y en otras podré respirar doblemente –como en los cien metros planos- para llenar mis pulmones de aire a mayor velocidad.

No me  agencio a ésta tierra, porque no quiero y no debo,  me conformo con ser caminante,  y surcar los caminos que la vida ponga frente a mí, hoy puede ser aquí y mañana allá, eso  no lo sabré hasta que llegue su momento y Dios decida hacia dónde irán mis pasos.

Mientras tanto, pondré punto y final a este escrito, para ir a sentarme y  disfrutar del Desfile de las Rosas y viajar imaginariamente al enero polvoriento  de mi infancia. No sin olvidar que el pasado ya pasó, y que el  futuro es aquí y ahora.
¡Pero malaya una mi bolsita de mango tierno con pepita, sal, limón y chile!
Ilka Ibonette Oliva Corado.
01 de enero de 2011.
Estados Unidos.

8 comentarios

  1. Hola!! Deseo que este 2011 Dios y las experiencias la sigan inspirando para llevarnos a vivir tantas emociones como lo ha hecho hasta ahora…
    Le cuento que en estos días de las navidades me recordaba de uno de sus relatos, cuando pasaba por allí…por la 7a. calle entre 9a. y 10a.ave, zona 1, llena de ventas de luces, pinos, mansanillas, y demás. y sabe? me sentí agradecida con Dios por poder sentir esos olores, ver esos colores…porque muchos los extrañan en algún lejos de aquí…saludos desde Guate!!

  2. …”y realidades crudas que al final del camino nos ensenaron que somos apenas; diminutos caminantes en este universo que Dios ha creado”. Dios no se, con el resto estoy de acuerdo, ademas agregaria “solos”, lo que confirma el nacer y morir asi.

    Y aunque no tan literalmente hablando, aprecio el espejo.

    MUY BUEN BLOG, FELICITACIONES!.

  3. ola te voy a hacer sincero yo no abia leido tus comentarios pero me encantaron tu si sabes expresar tus sentimientos de najera que pases un feliz a?o te quiero mucho

  4. Leerte ha ocasionado un remolino dentro de mi, mis lágrimas brotaron y tienes razón hay que aprender a apreciar los peces diferentes… te deseo lo mejor de la vida, dondequiera que estés, recibe un abrazo fuerte desde Guate de alguien que comparte mucho tu sentimiento al escribir…

  5. Y cuando los chapines cumplimos fielmente las metas que nos proponemos. Habràn algunos raros que si lo hacen, pero la mara ve tu a saber. Yo hace rato que no pienso por adelantado lo que voy a hacer. Si tengo que hacer algo, pues manos a la obra y lo pongo en pràctica. Por supuesto que tengo definidas mis estrategias,no soy como la hoja de otoño, volando donde sopla el viento. Las metas que Ilka se propone conllevan un cambio de vida màs que propòsitos y son loables. Espero que las alcances.

  6. Estar lejos duele, pero a veces duele más estar aquí y ver la realidad. Que tenga un muy feliz año. Un abrazo desde Guatemala.

  7. y algo mas… que buenos se miran esos manguitos verdes, con sal y limon… a quien no se le hizo agua la boca?

  8. Y a que horas duerme?

    Yo soy tan dormilon que a un metro de mi puede estar una bateria de rockeros y me duermo hasta mas rico.

    Vivo cerca donde pasa el desfile deas rosas, pero para ir en persona es toda una aventura, no hay espacio, uno debe dejar el carro a 5 km, la gente ya tiene apartadas las banquetas, no hombre hasta por tv me cae mal…

    Feliz 2011 para todos los arbitros del mundo, y un besote extra para las arbitras.

    Muuuaaa!

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